Mutó el ratón.

Extraordinaria columna de Eduardo Caccia publicada el pasado 11 de noviembre y que vale la pena expandir con orgullo mexicano! FELICIDADES Y GRACIAS EDUARDO! -Alejandro ArizA.

Mutó el ratón

Eduardo Caccia
11 Nov. 12

La Ciudad de las Ideas, conferencias breves sobre temas diversos, que orquesta Andrés Roemer, se ha convertido en un escaparate de pensadores. Científicos, artistas, premios Nobel, escritores, líderes, conjugan una pléyade tan disímbola como excitante, donde la edad es un número que no importa, y el género una anécdota; lo que cuenta son las ideas que, como agentes de contagio, brincan, se incrustan, se reproducen y provocan mutaciones al cruzarse con lo que piensas o al retar tus valores.

Disfruté la sección titulada astutamente por Roemer “MEX – I – CAN”, en la que presentó a mexicanos con historias que se me metieron al corazón y están por brotar en forma de renglones. Sabiendo que menciono sólo algunos de los ponentes, esbozo esta reseña.

In God we trust… apareció Rosario Marín. Con más tablas que un granero, la 41 tesorera de Estados Unidos es la primera mexicana que firma en los billetes de dólar. Su camino a la cima está lleno de precipicios que ha sabido sortear con determinación. Calificada con un bajo IQ por no hablar inglés, lo aprendió hasta dominarlo. Tardó siete años en graduarse de licenciatura: estudiaba por las noches y trabajaba durante el día para ayudar a su familia. De asistente del asistente en un banco, fue ascendiendo, estudió una maestría, se casó, tuvo un hijo con síndrome de Down. Como madre-activista provocó un cambio en la legislación de California sobre el trato a niños con discapacidad, esto la puso en un escenario que no esperaba. De ahí a concejal de la ciudad, luego a alcalde. Cuando tesorera, tuvo a su cargo a 16 mil personas. Resumir su vida en un párrafo es un atentado a su carrera, baste decir que conmovió a la audiencia. Es la única ovación de pie que he visto hasta el momento.

Orgullosa familia michoacana… el siguiente fue José Hernández, astronauta mexicano salido de la pizca de pepino y fresa en campos californianos. Se le metió a la cabeza ser astronauta y sus padres le dijeron, como quien da un permiso para ir y venir a la luna: “sí, sí puedes”. La Nasa lo aceptó gustosa, la 12a. vez; sí, lo rechazó 11 veces (si este hombre no tiene tenacidad, entonces nadie tenemos). José nos narró su viaje a la Estación Internacional cuando fue parte de una tripulación multinacional. Hoy es cuate de Obama, y su mano (de José, no de Barack) le sirve para recordar los cinco consejos que le dio su padre.

Como agua para chocolate… Si Alfonso Arau es buen director de cine, se ve mejor persona. Contó sus peripecias y penurias para hacer realidad la profecía de Giovanita, la astróloga de su esposa, Laura Esquivel. “Vas a escribir una novela”, le dijo aquella, y como pista anunció “escucha las señales”. Arau se volvió cómplice y descifrador de pistas, juntó dinero y convirtió en película las letras de Laura. Llevó primero el guión a sus amigos de Hollywood y todos lo rechazaron. Lo mismo sucedió con la película terminada, rechazo generalizado. Un golpe de suerte hizo que llegara a Cannes, de ahí a todo el mundo para convertirse en el filme latino que más dinero ha recaudado. Ahora Alfonso trabaja en otro sueño: ayudará a formar cines comunitarios (como los de antes) que funcionen como imanes culturales, sanadores de la sociedad, está convencido de que el cine hace mejor al hombre. Le creo.

Brincar la barrera del nopal… finalmente, Luis Fernando Tena. Nunca imaginé la convicción de palabra bajo el gesto triste de un hombre que vive al margen de una cancha de futbol. Detrás de la poca emotividad que muestra este entrenador hay un hombre apasionado que hace alarde del dominio de sus sentimientos. ¿Su fórmula?, una “hermandad” con tres metas: ser el equipo más inteligente, el más unido, el más apasionado. Revivimos la medalla de oro en Londres y nos dijo que los seleccionados mexicanos ya no son “ratones verdes”, que “ya no hay más complejos, hoy somos conquistadores”. Su rostro escurriendo lágrimas de gloria mientras escuchaba el Himno Nacional repara una injusticia olímpica: el entrenador no recibe medallas.

No sólo la genética determina al individuo, el contexto es definitivo. Ojalá viviera Manuel Seyde para atestiguar estos “MEX – I – CAN” que remontaron el “no se puede”, ojalá pudiera ver que los ratones mutaron.

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