La vida va cambiando

¿Qué tal ese dolorcito que no habías sentido nunca antes? Estimada, estimado, puede tratarse de algo muy, muy natural: la vida va cambiando, y es normal. ¿Envejecer? Sí, quizá, pero para todos aquellos que les da cierto tipo de prurito emocional esa palabra por su permanente rechazo, consciente o inconsciente (como la mayoría de los casos es), mejor dejémoslo en que…, sí…, la vida va cambiando. Y mi mensaje central hoy aquí es es esto es totalmente normal.

Hoy en día en que existe una tremenda obsesión con «mantenerse joven y fuerte», si eres lo más objetivo posible, podrás ver que todas las voces que se alzan en grito rampante para convencerte de que puedes mejorar, de que logres ¡ser la mejor versión de ti!, seguramente te venden algún producto o servicio que promete que lo logres: antioxidantes, cosméticos, programas de ejercicios, dietas que dicen que no son dietas sino un «estilo de vida», suplementos, etc. Tiene todo el sentido del mundo que te intenten persuadir de que puedes seguir con la obsesión de verte (y te dicen que hasta «sentirte») más joven. Ah qué caray, esa obsesión por querer mantenerse con la imagen de los 20’s. Y te quiero decir algo con todo el amor que pudiera infundir al concepto: la vida va cambiando. Vas a envejecer y vas a morir hagas lo que hagas. Si tomas tus antioxidantes, quizá mueras muy conservadón, pero te vas a morir. Si sólo comes lechuga y aguacate, vas morir muy delgada, pero te vas a morir. Si hacer ejercicio con total disciplina, te vas a morir bien fuerte, pero te vas a morir. Es decir, en un arrebato de objetividad, hagas lo que hagas, envejeces y morirás. Si rezas y haces meditación trascendental, morirás muy en paz, pero también te vas a morir.

Todos vamos avanzando en la vida recorriendo un vector, es decir, un trayecto que tiene sólo un sentido. Nuestra muerte. No quiero sonar fatalista, sino realista. La muerte, la pérdida paulatina de ciertas capacidades, es un destino inherente a la bendición que es vivir. Hasta que lo entiendas y así lo aceptes, vivirás más feliz y en paz en el momento en que te encuentres del vector llamado vida. Un movimiento en constante avance hacia una única dirección, trascender la vida misma. (Esto lo escribí así para que no se oyera tan rudo eso de «morir», pero es lo mismo). Aquí quiero dejar en claro algo: no desprecio ni demerito toda sugerencia por vivir mejor y más sanos, tomar tus antioxidantes, comer sanamente, hacer ejercicio, meditar, leer, aprender, convivir, etc. Sin duda, entendiendo a la vida como un vector de avance permanente (y ya te dije a dónde acabamos todos… dije, «¡todos!»), el tiempo que vivamos, sí podemos mejorar la calidad de nuestra experiencia. Eso sí. Pero eso algo muy diferente a obsesionarte con tu juventud y las facultades que esa bella etapa nos brinda como experiencia de vida. Te comento esto mientras estoy escribiéndote cómodamente sentado en mi oficina… con un ligerito dolor de cintura que no me deja desde hace unas semanas que me ofrecí a cargar un mueble muy pesado en casa. Ya sabes, con toda la actitud de ayuda del «deja eso que yo lo hago», y luego, luego sentí el tirón en la cintura. Pensé que se me pasaría en unos días «solito»…, como siempre pasaba. Olvidé el detalle de que mi memoria quizá estaba enraizada en experiencias de los 20’s, pero mi vehículo físico ya rebasó los 50’s. La vida va cambiando. ¡Es enteramente normal! 

Y te platico esto precisamente mientras acabo de terminar de dar mi consulta en línea, donde mi última paciente de hoy me dijo: «Ay doctor Ariza, me preocupa que sí me doy cuenta de cómo se me olvidan un poco más las cosas, ya tomo notas de todo lo que usted dice para que no se me vaya nada…». En ese momento le dije: «Eso es totalmente normal y hasta por partida doble». Primero mi paciente ya anda cerca de los 50 años y ha tenido una trayectoria de enorme éxito intelectual, llegando a niveles de doctorado en ciencias y logrando ser becada en sus estudios la mayoría de sus avances académicos. Ya te imaginarás el nivel de éxito intelectual para tales merecimientos. Hasta le expliqué que muy posiblemente varias de sus mitocondrias ya han de estar cansadas, ¡y eso que son la fábrica de energía! Que no se comparara con su yo de los 20’s, donde hasta pareciera que por diseño, es una de las mejores décadas de la vida para llevar al extremo las demandas intelectuales propias de esa época. La vida va cambiando… ¡y eso es normal! Y luego (para explicarte eso de la partida doble), el estilo de terapia con Alejandro Ariza es llena de citas bibliográficas, explicación de conceptos profundos, análisis intenso de historias, y así, independientemente de la edad y capacidades de mi paciente, es menester tomar notas en mi terapia, de hecho, es parte de la terapia misma. Al final, se sintió mejor. Entender siempre nos hace sentir mejor. La vida va cambiando, ¡y eso es enteramente normal!

Recuerdo que le compartí una idea que aprendí de mi santa madre, ella fue la primera que me dijo que su papá, mi abuelito, le enseño: «Todas las edades tienen su belleza». Y de esa gran lección yo agrego: Quizá el disfrute de cada belleza consiste en apreciar la que corresponde precisamente a la etapa en que se esté sin anhelar la belleza de otra etapa, de alguna que ya pasó o de la que ni ha llegado. Sí, es hermoso saber que cada etapa tiene su belleza, pero refulge en hermosura aceptar la que corresponde a cada etapa sin desear la de otra. Quizá esta sea otra poderosa fuente de paz. Recuerdo tan sólo hace unos minutos en que mi paciente se me quedaba viendo fijamente y suspiró. ¡Me encanto! Un sonido de entendimiento, aceptación y liberación concomitante. 

Mi muy querido lector, lectora: sí, la vida va cambiando, ¡y eso es enteramente normal! Quizá ya necesites lentes para leer lo que te he expuesto aquí, mismos lentes que «antes» no necesitabas. Pues bueno, eso fue «antes», y hoy es otro momento del vector de avance permanente. No se trata del absurdo de intentar que cambiar la dirección del vector y ahora ir para atrás, «rejuvenecer». Eso es más mercadotecnia que otra cosa. Recuerda, la vida es un vector. Por si la edad no te permite recordar la definición que aprendimos en la secundaria, aquí te la recuerdo: «Segmento de recta, contado a partir de un punto del espacio, cuya longitud representa a escala una magnitud, en una dirección determinada y en uno de sus sentidos». ¿Ya viste por qué expreso yo, Alejandro Ariza, que la vida es un vector. Así es, tal cual. No hay ninguna manera, ¡ninguna!, de ir hacia atrás. ¿Que puedes sentir como que rejuveneces que crees que te haces más joven?… Aaaah, puedes sentir y creer lo que quieras. Pero la realidad es independiente a lo que sientas o creas. La vida es un vector de avance permanente. Así, la vida va cambiando, ¡y eso es enteramente normal! Se trata de ir disfrutando la belleza exclusiva de cada punto del vector. ¡No te pierdas de la belleza del ahora por estar anhelando la de ayer o la que imaginas mañana! 

Créeme. Tu vida así como está ahora, tiene su encanto, su belleza exclusiva del hoy, su hermosura sin igual. Elígela. Y pues bueno, ya me voy a tomarme un analgésico y a ponerme un fomento caliente en la cintura y algún aceitito esencial, con toda mi emoción por existir.

–Alejandro Ariza Z.

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