Tetanización emocional.

Hace algún tiempo escribí este tema… y me impresiona que sigue siendo tan reiteradamente actual.

El ser humano logra cambiar cuando siente un gran deseo de mejora, pero éste sólo se sucede cuando la persona se asombra de una propuesta de ayuda que le hace sentido y así siente tremenda atracción por ella al grado de actuar en consecuencia. El terrible problema que veo en nuestra sociedad actual es que estamos perdiendo nuestra capacidad de asombro a pasos agigantados. Nuestras emociones están siendo violentamente saturadas de estímulos. Así, éstas ya no pueden reaccionar. Pienso que una enorme cantidad de seres humanos están llegando a lo que llamo: tetanización emocional.

De las cosas que más recuerdo del principio de mi carrera de médico fue un experimento en el laboratorio de fisiología donde se nos enseñó el concepto de “tetanización muscular”. Disecábamos un anca de una rana para ver el músculo y observar a simple vista cómo al estimular eléctricamente dicho músculo éste se contraía. Al dejarlo de estimular (quitábamos del músculo el electrodo que transmitía el impulso eléctrico) veíamos cómo se volvía a relajar. Claramente, a simple vista, veíamos cómo el músculo se contraía y se relajaba dependiendo de que lo estimuláramos o no con un impulso eléctrico. Simplemente estábamos haciendo las veces de “el cerebro” de la rana (quien envía el impulso eléctrico al músculo), sin embargo, con la rana decerebrada para que su cerebro no enviara ningún impulso, nosotros usábamos una pila que enviaba un impulso eléctrico por medio de un electrodo que colocábamos directamente en el músculo. En el experimento, cada vez enviábamos impulsos eléctricos con mayor frecuencia y luego también con mayor voltaje. Se buscaba el objetivo de llegar a ver cómo los músculos pueden llegar a un nivel (llamado “nivel umbral”) donde debido a la gran frecuencia del estímulo eléctrico o a su gran intensidad, el músculo perdía su capacidad de reacción y ya no generaba ninguna respuesta. Repito: por la gran frecuencia del estímulo o por la gran intensidad, se llegaba a un momento donde ya no había reacción. El músculo se quedaba total e intensamente contraído y aún quitando el estímulo eléctrico se mantenía así, prácticamente rígido, y eso es precisamente el estado de “tetanización muscular”. Luego de mucho tiempo, sólo en algunos casos, se alcanzaba a relajar lentamente el músculo y ahora podía sucederse otro daño, donde aún dándole otro estímulo eléctrico, el músculo ya no reaccionaba tampoco, se quedaba totalmente laxo. Sin embargo, la mayoría de las veces, la rana se iba al bote de basura con el músculo rígido, totalmente tetanizado, duro sin capacidad de reacción. Pues bien, ya sea por tetanización muscular o un estado de total laxitud, el hecho es que el músculo ya no reaccionaba ante el estímulo o ante la ausencia de él. Y hoy, deduzco que en nuestra sociedad existe un tipo de “tetanización emocional” por sobresaturación de estímulos.
Estamos siendo bombardeados de tantas malas noticias por todo tipo de fuente de información, con tanta frecuencia y con tanta intensidad, que las emociones de muchas personas ya han llegado a un nivel de tetanización. ¡Ya no reaccionan! Ya mucha gente se “acostumbró” a leer de decapitados, muertos y más muertos encontrados en fosas clandestinas del narcotráfico, asaltos, manifestantes violentos, paros y bloqueos, injusticias inverosímiles, etc., que ante tales atrocidades ya no hay capacidad de reacción alguna. Como  si el “músculo de la emoción” (obviamente metafórico) alcanzó a llegar a su nivel umbral y se tetanizó. La persona perdió totalmente su capacidad de asombro. Y aquí te digo lo peor: aún si ahora el estímulo es positivo, aún si la noticia ahora es precisamente halagüeña, ¡tampoco hay ya reacción alguna! Hay tetanización emocional y ésta no distingue si el estímulo es negativo o positivo, de hecho, ni el positivo lo salva, sino más bien lo empeora. Simplemente ya no hay capacidad alguna de reacción. Esta es la mayor alarma que observo en nuestra sociedad actual. Hoy en día aún cuando le digas con gran impacto a la persona que hay una extraordinaria noticia, que acaba de suceder un milagro, que hay una oportunidad única de negocio y fantástica opción para que mejore, que se sucedió una sanación milagrosa por imposición de manos, que hay claras evidencias de presencia y ayuda extraterrestre, que Dios habla cada vez más dentro de las cabezas de las personas, que hay una canción exageradamente hermosa, que hay una impresionantemente exquisita comida que degustar, que hay un vino donde parece que se paladea a Dios, que hay un lugar turístico donde los mismos ángeles vacacionan, que hay una forma de ganar dinero extraordinaria dando libertad y paz en el proceso, que hay alguien que te ama con locura, pasión y desenfreno…, que con todo y eso, en ninguno de los ejemplos de noticias extraordinarias, la persona se inmuta, es decir, la persona ya no manifiesta físicamente un estado de conmoción emocional, ya no hay gestos ni voz que manifiesten el asombro. Ya no hay deseo de mejorar surgido de mi capacidad de reacción ante la mejor noticia que se me de. Y yo iría más allá, no tan solo no hay manifestación física, sino tampoco espiritual. La persona ya está muerta en vida víctima de los misiles disparados incesantes con la ametralladora de la hiperinformación. Veo que la apatía ya es la norma en nuestra sociedad y entiendo perfecto su surgimiento. Si alguna vez el doctor Victor Frankl afirmó con maestría intelectual que la apatía es la muerte emocional, yo, el Dr. Alejandro Ariza, afirmo que esa muerte inicia por tetanización emocional.

Sé que para muchos podría observarse éste fenómeno desde hace muchas generaciones atrás, pareciera nada nuevo el hecho de que los medios de comunicación con su estrategia de ventas promuevan intensa e incesantemente el estímulo de la nota roja o amarilla. Cierto. Eso se viene sucediendo desde muchos años atrás. Lo que hoy es la marcada diferencia es que vivimos en una era de hipercomunicación. Hace años la nota roja se publicaba muchas veces, sí, pero tan sólo en una o dos vías de comunicación (radio, prensa y/o televisión). Hoy se publican igual o más intensamente todo tipo de estímulos, pero por todos lados en un sinnúmero de nuevas y poderosas vías que impregnan la vida del hombre incluso pareciendo que aunque éste no quiera: Internet, blogs, libros especializados en demandas, podcasts, espectaculares pagados por las víctimas, apps del iPhone especializados en noticias o incluso apps de periódicos, apps del iPad, streaming de video por canales especializados en Internet, radio privado y especializado la web, iTunes university y sus investigaciones para ser escuchadas en iPod y reproductores mp3, mensajes enviados varias veces al día al celular por agencias noticiosas (MSM), redes sociales que usan ya todas la agencias y periódicos como facebook, mensajes de twitter, imágenes en Flickr o Instagram, microblogs, video blogs, y un sinfín de etcéteras. ¿Verdad que hay diferencia con el poder de los medios de comunicación de hace 50 años? El daño de las malas noticias hoy ha sido rebasado en cantidad y magnitud por el daño de la frecuencia e intensidad de cualquier tipo de noticia, mala o buena. Antes la información entraba por algunas vías a las que se exponía la persona, hoy fluye incesante por tantas que la persona es difícil que las evada. Hoy, en esta era de la hiper-mega-giga-tera-ultra-súper-información, el humano está siendo bombardeado por todos lados, absolutamente por todos. Y no, no solo me refiero al bombardeo de las malas noticias -que ya en sí son una enorme desdicha-, sino al inclemente e incesante bombardeo de la publicidad en general donde incluyo propuestas de spa’s, clases de yoga en sus cincuenta mil tipos, libros de superación personal de miles de autores más lo que se creen autores de esa literatura, mensajes al celular con frases célebres, mil y un cursos y conferencias que te ayudan a mejorar y cuya publicidad atesta tu bandeja de entrada de correo electrónico, promoción de la canción más hermosa del día, todos los días, 6 horas de un locutor de radio leyendo textos de autores de superación personal, organización de miles de eventos altruístas, recolección anual de millones de pesos con el logotipo del teletón por toda superficie existente en la materia tangible de un país, miles de anuncios publicitarios de comida saludable dentro de un breve partido de futbol, mismo en el que mientras sucede también hay publicidad digital alrededor, podcast de crecimiento personal, cientos y cientos de promocionales de clases de ayurveda y medicina alternativa en sus cientos de variantes y subvariantes, miles y miles de correos electrónicos con invitaciones a cursos de reconexión con tu alma que anda perdida -en tanta publicidad-, mensajes de ángeles y presentaciones de powerpoint con hermosas imágenes en tu computadora, y un sinfín de estímulos positivos que también forman parte del daño de la hiperinformación. Recuerda que nuestro “músculo emocional” no distingue si la noticia es mala o buena, ya sólo se trata de recibir estímulos, noticias malas o buenas… ¡Son demasiadas! ¡Abrumadoras! ¡En cantidades sobrecogedoras! Colapsan toda capacidad de análisis o mera observación. Pienso que la capacidad emocional reactiva de la persona ha sido rebasada ya desde hace mucho tiempo -los últimos 5 años por lo menos-, y por ello es que desde entonces vengo detectando con asombro la deletérea incapacidad de mis congéneres para admirarse ya por nada. La gente ya no admira. Si Dios es el milagro, el diablo te dice tantas y tantas y tantas cosas -incluso buenas- por tantos y tantos y tantos medios que tetaniza tu emoción y logra así que ya no veas ningún milagro en nada.

Esta publicación es un llamado de alerta… a los pocos -poquísimos- que una alerta todavía les causa alguna emoción. Sé que quizá esta publicación se esté sucediendo ya demasiado tarde para muchos, para las abrumadoras mayorías de tetanizados emocionalmente. Aun así, mi corazón que todavía late de emoción por existir me ha impulsado a plasmar mis letras aquí. ¡Hago un llamado a la solución! Y con pena y posible craso error es que lo hago usando signos de admiración, bien podría generar eso el último estímulo necesario para llegar a la tetanización de muchos. Esta bien, ahora mejor sin signos de admiración: hago un llamado a la solución… proponiéndola con y gracias a una Nueva Conciencia.

¿Crees que la solución sea enfocarnos sólo a las buenas noticias y cerrar filas para que no llegue a nuestra conciencia las degradantes y nefastas noticias que parecen imperar en nuestro derredor de hiperinformación actual? Pues ¡No! -disculpa otra vez los signos de admiración-. Definitivamente la solución no es enfocarnos solo a las buenas noticias, como muchos de mis lectores podrían creer y como yo mismo creí y propuse hace unos años. Ya no va por ahí. Lo que ahora necesita el ser humano es exponerse a menos estímulos, tanto malos… ¡como incluso buenos! Se trata de dejar de estimular al tetanizado “músculo emocional”. Se trata de ya no permitir, durante los lapsos que más podamos, estímulos de todo tipo, tanto malas noticias como buenas noticias. Se trata de ya no leer el periódico con sus nefastos encabezados -algo que vengo recomendando en Nueva Conciencia desde hace 22 años- sino ahora también dejar de leer tantos libros de superación personal y autoayuda. Sí, yo mismo, escritor de este tipo de literatura, te lo sugiero. Necesitamos, por humanidad, dejar de hiper-estimular nuestras emociones. Quizá no te has dado cuenta sino hasta esta lectura, pero hace mucho que ya no te emocionas como antes. Hace mucho que ya nada te arrebata el aliento. Hace mucho que ya no te emocionas hasta la risa o la hilaridad extasiante. Hace mucho que ya solo actúas por sistema. En esta era hay más máquinas en forma de humanos que humanos disfrutando el uso de alguna máquina. La solución que propongo con una Nueva Conciencia es: más silencio total, más momentos manteniendo tus ojos cerrados, más momentos de sana soledad. ¡Esa es la más viable solución! Solo así nuestro “músculo emocional” con el tiempo, quizá -y sólo quizá-, volverá a recuperar su capacidad de reacción. Y allá, en ese entonces, sí convendrá sólo exponerse al bien, la verdad y la belleza. Allá y solo hasta ese entonces, nos volveremos a admirar de los milagros que diario nos presenta Dios. Urge que busquemos exprofesamente más momentos de paz pura y nada más. Meditación real, en una palabra. Meditación donde no necesitas comprar los audífonos especiales con un sistema para llevarte al más allá ni un tapete de tal material que promete conectarte en forma privada con la madre tierra ni con unos zapatos de suela como columpio. Simplemente calla, cierra los ojos y procura un lugar donde estés solo y sin ruidos por un tiempo. Mientras más practiques esto, mejor.

Menos salidas a lugares tumultuosos, menos sonidos, menos estímulos visuales, menos sabores. En concreto: menos distracción y más enfoque. ¡Esa es la solución para curar la tetanización emocional que veo está imperando y degradando a nuestra sociedad!

¿Te sorprende de que tus hijos no se alarmen como tú frente a tanta maldad y violencia? Mira los juegos que juegan y recuerda los que tú y yo jugábamos. Hoy los videojuegos los interpreto como otra poderosa y subterfugia manifestación del mal. No hay que ser muy inteligente o adoctrinado en temas afines para concluirlo si los ves con atención. La época de jugar en en una calle segura meramente andando en bici, o en la sala de la casa con la “papa caliente” o tener toda la concentración en una caricatura de Don Gato sin que estuvieran suenen y suenen los mensajitos del celular (¡ni había!), esa época, ya acabó. ¿Te sorprende que le das una extraordinaria noticia a alguien y ese alguien ni se inmuta? ¿Te alarma que compartes una buena noticia con alguien y ese alguien parece que ni te escuchó? Entonces eres de los poquísimos que quedamos conservando nuestra humanidad y en ella nuestra privilegiada capacidad de asombro, parados frente a cadáver tetanizado. Así, veo dos opciones: no hacer nada y sin darte cuenta llegar por lo aquí expuesto, poco a poco y sin que te des cuenta, a una tetanización emocional tanto tuya como de tu familia entera, o bien, hacer algo para no llegar ahí si todavía estás a tiempo.

Procura más momentos de sana soledad y silencio total. Ve a caminar donde sólo exista un contacto de tu persona con la Naturaleza, no a algún lugar turístico donde la publicidad ya invade por doquier y hasta en el piso encontramos anuncios. Si como sociedad estamos avanzando a la era de la hipercomunicación, por salud, usando el efecto péndulo que se sucede en la vida y en la historia de la humanidad, los que deseamos mejorar ahora debemos ir para el otro lado, a una menor cantidad de fuentes de comunicación. Apaga tu celular uno o dos días por semana. Evita convivir con gente tóxica (esa que habla y habla sin parar y sin aportar nada, siendo su principal discurso la queja). No revises tu correo electrónico en forma incesante, habla menos por teléfono, convive menos con multitudes, escucha menos música -sí, por más maravillosa y sublime que sea-, en una palabra: estimúlate menos como inicio de la solución. Verás que en un futuro cercano -te prometo-, recuperarás tu capacidad para sentir en extremo, entonces ahí, sí busca estimularte sólo con buenas noticias, solo hasta allá vuelve a escuchar música que te inspire y lee textos que te inviten a mejorar como persona. Si lo haces antes, simplemente seguirás favoreciendo la triste y terrible tetanización emocional que hoy veo aqueja a nuestra sociedad. Por eso estamos dejando de ver cambios. No podemos reaccionar ya. Por eso ya no hay interés, ni el más nimio, en ir a votar por algún candidato, por eso ya te empieza a dar igual comer esto o aquello, por eso ya no te levantas como resorte a aplaudir en una función teatral, por eso ya no alzas ni las cejas frente a la foto de un decapitado ni frente a un divino amanecer, por eso ya no abres los ojos impactado ante una puesta de sol ni viendo una masacre por televisión, por eso ya te empieza a dar igual irte de vacaciones ahora, o más adelante o incluso ni ir. Por eso ves el valemadrismo en tanta juventud y hasta puedes apreciarla con preocupación en tu hijo. Si es así, bendice que todavía te puedas preocupar. Si ya no ves ningún tipo de valemadrismo es quizá porque ya seas parte de él. Ha surgido en tu ser la apatía, esa debilitante falta total o parcial de interés, haz empezado a morir tetanizado. Debido a la hiperestimulación a la que te has expuesto, consciente o inconscientemente, es que no te puedes enfocar y por eso has notado que cada vez más y más se te olvidan las cosas. Estas consciente de como ha aumentado tu distracción o quizá ya no y alguien te lo ha tenido que hacer notar y hasta entonces compruebas que sí, efectivamente estás más distraído que nunca. La hipercomunicación de la hiperinformación actual nos ha robado la bendita dicha que confiere el poder del enfoque. Si Dios es el enfoque, el diablo es todo tipo de distracción. Algo dentro de mí me dice que efectivamente así es. En varias de mis conferencias he afirmado que Dios tiene un lugar donde lo encuentras: en el cruce de las coordenadas del aquí y del ahora. Y precisamente por eso es que casi nadie lo encuentra. Precisamente por eso.

Sube a tu auto y no prendas el radio en ningún momento, ni para escuchar tu música preferida. Hazlo así por varias semanas. Si no vives una vida feliz, algo en tu interior te pedirá que te distraigas escuchando cosas “afuera”, para no escucharte dentro. Sugiero que resuelvas tu vida escuchando tu interior sin distraerte con la compulsión de prender de inmediato el radio o compulsivamente “taparte los oídos” con los audífonos de tu iPod. Luego de todas esas semanas, ve a carretera y escucha una sinfonía o aquella música majestuosa que tanto te gusta. ¡Descubrirás con asombro -¡¡¡con inmenso asombro!!!- que es más hermosa y sublime que como la habías escuchado meses antes. Al disminuir los estímulos de todo tipo, luego de un tiempo, cuando recuperes tu capacidad de reacción, lograrás sentir más. Entonces surgirá de nuevo en ti el deseo de actuar en consecuencia. Entonces volverás a sentir ganas de triunfar haciendo lo necesario para ello. Entonces volverás a sentir ganas de volver a amar con locura, pasión y desenfreno. Entonces volverás a creer en esa propuesta de negocio y sentirás prisa por emprender, y lo harás. Entonces volverán a brotar las lágrimas de tus ojos en forma incontrolable al escuchar una melodía o apreciar la belleza de tu ser amado, quizá hasta entonces descubras su belleza. Entonces tu rostro se modificará en asombro y deleite al ver una obra de arte. Entonces volverás a amar como en las películas de antes. Entonces tendrás la mano lista para estrechar la de Dios. Entonces te volverá a hacer sentido aquella rúbrica que has leído desde hace tantos y tantos años aquí…

¡Emoción por Existir!

-Alejandro Ariza.

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2 comentarios sobre “Tetanización emocional.

  1. EMPEZARE POR DECIRLE Y CONTRADECIR QUE SUS CORREOS ME CAUSAN UNA EMOCIÓN APABULLANTE , SOLO EL HECHO DE VER SU NOMBRE YA ME SOBRESALTO , ENTONCES YA NO SE CUMPLE LA TETANIZACION EMOCIONAL , DR ALEJANDRO ENTIENDO PERFECTAMENTE Y ESTOY EN TOTAL ACUERDO , ESTAMOS ANTE UNA PROFUNDA INDIFERENCIA SOCIAL , SIN ESTÍMULOS , SIN SORPRESAS Y LO QUE ES PEOR SIN EMOCIÓN , AL IGUAL QUE USTED MI SENTIR ES CARAS Y ALMAS INFELICES , APLANADAS , YO LES LLAMO LOS TIBIOS , NI FRÍO NI CALOR , COMENTARIOS SIEMPRE DESALENTADORES , YO SÓLO DESEO PEDIRLE QUE NO DEJE DE ESCRIBIR POR QUE AÚN HAY PERSONAS QUE NO ENFERMAMOS DE TETAZANIZACION , AÚN NOS BRINCA EL CORAZÓN , AL ESCUCHAR LO MEJOR ESTÁ POR VENIR, nNUNCA OLVIDARE ESTA FRASE QUE USTED ME HA TATUADO PARA SIEMPRE , GRACIAS POR HACER MI DÍA , UN DÍA QUE YA NO SE REPETIRÁ , SALUDOS , UN ABRAZO

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