Una gran verdad acerca de la salud.

Escribir, como médico que soy, acerca de la salud, termina resultando en un arma de doble filo para mí por tanta contradicción por la que he pasado al mantenerme estudiando. Pero al fin, parece todo haber llegado a una gran verdad, sustentada en la evidencia del resultado. Te comparto algunas reflexiones que he tenido: El entrenamiento médico que recibí me hizo adquirir habilidades para enfocarme en la enfermedad, digamos en la solución de la misma, pero el enfoque es la enfermedad… ¡no en la salud! Aunque pareciera que lo uno implica lo otro, no es así precisamente. De entrada quiero compartirte una gran verdad acerca de la salud: “La salud es el estado natural del ser y la enfermedad es consecuencia de desatender o alterar ese estado natural”. Esto, literalmente, es una nueva conciencia. Te conviene adquirirla por las transformadoras implicaciones que conlleva este conocimiento.

Si esto que hoy se me ocurrió escribir aquí en mi blog, me lo hubieran explicado en la carrera de Medicina, mi acercamiento a los pacientes hubiera sido totalmente diferente en mis inicios, vamos, incluso el acercamiento hacia mí mismo en mi día a día. Es por demás comentado que a las escuelas de Medicina se les genera un plan de estudios que, posiblemente, estén financiados (diseñados) de alguna extraña manera por la industria farmacéutica y ésta, como negocio, necesita mantener la enfermedad, más que curarla. El más mínimo criterio hace que esto tenga sentido, como negocio, lamentablemente. Si la industria farmacéutica creara un medicamento que con una sola toma erradicara determinada enfermedad, sería garantía de su fracaso como negocio. Producto o servicio que sólo se vende una vez está destinado, naturalmente, a desaparecer. En esta ocasión no se trata de atacar a nada ni a nadie, no es mi estilo. Solamente estoy reflexionando contigo acerca de una verdad acerca de la salud que tienes que saber y debes entender. El médico termina siendo el vendedor estrella de los productos farmacéuticos, así, hay que entrenar al vendedor.

El enfoque en “curar la enfermedad” no tan sólo fue un entrenamiento para los médicos sino que a través de nosotros también ha sido, a su vez, un entrenamiento para la sociedad en general (ayudantes de vendedor, digamos). Cuántos de nosotros tenemos a familiares que se sienten médicos y a la más mínima señal de aparición de alguna enfermedad, ya están recetando con su “experiencia”. Ahí está el enfoque en la enfermedad, en resolverla, pero ahí. Sin embargo, mientras estábamos básicamente bien, el estado natural del cuerpo la mayor parte del tiempo, ni ese familiar, ni un médico ni nadie nos aconsejaba para mantenernos así, normal. ¿Recuerdas el concepto del que he hablado durante años? Cinco palabras: Lo normal es estar bien.

A mí en lo personal siempre me ha impresionado la habilidad innata del propio cuerpo para mantenerse saludable, para que, incluso después de un daño que le generemos, éste regresa naturalmente a su estado de salud, a su normal. Lo puedes constatar en el momento en que te haces una pequeña herida y, si tú no hicieras absolutamente nada, la tendencia natural del cuerpo es a cicatrizarla, a remediar, a regresar a la salud incluso sin nuestra participación o ayuda. ¡Qué noble es nuestro cuerpo! ¡Qué diseño tan perfecto! ¡Una máquina auto-reparable! Y es por demás razón para admirar cómo el cuerpo siempre, siempre, pero siempre procurará regresarnos a la salud incluso cuando nosotros siempre, siempre, pero siempre le hacemos daño y lo enfermamos. Cuándo entiendes esta verdad, incluso sientes pena, vergüenza, arrepentimiento y admiración por tu cuerpo, por su funcionamiento, por cómo te sirve y se esfuerza por mantenerse bien a tu servicio a pesar de ti. Parece el colmo que luego de hacerle daño, vemos y sentimos cómo se recupera, ¡para volverle a hacer daño! Pregúntale a cualquier alcohólico, fumador o adicto al azúcar, a quien se mal pasa comiendo muy mal con singular frecuencia. Ejemplos de reflexión hay muchos. No se trata de defender a mis congéneres humanos, pero también debo advertir que en la mayoría de los casos, como dijo Aristóteles, no hay maldad sino absoluta ignorancia. Yo creo que si las personas promedio supieran lo que le hacen a su cuerpo mientras lo tratan como lo tratan, mientras comen como comen, mientras beben lo que beben, si la persona supiera en verdad, se detendría de inmediato. Pero… no lo saben. La gente enferma del «no-saber».

Muchas veces he llegado a estar de acuerdo con lo que alguna vez expresó Voltaire: “El arte de la medicina consiste en entretener al paciente mientras que la naturaleza cura la enfermedad”. Sí, a veces, así parece. Los médicos aparentemente solemos ser sólo acompañantes-testigos de una evolución. Sin duda, ayudamos lo más que podemos, pero el mérito parece que está en otra instancia.

La inflamación es el origen de una enorme cantidad de enfermedades. Lo que a los médicos se nos enseñó es curar enfermedades prescribiendo “anti-inflamatorios”. Lo más sensato, con una nueva conciencia actualizada a la verdad que hoy se me antojó compartirte, sería que el médico en vez de tratar de curar, favoreciera la salud y su mantenimiento, es decir, educando a la sociedad para que no se inflamara. ¡Es un enfoque enteramente distinto! Y… ¿Sabes qué es impresionante cuando empiezas a entender? La comida y saber elegir qué es lo que nos conviene ingerir de ella y qué no (por ir en contra de nuestro estado natural de salud), es lo que favorecería mantenernos “normales”, es decir, no inflamados. Sin enfermedad. ¡Pero la gente, hasta varios médicos, ingieren “inflamatorios”! Ingieren comida que inflama. ¡Y en vez de no ingerirla! La ingieren y luego buscan un anti-inflamatorio. ¿Alcanzas a ver la ironía (y el negocio para alguien)? ¡¿Por qué alguien habría de ingerir algo que le hiciera daño? Sorpresiva respuesta: porque sabe rico, y esto aderezado de ignorancia, es una combinación atractiva y fatal. Qué tal si te doy un ejemplo de elemento inflamatorio: el azúcar. Punto. Así no más. Podría hablarte horas y horas al respecto, no es el tema ni el espacio, y ya lo hecho muchas veces a lo largo de los años, lo sabrás si me has seguido. Si no, posiblemente esto ya te resulte como un shock al leerlo aquí y de inmediato, como una respuesta muy natural del ser humano que difícilmente acepta estar en un error, surge rechazo y descrédito de tu parte, y más si disfrutas el azúcar y la sigues consumiendo. Basta que tu curiosidad te llevara a tal nivel que “googlearas” para investigar el daño inflamatorio que te hace el azúcar en cualquiera de sus versiones y que dispusieras de muchas horas o muchos días para poder ver videos en YouTube, leer libros, escuchar conferencias de expertos, en donde demostramos lo que te acabo de decir. Pero quizá mejor prefieras su sabor aderezado, ahora, de deliberada ignorancia. ¿Qué fuerte, no crees? Porque en este caso, como muchas veces ya he explicado en mis conferencias, ya no es ignorancia en esencia, ya es cinismo. No eres ya ignorante, eres cínico. Como ignorante, podrías esgrimir en defensa propia el argumento precisamente de no saber y por ello actuar de determinada manera, pero… ahora sabiendo, si sigues actuando con el conocimiento de causa, ya es cinismo. Por eso es un tema confrontante. En fin, la explicación está dada. El estado natural de tu cuerpo es la salud y cuando enferma suele ser por el daño que tú le has proferido. Luego, en vez de dejar de hacerle daño, prefieres comprar algo que corrija el daño que le sigues haciendo. ¡Piensa un rato en esta imagen! Tú golpeas y golpeas tu cuerpo y constantemente vas a comprar algo para curar las heridas, para que una vez recuperado, ya lo puedas volver a golpear otra vez, al fin puedes volver a comprar el remedio.

Ahora bien, si te hablo del perfil emocional que sostiene la manifestación de tu cuerpo, se pondría más interesante el tema, más revelador, otra verdad acerca de la salud. Luego de 30 años de ver pacientes, puedo afirmarte que los cuerpos enfermizos suelen ser el reflejo de las emociones negativas de quien lo habita, y éstas poco a poco lo van debilitando. Los contrario es valedero, los cuerpos saludables suelen ser reflejo de emociones positivas en quien ha llegado a desarrollar entusiasmo en su forma habitual de ser. Cuando el bienestar aparece en el corazón, el malestar desaparece del cuerpo y se manifiesta salud, y viceversa… cuando el malestar aparece en el alma, el bienestar desaparece del cuerpo y se manifiesta enfermedad. Y es que toda materia tiene un sustento no material. Física cuántica al final de la historia. Nuestra emociones tienen una relación tremendamente fuerte y directa con nuestras elecciones. Si pones profunda atención a lo que eliges (efecto), verás revelada una emoción como causa. Siempre pasa así y por ello es importante tener un terapeuta para «rebotar» las historias y que nos ayude a ver causas para cambiar ahí y, hasta entonces, ver efectos diferentes.

Hoy quiero sembrar en ti un nivel de conciencia que te haga entender la manifestación de enfermedad o salud como lo que son: una consecuencia. Y no podrás erradicar una enfermedad (o la siembra de la misma) del todo hasta encontrar su causa y resolver a ese nivel, a nivel causa. Te quiero adelantar algo que quizá te sorprenda: ¡Hoy, al fin, ya está fehacientemente demostrado que no se requiere de esfuerzo para mantenernos sanos! Sólo hay que conocer la causa y actuar desde ahí. Por ejemplo, yo soy de las personas que, como paciente, durante años padecí (me generé) obesidad. Y luego de haber intentado todas las dietas que te puedas imaginar, regresaba a enfermarme, volvía a engordar. Y todo este efecto yo-yo tiene sentido cuando entiendes que todo tipo de “dieta” es restrictiva, y ahí donde se te prohibe algo para mejorar, donde tienes que hacer un “sacrificio” para cambiar, sencillamente es insostenible a lo largo del tiempo, así uno regresa a los malos hábitos y naturalmente vuelve uno a subir de peso. Apenas en fechas relativamente recientes ya se descubrió y ya llegó al público en general la manera de solucionar “desde la causa”, donde no hay sacrificio, este problema de la obesidad. Todo radica en el tipo de comida. Hoy más que nunca, ¡más que nunca!, remontan en trascendente verdad las palabras de Hipócrates, padre de la Medicina, cuando afirmó: “Haz del alimento tu medicina”. Hasta ahí, todo bien, una frase que muy seguramente ya habías escuchado, es hasta trillada. Pero lo que no se publicó tanto fue… Mr. Hipócrates… ¡¿Y cuáles son los alimentos-medicina?! ¿Qué comida hace que uno se mantenga en el estado natural de salud? Eso sí no es tan famoso y las evidencias saltan a la vista de que mucho menos famosa ha sido la respuesta a esa pregunta. ¿Sabes que existe comida -y por cierto, deliciosa- que te quita el hambre? ¿Sabes que puedes llegar a comer, naturalmente, una o dos veces al día, cuando mucho, y sentirte espectacularmente bien? Claro, si metieras a tu cuerpo determinada comida y otra jamás. Hoy esto ya se sabe. Mira una lista de beneficios garantizados que puedes vivir:

  • Mayor claridad mental y protección neurológica, previniendo enfermedades neurodegenerativas (Alzheimer, Parkinson, etc.)
  • En extremo evidente incremento en tu energía, un estado de vigilia, donde de verdad te sientes en vigilia
  • Disminuyes la inflamación y la oxidación en todos tus aparatos y sistemas, es decir, disminuyes el origen de muchas enfermedades, es decir, mantienes tu estado natural de salud (adiós ovario-poliquístico, acné, baja de líbido, muchos casos de diabetes, varios casos de hipertensión, adiós colesterol y triglicéridos altos, adiós pereza y fatiga todos los días, adiós varios casos de dismenorreas y un sinfín de etcéteras)
  • Sentirás cómo se reduce tu ansiedad por comer
  • Mejora tu estado de ánimo y tu relación con los demás
  • Mejora enormemente tu digestión y desaparecen molestias gastrointestinales a las que ya te habías acostumbrado por sentirlas diario
  • Eliminas grasa acumulada dentro de tu cuerpo, entre tus órganos, una grasa riesgosa para tu salud
  • Duermes maravillosamente bien y profundo, sintiendo un sueño de verdad reparador
  • Ah… y por cierto, también bajas de peso y tallas. Pero déjame que te diga algo: aquí, bajar de peso representa tan sólo “las migajas del beneficio”.

De verdad, ¡el conocimiento de la nutrición y la salud han dado pasos agigantados para nuestro bien! Mi sugerencia: tienes que saber y aplicar el conocimiento. ¿Sabes lo vergonzoso que es para un médico como yo recordar que en toda la carrera de Medicina, en toda, incluso en academia posterior de especialización, ¡nunca estudiamos Nutrición!? ¡No existe esa materia en el plan de estudios de un médico! Por lo menos hasta cuando yo estudié (y no creo que hayan cambiado mucho los planes de estudio en este aspecto). Detente a reflexionar en lo que implica que un médico se titule, se reciba, pueda ejercer… sin saber absolutamente nada de nutrición. Yo, todo lo que sé (que modestia a parte es bastante también de esa materia) ha sido por ser autodidacta, lo que yo personalmente decidí estudiar desde el 2008, cuando empecé a interesarme en estos temas que para mí eran totalmente desconocidos. Sin embargo, en los últimos cinco años, la revelación de lo que hacen al cuerpo ciertos alimentos, para bien y para mal, sigue siendo cada vez más sorprendente, incluso para los expertos.

Si realmente deseas saber, con mucho gusto te puedo ayudar y para ello, pero sólo haciendo honor a tu nivel de interés, es decir, mediante la única manera real para que la información que llegue a ti adquiera suficiente valor para que apliques el conocimiento: solicita una consulta en línea conmigo haciendo clic aquí. El tema es serio, se trata de que descubras una gran verdad acerca de tu salud. Para mí será un placer compartirte este nuevo enfoque en la salud vía alimentos. ¡Saber esto te cambia la vida!

¿Has visto personas que a los 40 años se ven como de 58? Llenos de canas y con piel reseca y un rostro enjuto. Y seguramente también has visto personas de más de 50 años sin una sola cana y con una actitud jovial y un cuerpo que irradia luz y bienestar. El rigor de la evidencia me ha demostrado cómo la gente envejece no por el paso del tiempo sino por los malestares físicos y emocionales que sostienen por decisión propia, consciente o inconscientemente (la mayoría consciente). Acostumbrarte al malestar te envejece, no el paso del tiempo. Y esto aplica a lo que comes y con quien convives, hasta lo que haces. Tú bien sabes, desde hace años, qué o quién te hace daño. ¡Y ahí sigues! Tu cuerpo terminará manifestando tu “aguante”. Así como también podrá manifestar tu buena autoestima y cómo te has quitado el peso de encima. Y no me refiero tan sólo a los kilos que traigas de más, sino muchas veces al peso de la opinión de las otras personas sobre ti. Llega el momento en que te las quitas como se quita uno la cobija por la mañana en una ocasión donde hay que salir apresurados. ¡Así!, aventando lejos el daño, podemos iniciar la feliz conversión en una mejor persona, saludable, en paz. Esta decisión lleva implícito cierto encanto. No te lo pierdas. Aquí quiero recordarte uno de mis principio filosóficos: Para cambiar no se requieren años de meditación, basta tan sólo un instante de claro entendimiento. El reto lo tendremos varias veces en la vida, cada vez con mayor encanto.

Espero que estas líneas hayan podido fungir como esa chispa de entendimiento y tu deseo por manifestar salud, surja naturalmente, así como es, sin sacrificio alguno, sino lleno de una gran…

¡Emoción por existir!

-Dr. Alejandro Ariza Z.


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