No hay garantía, solo esperanza.

Qué fuertes reflexiones ma ha traído la vida hoy. Desde en la mañana me encantó pensar en esta frase:

«Se me podrán caer las hojas con frecuencia, pero yo sigo aquí de pie siempre».
-El árbol.

Ahora mismo vengo regresando de dar una presentación de negocios y al final regalé a la audiencia 30 minutos de una de mis conferencias inspiracionales. Normalmente la gente paga por escucharme, pero me siento feliz cuando, de sorpresa y en merecimiento a quien confía en mis invitaciones, puedo regalar un material de enorme valor, un material por el que las empresas pagan mucho, mucho dinero, pero para un selecto grupo de asistentes, hoy la vida les llevaba al orador y al mensaje totalmente gratis. Les hablé de acerca de lo que hoy puede hacer a un negocio sólido y exitoso. El núcleo de mi discurso fue explicar cómo hoy en día sólo el apto y dispuesto a cambiar rápidamente, permanece. Punto.

Mientras hablaba se me empezaban a arremolinar en mi mente la enorme cantidad de ejemplos para hacerles ver a mi audiencia esa gran verdad. Por el promedio de edad del grupo, pude citar ejemplos que nos atañían a todos. Les explicaba de la emoción que muchos vivimos cuando de niños, nuestro papá o mamá llegaba con las fotos ya reveladas luego de días y días de tener que esperar a que las entregara aquel lugar a donde se llevaba el “rollo” a revelar. ¡Era tanta la emoción de sentarse juntos para irse pasando las fotos y verlas con la emoción revivida de aquel viaje o evento! Era hermoso ver a mi mamá preparando en diligente tarea el álbum, desde irlo a comprar eligiendo el diseño de las tapas y la cantidad de hojas, hasta verla pegar las fotos “derechitas” para luego poner ese papel celofán encima y así, unos días después volver todos a disfrutar de hojear el álbum. En la emoción de aquel momento, jamás nadie pensó que eso desaparecería para convertirse en la nueva emoción de traer digitalizadas todas tus fotos en tu iPhone y mostrarlas desde ahí o enviarle todo un álbum digital por mail a otra persona que estuviera del otro lado del mundo para que las pudiera empezar a ver segundos después de habérsele enviado. En aquel entonces… inimaginable. Las cosas cambian, los negocios y la forma de ganar dinero, también, totalmente. ¿Dónde estará la gente que fabricaba los álbumes, o la compañía que vendía los rollos de película y revelaba las fotos? Solo hay dos opciones: o muerta por no haber querido cambiar (precisamente como Kodak) o dedicarse a otra cosa, trabajando en el siguiente modelo de negocios, aquel que satisfaga las nuevas necesidades de la sociedad actual. Para colmo, parece que hay mucha gente dispuesta a morir tratando de mantener su negocio, ese de toda la vida, ese que le había funcionado toda su vida y donde cree que precisamente por ello deberá seguirle funcionando lo que le resta de vida. Gravísimo error creer en eso. No hay garantía, solo esperanza para el apto y dispuesto a cambiar rápidamente.

Luego cité ejemplos que vivimos al usar con tremenda emoción esa sensación de la primera vez en que parecía que podías traerte el cine a tu casa con una película para tu videocasetera Betamax, que luego se mejoró con una videocasetera VHS, para luego sorprendernos aún más ante la posibilidad de poder grabar tu programa favorito… ¡lo que nunca imaginaste! (Y quizá ahí empezó esa obsesión por querer atesorar recuerdos grabándolos en vez de viviéndolos). Luego reflexionaba cómo algo tan, pero tan maravilloso tuvo como destino la muerte y su desaparecimiento cuando surge el DVD. Para hoy por hoy atestiguar la muerte de éste último, que parecía la panacea ahora sí, por el surgimiento del “streaming” para poderle llevar al televidente, ya el producto digital directamente a su televisor sin necesidad de objeto material, nace Netflix. ¿Qué habrá pasado con la gente que inventó y creó fábricas millonarias para hacer los videocasetes Beta o VHS? ¿Qué habrá pasado con las miles y miles de familias que vivían de la maquila de DVD’s? Las mismas dos opciones del párrafo anterior. O muertas o haciendo otra cosa, adaptándose al forzoso cambio de las nuevas necesidades del mercado. Hoy en día, un negocio exitoso ya no es garantía para que siga así de por vida. Y no, no es que esté describiendo el hilo negro del mundo empresarial donde ya desde hace tiempo se afirma: “innovar o morir”. No, no, voy mucho más allá. Hoy más parece que el aforismo debería ser: atreverte a cambiar o morir. Esto no se trata de innovar, es decir, de hacer algo nuevo, sino de tú estar dispuesto a ser alguien diferente, capaz de hacer lo que nunca habías atrevídote a hacer. No es cuestión tan solo de innovar, sino de atreverte a ser alguien distinto, alguien que sepa lo pasajero y frugal que es todo modelo de negocio. Por más que dure, pasará. Por eso no hay garantía, solo esperanza, para quien aún con un modelo de negocios exitoso, desde el inicio de su éxito, ya esté dispuesto en un futuro, cercano o no -y muchas veces más cercano de lo que uno imagina- a ser y a hacer algo totalmente diferente. Mantenerse en la cima ya no es cuestión de llegar al punto más alto de la montaña y no caer, sino estar dispuesto a escalar otra montaña y luego quizá otra y otra. Por eso me encantó pensar: “Se me podrán caer las hojas con frecuencia, pero yo aquí sigo de pie siempre” –El Árbol. Hoy, seguir de pie, es mantener la capacidad de cambio en el momento en que se requiera.

Salía de la presentación acompañado de uno de mis mejores amigos de mi secundaria y que me fue a escuchar. De regreso charlábamos de la vida y de cómo han cambiado las cosas, aunque más bien nos impresionaba la velocidad con la que han cambiado. Le comentaba a mi amigo cómo en el tiempo de vida que llevamos (45 años) nos ha tocado ver más cambios radicales que la vida entera de nuestros papás (80 años). Esto era sin duda una medida que evidenciaba la reflexión. Me acordé como alrededor de estos días, los que fuimos “fans” de la película “Back to the future”, donde Marty McFly, estelarizado por Michael J. Fox, viajaba al futuro, al 21 (o 25 o por ahí) de octubre del 2015. ¡Se escuchaba eso tan, tan, tan futurista!… ¡¡¡Y es hoy!!! Y yo aquí escribiendo precisamente en esa fecha. El auto dio vuelta y mi inteligente amigo comentó: “Yo me dediqué años a trabajar en un gran corporativo de talla internacional, y de lo que yo me encargaba era de encontrar empresas en quiebra que afirmaban que tan solo si alguien les prestara un gran capital, saldrían adelante con su negocio, y la compañía para la que trabajaba, les prestaba el capital”. ¿Y se lograban recuperar? –pregunté. “¡No! La mayoría no. Y de esa manera, precisamente queda demostrado lo que nos acabas de comentar en la conferencia. Lo que mucha gente exitosa que logró alzar un empresa familiar hasta altos niveles y creando compañías hasta trasnacionales, cuando empezaron a ver cómo caían sus negocios, llegaron a tal punto donde pensaron: si tan solo alguien nos inyectara un gran capital, podríamos seguir operando y levantamos esto a tope de vuelta, tan solo para darse cuenta que con el capital ya inyectado, volvían en poco tiempo al pique. No era cuestión de que necesitaran capital, su problema fue que seguían haciendo lo mismo que los hizo caer”. Yo ahí tenía cara de “what?!”. Le dije: caray, hubieras pasado tú a hablar de tu experiencia. ¡Qué tú te dedicaras a eso y que precisamente tú atestiguaras la razón de una segunda caída de una compañía descubriendo que no fue falta de capital, es tremendo! –le dije. Pues ahí íbamos en el auto hace unos momentos filosofando. Él luego de 28 años aproximadamente de trabajar en grandes corporativos del sector económico y en donde en varios momentos ostentó puestos de gerente general, hace dos días terminó esa etapa de su vida. Hoy, a dos días de ese tremendo paso, está viviendo la normal zozobra acompasada de incertidumbre de estos momentos. Me alegra que hoy empezara a descubrir que existen otras maneras de generar riqueza. Yo le estoy enseñando una que conozco -de varias- y que sé que le ayudará. El reto que mi amigo tiene es que experimenta la mayoría, atreverse a ser alguien diferente. Uno de los mayores retos para nuestro ego. Y es que nuestro ego está tan loco que prefiere mantenernos pobres pero fieles a un prestigio, que ricos atreviéndonos a ser y a hacer algo que nunca habíamos sido ni hecho pero que es la fuente de una nueva riqueza. A todos nos merodea la riqueza, y precisamente haciéndole honor a su esencia, riqueza, nos rodea en forma abrumadoramente abundante. Solo que aún teniéndola a un centímetro de distancia de nosotros, nuestro orgullo, nuestro temor al qué dirán, nuestro ego, puede ser tan grande, que no, no nos atrevemos a movernos ni un centímetro. Yo te digo hoy: más te vale atreverte a mover tu ser, más te vale moverte este centímetro que tu ego ve como una distancia infranqueable. Dios nos tiene preparada una gran prosperidad… en el lugar donde Él diga, no en el que más te acostumbraste a estar.

En algún momento mi inteligente amigo llegó a continuar diciendo: “Hace muchos años alguien que encontraba un gran negocio y triunfaba, podría dormir tranquilo casi para toda su vida. Hoy, si encuentras un gran negocio y triunfas, podrás dormir muy tranquilo unos seis meses”. Ahora mismo mientras te escribo aquí, viene a mi mente el ejemplo de Twitter… una red social exitosísima que, cuando inició, se empezaron a dejar ver indicios que sería algo sumamente exitoso para toda la vida, para que hoy bajen sus acciones en bolsa porque ya ha perdido influencia en forma tremenda por como lo afirman los estudiosos de esa industria. Jack Dorsey, co-inventor-fundador de Twitter, desde hace ya varios años, ¡precisamente cuando Twitter iba creciendo con un éxito rampante y contundente!… ¡empezó otra empresa totalmente diferente, “Square”, innovando para que con un pequeño dispositivo pudiera la persona hacer cobros con tarjeta de crédito desde su iPhone. Yo ya me imagino a los “amigos” de Jack diciéndole: ¡Oye, qué te pasa! Te estás desenfocando de lo tuyo. Has creado un imperio con Twitter, si te desenfocas, esto se va a caer. Cómo vas a poder ser CEO de Twitter, pero también CEO de otra empresa totalmente diferente, “Square”. De verdad Jack, te lo decimos porque te queremos, pero estás haciendo algo que no es lo tuyo, te estás desenfocando tremendamente”. ¡Qué bueno que Jack no hizo caso a esos “consejos”! Las ganancias que le han reportado a Mr. Dorsey su idea de crear Square, le han generado más ganancias en el primer año que el primer año de Twitter, y sigue teniendo muchísimas ganancias de ello… ¡y no ha dejado Twitter! Simplemente se atrevió a hacer más. El éxito no es el negocio, es la persona que hace negocios. Es el árbol que se mantiene de pie aunque sus hojas cambien de color y se caigan. El éxito del árbol es su capacidad para cambiar por temporadas. La mayor tragedia del árbol sería querer mantenerse verde y frondoso por siempre.

Es como quien quiere ser siempre joven. Si tan solo supieras que estamos de paso. En un momento de tremenda iluminación que le llegó a mi amigo en algún momento de nuestro diálogo (así afirmo que le sucedió) dijo: “…lo normal es no estar aquí”. Aaaaazzzzoooo. Esta ahí sí se las dejo para que le piensen un rato. Un ratote. Esta frase es de ligas mayores de Nueva Conciencia. Pero de muy, muy mayores. Ya está en ti dilucidar todo lo que lleva implícito ese mensaje que Dios nos mandó a través de mi amigo.

Recuerda no hay garantía, solo hay esperanza para quien sabe quién es realmente y de lo que es capaz, siendo esa capacidad admirable cuando incluso se trata de la capacidad para atreverse a cambiar la idea de lo que se es, de lo que uno hace y de donde se está. La vida entera es evidencia de impermanencia. Deja ir y te sorprenderás del espacio que creas para recibir lo que sigue, algo mejor. Yo conozco algo que puede ser una mejora para ti. La invitación a saber es haciendo clic aquí.

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.

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