Detente.

Esta semana he hecho varios “paros” en todo tipo de actividad, incluso con duración de un día prácticamente. ¡Y me ha sentado maravillosamente bien! Hoy por hoy, en nuestra sociedad donde se nos ha hecho creer que la productividad es como un tipo de virtud y justificación de nuestra existencia, existe el miedo a parar porque nos hace sentir que perdemos el tiempo, cuando precisamente al detenernos quizá lo estemos ganando. Existe el miedo de sentirse mal por no hacer nada. Existe el miedo de confrontarte y empezar a pensar en lo que no quieres. Existe el miedo a sentir que no vales por no estar haciendo. En fin, no ser productivo, no trabajar en días donde no es “permitido”, parece estar mal. Ese ha sido un “programa” que se nos esquistó en el cerebro como cisticerco. Y no, no creo que deba ser así, incluso, quizá todo lo contrario. Detenerse a voluntad, parar en cualquier momento, el día en que se desee, cualquier día que sea, es un verdadero lujo, un privilegio, muy posiblemente una hermosa consecuencia de haber llevado una vida en orden y muy bien administrada. Es quizá merecimiento consciente. Hay paz consciente.

Paulo Coelho en su libro El camino del arco, cita sublimemente: “Se necesitan periodos de inactividad. Un arco siempre armado, en estado de tensión, pierde su potencia”.

Sugiero que te detengas. Y si no puedes, sugiero que reorganices tu vida y actividades para que llegues a poder darte este lujo, real privilegio, ser dueño absoluto de tu vida, dueño de tu tiempo de paso en ella, y poder decidir por cuenta propia cuándo parar y cuándo proseguir. Pero prioriza hacer paros. Detente. No valdrás menos, quizá sea precisamente el espacio para que te des cuenta de lo mucho que vales.

Hace unos días escuché a un orador decir con buena intención: «¡El tiempo pasa muy rápido!», lo que me hizo pensar curiosamente que que no es así, el tiempo no pasa, el tiempo es un constructor humano, el tiempo simplemente es. Más bien, el que está pasando muy rápido es uno. Y así, por estar haciendo puede que te pierdas la divina y gozosa oportunidad de poder estar sencillamente siendo, estando como fuente de un gozo peculiar, y ya. Y no es nada malo… ¡sino todo lo contrario!

Detente. Si no puedes, atrévete a cambiar lo que debas de cambiar, para que puedas. Aquí debo recordarte algo que quizá te duela: tú eres el único responsable si no puedes detenerte. Uno solo se mete el pie con las decisiones que tomaste quizá hace años y hoy sigues viviendo el eco de ellas. Pero al fin y al cabo, consecuencias de tus elecciones. La buena noticia es que, igualmente, puedes volver a elegir y de forma más inteligente, para que llegues a sentir paz, armonía, gozo y bendición por poder detenerte un rato sin explicar nada a nadie nunca.

Hoy quise ser un poco breve en mis letras para ti, casi una mera cavilación matinal compartida contigo. Breve, pero espero haber sido sustancioso. Me dará gusto leer tu opinión en los comentarios. Los leo siempre.

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza Z.

Un comentario sobre “Detente.

  1. Hola Alejandro siempre es un gusto saber de usted,
    quisiera sugerirle muy humildemente, pudiera enfocarse a la juventud, sus pensamientos, sus comportamientos y su problematica en su desarrollo. Como padres no tenemos el conocimiento de educar y cuidar a nuestros hijos en este tiempo tan acelerado.

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