Evita el sufrimiento tonto y gratuito.

Sí, existe un tipo de sufrimiento tonto y gratuito. Y usé la palabra “tonto” para suavizar el deseo de haber escrito “estúpido”, porque la magnitud de la tontería, que ya veremos que es mucha, hasta es impulsada aún más por lo gratuito. Iré concreto al mensaje esencial que quiero compartirte hoy y que sugiero memorices, uno de mis cálculos:

«99% de tu sufrimiento está originado en tu mente, sólo por pensamientos. El resto, 1% de tu sufrir, está originado en la realidad, por lo que en verdad sucede».

Alejandro Ariza Z.


Anoche –(aquí estuve tentado a escribir “viví la tragedia de que”)– se cayó mi mamá al ir al baño cerca de la media noche y se hizo una herida un poquito profunda en la frente. Ella tiene de 86 años. La atendí de inmediato. Ya se encuentra perfectamente bien. De hecho, en demasiado bien, sin la más mínima molestia.


Por supuesto que ese es el súper resumen de casi tres horas de resolución entre la media noche y las tres de la madrugada. Me encontraba estudiando cerca de la media noche cuando recibo una llamada de la enfermera de mi mamá, personal que tengo la fortuna de asignarle, y me dice que sucedió un accidente. Volé. Llegué a mi mamá en menos de dos minutos, verla en el suelo, sangrando por una herida que se hizo en la frente, un centímetro arriba del ojo, detener la hemorragia, inspirarle calma con mis palabras y actitud, coordinar las medidas necesarias con el bendito apoyo de mi equipo que a esa hora está conmigo, decidir ir al hospital a urgencias para suturar la herida porque juzgué que no cerraría sólo por segunda intensión por el trazo de la misma, llegar al hospital y ver que urgencias estaba lleno, hacer las gestiones necesarias para pasar lo más rápido. Siguiendo los protocolos sugeridos por la edad, tomar una tomografía axial computada de su cabeza para descartar cualquier eventualidad que hubiera podido suceder en el interior, llamar a un cirujano plástico porque la piel de la cara (o manos) no suele ser operable por el personal común de urgencias, y terminar resolviendo con la historia de que todo acaba perfectamente bien y que sólo se trató de un golpe que le generó una herida en la piel y en el músculo por debajo. Suturada en ambos planos, ¡ya estaba en perfectas condiciones tan sólo tres horas después!


Pero aquí empieza la reflexión de hoy. Siendo cerca de las 3:00 de la madrugada, cuando regresé a casa, sabiendo que mi mamá ya estaba perfecta y dejándola dormidita y con su enfermera en su casa, me atrapé perfectamente imaginando cosas como:

  • “¡Qué impresión! ¡Qué bueno que el golpe fue ahí y no fue tan sólo un centímetro abajo porque mi mamá hubiera perdido el ojo!”
  • “Qué bueno que no perdió el cocimiento con el golpe en ningún momento”
  • “Pues aunque el golpe fue en la frente, poco arriba de la ceja, por caer “de cara”, qué bueno que no metió las manos porque a esa edad suelen haber fracturas muy importantes de la muñeca, y qué bueno que no se fracturó”
  • “Qué bueno que yo estaba cerca para atenderla, porque qué hubiera pasado si no estuviera yo tan cerca”
  • “Qué maravilla que cuento con el apoyo de mi mejor colaborador para que, incluso a esa hora, me llevara al hospital y yo no maneje, si no, manejando más estrés”
  • “Qué bendición contar con los recursos, todos los que sean necesarios, para resolver, porque ¡imagínate no tenerlos en momentos así! Hospital, estudios, cirujano plástico, medicamentos, etc.”
  • “Qué bueno que no traía puestos sus lentes porque no quiero pensar –(y ya lo estaba pensando así)– lo que hubiera pasado si se estrellan y las esquirlas se le hubieran proyectado hacia sus ojos y cara”.
  • “Qué bueno que no pasó a mayores porque a esa edad, el hueso suele hacerse un poco más poroso y una fractura de la base de cráneo pudo haber sucedido”.


Sentí mucha angustia pensando en estas claras posibilidades que, sin duda, francamente existían. Pero existían precisamente así, como “posibilidades” de las cuales… ¡¡¡ninguna sucedió!!! ¡Nunca! ¡Ninguna! ¡Nada de ellas!

La mente humana, cuando percibe una tragedia, hace del pensamiento negativo una fácil tendencia. Tragedia, por pequeña que sea, ¡la suele tomar como “hilo de media”! Y de ella, los pensamientos se dejan venir “como gorda en tobogán”, uno tras otro y cada uno con mayor negatividad. “¡Qué bueno que no pasó esto o aquello, imagínate la tragedia que hubiera sucedido tal o cual cosa!”, y así, un pensamiento tras otro, nos debilita y nos hacen sufrir verdaderamente. Pero cuando te detienes a analizar, descubres que siendo ese sufrimiento auténtico, es de fuente inexistente, así, es un mero simulacro al extremo, porque para colmo es pura simulación de la realidad vía un pensamiento. ¡Ninguna de las tragedias que me empezaba a imaginar, hasta con toda “lógica”, sucedió! ¡Y en ese momento, con esa clase de tendencia de pensamiento negativo, hay que atraparse! ¡Hay que entrenar la mente para atraparse pensando así y, deliberadamente, detener la cascada de ideas negativas y debilitadoras! Por eso te dije, sufrimiento tonto (estúpido) y gratuito.

¿Cómo lograr evitar este sufrimiento tonto y gratuito? Cómo detener la humana tendencia a pensar en más y más tragedia. He desarrollado una estrategia de tres pasos que te comparto:

  1. Reflexionando anticipadamente y en forma seria acerca del tema, como tú ya lo estás haciendo aquí y ahora al leerme mientras te explico la existencia de esta tendencia del pensamiento humano. Así mismo, igual de importante es evitar el reforzamiento de esta tendencia a pensar en más tragedia escuchando la opinión de otros en esa tesitura
  2. Atrapándote pensando así. Esto, como todo, requiere de práctica deliberada. Este segundo punto puede ser sencillo pero imposible darlo sin el primero
  3. Deliberadamente concentrarte en el aquí y en el ahora

Ya has aprendido una tendencia casi natural del ser humano, donde una tragedia le hace pensar en más y más de ellas. Ya sea imaginando lo que pudo haber sucedido y no sucedió, viajando a un pasado inexistente para desde ahí proyectar un futuro igualmente inexistente. ¡¿Ya te diste cuenta del tamaño del absurdo?! Ahí mismo también hay que eliminar todo reforzamiento de alimentar la tragedia con más de ellas. Traduzco: evitar platicar con alguien, tan comúnmente humano, que aporte más imaginación y más ideas de cómo se hubiera complicado “si…”, o empezando a platicar anécdotas de otras historias mucho más trágicas que se le vienen a la mente por lo que acaba de suceder. ¡Evita estos reforzamientos eliminando la oportunidad de dialogar así! Aquí dos opciones: o no hablas con esa gente, o si la gente está ahí, cambias el tema de inmediato a través del poder de tus preguntas, la manera que dirige el enfoque. De inmediato a preguntar de cualquier otro tema que no sea tragedia.

Debes de atraparte mediante el poder de tu conciencia cuando empieces a suponer. ¡Detente ahí! ¿Cómo? Tan sencillo como recordar la lección aquí aprendida (el primer punto de la lista). Deténte de inmediato observando el tamaño del absurdo, lo que estás empezando a pensar… ¡no sucedió! Entonces qué caso tiene pensar en ello. Ninguno, ninguno, ninguno.

Luego, surge imponente el poder del tercer paso: concentrarte en el aquí y en el ahora. Nuestro pensamiento vuela brincando al pasado y al futuro indiscriminadamente y la realidad es lo que sucede en el aquí y en el ahora, entonces, ¡debes de hacer lo necesario para para regresar tu pensamiento al aquí y al ahora! Te comparto cuatro poderosas estrategias para lograrlo:

  1. Deliberadamente enfócate en tu respiración. Cuando haces esto, pones toda tu atención en lo que verdaderamente está sucediendo aquí y ahora, estás respirando. Esta es una poderosísima estrategia para regresar.
  2. Deliberadamente enfócate en las sensaciones de tu cuerpo en los puntos de apoyo. Mismo principio: es algo que verdaderamente está sucediendo aquí y ahora (como yo ahora mismo que me duele ya una nalga y siento cómo se me duerme una pierna de estar sentado sin moverme escribiéndote aquí súper concentrado). Puedes hacer conciencia de tu peso sobres tus pies, lo que sientes en tus plantas
  3. Observa que no estás, en la vida práctica y con el rigor de la evidencia, más que en el aquí y en el ahora, donde está tu cuerpo.
  4. Busca el bien

Con lo anterior, casi como efecto liga y violento, regresa uno al presente, ahí donde la realidad está sucediendo suspendida en lo permanente, el eterno presente, y si observas, ahí si se da el sufrimiento, es muy poco en verdad.

Hice los ejercicios que te recomiendo y al final, busqué el bien… y es bíblico, el que busca encuentra. Empecé a recordar bendiciones que viví en la misma historia:

  • Cuando me presenté en urgencias como lo que soy, el doctor Ariza, la jefa de enfermeras hizo las gestiones para que pasara lo más pronto al tratarse de la mamá de un doctor
  • Cuando llegó el médico especialista cerca de la 1:00 A.M., un afamado cirujano plástico, al terminar de suturar con maestría a mi mamá, se acerca a mí y me dice: “Estimado doctor Ariza, de mis honorarios… no es nada”. “¡¿Qué?!” –le dije. “Ya sabe doctor, entre médicos no se debe cobrar y fue un placer para mí poder ayudarle atendiendo a su mamá”. ¡Qué nivel de humanismo hay todavía en algunos médicos! ¡Qué nivel! Y, modestia aparte, también estoy consciente de que es un nivel que atraje yo. Porque en esto creo, uno atrae lo que merece por ser. Simple. Cuando insistí en pagar y él en no cobrar, se me llenaron los ojos de lágrimas de gratitud y asombro ante la bendición de atestiguar que todavía hay personas de enorme talento y valía con tal magnitud de honor y respeto a la profesión, sublime humanismo. Experiencia que percibo divina
  • De regreso, todo el tiempo profundamente agradecido con Gerardo, mi gran colaborador mega estrella a quien lo caracteriza una disposición absoluta, total, para todo y en todo momento. Ahí estaba conmigo para cualquier cosa que se mi ofreciera y haciéndome el favor de ayudarme con gran cariño y afecto
  • El cuidado de Ale, su enfermera que, preocupada, estaba al pie del cañón para lo que se ofreciera también
  • La dicha de tener un auto para ir y venir sin problema a un hospital
  • Tener los medios, tema trascendente y del que mucha gente no quiere hablar, para pagar todo lo demás, el hospital, el material, la tomografía, los medicamentos, etc.
  • Tener un hogar donde dejar tapadita con mil cobijas y calientita y súper bien acomodada a mi santa madre
  • Yo llegar a la mía en condiciones similares
  • ¡Recordar tener un seguro para este tipo de accidentes que terminará pagando lo que anoche gasté! ¡Bendición sobre bendición! Tener y aplicar inteligencia para el dinero y saber que para colmo, la atención de primer nivel, casi fue un regalo de Dios.
  • La calidad humana de mi agente de seguros, Francisco, que me habla para preguntarme de mi mamá desde primeras horas de este día

La lista para agradecer por cosas que realmente sucedieron, podría ser interminable y, a todas luces, muchísimo más extensa que la lista de las tragedias imaginarias (que a estas alturas de mi escritura ya se me habían olvidado, quizá igual que a ti, en tu lectura, hasta que las nombré aquí por cadencia de mi relato). Qué bendita impresión descubrir que hay más cosas reales por las cuales estar agradecido que las imaginarias por las cuales sufrir.

Y sobre todo, ¡gracias a Dios! Gracias por todo lo que me ha dado para aprender y aplicar. Es mucho de lo que con mucho cariño te comparto en mi publicaciones de todo tipo, mismas que te hago con frecuencia.

Siento que podría seguir escribiendo tanto sacando lecciones de vida por tantas aristas que le veo al tema, pero debe ser suficiente. Recuerda: evita el sufrimiento tonto y gratuito. Regresa al aquí y al ahora, donde todo suele estar básicamente bien. Si hay algo que puedas hacer para arreglar, arregla y ya. Si hay algo que pueda hacer para prevenir, hazlo. Por algo llega la información a ti. Este tipo de conocimiento no sólo es un placer especulativo, es bendición de aplicación práctica.

Emoción por existir.

–Dr. Alejandro Ariza Z.

8 comentarios sobre “Evita el sufrimiento tonto y gratuito.

  1. Hola Alejandro

    Te leo hace muchos años, y desde hace tiempo he querido una plática contigo con videollamada, por el simple placer de escucharte, y por una cosa u otra no lo he hecho.

    Pero resulta que esta vez sí necesito hablarte, estoy en una situación difícil y quisiera platicar contigo durante estos próximos meses.

    Este mensaje que acabo de leer sobre el sufrimiento tonto y gratuito, me ha caído de perlas, algo así necesito, que me fortalezcas con tus palabras durante este lapso de mi vida.

    Ojalå pudiéramos coincidir para tener la primer seción muy pronto, te lo agradeceré.

    Dios te bendiga.
    Verónica

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  2. Excelentes sugerencias!
    Soy muy dada a echar a volar la imaginación muy en la madrugada y por esa razón no concilio el sueño…
    Acaba de dar con la solución a mi insomnio….. El ir como «liga del pasado al futuro»…..gracias por ubicarme en el presente, en el aquí y ahora!
    Bendiciones y saludos!

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