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Tu criterio y el Internet

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«Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas».
–Humberto Eco.
Filósofo y escritor italiano.
Fuerte pero real. Hoy en día el Internet le ha dado voz a cualquiera, así, juzgo que el problema no es el Internet, sino el criterio del lector. Citando el concepto entero de Humberto Eco (publicado por el diario “La Stampa”):

«Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles. Si la televisión había promovido al tonto del pueblo, ante el cual el espectador se sentía superior, el drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo como el portador de la Verdad».

Estoy totalmente de acuerdo con Eco. Atestiguo lo delicado que es. En mis momentos de sensibilidad, hasta me extraña, por no decir me duele, ver lo que publican amigos y conocidos míos en sus redes sociales. Estamos en tiempos de frente elecciones presidenciales en mi país y de muchos otros niveles de gobierno y al mismo tiempo en el Mundial de futbol. Increíble lo que se asoma por las redes sociales, incluso de personas que juzgo inteligentes y sensibles. ¡Cuánta necesidad tenemos los seres humanos de ser escuchados! Todos queremos opinar y anhelamos reconocimiento. Ya el mismísimo fundador de Instagram, quien recientemente renunció al corporativo de Facebook, dijo: “…desde un principio supimos lo que íbamos a hacer a la gente con la opción de “like” en las publicaciones que haría, creamos una droga, sabíamos de la adicción que esto generaría”. El ego anhela ser reconocido, tanto, que la gente se atreve a publicar cualquier estupidez para, segundos después, sentirse importante por la cantidad de “views” o “likes” o comentarios que espera ver en su publicación. El consumidor promedio de redes sociales cada rato entra a ellas para ver cómo avanza la aceptación y el aplauso hacia sus comentarios. El plan fue perfecto. Las redes sociales se diseñaron para alimentar una tremenda necesidad del hombre común, su sed de reconocimiento. Vamos, es tal esta necesidad, que hasta por ella se publican cualquier cantidad de estupideces. Esto, adicionado de la pereza e incapacidad intelectual que la persona promedio tiene para escribir, ha hecho que ahora impere la red social de “sólo fotografías” (“Instagram”). Se trata de no tener que pensar, sino buscar el reconocimiento de la manera más sencilla. La necesidad de reconocimiento es enorme en la persona promedio, es su necesidad para afirmar su existencia. Las redes sociales se diseñaron incluyendo satisfacer esa necesidad. Un experimento humano extraordinario… con sus deletéreas consecuencias en algunas de sus partes, como en todo experimento. Por lo que reflexiono hoy aquí, desde hace muchos años he filtrado mis redes sociales para leer sólo de aquellos que tienen autoridad y me aportan valor, para mi criterio. Sin embargo, aún así, es tan rebosante la “invasión de los imbéciles” que se filtra por alguna red social la opinión de varios de ellos. ¡No quiero pensar en las redes sociales de personas que no han hecho un inteligente filtro, de esa gente que ha aceptado a cualquiera y se siente importantes por tener miles de “amigos” en Facebook! Qué espanto ha de ser navegar por una red social así. En fin, regresando al tema, hoy es más importante de lo que imaginas el saber distinguir y elegir con inteligencia lo que vas a ver.

En varias de mis conferencias he explicado un enorme poder que el ser humano tiene: dar vida. Pero no me refiero al instinto animal de la procreación, no, ese es natural a la especie, me refiero a algo muy superior: el humano da vida a todo aquello que ve. Ver da vida a lo observado. Tú le das vida a todo aquello que eliges ver, fotografías, noticias, libros, blogs, lugares, personas, todo, absolutamente todo. ¿¡Alcanzas a entender la magnitud de ese poder!? Es sobrecogedoramente abrumador. Por eso, en mi filosofía de vida, Nueva Conciencia, he insistido por más de 25 años, que tengas mucho cuidado con lo que ves, porque por ese simple y poderosísimo hecho, empezarás a sembrar las semillas de realidad que florecerán después en tu vida cotidiana. Explicando amplísimamente esto escribí mi libro, La fuerza del pensamiento. La mente humana siempre atrae lo piensa, y se piensa como consecuencia de la información que se tiene, y se adquiere información esencialmente por lo que se ve (también por lo que los otros órganos de los sentidos aportan, pero la vista aporta más del 80% del aprendizaje). Qué tremendo, ¿no crees? De lo que veas, adquirirás información, de la información que introyectas, surgirán tus pensamientos, y de éstos se gesta la acción, y de ésta surgen naturalmente los resultados en tu vida. Todo empezó viendo. El gran reto para tu superación personal y sano desarrollo humano es elegir bien qué vas a ver.

¿Tú invitarías a platicar a tu casa para conferirle tu atención a un narcotraficante o a un violador o a un político corrupto o a alguien dedicado a dañar a las personas mediante su maltrato verbal o físico, o a un imbécil? Me imagino que tu respuesta sería un rotundo “no”. Por eso es tan maquiavélicamente perfecta la puerta de entrada de las redes sociales, porque si les cierras la puerta de tu casa a todas esas malas influencias, las redes sociales representan la puerta que dejas abierta de par en par, y en todo momento, para que les permitas a todas esas personas entrar fácil y rápidamente a ti, no tan sólo a tu casa, a ti, a tu ser mismo, y con gusto y de forma adictiva. Si te detienes a pensar un poco en esto, es alarmante.

Desde hace muchos años, desde que inicié la filosofía Nueva Conciencia, más de 25 años ya, un mensaje central de mi discurso era –y sigue siendo–: no veas televisión. Yo llevo años, décadas, de prácticamente nunca ver televisión. El aparato televisor que tengo en casa lo uso esencialmente como monitor, para ver en él lo que yo decido. Son tantos, tantos los años que tengo sin ver televisión, pueden pasar meses y meses sin prenderlo, que cuando lo hago, tengo que confesarlo, me viene una emoción tan enorme por el efecto de la novedad que me alegra el momento. Hace un par de días prendí el televisor para ver un partido de futbol de la selección mexicana en el Mundial, prendí el televisor unos 20 minutos antes del inicio, aproximadamente. Debo confesar que hacía tantos años que no veía un comercial, que en uno de ellos reí a carcajadas y en otro, de verdad, se me asomaron lágrimas en los ojos, sólo de estar pensando: “… qué talento tan enorme tuvieron que tener los creativos de esta campaña publicitaria, ¡qué ideas!, ¡qué producción!, ¡qué admirable desafío de comunicar tanto en tan solo 15 segundos! Qué gran actuación, qué colores tan maravillosos eligieron y qué perfecto fue el “casting”. ¡Qué extraordinaria gesticulación del modelo! Qué ideal fue la música de fondo para ensalzar el texto del anuncio, en que “timing” tan perfecto se sonorizó un atrayente de la atención, qué gran voz del locutor, qué gran talento creativo en lo global. Todo eso me hizo llorar en un anuncio, de verdad. Y luego sentí emoción de tener esta capacidad para emocionarme y admirar. Quizá mucha de esta capacidad está sustentada en prácticamente nunca ver televisión, salvo en estos raros casos (ocasionales partidos de un Mundial que sucede cada cuatro años) y sentir el efecto de la novedad, y claro, sin negar que mi conocimiento de muchas áreas involucradas en la comunicación, me permiten admirar y ser sensible a ciertas experiencias. Terminó el partido y apagué el televisor. ¡Bum! Qué intenso silencio se hizo. Luego del constante bullicio de la afición por dos horas, el silencio total. Al intentar apagar otro aparato, por accidente prendí el televisor y entró en pantalla un clásico programa de televisión matutino de revista… soporté verlo escasos tres minutos… paja, basura, entretenimiento vacío, burdo, como siempre ha sido ese programa. Y cuando apagué el televisor y me quedé pensando un rato en lo que vi, me resultó tan natural lo fácil que es manipular a la gente con esa fórmula: primero los entretenemos alimentando su estupidez con clases magistrales de ella, para luego escuchar propuestas políticas que esa gente podrá cree ahora tan fácilmente. Todo cuadra.

En esta época de la vida, así como hace años, por Nueva Conciencia, recomendaba –y sigo recomendando– jamás ver televisión, ahora debo decir: no veas tantas redes sociales. Siento que aquí, no podría decir que no las veas en absoluto, porque quizá sería negar cierto tipo de evolución (las redes sociales tienen sus partes extraordinarias, verdaderamente positivas y generadoras de evolución), pero sí debo decirte enfáticamente: deja de ver “tantas” redes sociales, “tanto” tiempo y, además elige con inteligencia a quién dejas entrar a tu ser. ¡Usa el enorme poder que tienes en la punta de tu dedo al poder hacer “clic” en el botón eliminar! Yo lo uso con frecuencia. Si en mi Twitter (@alejandroariza) aparece un texto que siento negativo para mi ser, en ese instante dejo de seguir a esa persona o la persona que lo retuiteó. Cierro la puerta de mi ser a una influencia negativa. Ahora bien, sé que para que hagas esto requerirás de criterio, y este es otro tema, como enorme desafío.

El diccionario de la RAE define la palabra criterio como: “norma para conocer la Verdad”, “Juicio o discernimiento”. Es la capacidad o facultad que se tiene para comprender algo. Y precisamente aquí está, de lleno, el enorme reto para ti. ¿Tienes esa “capacidad”? ¿Sabes cuál es esa “norma”? ¿Conoces lo que implica tener juicio propio? Las normas son reglas… ¿qué reglas tienes autoimpuestas para ti, para tu propia mejora, para tu evolución? Porque esa norma formará parte de tu criterio, de ella te surgirá la fuerza para hacer clic en el botón “delete” (borrar, eliminar), o seguir leyendo a alguien o viendo sus fotografías. Si no tienes reglas en tu vida, límites, esa norma esencial de tu criterio, te permitirás ver cualquier cosa, lo que publique incluso un cualquiera, un imbécil, un perfecto desconocido para ti. Hasta las malas noticias te serán una fuente de entretenimiento (como lamentablemente siempre lo han sido). Mi sugerencia: entretente con otra cosa por favor.

Para que logres discernir, necesitas inteligencia, por estudios y por experiencias de vida. Necesitas leer de fuentes de gran valor y requieres atreverte a vivir. Todo ello, irá gestando tu criterio. Por lo mismo, mientras más joven, naturalmente menos criterio, y de ahí el tremendo impacto de las redes sociales, consultadas fundamentalmente por jóvenes. Pero aquí no quiero circunscribir esto a dichos mozos años, sino que, independientemente de la edad, se puede seguir siendo alguien sin criterio, el delicado caso de aquel que nunca aprovechó el tiempo, la oportunidad para estudiar y atreverse a vivir aprendiendo de la experiencia… y así, pudiendo llegar a una edad muy avanzada. A todo este tipo de gente me refiero. Y te reto a que analices si estás dentro de este grupo, gente a quien le falta ese criterio, hoy tan indispensable, frente a la puerta abierta de par en par que todo mundo tiene en la palma de su mano, trayendo en su celular abiertas sus redes sociales. Tu criterio lo irás forjando mientras más estudies y leas buenos libros, blogs extraordinarios, escuches a gente sensata e inteligente, para luego sacar tus propias conclusiones. Necesitas dedicar tiempo de estudio, tiempo de calidad, para crear tu criterio.

Citaré algunos ejemplos que me vienen a la mente en mi columna de hoy donde, por falta de criterio, se expande un daño, donde hasta en algunos casos me llegó a salpicar un poco. Hace unos meses, recibí un mensaje por whatsapp donde un joven paciente mío me decía que lamentablemente no podría asistir a su consulta conmigo porque su mamá le había suplicado, implorado, casi volviéndose loca, que por favor no saliera de su casa porque iba a suceder un terremoto ese día en la Ciudad de México. Recuerdo que le respondí que si verdaderamente creía en eso y me contestó que no, pero que su mamá sí estaba como loca y que su papá pues también estaba preparándose para la catástrofe. Yo me encontraba muy tranquilo, como suelo siempre estar. Acto seguido, y sin solicitárselo, me envió el texto que gestó ese pavor en sus padres. Según esto, un texto publicado por un “experto” en predecir terremotos. Dudé en leerlo… pero caí en la estupidez de verlo. Alarmante, escalofriante, tremendamente aterrorizante. Por segundos sentí temor (bien fundado dado a mis experiencias personales en el tema “y por ver el texto, por leerlo”). Sentí temor por los que amo, más que nadie. De hecho, me llama la atención que jamás sentí temor por mí. Sólo por mis seres amados. Segundos después, volvió a mí mi Nueva Conciencia, a mi paz, a mi centro. ¡Nadie puede predecir terremotos! Y menos con una exactitud como lo informaba el texto en un especio de dos horas, advertía que sucedería entre las 3:00 y las 5:00 PM. ¡Hazme el chingado favor! Y mira nada más, aún así, hablé a mi oficina para, en privado, comunicarlo con alguien especial para mí, como queriéndole advertir, pero al mismo tiempo comunicando lo absurdo y estúpido que era ese comunicado por parte del “experto” (Humberto Eco diría que se trataría de un digno ejemplar de esa legión de imbéciles), pero para llevarme la sorpresa de que a quien se lo dije, alguien que tengo en alta estima y admiración ante su capacidad, me dijera: “…no, pero hay que estar alerta porque ese tipo sí es un experto”. ¡Dios! Ahí ya no supe que hacer. Luego, al conversar, me confesó esa persona que llevaba varios días leyendo del tema y fue tanta su angustia… ¡que se puso a investigar más sobre el tema! ¡Vio más de los textos del “experto”! (¡le dio más vida a la noticia!). Luego pasó el tiempo, pasaron luego de las 5:00 PM, donde no se movió ni un ápice la tierra, qué ganas tuve de hablarle a mi paciente y decirle unas cuantas cosas. Luego pensé que la realidad ya se las debería de haber gritando, sobre todo a su mamá. Conozco el nivel intelectual de esa señora, es francamente muy bajo. Así, no hay criterio, así entran las malas noticias y les da vida con tremenda facilidad. Luego, para colmo, la otra persona, la que investigó más, me dijo que no se trataba de “hasta las 5:00 PM” la posibilidad de terremoto, sino que hasta el día 5 del mes entrante, que quizá estuviera mal escrito el texto que me llegó. ¡Increíble! Pues he de confesar que todos los días, algunos segundos, existía cierta zozobra en mí ante tal amenaza, pero afortunadamente mi criterio me hizo olvidar rápidamente. Pasaron los días, pasó el día 5 del mes siguiente y la tierra no se movió aquí en la Ciudad de México como lo futurizaba el “experto”, incluso al nivel de exterminio de la población de la ciudad. Qué interesante sería ver a toda esa gente hoy en día que se angustió tanto y que le creyó. Esta experiencia DEBE SER parte del criterio que ser forma mediante atreverse a vivir e investigar y que, a partir de ya, cuando ese “experto” opine quede sólo reírse o, mucho mejor, jamás permitir que la opinión de ese llegue a ti. Quedó demostrada tan sólo su necesidad de hacerse publicidad, su sed de reflectores, pero nada más de ahí. ¡Criterio! ¡Criterio!

Más adelante, me encantó la lógica de alguien tan importante para mí, cuando me confesó su angustia luego de haberse puesto a ver más del “experto”, pero llegando a la conclusión platicándome: “…luego de no poder dormir varios días, mejor pensé: bueno, todos nos vamos a morir algún día, la muerte es lo más normal del mundo, que llegue cuando sea, no hay que preocuparse de nada”. Voilà! Gran mejora basada en criterio.

Otro ejemplo de estos días: las abrumadoras calumnias que se publican de todos los candidatos presidenciales. De verdad, ¡qué manera de querer confundir al elector! Sí, está en juego mucho dinero. Aquí podría poner una lista casi interminable, pero prefiero agrupar todas en el concepto mismo de esta columna. Amigos míos que juzgo inteligentes, cayendo en el engaño y haciendo clic en “compartir” para de inmediato viralizar una nota alarmante, falsa. Recuerdo que a más de uno le envié la evidencia de su error, cuando yo, mucho antes de compartir nada, investigué, leí, analicé y encontré la manipulación de la noticia y la evidentísima mentira que se expresaba en ella, solo con fines de desprestigio. Recuerdo que mi amigo me escribió en privado y me dijo: “¡Oh!, no sabía, qué bueno que me dijiste. Ya preferí entonces mejor borrar mi publicación”. Claro, yo había puesto mi opinión corrigiéndolo públicamente y si la dejaba, quedaría como tonto. A nadie nos gusta sentirnos tontos y mucho menos que quede públicamente demostrado. ¡Criterio! Sé que, en este punto, mucho se puede debatir, precisamente porque se trata de un ego colectivo. En mi libro, El verdadero éxito en la vida más allá del ego, expliqué desde hace muchos años cómo, si algo le caracteriza al ego, es una pasión por ganar y demostrar que ganó. Esa es la esencia del ego. El ego colectivo de grupos sociales hace gala en época de elecciones. Imagínate la combinación: ego colectivo más ignorancia abrumadora gestante de total falta de criterio, más redes sociales. Pues ahí radica esta tragedia social. Desde muy afuera, como me gusta observar las cosas, me resulta tan delicado el que tantas “voces” (de esas de las que habla Humberto Eco) publiquen que México podría caer en una tragedia social como la de Venezuela, que si eso sucede, dudo mucho que sea por el candidato que llegó al poder, sino más bien por tanto ver y publicar ese tipo de advertencias. Una vez más… la fuerza del pensamiento. A lo que ves le das vida. Y aquí viene a mi mente, imponente, uno de los conceptos más bellos y trascendentes que he aprendido en mi vida, una ley inexorable, para sintetizar lo que publiqué en mi libro, La fuerza del pensamiento:

«Habiendo visto y sentido el fin,
tú has dispuesto los medios para la ejecución del fin».
–Thomas Troward.

Éste celebre autor inglés, influenciado por el movimiento del Nuevo Pensamiento y el cristianismo, atinó a expresar una ley universal. ¡Ley! Inexorable. Necesito que entre hasta lo más profundo de tu ser la trascendencia de su implicación. Ve y lee de nuevo y despacio: “Habiendo visto y sentido el fin, tú has dispuesto los medios para la ejecución del fin”. Lo que yo digo en Nueva Conciencia: a todo aquello que veas le das vida. Troward lo expresa con maestría: “Habiendo visto y sentido el fin…”, es decir, por citar un gran ejemplo, todo eso que ves en tus redes sociales, tantas veces, que llegas a sentir la preocupación o angustia, ahí has visto y sentido el fin, anticipadamente, imaginando, del tal manera, hasta con videos, su música trágica de fondo, la voz alarmante, los textos amenazantes, que ahí “…tú has dispuesto los medios para la ejecución del fin”. Sí querido lector, querida lectora, mucho de lo que suceda en este país, energéticamente hablando, por ley universal inexorable, más sucederá por lo que vieron y sintieron como expectativa muchos, que por la llegada al poder de un candidato u otro. Si me preguntaras qué fue primero, el huevo o la gallina, yo te diría: el pensamiento.

Ten cuidado con lo que ves en tus redes sociales y compartes. Desarrolla criterio y aplícalo. Sé más responsable del poder que tienes en generar o compartir algo. Recuerda uno de mis principios esenciales en mi filosofía Nueva Conciencia: cuando comunicas una tragedia, ahí mismo tú te conviertes en parte de esta. Puede darse el caso, respetuosa y naturalmente, de que no tengas criterio, pero ¿sabes?, yo creo que en muchos casos no se trata de que no tengas criterio, sino más bien en que no te das el tiempo de aplicarlo. Vivimos una época donde vamos muy de prisa, y más en redes sociales. Desarrolla criterio, y si lo tienes, date el tiempo para aplicarlo. Date tiempo. Este breve y famoso cuento puede aportar a tu criterio:

Las tres rejas de Sócrates.
Cuentan que un joven discípulo de Sócrates llegó un día a la casa del filósofo y le dijo:
– Escucha, maestro. Un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…
– ¡Espera! –interrumpió Sócrates- ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
– ¿Las tres rejas?
– Sí. La primera es la Verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente verdadero?
– No. Lo oí comentar a unos vecinos.
– Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la Bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguien?
– No, en realidad, no. Al contrario…
– ¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
– A decir verdad, no.
– Entonces –dijo el sabio Sócrates sonriendo- si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Un último ejemplo en mi catártica columna de hoy: hace unos días vi que un amigo, a quien considero con criterio, compartió en su Facebook un video de un… no sé cómo decirlo… un…, comunicador, por dejarlo ahí. El comunicador afirmaba: “Para tener éxito queridos emprendedores, para ganar dinero, olvídate de lo que algunos “motivadores” (aquí lo expresaba con tono de burla) te recomiendan que hagas, de que hagas lo que amas, u otros que dicen que analices para qué eres bueno y eso hagas… ¡no! Nada de esto te servirá. La clave es (y aquí lo expresaba en tono como si fuera sabio y como si nadie más que él lo supiera): dale al mercado lo que el mercado quiere”. Luego se contradecía expresando al inicio de su video que el éxito está en la intersección de esos tres aspectos, pero al final del mismo video diciendo que al mercado “le vale madre” lo que ames o para lo que seas bueno. Me dio gusto que cuando vi ese video, se trataba de alguien a quien yo, hace muchos meses, lo eliminé, lo borré. Lo seguía hace algún tiempo, pero conforme lo escuchaba y, bajo mi criterio, lo percibí inadecuado. Y ahora que se apareció su video en el Facebook de un amigo, lo confirmé. Lo que propone este tipo en ese video podría llamarse: “Sé una prostituta del mercado y triunfarás”. Si el mercado quiere senos, dale senos, si el mercado quiere hacer el amor a las 10:00 PM, a esa hora sal y ábrete de… brazos, si el mercado quiere droga, consíguela y véndela. No señor, no, no estoy de acuerdo en obedecer así al mercado como fuente de riqueza y éxito sin más, eso sería ser una prostituta del mercado y no tener misión existencial ni un marco de ética y ecología que circunscriba mi servicio al mundo, sino ser un “emprendedor” a conveniencia (para que se oiga mejor), haz lo que sea, con tal de darle gusto al mercado, incluso si fuera en contra de ti mismo, todo justificado por ser emprendedor y ganar dinero. ¡No estoy de acuerdo! Repito, me alegré de haber eliminado de mi Facebook a tal sujeto. Pero qué delicado fue ver que, alguien que yo considero con criterio, lo compartiera. Si yo siguiera la recomendación del aquel sujeto, vería que el mercado en México quiere muchas cosas… que yo no hago, que yo no amo y para que lo que no soy bueno. Qué triste sería mi historia. Hasta vería con el rigor de la evidencia que el mercado mexicano quiere muchas cosas menos leer… así entonces yo no hubiera publicado nunca los 14 libros que llevo escritos hasta el momento. No, yo preferí confiar en dedicarme a hacer lo que amo. Y mira, sí hay mercado, mira cómo tu has alcanzado a leer esta columna incluso hasta aquí. Sí, hay gente que lee, gratis y pagando por ello. Dios deposita talentos en ti, luego de haber creado un mercado al que le urgen recibirlos. El plan de Dios es perfecto. Te repito mi filosofía de vida, una filosofía que creé y llamé Nueva Conciencia desde diciembre de 1992: Para triunfar en la vida, –y a mis pruebas me remito– a mí me basta con descubrir qué es eso que amo hacer, de tal manera, entendiéndolo como un regalo de Dios para obedecerlo con enorme placer, que se abrirá un mercado para mí talento de manera natural, consecuente y abundante. Dios no puso talentos en nosotros si no antes creó un mercado urgido de ellos. Por eso publiqué en mi página pública de Facebook (@Dr.AlejandroAriza) hace unos días algo en lo que creo: “Soy una persona muy importante para Dios, porque soy Su empresa viviente”. Si haces lo que amas, te aseguro que hay gran mercado para ello. Hay mercado para todo.

Tu criterio y el Internet, podría ser tema de todo un libro, pero hoy no pude contener mi placer por escribirte. ¿Sabes? Yo mismo soy otra “mera opción” de publicaciones en Internet. ¡No me creas en nada de lo que digo! Nunca. Mejor te sugiero que sencillamente me leas, me veas o me escuches (y si quieres), y filtres por tu criterio si mis propuestas de Nueva Conciencia aportan valor a tu vida o no. Tú eres el del poder sobre ti. Tú eres quien decide si mis reflexiones te aportan valor o no, tú eres quien decide si mi análisis te ayuda para forjar tu criterio o no, tú eres quien decide si me eliminas de tus redes sociales o compartes lo que publico. Tú tienes ese gran poder, para conmigo y para con todos y para con todo. Yo solo iba pasando por aquí publicando lo que amo hacer en mi vida: dar conferencias y escribir como experto y autor en desarrollo humano y superación personal, comunicar ideas que te sirvan de autoayuda, invitar a la reflexión. Si algo he aprendido en mi vida, amorosa y pacíficamente, es que jamás intento convencer a nadie de nada, sino simplemente informo, comparto mis ideas, y hasta ahí llego. Intentar convencerte de algo sería colonizarte, y eso jamás está en mi intención. Sugiero que hagas lo propio. No intentes convencer a nadie, de nada, nunca. Intentar ocupar un territorio ajeno (la mente de otro) para explotarlo o dominarlo es deletéreo para todos los involucrados al final de la historia. Forja tu criterio, aplica tu criterio, filtra por tu criterio y comunica responsablemente al permitir que tus ideas las vean otros, porque en ese acto le dan vida, y ahí mismo, puedes hacer que viva un monstruo o una divinidad. Tú y yo y todos los que veamos eso, seremos aplastados por ese monstruo o bendecidos con esa divinidad.

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.

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Cómo eliminar la angustia de tus deudas.

Pagando. Pero no es tan fácil, lógicamente. Si no, aquí acabaría la columna. Primero entendamos que tus deudas son un gran negocio par alguien más y por eso a alguien más le conviene que sigas endeudado. Pero bueno…, ¿Cómo fue que te llegaste a endeudar tanto?, y para colmo, lo sigues haciendo. Parece que has entrado a una angustiante espiral sin fin. La verdad, la persona promedio se endeuda porque es muy fácil gastar un dinero que no es suyo. ¡Y esto lo saben los bancos! Por eso te “prestan” dinero fácilmente. porque te cobrarán mucho más de lo que te prestaron si te tardas en pagar. ¡Eso es el gran negocio de los intereses!, porque más del 65 % de la gente se tarda en pagar. Aquí, si hablamos de negocio, ¡es extraordinario prestar dinero cobrando intereses por retrasos! Por eso los bancos, en cuanto la persona entra a una etapa económicamente activa (entre los 18 a 24 años), casi te llevan hasta tu casa las tarjetas de crédito con mínimos requisitos y en algunas ocasiones prácticamente ninguno, para que ahí empiece un endeudamiento que podrá durar toda la vida. La gente promedio no sabe ni cómo funciona el pago de intereses de la tarjeta y cómo se van multiplicando intereses sobre intereses, mes tras mes, incluso si solo pagan el mínimo. Esta historia del uso de tarjetas de crédito es terrible y es un tema aparte, pero es el origen de la deuda de millones. Es un gran negocio para el que presta dinero. El negocio de la ignorancia del que lo pide. Esto aunado a personas que piden dinero prestado a personas, o tienen encima una hipoteca o, como leí hoy una nota de CNN-Expansión donde se comentaba cómo en USA la deuda estudiantil de un hijo retrasa la jubilación. ¡La “educación” es un negocio grandioso! Y lo es porque trastoca lo más preciado para un padre: sus hijos, prometiéndoles que tendrán un mejor futuro si los meten a estudiar. ¡Caray! Si supieras la cantidad de gente exitosa (económicamente hablando) que conozco y que no fue a la escuela. Sin embargo, se ha hecho un gran negocio con la educación en donde incluso los padres sienten que “lavan sus culpas” haciendo hasta lo imposible -como endeudarse- por darles una “educación” a sus hijos. Es lo que yo llamaría endeudamiento con base moral. Haces un mal (endeudarte) en pos de un bien (educar a tus hijos). ¡Qué bonito! Hasta parece que escucho los violines de fondo. Atención: aquí no quiero dar a entender que es malo ir a la escuela. ¡Es extraordinario! Pero lo que sí quiero afirmar es que si no tienes el dinero para mandar a tus hijos “a la mejor escuela”, puedes enviarlos a otras o incluso no angustiarte porque no estudien cuando hay otros caminos para triunfar en la vida, y esos sí me constan. Pero bueno, como lo más posible es que no me esté leyendo un banquero o un empresario dueño de una escuela, mejor hablemos del que más posiblemente sí me esté leyendo, el endeudado. ¡Tienes que hacer algo para salir de deudas y tienes que hacerlo ya! Lo más posible, si eres como la mayoría, es que no sepas cómo. Solo vas acumulando angustia. Quiero afirmarte: ¡hay cómo salir del problema! Y te lo diré más adelante.

Primero que nada, algo fuerte de aceptar es que endeudarse no es solo cuestión de que pidas dinero prestado y luego no tengas para pagar y los intereses te vayan comiendo, se coman tu paz, tu bienestar, tu estado de ánimo, tu vida misma. No… es algo más delicado: endeudarse es un hábito. Esto que te acabo de decir es más grave de lo que te imaginas. Y es grave porque si algún día llegas a pagar tus deudas, en un alto porcentaje de los casos… te volverás a endeudar. Endeudarse es un hábito. Y tenemos que corregir ese dañino hábito o jamás podrás vivir en paz. Jamás. Este es un tema de libros enteros, de largos seminarios, pero para una breve nota como quiero compartirte, te sugeriré un camino de solución de tan solo dos pasos:

  1. Tienes que hacerte consciente de que tienes un problema grave.
  2. Necesitas resolverlo dejando de gastar en cosas innecesarias al mismo tiempo que ganando mucho más dinero del que hoy ganas.

El primer paso, por increíble que parezca, es el más difícil. Escribo esta columna el 2 de diciembre, y como ejemplo de la época, hay gente súper endeudada que aun así comprará un arbolito de Navidad y adornitos, además de hacer un gran esfuerzo para algunos regalitos. En aproximadamente 7 semanas, verás -literalmente- tu dinero en la basura, el arbolito seco en los botes de basura, ahí está tu dinero.

Solo hasta que una persona es consciente de su grave problema de deudas, ¡no compraría un arbolito navideño y usaría ese dinero para pagar algo de su deuda! Pero de inmediato entrará el pensamiento deliberadamente inconsciente del problema diciéndote: “…¡cómo no voy a comprar un arbolito!, es por mis hijitos, deben pasar unos días alegres viendo su arbolito, como todos los niños. Es solo esta ocasión y ya el año que entra Dios dirá. No es tanto gastar esa cantidad de dinero”, y varios más etcéteras. ¿Qué no puedes llevar a tus hijos a que vean los arbolitos y foquitos mejor a una calle adornada y regresar a casa en paz? Esta época yo siempre la he considerado tan paradójica, donde los villancicos te dicen: “Noooooche de paz, noooooche de amor…”, y es una época donde lo que menos hay para muchos es precisamente paz y amor y por decisión propia. Familiares que se “tienen que” ver y no hay la más mínima simpatía pero ahí vas y los ves, viajes que parece se “tienen que” hacer sin verdadero deseo de ir hacia ese destino, compras que muchos sienten que “tienen que” hacer para regalos que se “tienen que” dar para quedar bien o por temor al qué dirán si no regalas. Por eso te digo, el primer punto es el más difícil de todos, tienes que hacerte consciente de que tienes un problema grave. Sí, tienes un problema, y sí, es grave. Pero no lo quieres ver así. Es como el adicto que no acepta su problema. Igual. ¡Tienes que abrir ese sobre del banco para que veas lo que debes en la tarjeta de crédito! La deuda no disminuye si no abres el sobre. Tienes que hacerte consciente.

Luego, necesitas dejar de gastar en cosas innecesarias. Y esto sucederá casi en un bendito automático si das el primer paso. Si realmente te atreves y empiezas a hacerte consciente, ¡te sorprenderá la cantidad de cosas innecesarias que tienes el hábito de comprar y dejarás de hacerlo! Si no te haces consciente seguirás endeudándote, y peor si tienes una pareja igual o más inconsciente que tú. Las parejas se ayudan o las parejas se dañan. Mientras que uno no quiere confesarle el gran problema económico que se tiene a la pareja para no precuparla (o preocuparlo), la otra (o el otro) sigue gastando en cosas absurdamente innecesarias pero que percibe como necesidad. ¡Es horrible vivir este infiero de vida de relación! La angustia se incrementa día a día y el maltrato en entre la pareja empieza, creyendo que nada tiene que ver el dinero, cuando todo pleito empezó y se mantiene por temas de dinero. Fíjate en algo increíble: en qué gastan su dinero las personas dependiendo de su clase social:

  • Los pobres gastan en chácharas y súper ofertas de “cositas”.
  • La clase media compra endeudándose por uso de créditos queriendo llevar una vida “como de rico”.
  • Los ricos compran sólo y exclusivamente lo que les genera más dinero.

Así de fácil es entender esto. Vé en qué gastas exclusivamente y podrás identificarte con comportamiento de pobre, clasemediero o rico. Cada persona, dependiendo de su nivel socioeconómico, intentará estrategias diferentes para salir de sus problemas económicos, porque todos podemos tenerlos, independiente de nuestro nivel socioeconómico. Al pobre le caracteriza la emoción de revender algo. El pobre se ilusiona con salir adelante revendiendo cositas. Ganar “unos pesitos” por la gran oportunidad que encontró de comprar algo súper barato o incluso no más a buen precio, pero el que lo pueda revender un poco más caro le ilusiona como fuente de ingresos. Normalmente lo que gana le alcanzará solo para poder comprar más “cositas”. Si tu entras a la casa de una persona pobre, está llena de “cositas” inservibles hasta acumuladas unas sobre otras en cajas o mesitas o colgadas en la pared, pero que para su percepción fueron una “gran oportunidad” de compra y por eso ahí las tiene como trofeítos.

La clase media es la que más sufre de endeudamiento por comprar y hacer solo lo que les gusta. Ni es pobre, ni es rico, pero quiere vivir como rico. Entonces compra autos, come con toda la familia en buenos restaurantes y viaja… usando tarjetas de crédito. Tarde o temprano, y la mayor parte de la veces más temprano que tarde, las deudas se los come. Normalmente rentan donde viven y ello aumenta más su estrés por deuda. Suelen tener un trabajo bien remunerado, pero más del 85 % de su dinero se va en pagar deudas. Varias veces llegan a un momento en donde ya no saben qué hacer porque viven limitados a un sueldo que por más bueno que sea es un límite, mientras que sus deudas van en aumento.

Los ricos compran lo que les genera más dinero y se atreven a hacer lo que les conviene aunque no les guste. Y compran varias estrategias así para tener varias fuentes de ingreso y nunca solo depender de una. Los ricos tienen por lo menos siete diferentes fuentes de ingreso. Claro que por su misma condición económica también pueden comprar “cositas”, ¡y lo hacen!, pero muy poco o rara vez; también pueden viajar y salir a comer a restaurantes lujosos…, pero sin endeudarse. Lo notas hasta cuando pagan y no usan tarjetas de crédito sino American Express (un tipo de pago en efectivo en su versión con clase). Pero lo que más le emociona a los verdaderamente ricos es adquirir solo lo que les genere más y más dinero. Es su estrategia para no tener límite.

Tú y yo, independiente de nuestro nivel socioeconómico, necesitamos dejar de gastar en cosas innecesarias. Si te detienes a hacer consciencia, te sorprenderá la enorme cantidad de cosas innecesarias que tienes tendencia a comprar. Yo hace unos años me sorprendí de esta dinámica en mi propia vida. Cuando decidí dejar de comprar cosas innecesarias… ¡casi no compraba nada! Y pasaba tanto tiempo sin comprar, ¡que hasta me sentía como mal, como que me faltaba algo! ¡El hábito de comprar babosadas! (Y no escribo la palabra que se me antoja aquí porque escribiendo soy un poquito más recatado que hablando). Por eso te digo, -sé del tema en carne propia-, endeudarse es un hábito. La clase media (más tirándole a pobre que a media) puede llegar a tener como “entretenimiento” el salir a pasear… de compras, comprando una gran cantidad de cosas innecesarias mientras siente que solo salió a pasear. Hace varias décadas, la clase media-baja salía a pasear a los parques, hoy salen a pasear al “nuevo parque”: los centros comerciales. ¡Por eso se construyen y se construyen tantos y tantos por doquier! Hasta existe una estrategia mercadológica vía lenguaje y sus emociones, incluyendo en el nombre del centro comercial la palabra “parque”. Y es que son los parques de hoy en día para millones y millones de personas clase media. Los ricos son los que “compran” los terrenos y los locales y hasta los edificios enteros de un centro comercial, compran lo que les dejará más y más dinero como sistema, mientras que la clase media va a esos centros comerciales a aumentar su deuda hasta por comprar helados para toda la familia o unos cafecitos con postre, si no le alcanza para la ropa de finas marcas ahí vendiéndose, pero el hecho es que hay que gastar en algo como paseo. Gastar es el nuevo pasear. Mira este ejemplo: ¿Te serviría pagar a tu deuda unos 9,360 pesos? Eso es lo que tendrías si no gastaras en dos cafecitos más un postrecito de Starbucks cada fin se semana por un un año. Pero decidiste salir a pasear a un centro comercial y cómo no comprar por lo menos dos cafecitos repletos de azúcar para tu pareja y para ti, más un postrecito para compartir entre los dos.

Debes detener el incremento de la deuda haciéndote consciente de este tipo de gastos, y te detendrás hasta que los veas absurdos, y los verás absurdos hasta que decidas hacerte consciente. ¡Ahí los dejas de hacer! Ahí detienes la angustiante espiral sin fin de tu endeudamiento.

Ahora bien, una cosa es detener la deuda dejando de gastar en cosas innecesarias, pero otra cosa es eliminarla. Ahí es en donde entra el reto de tener que ganar más dinero. Definitivamente necesitas ganar más dinero y el promedio de la gente no sabe cómo. Necesitamos imitar a los ricos, guardando las debidas proporciones. Necesitamos aprender a adquirir algo que nos genere más y más dinero. Es lo que los especialistas en la materia le llaman “activos”, algo que te genere más dinero. Y no, no creas que mi recomendación es que, como rico, compres un departamento o una casa y la rentes para que te deje más dinero mes tras mes. ¡Claro que si puedes debes hacerlo! Pero partiendo de la base de que estás endeudado, pues es casi imposible comprar una casa para rentarla en este momento. Pero te tengo la gran noticia de que puedes adquirir algo mucho más accesible, muchísimo más, y generar mucho más dinero. Más adelante te invitaré a saber del tema. Mientras, te explico cómo hay cosas que se pueden convertir en activos, por ejemplo, un diseñador cuando compra una MacBook, si no le diera un uso productivo, sería una “cosita” carísima, algo que aumentaría su deuda y su angustia económica por más de 25 mil pesos que paga por ella. Pero si esa misma MacBook la usa para un diseño que se venderá enormemente, más unas postales digitales que se descargarán mientras la gente las compra vía PayPal, además de usarla para diseñar una página de Internet con un sistema de enseñanza y videos donde la gente paga por aprender su materia, entonces la MacBook fue un tipo de compra de rico, algo que le generó mucho dinero y se lo podrá generar como un sistema recurrente sin límite. Ésta es la única solución real para eliminar las deudas. Un persona de clase media-baja que ignora estrategias generadoras de riqueza, vive la paradoja de creer que paga sus deudas, endeudándose más, este absurdo existe: cuando pide prestado para pagar deudas, usa una tarjeta de crédito para pagar otra; y es que la persona no conoce cómo hacer para salir de esa angustia. El banquero sonríe y hasta podría ofrecerle otra tarjeta de crédito.

Yo el año pasado conocí el negocio alterno más extraordinario de mi vida, que gracias a Dios no es multinivel ni esas promesas que no funcionan para la abrumadora mayoría de la gente y solo las endeuda más, donde nadie tiene que vender absolutamente nada, donde nadie sale lastimado, algo que se puede hacer en el tiempo libre que te quede, algo con lo que se puede empezar a ganar más para poder pagar deudas y empezar a vivir en paz. Conocí un negocio real donde con la inversión más baja que he conocido en toda mi vida logré generar un sistema de ingresos extras basado en la natural y normal vida de cualquiera. Si tienes deudas y ya te urge salir de ellas, haz todo lo que te he recomendado en esta columna, además, si deseas conocer este concepto de negocio que te puede ayudar tanto a salir de deudas, escríbeme haciendo aquí y empecemos a trabajar en la solución.

La misión de mi vida y de mi empresa Nueva Conciencia es: “Ayudar al ser humano a sentirse extraordinariamente bien”. Y pagar y eliminar deudas ¡se siente extraordinariamente bien! ¿Tendrás que invertir? Lógicamente que sí, pero mucho menos que lo que gastas en “cositas” o pagos mínimos de tarjetas, muchos menos de lo que pudieras imaginar. ¿Tendrás que trabajar? ¡Lógicamente! No conozco otra manera honesta y digna de mejorar la economía. ¿Tendrás que dedicarle tiempo? ¡Obvio! ¿Hay otra manera u espacio para hacer algo? Te digo todo esto porque cómo me admiro con la inocencia (por decirle de alguna manera) de la gente cuando se le ofrece ayuda y cree que se trata de una invitación a asistir a un centro de donaciones donde si llegas puntual alguien te va a regalar dinero no más por ir y ya. En la vida para ganar hay que trabajar, hay que invertir: o dinero o tiempo o talento o alguna combinación de estas. No existe otra manera. Lo que sí te afirmo es que necesitas hacer algo ya. No te anestesies voluntariamente, como a muchos se les antoja en época decembrina. No creas que ya mejor el año que entra ¡va a ser tu año! Eso es un autoengaño si sigues haciendo lo mismo que haces siempre. ¡Tienes que ser objetivo! Si con lo que vienes haciendo siempre ya viste que no te alcanza, entonces tienes que hacer algo más. Si has llegado hasta esta altura de la lectura, tú bien sabes que tienes que hacer algo. Algo debes cambiar en tu vida. Yo estoy aquí para ayudarte dándote información (clic aquí), pero tú deberás moverte para adquirirla y aplicarla. Déjame decirte desde mi corazón y hacia el tuyo: hay solución. La hay. Por más grande que parezca tu deuda, si realmente deseas eliminarla, si realmente lo deseas, entonces y solo entonces te atreverás a hacer lo que sea necesario para ello. Mientras no lo desees fervientemente porque todavía hay algo de dinero en tu tarjeta de crédito (¡mucha gente piensa que eso es tener dinero!) y creas que el año que entra solo por que sea “año nuevo” las cosas van a cambiar, seguirás viviendo un absurdo sueño infantil independientemente de la edad que tengas. ¿Quieres una noche de paz, noche de amor? Atrévete a hacer los cambios necesarios en tu vida para que así sean todas tus noches, no nada más la del 24 de diciembre. Créeme en algo como arizatip: iniciar el año ya con inercia de algo que emprendiste desde antes ¡es de lo más inteligente que puedes hacer para tener un inicio poderoso! Si piensas que iniciar el año es desde cero en los cambios de mejora, todo será más lento. Cuando descubras que hay solución atreviéndote a hacer lo que tengas que hacer y te atrevas a hacerlo ya, con sana prisa, ahí empezará para ti una gran…

¡Emoción por existir!

-Alejandro Ariza.