Box: todavía nos falta mucho.

Ayer fue la primera vez en mi vida entera en que vi una pelea de box. Ayer comprobé porque nunca había decidido ver una y confirmé que nunca volveré a participar, viendo, algo así. Cuando ver golpearse a dos humanos es un tipo de entretenimiento y gran negocio haciéndolo llamar “deporte”, es un claro signo de decadencia en la evolución humana, de esas experiencias donde te das cuenta que como humanidad todavía nos falta mucho por evolucionar, mucho, muchísimo, indescriptible la cantidad.

Ayer me encontraba en la ciudad de Oaxaca porque un grupo especializado me invitó a dictarles una conferencia, un grupo de padres de familia que tienen en común haber vivido la desgracia de la muerte de algún hijo, el grupo “Renacer”. Les dicté la conferencia que me pidieron, mi conferencia “La muerte como transición” y, modestia aparte, fue una conferencia en extremo sensible y hermosa. Di lo mejor de mí y en varios momentos sentí la presencia de Dios como inspiración. Al terminar mi conferencia, invité a cenar a mi equipo y coincidió que terminábamos una exquisita cena de festejo por nuestro gran éxito de la conferencia, con la llamada “pelea del siglo”, que más bien yo le llamaría “uno de los más grandes negocios del siglo”. El ambiente del extraordinario restaurante, el momento de la energía colectiva, el suceso de la pelea transmitida en todos los centros de consumo (precisamente para aumentar el consumo)… hizo que en lugar de decidir irme a mi hotel a leer como tanto disfruto, subiéramos al bar del restaurante viera toda la pelea. ¡Qué cosa! Esto me hizo recordar, a manera de aspirina moral, una columna que leí hace 15 días de Eduardo Caccia donde cita el libro La dimensión oculta de Edward Hall cuando éste último afirma: el territorio es una extensión del organismo, […] el epacio moldea la conducta”. Hay que elegir tan bien, tan inteligentemente, el lugar y el espacio que uno visita sabiendo de su influencia. En fin, subí al bar.

Por estar jugando con uno de mis compañeros de trabajo, yo que no sé absolutamente nada, nada del mundo del box, le pregunté: “¿Tú le vas a alguien?” Me respondió que sí y con lo que escuché como poderosos argumentos, y ahí le dije, “…ah bueno, entonces yo le voy al otro y apostamos”. Meramente por el placer de jugar molestándolo. La sopresa que me llevé es que me enganché, por querer molestar -bromeando, lógicamente (ya ves que aquí en mis publicaciones luego tengo que explicar todo para ciertos lectores)- a mi compañero, con tener un preferido en la pelea. En varios momentos de -“la dimensión oculta”- oscuridad del bar, con un tipo que a dos meseas estaba fumando, el humo que empezaba a esparcirse molestamente para mí, ver y ser parte de decenas y decenas de personas viendo a dos hombres golpearse, a momentos como un juego donde uno intentaba boxear y el otro corria y corría hacia las cuerdas…, mi total ignorante criterio en este tema me decía que uno debería de ganar, precisamente al que le aposté. Al final de la historia… perdí. Pagué mi apuesta y, lógicamente, mi compañero no sé si estaba más feliz de que ganó su candidato o de que me ganó precisamente a mí una buena lana (que yo por “bocón” perdí… donde casi, casi, al final, ante el increíble veredicto del jurado, escuché dentro de mi cabeza: “…ándele, por pe…jo”). Y sí, así me sentí por haber estado ahi y conectarme emocionalmente a un denigrante evento donde incluso mi compañero ese con el que aposté, ¡él me había propuesto ya irnos al hotel iniciando la pelea para que yo descansara! De esas ironías (por llamarlo de alguna manera sutil) que viví anoche. Yo siempre he pensado que entre la fiesta brava y el box, notas cómo todavía nos falta mucho como sociedad para avanzar al siguiente nivel.

A quien le encante luchar y ser el mejor y ser el líder y pagar el precio, en sentido real o metafórico, ahí se conecta a un evento como éste donde solo se reflejan sus creencias y referencias. Incluso afamados líderes del “desarrollo humano” ahí estaban, en vivo, en primera fila, como Anthony Robbins con dos “amigos empresarios” suyos, pero en un evento de este nivel no encuentras ahí a un ser como Wayne Dyer o a una Caroline Myss. Yo mismo no debería haber estado ahí y noté lo tremendamente mal que me sentí durante toda la noche y por lo mismo, incluso ahora. Como siempre, escribo como terapia. Toda la desgraciada noche se me aparecían escenas en mi mente de esa pelea que vi con tanta atención como queriendo entender. Hoy, al amanecer, claramente sentí una “cruda moral” por haberme expuesto a esto que nunca había vivido en 45 años de vida. Nunca. Sé que la novedad jugó un papel importante, pero más mi estupidez en querer jugar al “yo también le entro a ver esto”, el espacio influyó en mi conducta, aunque mi estupidez la determinó. Lo que ves con profunda atención, en algún momento te inspira a hacer. De ahí lo delicado poner atención a lo que decides ver, a lo que eliges exponerte.

Reunirse en varias partes del mundo alrededor de un televisor, pagando dinero por el evento (!!!) o no, o estar físicamente ahí frente al “ring”, en una “pelea del siglo”, es lo más parecido al primitivo estado del entretenimiento sucedido en el siglo I en el Coliseo Romano, donde la gente disfrutaba súper primitivamente como entretenimiento de ver sufrir a otro humano. No hay mucha diferencia poco más de 20 siglos después. La evolución es lenta, muy lenta, extremandamente lenta, y personal. Y hoy no hay que ir al coliseo, el coliseo va a ti e incluso le abres las puertas de tu casa.

¿Por qué puede suceder esto? Por dinero. Lo que, al final de toda historia, rige la conducta de una sociedad, le guste a quien le guste o no. Ayer, uno de mis amigos más inteligentes, uno que vio la pelea (o sea, tampoco tanto, tanto), comentó algo en lo que pocos se fijarían: “…por qué un perdedor ¡sonríe! al final, luego de luchar tan intensamente y con la clara tendencia a ganar, pero perdió, por qué sonríe!?”, claramente admirándose de algo así, así de ilógico. Y no es sino hasta que te enteras que, en esa “pelea del siglo”, a la que muchos expertona en el tema la califican como la más cara y lujosa de la historia (info aquí), al perdedor le daban 80 millones de dólares. Sí, leíste bien, 80 millones de dólares, es decir, aproximadamente 480 millones de pesos. Yo creo que a más de uno se le sale una sonrisa aún perdiendo, ganando 480 millones de pesos en menos de una hora, una cantidad de dinero que millones de mexicanos jamás ganarán durante toda su vida entera. La pelea generó, solo para los boxeadores, 200 millones de dólares que se repartirían 60 % al ganador y 40 % al perdedor. Cuando te enteras bien del multi millonario negocio que es crear una pelea (y exhibirla precisamente en días de “puente” en México), entiendes por qué se necesita crear. Si tienes dudas de que nadamos en inmensa prosperidad y abundancia, tienes que enterarte bien de cómo se mueven las cosas. Esos 200 millones de dólares eran sólo para los boxeadores, pero hay que aumentar la cantidad de dinero generada para lo que gana el MGM de las Vegas, más lo que ganan todos los centros de consumo que hay en USA, Filipinas, México y en todas las partes del mundo, los centros de apuestas, los canales de televisión por paga que transmitieron sin comerciales, los televisores vendidos solo para el evento, periódicos, lonas y revistas, el alcohol y las botanas y miles y miles de más fuentes de enormes ingresos, tan sólo alrededor de dos humanos golpeándose. Sólo había que hacer un extraordinaria mercadotecnia, como se hizo, y ¡listo! Un negocio multimillonario. Si el perdedor sonreia, hace mucho sentido que el ganador hasta se burlara durante la pelea y al final también exhibiéndose como superior a cualquier persona que asistió al MGM parado sobre las cuerdas retando al público, si acababa de ganar 1,800 millones de pesos, o sea, casi 2 billones de pesos en menos de una hora. Nada más compáralo con lo que tú ganas y entenderás por qué es tan aspiracional para miles de niños y jovenes mexicanos sin estudios mejor soñar con entrenarse y sacar de pobres a sus familias golpeando a otro. Económicamente, tiene sentido, mucho. Esa es una realidad aspiracional de miles de jovenes mexicanos y del mundo entero, cuando se enteran de estas cifras. ¡Ganar eso sólo por golpear a otro y así entretener al mundo? Suena atractivo para quien no siente la capacidad de generar ingresos por otras fuentes.

En fin, tenía que disertar un poco acerca del tema. Ahora mismo llevo ya casi dos horas esperando mi vuelo en el aeropuerto, donde Aeroméxico, para variar, sale retrasado, pero hoy en forma ideal para permitirme escribir esto antes de alzar en vuelo. Si no viste la pelea de box, ¡te felicito! Eso es Nueva Conciencia. Sin embargo, entérate de lo que hay “atras” de lo que se ve. La industria multibillonaria que es el alcohol, cuando la cerveza “Tecate” patrocinó la pelea invirtiendo sólo 5.6 millones de dólares, pero exhibiendo la marca a 4 millones de hogares calculando alcanzar a 33 millones de espectadores, lo que analistan suponen que les genere un incremento en ventas de 819 millones de dólares. ¿Interesantes datos, no crees? Si estabas tomando cerveza mientras veías la pelea, tú aportaste tu parte a esas cifras que genera. Ayer me acordé cuando frente a ciertos otros negocios he escuchado decir a personas ignorantes de los mismos: “¡Pero que tomada de pelo!”…, y yo no creo que haya una mayor a esta pelea de box, pero la “tomada de pelo” no se siente cuando hay entretenimiento de por medio. Si la viste, te (nos) tomaron el pelo, pero tú sin sentir que inviertes nada, pero aportaste tu dinero a cambio de un gusto muy primitivo de entretenimiento.

Por eso vivo tan feliz con mis humildes ingresos -luego de las cifras reveladas en esta columna…, en extremo humildes-, pero que no son entretenimiento ni manejo de emoción para confundir a nadie. Es la oportunidad de trabajar, esa fuente de ingresos tan honorable: trabajar honesta y dignamente a la par de determinada evolución. Sé que como sociedad todavia nos falta mucho por evolucionar, mucho, muchísimo, pero festejo que algunos individuos hayan decidido ir más veloz y decididos que otros. Festejo Nueva Conciencia, festejo poder trabajar en niveles más evolucionados aunque no generen ganancias como ver a dos humanos golpearse. Pero ganancias suficienstes para vivir bien, muy bien, con…

¡Emoción por Existir!

Alejandro Ariza.

PD: ¿Quieres que te ayude a mejorar tu economía? Necesita saber y adquirir información diferente a la que sabes. Necesitas ampliar tu horizonte abriendo así nuevas posibilidades, de esas posibilidades que yo conozco donde nadie sale golpeado. Si te interesa que trabajemos juntos, en paz y felices, envíame tus datos haciendo clic aquí para invitarte a ver una de mis presentaciones. Pero, por favor, sólo envíame tus datos si de verdad deseas trabajar, invertir tiempo y atención en mejorar tu vida con mi mentoría, como te he dicho es un divino negocio donde nadie tiene que gastar de más, donde nadie tiene que revender nada, que gracias a Dios ya no es el clásico multinivel, pero donde sí se debe trabajar generando un extraordinario ingreso adicional, en paz, sin lastimar a nadie.

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6 comentarios sobre “Box: todavía nos falta mucho.

  1. Hola Dr. Alejandro, le envío muchos saludos. En mi caso no vi la pelea, nunca me han gustado, por el mismo motivo que hace mencion, el golpearse dos personas y disfrutar viendo eso, eso no es para mi desde muchos años atrás.
    Algunos de mis vecinos se reunieron en casa de uno de ellos para ver la pelea, fui invitado pero decidí no asistir y cuando termino un poco mas tarde terminaron muy tomados y pelearon por que algunos perdieron la apuesta, tuvo que llegar seguridad publica para calmar la situacion.

    Yo creo que ganar dinero en apuestas o golpeando personas no es nada ético, aunque a muchos empresarios eso no les importa, les importan los ingresos multimillonarios de este tipo de eventos a nivel global.

  2. Hola Alex !!! Ya somos mas los que no vimos la pelea, a mi maridin le gusta por respeto a mi misma, decidí ir a escuchar el audio enriquecedor ” De nada sirve la técnica si no hay perro” . Cuando termino la pelea me aviso mi marido ya termino. Le pregunte que tal? Y me contesta enojado, no vuelvo ver ese boxeador, es un tramposo. Espero pronto que mi marido no vuelva a ver ese tipo de eventos. Que igual no encuentro el sentido de diversión el ver a dos personas golpearse !!!

  3. Estimado Dr Alejandro usted dice di lo mejor de mi, permítame hacerle INCAPIE en que usted siempre da lo mejor de usted , gracias por levantarnos el ánimo cuando más lo necesitamos , estos padres necesitan una luz de aliento y seguramente esa luz de aliento se llama Alejandro Ariza, reciba un abrazo .

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