Navidad: “marketing” vs. Niño Dios.

Pasan los años y a momentos observo cada vez más con intensa claridad cómo la Navidad es tan solo un “marketing” en el que la abrumadora mayoría participa en su creación, no solo los expertos en “marketing”, sino todos, todos sin darse cuenta lo favorecen al sentir que “tienen que” ir a una cena, “tienen que” regalar, “tienen que” adornar, “tienen que” comer lo que alguien hizo porque de lo contrario es un desdén en una fecha en la cual está prohibido desdeñar, etc. Lo siento, esta nota no es de un “aguafiestas” de la época por mi más puro espíritu “Grinch (amoroso)”, pero ya de verdad, ya no logro entrar en el juego y me veo forzado a escribir porque desde hace muchos años sé que escribir para mí, como autor-escritor, es una gran terapia. Estoy en terapia ahora mismo. ¡Me cuesta tanto trabajo incluso tan solo pensar en intentar entrar al juego del “marketing” de la Navidad! No se diga intentarlo. No se diga entrar. Yo, como siempre, el día de hoy 24 de diciembre, en mi interior solo recordaré que se trata de la alusión a un cumpleaños, al cumpleaños de Jesucristo, eso que tanto se olvida por el “marketing” imponente que la fecha tiene encima. Veo más “Santa Closes” que alusiones a un cumpleaños, que alegría por festejar al “Niño Dios”. Con una Nueva Conciencia prefiero dedicarme a pensar en la perenne invitación que esta fecha me trae: festejar al del cumpleaños… y si a esto le aúno lo que sé en materia de liderazgo, que una de las más dignas maneras de festejar a alguien, casi como un grandioso regalo, es decirle: “…¡cómo me gustaría ser como tu!”, eso es lo que en mi interior hoy le quiero decir a Jesucristo en su cumpleaños. ¡Qué halago es ese, heee! Y un halago enteramente honesto. Desde hace muchos años me he sentido atraído por el liderazgo carismático de ese gran ser llamado Jesucristo. Haya existido o no (dado a que hoy en día hay tantas teorías y posturas que desean desacreditar su historia), no importa. Algo o alguien existe para ti si crees en él o en ello, independientemente de todo lo demás. Y yo creo que sí existió…, vamos, sé que existe de hecho. Tengo cierta comunicación casi diaria con Él. Me ufano de ello y vivo inmensamente agradecido. Esta no es una fantasía del “Santa Claus” del que luego, más grande, te dicen que no existió nunca, que eran tus papás. Creer en Jesucristo es otra historia que dista años luz del Santa Claus y toda la parafernalia del ámbito navideño. También me gusta pensar en este día como una invitación arquetípica a un “renacer”, a otra oportunidad para re-hacernos de nuevo. Otra oportunidad para pensar e intentar ser una mejor persona, es hermoso este simbolismo como oportunidad.

No puedo sentirme alegre de ver a tanta gente que quiere verse para cenarprecisamente esta noche, cuando vivo cenando delicioso cualquier noche y con intensa frecuencia durante todo el año y en todo él intento imitar a Jesucristo. ¡Me encantaría ser como Él! Lo vengo intentando desde la profesión de médico para sanar, hasta la de predicar, hoy en su variante de ser conferenciante. Hoy ¡por supuesto que quiero festejar su cumpleaños! Lo festejo en mi interior y quizá el mayor festejo es decirle desde mi corazón: “¡Quiero ser como Tú y cada vez intentar parecerme un poco más a Ti aunque todavía esté lejísimos de llegar al más nimio émulo de Tu ser!”. La pura intención me emociona. Sentir que estas líneas se las escribo a Él, me está encantando. Para mí, escribir esto para Jesucristo en la fecha convencionalmente acordada para hacer alusión a su encarnación como humano, sería el mejor regalo que le podría dar. Leerle esta carta en “Noche Buena”, esa noche donde se festeja… ¡Sú cumpleaños! Recuerdo ya haber escrito al respecto en alguna de mis columnas. Hoy mi único regalo es para Él… ¡al único al que se le deberían dar regalos, por que es precisamente el del cumpleaños!

Dentro del “marketing” de esta fecha donde tanta gente se siente obligada a regalar a los demás, incluso regalar lo que ni intención auténtica se tiene para dárselo a quien ni se quiere, con un dinero que muchas veces ni alcanza… todos los años me había planteado si podría llegar alguna Navidad donde no le comprara nada a nadie. Siempre pasaba por mi mente dar ese paso en lo que supongo puede ser evolución para mí. Todos los años, ya cerca de la fecha, tan solo pensando o diciendo que quizá es el año donde lo lograría, pero para que a últimos momentos me viera yendo a comprar a la tienda de la esquina algún “detallito” para no sentirme mal de recibir algo y no tener nada que dar… como en ese juego del “dando y dando y así no te debo nada”, por esa presión social que esta dinámica basada en el ego supone muchas veces, sobre todo ya acercándose a la noche, en ese extraño momento de “darse los regalos”. Pues… ¡este año lo logré! 44 años me tardé en llegar a este punto. No regalo nada a nadie este día salvo a Jesucristo que, para colmo, no necesita nada material y donde quizá el mejor regalo sea el decirle abiertamente el cuánto me gustaría irme asemejando cada vez más a Él… y hacerlo. Punto. No más. De hecho, es todo un gran avance para mí y, si esta página es de Nueva Conciencia, lo quería compartir aquí para quien esté preparado a leer lo que mis líneas dicen y lo que el interlineado refleja. No valgo más ni valgo menos si regalo o no. Cuando al fin llegas a saber plenamente cuánto vales, no necesitas demostrarlo regalando nada. De hecho, sé que desde siempre vivo al revés. Para mí incluso, económicamente hablando, hasta me convendría entrar al juego del “marketing” de la Navidad para regalar ¡sólo en esta fecha! Pero yo… ¡me la vivo regalando todo el año! Invito cualquier cantidad de comidas y cenas con exquisitos vinos en los mejores restaurantes a mucha gente, y sí, incluso a varias donde a veces hasta se cuelan en mi cuenta desconocidos, pero digo “…en fin… hay que dar y compartir”, pero también viajes, camisas, equipo de cómputo, medicinas, consultas, conferencias… todo eso como ejemplos de frecuentísimos regalos durante todo el año. Entonces… con más razón para qué jugar el juego de hoy. Como te digo, mejor me convendría ser más “normal (como sinónimo de “común”), y regalar solo el día de hoy, solo en Navidad, dentro de todo el año. ¡Ahorraría tantísimo dinero! Pero no, yo prefiero regalar cuando mi corazón me lo dice y no cuando el “marketing” me presiona. Aunque gaste muchísimo más dinero regalando durante todo el año, aquellos regalos sí van impregnados de mi intención por generar alegría, paz y bienestar y no siento obligación por darlos. En cambio, en fechas como hoy, por lo menos yo, hablo solo por mi, me siento obligado a dar… y hace muchos, muchos años que no hago nada por obligación salvo pagar mis impuestos, mismos que ocasionalmente algunos, hasta ellos sí los pago con ganas cuando he recibido tanto de mi país también. Pero noo, hoy no regalo nada, o quizá se me cuela un regalito pardójicamente aquí mismo donde estoy regalando mis líneas como autor en una plataforma de comunicación enteramente gratuita. En fin… el “marketing” se impregna. Sólo que no quería poner una postal con un arbolito hermoso con un fondo lleno de nieve y renos flotando con la luna de fondo… ¡cuando nada de eso existe por lo menos en mi México! La persona promedio se ha hecho mucho daño alimentando constantemente un pensamiento fantasioso. Nada bueno ha traído creer en pensamientos de pura fantasía y falsa ilusión. Nada bueno. Si algún día diserto acerca de ello, un pensamiento mágico (aquí usando la palabra “mágico” como sinónimo de mera fantasía) ha hecho más daño que cualquier otra cosa. Llévate la sorpresa (como yo me la estoy llevando ahora mismo que estoy investigándola en tiempo real) de saber la definición que da el diccionario de la palabra “fantasía”: facultad humana que permite reproducir por medio de imágenes mentales la representación de sucesos que no pertenece al ámbito de la realidad. Punto. ¡Qué tal! Y así vive mucha gente estas fechas. Desde creer en un Santa Claus que no existe y donde desde niños se nos siembra la fantasía de que nos traerá regalos, siendo de niños engañados y de adultos felices al ser el origen del engaño apreciando cómo ese mismo engaño le puede generar tanta alegría a un niño, para luego permitir que “crezca” y ahí decirle que todo fue mentira para luego educarle diciéndole que no mienta. ¡O sea cómo? Pues así funcionamos en estas fechas de “marketing”. A ese grado podemos llegar como sociedad. Me entrenan sosteniendo una mentira como Santa Claus, me hacen creer fervientemente en él, luego en los Reyes Magos y sin dejar atrás al ratón que deja dinero a cambio de dientes. ¡Y uno se lo cree! Para luego tener que convertirme en alguien que para ser mejor, no debo mentir. Por donde lo veas, nos entrenan con profunda emoción, para vivir algo que luego te dicen que es malo y no lo debes hacer: mentir. Por eso es tan fácil para la mayoría mentir. Y para que no se oiga tan fuerte y duro, mejor decir que es… simplemente por que es Navidad. No, yo ya tengo mucha dificultad para “tragarme” esas mentiras que por paz se prefieren tomar como amorosas excepciones a la regla. ¿Noche de paz… noche de amor? ¡íjole! Solo para quienes viven en paz y sienten amor todo el año porque ya es esa su forma de ser… de lo contrario, imposible manifestarse de la noche a la mañana y para colmo en una fecha específica. Para vivir una verdadera noche de paz y noche de amor, no se necesita una fecha, se requiere una forma de ser en cualquier fecha.

En fin… sirva esta catártica nota para desearte una muy feliz Navidad propia de Nueva Conciencia. Y como te dije, yo no voy a poner una cartita animada con nieve que cae porque ni cae en mi ciudad. No voy a postear una postal digital con una casa hermosísimamente adornada saliendo humo de su chimenea porque yo no veo ninguna por acá en México así (por lo menos al nivel socioeconómico al que he alcanzado y me permite ver sólo las casas de por aquí), no voy a repostear lo que otro puso como “¡Feliz Navidad!”. No, yo prefiero postear lo que me ha llevado mucho tiempo compartiendo mi ser… escribir esto aquí. Mientras en mi interior… ¡festejo sólo al del cumpleaños! Festejándolo muy en mi interior que es donde precisamente vive el festejado. No “hay que ir” a ningún lado físicamente hablando, hay que dirigirse a donde realmente se encuentra, y paradójicamente eso implicaría no moverse para muchos. Y no, este no es otro pensamiento de fantasía al pensar en el cumpleaños de Jesucristo. Este sí lo siento y lo he vivido y atestiguado de primera mano… sé de Su presencia en mi vida. En cambio, a Santa Claus yo nunca lo he visto aunque se base su leyenda en papá Noel. Y de ser así, aquel Noel es el que regalaba, no yo. Yo prefiero asociarme emocionalmente al festejo de un cumpleaños, honrar al festejado, cantarle las mañanitas (soy el único “loco” que canta las mañanitas junto al pesebre ahí donde lo pone mi madre el nacimiento y desde hace años no canto ningún villancico, para mí, lo honesto son las mañanitas si de cantar se trata la noche de hoy y el día de mañana). Más festejo que mi papá, que en paz descanse, se manifieste cuidándome en estos días. ¡He vivido esto recientemente y con el mayor impacto del que te puedas imaginar! Mi papá está tan cerca de mí. Quizá más que cuando estaba encarnado como humano. El cuerpo estorbaba para sentirlo tan dentro como lo siento hoy.

Queridos suscriptores… elijan una real feliz Navidad.. actuando como actuaría Jesucristo. Renazcan. Y si este día y mañana Navidad existiera una emoción dentro de ti de esas no propias de la noche de paz y de la noche de amor… detente y ante de la duda de cuál sería tu mejor proceder, pregúntate: “En estas circunstancias qué haría Jesucristo?”… y hazlo. Y verás lo que sucede. Te quiero sugerir que si de dar el mejor regalo se trata, te he decir que el mejor regalo para los demás, de tu parte, es que tú seas una mejor persona. ¡Ese es el mejor regalo de ti para cualquiera! Renace en alguien más amable. Aunque te advierto que es tan caro dar este regalo, que muchas veces puede salirte más barato ir a comprar lujosos y ostentosos regalos de otro tipo. Ya dependerá de tu “economía espiritual”. Yo aquí, todo lo que pienso, siento, hago y escribo de Nueva Conciencia, de verdad es tan solo para favorecer ese gran regalo que todos nos daríamos en honor a Jesucristo… ayudarte a sentirte extraordinariamente bien. Y cuando alguien se siente así, ahí mismo se convierte en el mejor regalo para cualquiera que tenga la bendición de tenerle cerca.

¡Vive con entusiasmo y emoción por existir!

-Dr. Alejandro Ariza.

Escrito para la Noche Buena y Navidad del 2013.

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8 comentarios sobre “Navidad: “marketing” vs. Niño Dios.

  1. Reblogueó esto en ¡Levántate!y comentado:
    También me gusta pensar en este día como una invitación arquetípica a un “renacer”, a otra oportunidad para re-hacernos de nuevo. Otra oportunidad para pensar e intentar ser una mejor persona, es hermoso este simbolismo como oportunidad.

  2. Gracias Dr. Ariza. Usted me ha enseñado ha renacer, con sus palabras tan reales, tan graciosas que hace ver que la vida no es tan complicada y que los sueños los podemos hacer realidad. Espero algún día poder darle las gracias personalmente.

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