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Tu criterio y el Internet

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«Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas».
–Humberto Eco.
Filósofo y escritor italiano.
Fuerte pero real. Hoy en día el Internet le ha dado voz a cualquiera, así, juzgo que el problema no es el Internet, sino el criterio del lector. Citando el concepto entero de Humberto Eco (publicado por el diario “La Stampa”):

«Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles. Si la televisión había promovido al tonto del pueblo, ante el cual el espectador se sentía superior, el drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo como el portador de la Verdad».

Estoy totalmente de acuerdo con Eco. Atestiguo lo delicado que es. En mis momentos de sensibilidad, hasta me extraña, por no decir me duele, ver lo que publican amigos y conocidos míos en sus redes sociales. Estamos en tiempos de frente elecciones presidenciales en mi país y de muchos otros niveles de gobierno y al mismo tiempo en el Mundial de futbol. Increíble lo que se asoma por las redes sociales, incluso de personas que juzgo inteligentes y sensibles. ¡Cuánta necesidad tenemos los seres humanos de ser escuchados! Todos queremos opinar y anhelamos reconocimiento. Ya el mismísimo fundador de Instagram, quien recientemente renunció al corporativo de Facebook, dijo: “…desde un principio supimos lo que íbamos a hacer a la gente con la opción de “like” en las publicaciones que haría, creamos una droga, sabíamos de la adicción que esto generaría”. El ego anhela ser reconocido, tanto, que la gente se atreve a publicar cualquier estupidez para, segundos después, sentirse importante por la cantidad de “views” o “likes” o comentarios que espera ver en su publicación. El consumidor promedio de redes sociales cada rato entra a ellas para ver cómo avanza la aceptación y el aplauso hacia sus comentarios. El plan fue perfecto. Las redes sociales se diseñaron para alimentar una tremenda necesidad del hombre común, su sed de reconocimiento. Vamos, es tal esta necesidad, que hasta por ella se publican cualquier cantidad de estupideces. Esto, adicionado de la pereza e incapacidad intelectual que la persona promedio tiene para escribir, ha hecho que ahora impere la red social de “sólo fotografías” (“Instagram”). Se trata de no tener que pensar, sino buscar el reconocimiento de la manera más sencilla. La necesidad de reconocimiento es enorme en la persona promedio, es su necesidad para afirmar su existencia. Las redes sociales se diseñaron incluyendo satisfacer esa necesidad. Un experimento humano extraordinario… con sus deletéreas consecuencias en algunas de sus partes, como en todo experimento. Por lo que reflexiono hoy aquí, desde hace muchos años he filtrado mis redes sociales para leer sólo de aquellos que tienen autoridad y me aportan valor, para mi criterio. Sin embargo, aún así, es tan rebosante la “invasión de los imbéciles” que se filtra por alguna red social la opinión de varios de ellos. ¡No quiero pensar en las redes sociales de personas que no han hecho un inteligente filtro, de esa gente que ha aceptado a cualquiera y se siente importantes por tener miles de “amigos” en Facebook! Qué espanto ha de ser navegar por una red social así. En fin, regresando al tema, hoy es más importante de lo que imaginas el saber distinguir y elegir con inteligencia lo que vas a ver.

En varias de mis conferencias he explicado un enorme poder que el ser humano tiene: dar vida. Pero no me refiero al instinto animal de la procreación, no, ese es natural a la especie, me refiero a algo muy superior: el humano da vida a todo aquello que ve. Ver da vida a lo observado. Tú le das vida a todo aquello que eliges ver, fotografías, noticias, libros, blogs, lugares, personas, todo, absolutamente todo. ¿¡Alcanzas a entender la magnitud de ese poder!? Es sobrecogedoramente abrumador. Por eso, en mi filosofía de vida, Nueva Conciencia, he insistido por más de 25 años, que tengas mucho cuidado con lo que ves, porque por ese simple y poderosísimo hecho, empezarás a sembrar las semillas de realidad que florecerán después en tu vida cotidiana. Explicando amplísimamente esto escribí mi libro, La fuerza del pensamiento. La mente humana siempre atrae lo piensa, y se piensa como consecuencia de la información que se tiene, y se adquiere información esencialmente por lo que se ve (también por lo que los otros órganos de los sentidos aportan, pero la vista aporta más del 80% del aprendizaje). Qué tremendo, ¿no crees? De lo que veas, adquirirás información, de la información que introyectas, surgirán tus pensamientos, y de éstos se gesta la acción, y de ésta surgen naturalmente los resultados en tu vida. Todo empezó viendo. El gran reto para tu superación personal y sano desarrollo humano es elegir bien qué vas a ver.

¿Tú invitarías a platicar a tu casa para conferirle tu atención a un narcotraficante o a un violador o a un político corrupto o a alguien dedicado a dañar a las personas mediante su maltrato verbal o físico, o a un imbécil? Me imagino que tu respuesta sería un rotundo “no”. Por eso es tan maquiavélicamente perfecta la puerta de entrada de las redes sociales, porque si les cierras la puerta de tu casa a todas esas malas influencias, las redes sociales representan la puerta que dejas abierta de par en par, y en todo momento, para que les permitas a todas esas personas entrar fácil y rápidamente a ti, no tan sólo a tu casa, a ti, a tu ser mismo, y con gusto y de forma adictiva. Si te detienes a pensar un poco en esto, es alarmante.

Desde hace muchos años, desde que inicié la filosofía Nueva Conciencia, más de 25 años ya, un mensaje central de mi discurso era –y sigue siendo–: no veas televisión. Yo llevo años, décadas, de prácticamente nunca ver televisión. El aparato televisor que tengo en casa lo uso esencialmente como monitor, para ver en él lo que yo decido. Son tantos, tantos los años que tengo sin ver televisión, pueden pasar meses y meses sin prenderlo, que cuando lo hago, tengo que confesarlo, me viene una emoción tan enorme por el efecto de la novedad que me alegra el momento. Hace un par de días prendí el televisor para ver un partido de futbol de la selección mexicana en el Mundial, prendí el televisor unos 20 minutos antes del inicio, aproximadamente. Debo confesar que hacía tantos años que no veía un comercial, que en uno de ellos reí a carcajadas y en otro, de verdad, se me asomaron lágrimas en los ojos, sólo de estar pensando: “… qué talento tan enorme tuvieron que tener los creativos de esta campaña publicitaria, ¡qué ideas!, ¡qué producción!, ¡qué admirable desafío de comunicar tanto en tan solo 15 segundos! Qué gran actuación, qué colores tan maravillosos eligieron y qué perfecto fue el “casting”. ¡Qué extraordinaria gesticulación del modelo! Qué ideal fue la música de fondo para ensalzar el texto del anuncio, en que “timing” tan perfecto se sonorizó un atrayente de la atención, qué gran voz del locutor, qué gran talento creativo en lo global. Todo eso me hizo llorar en un anuncio, de verdad. Y luego sentí emoción de tener esta capacidad para emocionarme y admirar. Quizá mucha de esta capacidad está sustentada en prácticamente nunca ver televisión, salvo en estos raros casos (ocasionales partidos de un Mundial que sucede cada cuatro años) y sentir el efecto de la novedad, y claro, sin negar que mi conocimiento de muchas áreas involucradas en la comunicación, me permiten admirar y ser sensible a ciertas experiencias. Terminó el partido y apagué el televisor. ¡Bum! Qué intenso silencio se hizo. Luego del constante bullicio de la afición por dos horas, el silencio total. Al intentar apagar otro aparato, por accidente prendí el televisor y entró en pantalla un clásico programa de televisión matutino de revista… soporté verlo escasos tres minutos… paja, basura, entretenimiento vacío, burdo, como siempre ha sido ese programa. Y cuando apagué el televisor y me quedé pensando un rato en lo que vi, me resultó tan natural lo fácil que es manipular a la gente con esa fórmula: primero los entretenemos alimentando su estupidez con clases magistrales de ella, para luego escuchar propuestas políticas que esa gente podrá cree ahora tan fácilmente. Todo cuadra.

En esta época de la vida, así como hace años, por Nueva Conciencia, recomendaba –y sigo recomendando– jamás ver televisión, ahora debo decir: no veas tantas redes sociales. Siento que aquí, no podría decir que no las veas en absoluto, porque quizá sería negar cierto tipo de evolución (las redes sociales tienen sus partes extraordinarias, verdaderamente positivas y generadoras de evolución), pero sí debo decirte enfáticamente: deja de ver “tantas” redes sociales, “tanto” tiempo y, además elige con inteligencia a quién dejas entrar a tu ser. ¡Usa el enorme poder que tienes en la punta de tu dedo al poder hacer “clic” en el botón eliminar! Yo lo uso con frecuencia. Si en mi Twitter (@alejandroariza) aparece un texto que siento negativo para mi ser, en ese instante dejo de seguir a esa persona o la persona que lo retuiteó. Cierro la puerta de mi ser a una influencia negativa. Ahora bien, sé que para que hagas esto requerirás de criterio, y este es otro tema, como enorme desafío.

El diccionario de la RAE define la palabra criterio como: “norma para conocer la Verdad”, “Juicio o discernimiento”. Es la capacidad o facultad que se tiene para comprender algo. Y precisamente aquí está, de lleno, el enorme reto para ti. ¿Tienes esa “capacidad”? ¿Sabes cuál es esa “norma”? ¿Conoces lo que implica tener juicio propio? Las normas son reglas… ¿qué reglas tienes autoimpuestas para ti, para tu propia mejora, para tu evolución? Porque esa norma formará parte de tu criterio, de ella te surgirá la fuerza para hacer clic en el botón “delete” (borrar, eliminar), o seguir leyendo a alguien o viendo sus fotografías. Si no tienes reglas en tu vida, límites, esa norma esencial de tu criterio, te permitirás ver cualquier cosa, lo que publique incluso un cualquiera, un imbécil, un perfecto desconocido para ti. Hasta las malas noticias te serán una fuente de entretenimiento (como lamentablemente siempre lo han sido). Mi sugerencia: entretente con otra cosa por favor.

Para que logres discernir, necesitas inteligencia, por estudios y por experiencias de vida. Necesitas leer de fuentes de gran valor y requieres atreverte a vivir. Todo ello, irá gestando tu criterio. Por lo mismo, mientras más joven, naturalmente menos criterio, y de ahí el tremendo impacto de las redes sociales, consultadas fundamentalmente por jóvenes. Pero aquí no quiero circunscribir esto a dichos mozos años, sino que, independientemente de la edad, se puede seguir siendo alguien sin criterio, el delicado caso de aquel que nunca aprovechó el tiempo, la oportunidad para estudiar y atreverse a vivir aprendiendo de la experiencia… y así, pudiendo llegar a una edad muy avanzada. A todo este tipo de gente me refiero. Y te reto a que analices si estás dentro de este grupo, gente a quien le falta ese criterio, hoy tan indispensable, frente a la puerta abierta de par en par que todo mundo tiene en la palma de su mano, trayendo en su celular abiertas sus redes sociales. Tu criterio lo irás forjando mientras más estudies y leas buenos libros, blogs extraordinarios, escuches a gente sensata e inteligente, para luego sacar tus propias conclusiones. Necesitas dedicar tiempo de estudio, tiempo de calidad, para crear tu criterio.

Citaré algunos ejemplos que me vienen a la mente en mi columna de hoy donde, por falta de criterio, se expande un daño, donde hasta en algunos casos me llegó a salpicar un poco. Hace unos meses, recibí un mensaje por whatsapp donde un joven paciente mío me decía que lamentablemente no podría asistir a su consulta conmigo porque su mamá le había suplicado, implorado, casi volviéndose loca, que por favor no saliera de su casa porque iba a suceder un terremoto ese día en la Ciudad de México. Recuerdo que le respondí que si verdaderamente creía en eso y me contestó que no, pero que su mamá sí estaba como loca y que su papá pues también estaba preparándose para la catástrofe. Yo me encontraba muy tranquilo, como suelo siempre estar. Acto seguido, y sin solicitárselo, me envió el texto que gestó ese pavor en sus padres. Según esto, un texto publicado por un “experto” en predecir terremotos. Dudé en leerlo… pero caí en la estupidez de verlo. Alarmante, escalofriante, tremendamente aterrorizante. Por segundos sentí temor (bien fundado dado a mis experiencias personales en el tema “y por ver el texto, por leerlo”). Sentí temor por los que amo, más que nadie. De hecho, me llama la atención que jamás sentí temor por mí. Sólo por mis seres amados. Segundos después, volvió a mí mi Nueva Conciencia, a mi paz, a mi centro. ¡Nadie puede predecir terremotos! Y menos con una exactitud como lo informaba el texto en un especio de dos horas, advertía que sucedería entre las 3:00 y las 5:00 PM. ¡Hazme el chingado favor! Y mira nada más, aún así, hablé a mi oficina para, en privado, comunicarlo con alguien especial para mí, como queriéndole advertir, pero al mismo tiempo comunicando lo absurdo y estúpido que era ese comunicado por parte del “experto” (Humberto Eco diría que se trataría de un digno ejemplar de esa legión de imbéciles), pero para llevarme la sorpresa de que a quien se lo dije, alguien que tengo en alta estima y admiración ante su capacidad, me dijera: “…no, pero hay que estar alerta porque ese tipo sí es un experto”. ¡Dios! Ahí ya no supe que hacer. Luego, al conversar, me confesó esa persona que llevaba varios días leyendo del tema y fue tanta su angustia… ¡que se puso a investigar más sobre el tema! ¡Vio más de los textos del “experto”! (¡le dio más vida a la noticia!). Luego pasó el tiempo, pasaron luego de las 5:00 PM, donde no se movió ni un ápice la tierra, qué ganas tuve de hablarle a mi paciente y decirle unas cuantas cosas. Luego pensé que la realidad ya se las debería de haber gritando, sobre todo a su mamá. Conozco el nivel intelectual de esa señora, es francamente muy bajo. Así, no hay criterio, así entran las malas noticias y les da vida con tremenda facilidad. Luego, para colmo, la otra persona, la que investigó más, me dijo que no se trataba de “hasta las 5:00 PM” la posibilidad de terremoto, sino que hasta el día 5 del mes entrante, que quizá estuviera mal escrito el texto que me llegó. ¡Increíble! Pues he de confesar que todos los días, algunos segundos, existía cierta zozobra en mí ante tal amenaza, pero afortunadamente mi criterio me hizo olvidar rápidamente. Pasaron los días, pasó el día 5 del mes siguiente y la tierra no se movió aquí en la Ciudad de México como lo futurizaba el “experto”, incluso al nivel de exterminio de la población de la ciudad. Qué interesante sería ver a toda esa gente hoy en día que se angustió tanto y que le creyó. Esta experiencia DEBE SER parte del criterio que ser forma mediante atreverse a vivir e investigar y que, a partir de ya, cuando ese “experto” opine quede sólo reírse o, mucho mejor, jamás permitir que la opinión de ese llegue a ti. Quedó demostrada tan sólo su necesidad de hacerse publicidad, su sed de reflectores, pero nada más de ahí. ¡Criterio! ¡Criterio!

Más adelante, me encantó la lógica de alguien tan importante para mí, cuando me confesó su angustia luego de haberse puesto a ver más del “experto”, pero llegando a la conclusión platicándome: “…luego de no poder dormir varios días, mejor pensé: bueno, todos nos vamos a morir algún día, la muerte es lo más normal del mundo, que llegue cuando sea, no hay que preocuparse de nada”. Voilà! Gran mejora basada en criterio.

Otro ejemplo de estos días: las abrumadoras calumnias que se publican de todos los candidatos presidenciales. De verdad, ¡qué manera de querer confundir al elector! Sí, está en juego mucho dinero. Aquí podría poner una lista casi interminable, pero prefiero agrupar todas en el concepto mismo de esta columna. Amigos míos que juzgo inteligentes, cayendo en el engaño y haciendo clic en “compartir” para de inmediato viralizar una nota alarmante, falsa. Recuerdo que a más de uno le envié la evidencia de su error, cuando yo, mucho antes de compartir nada, investigué, leí, analicé y encontré la manipulación de la noticia y la evidentísima mentira que se expresaba en ella, solo con fines de desprestigio. Recuerdo que mi amigo me escribió en privado y me dijo: “¡Oh!, no sabía, qué bueno que me dijiste. Ya preferí entonces mejor borrar mi publicación”. Claro, yo había puesto mi opinión corrigiéndolo públicamente y si la dejaba, quedaría como tonto. A nadie nos gusta sentirnos tontos y mucho menos que quede públicamente demostrado. ¡Criterio! Sé que, en este punto, mucho se puede debatir, precisamente porque se trata de un ego colectivo. En mi libro, El verdadero éxito en la vida más allá del ego, expliqué desde hace muchos años cómo, si algo le caracteriza al ego, es una pasión por ganar y demostrar que ganó. Esa es la esencia del ego. El ego colectivo de grupos sociales hace gala en época de elecciones. Imagínate la combinación: ego colectivo más ignorancia abrumadora gestante de total falta de criterio, más redes sociales. Pues ahí radica esta tragedia social. Desde muy afuera, como me gusta observar las cosas, me resulta tan delicado el que tantas “voces” (de esas de las que habla Humberto Eco) publiquen que México podría caer en una tragedia social como la de Venezuela, que si eso sucede, dudo mucho que sea por el candidato que llegó al poder, sino más bien por tanto ver y publicar ese tipo de advertencias. Una vez más… la fuerza del pensamiento. A lo que ves le das vida. Y aquí viene a mi mente, imponente, uno de los conceptos más bellos y trascendentes que he aprendido en mi vida, una ley inexorable, para sintetizar lo que publiqué en mi libro, La fuerza del pensamiento:

«Habiendo visto y sentido el fin,
tú has dispuesto los medios para la ejecución del fin».
–Thomas Troward.

Éste celebre autor inglés, influenciado por el movimiento del Nuevo Pensamiento y el cristianismo, atinó a expresar una ley universal. ¡Ley! Inexorable. Necesito que entre hasta lo más profundo de tu ser la trascendencia de su implicación. Ve y lee de nuevo y despacio: “Habiendo visto y sentido el fin, tú has dispuesto los medios para la ejecución del fin”. Lo que yo digo en Nueva Conciencia: a todo aquello que veas le das vida. Troward lo expresa con maestría: “Habiendo visto y sentido el fin…”, es decir, por citar un gran ejemplo, todo eso que ves en tus redes sociales, tantas veces, que llegas a sentir la preocupación o angustia, ahí has visto y sentido el fin, anticipadamente, imaginando, del tal manera, hasta con videos, su música trágica de fondo, la voz alarmante, los textos amenazantes, que ahí “…tú has dispuesto los medios para la ejecución del fin”. Sí querido lector, querida lectora, mucho de lo que suceda en este país, energéticamente hablando, por ley universal inexorable, más sucederá por lo que vieron y sintieron como expectativa muchos, que por la llegada al poder de un candidato u otro. Si me preguntaras qué fue primero, el huevo o la gallina, yo te diría: el pensamiento.

Ten cuidado con lo que ves en tus redes sociales y compartes. Desarrolla criterio y aplícalo. Sé más responsable del poder que tienes en generar o compartir algo. Recuerda uno de mis principios esenciales en mi filosofía Nueva Conciencia: cuando comunicas una tragedia, ahí mismo tú te conviertes en parte de esta. Puede darse el caso, respetuosa y naturalmente, de que no tengas criterio, pero ¿sabes?, yo creo que en muchos casos no se trata de que no tengas criterio, sino más bien en que no te das el tiempo de aplicarlo. Vivimos una época donde vamos muy de prisa, y más en redes sociales. Desarrolla criterio, y si lo tienes, date el tiempo para aplicarlo. Date tiempo. Este breve y famoso cuento puede aportar a tu criterio:

Las tres rejas de Sócrates.
Cuentan que un joven discípulo de Sócrates llegó un día a la casa del filósofo y le dijo:
– Escucha, maestro. Un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…
– ¡Espera! –interrumpió Sócrates- ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
– ¿Las tres rejas?
– Sí. La primera es la Verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente verdadero?
– No. Lo oí comentar a unos vecinos.
– Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la Bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguien?
– No, en realidad, no. Al contrario…
– ¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
– A decir verdad, no.
– Entonces –dijo el sabio Sócrates sonriendo- si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Un último ejemplo en mi catártica columna de hoy: hace unos días vi que un amigo, a quien considero con criterio, compartió en su Facebook un video de un… no sé cómo decirlo… un…, comunicador, por dejarlo ahí. El comunicador afirmaba: “Para tener éxito queridos emprendedores, para ganar dinero, olvídate de lo que algunos “motivadores” (aquí lo expresaba con tono de burla) te recomiendan que hagas, de que hagas lo que amas, u otros que dicen que analices para qué eres bueno y eso hagas… ¡no! Nada de esto te servirá. La clave es (y aquí lo expresaba en tono como si fuera sabio y como si nadie más que él lo supiera): dale al mercado lo que el mercado quiere”. Luego se contradecía expresando al inicio de su video que el éxito está en la intersección de esos tres aspectos, pero al final del mismo video diciendo que al mercado “le vale madre” lo que ames o para lo que seas bueno. Me dio gusto que cuando vi ese video, se trataba de alguien a quien yo, hace muchos meses, lo eliminé, lo borré. Lo seguía hace algún tiempo, pero conforme lo escuchaba y, bajo mi criterio, lo percibí inadecuado. Y ahora que se apareció su video en el Facebook de un amigo, lo confirmé. Lo que propone este tipo en ese video podría llamarse: “Sé una prostituta del mercado y triunfarás”. Si el mercado quiere senos, dale senos, si el mercado quiere hacer el amor a las 10:00 PM, a esa hora sal y ábrete de… brazos, si el mercado quiere droga, consíguela y véndela. No señor, no, no estoy de acuerdo en obedecer así al mercado como fuente de riqueza y éxito sin más, eso sería ser una prostituta del mercado y no tener misión existencial ni un marco de ética y ecología que circunscriba mi servicio al mundo, sino ser un “emprendedor” a conveniencia (para que se oiga mejor), haz lo que sea, con tal de darle gusto al mercado, incluso si fuera en contra de ti mismo, todo justificado por ser emprendedor y ganar dinero. ¡No estoy de acuerdo! Repito, me alegré de haber eliminado de mi Facebook a tal sujeto. Pero qué delicado fue ver que, alguien que yo considero con criterio, lo compartiera. Si yo siguiera la recomendación del aquel sujeto, vería que el mercado en México quiere muchas cosas… que yo no hago, que yo no amo y para que lo que no soy bueno. Qué triste sería mi historia. Hasta vería con el rigor de la evidencia que el mercado mexicano quiere muchas cosas menos leer… así entonces yo no hubiera publicado nunca los 14 libros que llevo escritos hasta el momento. No, yo preferí confiar en dedicarme a hacer lo que amo. Y mira, sí hay mercado, mira cómo tu has alcanzado a leer esta columna incluso hasta aquí. Sí, hay gente que lee, gratis y pagando por ello. Dios deposita talentos en ti, luego de haber creado un mercado al que le urgen recibirlos. El plan de Dios es perfecto. Te repito mi filosofía de vida, una filosofía que creé y llamé Nueva Conciencia desde diciembre de 1992: Para triunfar en la vida, –y a mis pruebas me remito– a mí me basta con descubrir qué es eso que amo hacer, de tal manera, entendiéndolo como un regalo de Dios para obedecerlo con enorme placer, que se abrirá un mercado para mí talento de manera natural, consecuente y abundante. Dios no puso talentos en nosotros si no antes creó un mercado urgido de ellos. Por eso publiqué en mi página pública de Facebook (@Dr.AlejandroAriza) hace unos días algo en lo que creo: “Soy una persona muy importante para Dios, porque soy Su empresa viviente”. Si haces lo que amas, te aseguro que hay gran mercado para ello. Hay mercado para todo.

Tu criterio y el Internet, podría ser tema de todo un libro, pero hoy no pude contener mi placer por escribirte. ¿Sabes? Yo mismo soy otra “mera opción” de publicaciones en Internet. ¡No me creas en nada de lo que digo! Nunca. Mejor te sugiero que sencillamente me leas, me veas o me escuches (y si quieres), y filtres por tu criterio si mis propuestas de Nueva Conciencia aportan valor a tu vida o no. Tú eres el del poder sobre ti. Tú eres quien decide si mis reflexiones te aportan valor o no, tú eres quien decide si mi análisis te ayuda para forjar tu criterio o no, tú eres quien decide si me eliminas de tus redes sociales o compartes lo que publico. Tú tienes ese gran poder, para conmigo y para con todos y para con todo. Yo solo iba pasando por aquí publicando lo que amo hacer en mi vida: dar conferencias y escribir como experto y autor en desarrollo humano y superación personal, comunicar ideas que te sirvan de autoayuda, invitar a la reflexión. Si algo he aprendido en mi vida, amorosa y pacíficamente, es que jamás intento convencer a nadie de nada, sino simplemente informo, comparto mis ideas, y hasta ahí llego. Intentar convencerte de algo sería colonizarte, y eso jamás está en mi intención. Sugiero que hagas lo propio. No intentes convencer a nadie, de nada, nunca. Intentar ocupar un territorio ajeno (la mente de otro) para explotarlo o dominarlo es deletéreo para todos los involucrados al final de la historia. Forja tu criterio, aplica tu criterio, filtra por tu criterio y comunica responsablemente al permitir que tus ideas las vean otros, porque en ese acto le dan vida, y ahí mismo, puedes hacer que viva un monstruo o una divinidad. Tú y yo y todos los que veamos eso, seremos aplastados por ese monstruo o bendecidos con esa divinidad.

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.

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Para emprender evita la pobreza.

Hoy reflexionaré del concepto “pobreza”, ese que no tiene nada que ver con el dinero…, pero que terminará afectando tus finanzas.

El Diccionario de la Lengua Española define en su acepción más representativa a la palabra “pobreza” como: falta, escasez. Punto, así nada más. Ahí no dice: falta de dinero o algo semejante. Simplemente falta, escasez. De hecho, otra acepción que da el mismo diccionario es: falta de magnanimidad, falta de gallardía, falta de nobleza del ánimo. ¡Es impactante cuando entiendes lo que implica! –como todo–.

En mi vida de emprendedor he notado cómo hay gente pobre, y no, repito, no es referente al dinero, es en el concepto más exacto de la palabra. A la gente pobre, que bien mejor podría decir de mente pobre, le faltan muchas cosas, mira lo que he observado que les caracteriza:

  • Escaso conocimiento
  • Escasa autoestima (con sus consecuentes escasas gallardía, coraje, determinación)
  • Escasa disciplina
  • Escasa voluntad
  • Escasa limpieza
  • Escasos amigos
  • Escasa salud
  • Escasa visión

Y nota cómo en ningún punto anterior apunté “escaso dinero”… pero ¿qué crees? Todo lo anterior suele llevar a la persona a la pobreza económica. Entendiéndolo así, la economía de una persona siempre será consecuencia. De hecho, la economía de alguien es manifestación de su nivel de evolución espiritual. He producido un DVD con toda una conferencia llamada “Economía espiritual” por si quieres profundizar al respecto. Por otro lado déjame decirte que a la gente rica que conozco, verdaderamente millonaria, curiosamente cuando analizo sus vidas, se vuelve a cumplir el precepto, son personas con abundante conocimiento, muy abundante autoestima (abundante coraje, determinación, valor), abundantes amigos, abundante salud, gran visión. ¿No se te hace interesante que, entendiéndolo así, la pobreza y la riqueza son más que nada una característica mental que luego se manifesta en otros aspectos hasta llegar a la economía? A mí me cautivó este entendimiento cuando lo alcancé. Quizá por eso te lo comparto. ¡Me encanta compartir lo que entiendo!

Hace un momento comentaba en una de mis páginas públicas de Facebook, una que tengo especializada en análisis de negocios, una de las frases que más me han impactado, y no tanto por la frase en sí, sino por quién la dijo, como siempre sucede. El valor de un concepto muchas veces lo confiere precisamente quien lo dice. Se trata de una frase de Jack Yun Ma, empresario chino, quien tiene la fama de ser el hombre más rico de ese país (se calcula su fortuna personal en más de 25 mil millones de dólares), de hecho el primer empresario chino en aparecer en la portada de la revista Forbes, fundador y presidente de Alibaba Group, un consorcio de negocios de Internet, comercio electrónico, de enorme éxito en China. Este empresario, aconsejando en materia de negocios durante una de sus conferencias, dijo algo impresionante:

“Es imposible complacer a las mentes pobres”.

¡Pum! ¡¿Vas a invitar a un negocio a un pobre?! Y repito… ¡nada tiene que ver con el dinero!, sino como dice Jack Ma, a alguien con mente pobre. En mi experiencia, invitar a personas a emprender algún proyecto me ha dado un vasto conocimiento, por experiencia propia y de primera mano, de este fenómeno. Para emprender evita la pobreza. Es imposible progresar si invitas a tu proyecto a personas pobres, de mente pobre. Me refiero a alguien pobre en su capacidad para entender, pobre en autoestima siendo extremadamente miedoso ante “el qué dirán” luego de que tome una decisión; por lo mismo, es gente que le cuesta enorme trabajo tomar una decisión por sí misma, personas que primero tienen que consultarlo con su marido, con su esposa, con su amigo, con el oráculo, con la lectura de cartas, etc. Gente que cuando analizas su círculo de influencia, ¡también es pobre! Pobre de amigos, pobre de confianza en sí mismo y pobre la confianza que inspira en los demás. Y cuando observas con objetividad su imagen, se muestra con pobre limpieza, pobre postura, pobre salud. Y cuando la persona abre la boca y escuchas sus opiniones… grita su pobreza de optimismo, su pobreza de entusiasmo, su pobreza de fe. Y cuando te enteras de su historia, se muestra refulgente su pobre perseverancia, su escasa disposición, sus constantes explicaciones para argüir su falta de tiempo y en general su pobre fe en Dios. ¿Te gustaría tener de socio a alguien así? O… ¿Eres así y por ello nadie te ha invitado a ser socio y emprender un gran proyecto?

Si eres emprendedor, nuestro error es invitar a alguien así a emprender. La culpa no la tiene el otro, sino uno al no reconocer esta realidad de la vida, el concepto global de pobreza en la vida de una persona, donde, repito, nada tiene que ver con la cantidad de dinero que tenga esa persona. Yo mismo conozco negocios exitosísimos que se pueden emprender sin invertir ningún dinero adicional, donde incluso cuento mi historia…, y aún en esos negocios hay gente que no puede. ¡Y no se requería dinero! Se requería apertura mental para conocer bien y directamente del experto (y aquí hay gente que tiene una mente tan cerrada que puede creer que se requiere una gran apertura mental), se requiere de autoestima para poder decidir y actuar de inmediato, de relaciones humanas, de voluntad, de coraje, de determinación, de emoción y optimismo. Pero hay gente carente de todo esto. Por ello, a este tipo de personas, les digas lo que les digas, les expliques como les expliques, les demuestres todo lo demostrable, será imposible complacerlas para contar con ellos y emprender. ¿Has notado personas que hasta carentes de capacidad para concentrarse son? ¡Existe pobreza de concentración! Personas que a los cuatro minutos de explicación, ya los perdiste.

Para emprender, todos quisiéramos encontrar y hacer amistad con personas ricas –y una vez más, no me refiero a dinero, sino al concepto global en la vida de alguien–, personas con abundante autoestima, gran conocimiento, enorme coraje y disciplina, de gran carisma, con abundantes contactos con gente interesante y poderosa, personas con gran capacidad de concentración, gente que pone mucha atención, etc. De hecho, ¡esta es una gran estrategia para triunfar! Lo he explicado ampliamente en toda la segunda parte de mi libro Ser líder. Pero de momento aquí, te comento que se necesitan dos condiciones:

  1.  Qué tú seas igualmente rico, para que por ley de semejanza atraigas a gente así a tu círculo de influencia
  2. Entender que hay poca gente rica. Requerirás paciencia.

Fíjate cómo cité a Jack Ma, el hombre más rico de China… ¡y cuántos chinos hay! Y solo hay uno como el más rico, ¡solo uno! Como te digo, gente rica –repito, como concepto, no de dinero– hay poca. Entonces, si buscas gente así, deberás cultivar la virtud de la paciencia. La paciencia es trabajo constante hasta encontrar, pero sostenido mediante la sensación de certeza de que encontrarás. Así yo entiendo la paciencia, trabajo constante por sensación de certeza. De hecho, otro de los consejos que este gran millonario ha dado en sus conferencias es perseverar hasta lograr. Pero, no perseverar a lo tonto, sino con inteligencia, abierto a dar paso a los cambios que se requieran para alcanzar tus objetivos. Los emprendedores somos personas que nos atrevemos a hacer incluso más allá de lo que nuestros estudios o fama nos parecen limitar.

Hoy te invito a generar riqueza, pero riqueza intelectual, riqueza emocional, riqueza espiritual… y verás que si aceptas mi invitación a generarla, la consecuencia siempre será una mejor calidad de vida donde riqueza material se vive naturalmente. Pero todo empieza con tu actitud. ¡Todo empieza con tu actitud, con tu mentalidad, con su disposición!

¿Tienes mente y actitud de pobre o mente y actitud de rico?

Cuando leía un poco de la biografía de este hombre, Jack Ma, me gustó cuando afirmó en alguna de sus charlas: “Tu actitud hacia el trabajo y las decisiones que tomas son más importantes que tu capacidad”. ¡Este sólo concepto podría ser tema de toda otra columna y conferencia completa! Aquí tan solo quiero hacerte notar cómo no debes limitarte por lo que te crees capaz, por tu habilidades y aptitudes o por tu historia. ¡Sin duda son “el camino fácil” para ti!, pero cuando te atreves a tomar una decisión que te invita a hacer incluso lo que nunca habías hecho, y si emprendes con actitud de triunfador incluso ahí en un mundo que crees que no era el tuyo… ¡te puedes llevar una sorpresa! Jack Ma decidió en sus años mozos convertirse en maestro de inglés para ayudarse con ese sueldo, desarrolló la habilidad, luego, dado que necesitaba dinero, se metió a trabajar en McDonald’s… y lo corrieron. ¿Fracasó? No creo… hoy él afirma que agradece tanto que lo hayan corrido de ese restaurante de comida rápida ya que fue una de las condiciones para que, incluso sin tener las habilidades, empezara a voltear a ver sobre lo ventajoso que podría ser el Internet y con gran actitud incursionó en ese ámbito tomando la decisión. Un maestro de inglés, empleado de McDonald’s, atreviéndose a investigar de Internet. El resto es historia.

Si deseas tener éxito, uno de los ingredientes es el que hoy aquí te comento… ¡necesitas desarrollar una mente de riqueza! Necesitas decidir por ti mismo sin preguntar a nadie –valga la redundancia–. Necesitas más coraje y determinación. Necesitas más conocimiento, requieres de mucha mayor autoestima, necesitas de más y mejores amigos, necesitas creer mucho más en ti, tener mucha más disposición, ten más fe en Dios. Te garantizo que si decides transformarte en alguien así (para lo cual no necesitas dinero, sino buscar a alguien así y pegártele, seguir sus consejos, aprender observando su estilo de vida), terminarás atrayendo a gente afín. Cuando un periodista le preguntó a Jack Ma por qué le interesaba emprender negocios en América Latina, respondió: “Porque ahí he encontrado a algunas personas como yo, somos el mismo tipo de animales”. El mismo tipo… ley de semejanza.

“Si hoy es difícil, mañana puede que sea incluso más difícil, pero al siguiente día todo puede ser muy bonito. La vida puede ser complicada, pero hay que tener confianza en el futuro”, sigue afirmando este afamado empresario. Y sí, me consta, he vivido momentos así. Hoy más que nunca México requiere de personas ricas… quiero decir, abundantes de optimismo y fe en la vida, ¡de esas que ya no se quejan!, sino que usan su energía mejor para emprender y solucionar. Hoy hago un llamado a reunirnos personas así. Es inteligente, es bueno, y termina siendo en beneficio de todos. En la vida, los emprendedores, no necesariamente hacemos lo que más nos gusta, sino lo que más conviene. Y atreverte a hacer lo que conviene muchas veces pondrá a prueba tu ego, ese que no se quiere salir de su área conocida, de esa donde es “experto”, aunque se mantenga en la pobreza. Qué ironía. Te invito a abrir tu mente, a hacer lo que tengamos que hacer para mejorar, porque sé que el trabajo enriquece a la persona, pero hasta que entiendes y conectas con la abundancia, el sentido de que no nacimos para trabajar, sino para ser felices ayudando a otras personas, paradójicamente implicará realizar un trabajo que así, deja de serlo. ¡Qué bella paradoja!

Espero que estas letras hayan favorecido el que al emprender, juntos mantengamos nuestra…

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.

El progresivo daño autoinfligido de la indulgencia.

Sencillo entender el origen del deterioro que uno mismo se genera: te vas permitiendo comer una que otra cosita, de esas que no debes porque engordan, lo sabes, aún así te lo permites por la razón que quieras, y un permiso da permiso a otro permiso y así sucesivamente. Final de la historia: de esta manera puedes subir otros 10 kilos, o mejor dicho, “volver” a subir otros 10 o más kilos.

El Diccionario de la Lengua Española define la palabra “indulgencia” como: facilidad para perdonar o disimular las culpas. Y eso es precisamente lo que hacemos muchos de nosotros. La mente del común de los mortales no alcanzamos a ver con claridad cómo para juntar 10 kilos, “se necesitó empezar” con 5 gramos, vamos, incluso unos cuantos miligramos. Sucede que cuando hablamos de, por ejemplo, 10 kilos, nuestra mente automáticamente se enfoca en esa cantidad de tal manera que pasan como inadvertidos o inocentes unos 2 o 3 gramitos (hasta en diminutivo para que pasen aún más velados), y por eso les conferimos indulgencia. El promedio de las personas no alcanzamos a entender la sumatoria. Simplemente, por comparación (¡aquí está el autoengaño! –supongo–), al pensar en 3 gramos, los percibimos como inofensivos contra 10 kilos, casi como “nada que ver”… ¡sin darnos cuenta de que esos 3 gramos ya son parte de esos 10 kilos! Así es como vamos perdonando tan fácil y de poco en poco, sin entender que ese poco ya es parte del todo. El gran daño autoinfligido es cuando la indulgencia se va convirtiendo en extrema tolerancia hasta incluso romperse a plena apatía.

Puse el ejemplo de subir de peso porque es harto gráfico y común. Pero el progresivo daño de la indulgencia aplica igual a todo, al maltrato de una persona sobre uno, al abuso del poder de un gobierno sobre sus gobernados, a gastos y sus efectos en la economía personal. El tema, analizado en todas las áreas, se torna delicado.

¿Qué hacer para evitar este daño autoinfligido? ¿Cuál puede ser la solución? Pues como todo éxito en terapia: darte cuenta. Luego, estrategias para revertir el daño. Así, quiero compartir contigo lo que yo mismo suelo hacer, cinco pasos como solución:

  1. Observar las claras señales de alerta (darse cuenta)
  2. Imaginar lo que puede pasar si no detienes el daño
  3. Recordar qué hiciste en el pasado que te dio gran éxito
  4. Emprender la acción inmediata para corregir
  5. Automotivarse para seguir por el buen camino, dados los resultados que estás generando

1. Observar las claras señales de alerta. Las señales de alerta siempre las tendrás y ¡muy claras! No existe tal cosa como no haber recibido las señales de alerta. Lo único que puede existir es que no las quieras ver o las minimices, que las indultes. Sin embargo, el primer paso es notar cómo ya no entras en tu ropa, cómo ya te ajusta (para seguir con el ejemplo del sobrepeso u obesidad, aunque, como te dije, aplica a lo que sucede en tus finanzas, o en ciertos dolores de tu cuerpo o manifestaciones emocionales consecuentes de tu vida de relación). ¡Sirva esta columna para ayudarte a ver tu señales de alerta! Es una simple decisión de voltear a ver ¡lo que ahí está!

2. Imaginar lo que puede pasar si no detienes el daño. Una vez que ya haz visto las clarísimas señales de alerta, ahora te va a servir enormemente (a mí me sirve muchísimo) imaginar lo que seguirá pasando si no haces algo para detener el progresivo avance del daño que uno mismo se está permitiendo-generando. Imagina verte mucho más fea o feo, muy desagradablemente ante la vista de los demás (lo siento, pero así es en la vida práctica). Empezarás a “maquillar” tu fealdad diciendo que lo importante es lo que llevas dentro (¡pues claro, qué otra tienes!), pero tú mejor que nadie sabrás que te estás engañando. La gente juzga por lo que ve. Tu imagen es más importante de lo que imaginas. Bueno, hasta empresas tienen como condición para contratar a sus empleados, su imagen; así, tu propia imagen puede ser lo que está afectando tu economía. Imagina cómo claramente irás enfermando (si no es que ya lo estás). Imagina el dolor físico y emocional. Imagina los gastos (que incluso frustrantemente quizá no puedas afrontar) para ir al médico especialista y sus costosos tratamientos. Imagina cómo todo se empezará a complicar grandemente en tu vida. Si imaginas claramente todo esto entenderás que debes hacer algo… ¡de imaginar surgirán las ganas de actuar de inmediato para no llegar allá! ¡De imaginar te saldrán las fuerzas para hacer algo que corrija YA y no permitirte llegar hasta aquella magnitud de daño! Camino al daño que, sin duda, estás recorriendo. ¡Necesitamos hacer un violento alto en seco! Y de inmediato empezar a caminar en el sentido contrario. Urge corregir.

Ayer fui a ver una obra de teatro (I.D.I.O.T.A.)donde escuché una frase que me impactó: “Un idiota siempre va a dañar a la gente que tiene cerca, a la gente que le quiere”. Imagina cómo puedes afectar la economía de y el ánimo de tus familiares cuando se vean obligados a ayudarte para solucionar tus problemas, esos que fuiste creando por idiota. El Diccionario de la Lengua Española define la palabra idiota como: corto de entendimiento. Sé que suena fuerte la palabra “idiota”, pero así de fuerte suele ser la verdad. Ve a ver la obra y hay una parte donde una psicóloga le explica al sujeto a prueba: “…si usted hace algo que sabe que le hará daño a usted y a su familia y aún así lo sigue haciendo, es usted un idiota”. Cuando vi ejemplos analizados en la obra, –como los que veo en mi consulta– la verdad fue contundente.

3. Recordar qué hiciste en el pasado que te dio gran éxito. Ahora bien, muchos de nosotros tenemos una historia donde “algo” que hicimos en el pasado nos funcionó de maravilla para corregir algún daño. Apréndete esto: “El éxito deja pistas”. Y sí. Si ahora piensas, recuerdas, momentos de gran éxito de tu pasado, debes tener siempre claro que el éxito es un mero resultado de acciones correctas que llevaste a cabo. Entonces, ¡esas acciones son las pistas a seguir para volver a tener éxito! ¡Vuelve a repetir esas acciones y existe una enorme posibilidad de que vuelvas a tener ese éxito! Para seguir con el ejemplo, si descubriste que dejar totalmente el azúcar te hizo bajar de peso, ¿que crees que tienes que hacer? ¡Pues dejar el azúcar totalmente! Ni un microgramo de azúcar permitirte ya más. Si tomar dos litros de agua te funcionó, ¡hazlo de nuevo! Si limitarte súper estrictamente a una alimentación “paleo” te ayudó, vuelve a ello. Si –como es mi caso– leer diario temas de nutrición y consejos de expertos me sirvió y me enfocó diario a mejorar mi salud… ¡a volver a leer diario a los expertos en nutrición y salud! Si escribir al respecto me ayudó a automotivarme y motivar a los demás, pues aquí ando escribiendo. Cada quien tiene sus pistas…, ¡pues a seguirlas de nuevo!

4. Emprender la acción inmediata para corregir. ¿Cuándo conviene seguir esas pistas? ¡Lógicamente YA, aquí y ahora! Te quiero garantizar algo, estés como estés, estés donde estés, en la magnitud del daño: en el instante en que decides mejorar, en ese microinstante… ¡la mejora ya empezó! Vamos, decidir ya es parte del todo llamado “resultados exitosos”. ¡Ya empezaste a mejorar! De verdad, empezar de inmediato esas pequeñas acciones que te llevan en sentido contrario al daño que te habías permitido, emprender esos pequeños actos de bien, esas cosas que te hacen sentir mejor, por pequeñas que sean, hasta inmateriales como lo es una decisión… ¡ya es motivo de festejo, de éxito! Bien, muy bien. El reto siguiente será… mantenerte en el camino correcto, seguir haciendo diariamente lo que te sirve para corregir. Así como “entender” es lo único que se necesita para emprender el cambio para mejorar, ahora lo que se necesita para mantenerse en el camino es…

5. Automotivarse para seguir por el buen camino, dados los resultados que estás generando. Motívate a ti mismo por los resultados que vas viendo. ¡Sé líder de ti mismo! A la gente común la motiva un líder. Pero ¿quién motiva al líder? Los resultados. Por eso, cuando veas en tu báscula cómo bajaste 100 gramos, luego 200 gramos, cuando veas cómo vas entrando en tu ropa, cómo la gente te empieza a felicitar, cómo tú te empiezas a sentir en tu interior mejor que nunca, todo ello son resultados tan intensos y extraordinariamente alegres que son los resultados que te ayudarán a seguir y a seguir por el camino de la corrección. ¡Habla diario con personas que están teniendo resultados por haber decidido corregir su camino! Únete a un grupo que tenga como objetivos los mismos que tú tienes. Haz un compromiso con un amigo o amiga para ir conversando juntos de sus avances y hallazgos en mejoras para la salud. ¡La vida te cambia… porque tú decidiste cambiártela! Descubrirás con gran asombro el enorme poder que tienes sobre ti, tu autogobierno. Te sentirás fuerte y decidido cada vez más. Sin que sea tu objetivo, inspirarás a mucha gente a mejorar. Tu familia y seres querido, consciente o inconscientemente, se sentirán más tranquilos al verte cada vez mejor. Te garantizo que atreverte a crear una experiencia así, te hará volver a sentir una gran…

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.

El encanto de la novedad.

Siempre tiene un encanto tan especial “lo nuevo”. Estrenar algo es profundamente atractivo, pero hoy brevemente quiero comentar aquí que no solo me refiero a estrenar una prenda de ropa o un auto, no, me referiré a la profunda emoción que puede generar un hallazgo, algo que percibes o descubres por primera vez, “tu primera vez”.

Allá afuera hay una enorme cantidad de conocimiento, y hasta parodójicamente ancestral… ¡pero que puede ser la primera vez que te enteras de él y sublime el hallazgo! Llegó tu momento de saber, ascendiste a una nueva conciencia donde sucede el lógico merecimiento de conectar con ese conocimiento y tu descubrimiento, tu primera vez, es tan emocionante que hoy te quiero decir… ¡no dejes de aprender! ¡Es soberbio el momento en que algo empieza a hacer sentido para ti y descubres, literalmente, un mundo nuevo!

En mi caso, modestia aparte, por eso fue tan atinado llamar a mi filosofía de vida y a mi compañía, “Nueva Conciencia”, porque todo el tiempo es nueva… conforme voy avanzando. Y cada avance es un orgasmo intelectual incomparable con ningun otro placer. Es ir penetrando en mundos tan maravillosos, y muchas veces hay triple sorpresa, la novedad para ti, lo enormemente conocido ya por otros y lo increíble de tantos que todavía no saben que existe. ¡Ah! ¡Qué hermoso es ir penetrando en nuevos mundos!

Yo, como médico, ya con frecuencia siento tantos calambres cerebrales… tanta frustración de que lo que aprendí en mi carrera… ¡estuvo mal! Pero bueno, como algún día me explicó mi sabio padre, afamado cardiólogo mexicano: “Alejandro, recuerda que todo lo que se te enseñe en Medicina es un mero modelo que imaginamos que así funciones por lo que hemos alcanzado a descubrir hasta el momento”. ¡Cuánta sabiduría encierran esas palabras que me dijo alguna vez mi papá. El “modelo” es una forma de explicar con lo que hasta el momento se sabe, pero qué tremendo que cuando se sabe más, un nuevo modelo puede incluso llegar a desacreditar tantísimo al anterior. Porque no me refiero a cambios de modelo como para mejorar una explicación, me refiero a las sorpresas que me he llevado donde no mejora nada, deshacen totalmente el modelo anterior y se explica algo totalmente nuevo. Es fuerte. Ejemplo: hace tantos años que la idea de un jugo de naranja por las mañanas era algo saludable… y hoy tan dañino. Esto lo percibirás de una u otra forma dependiendo de tu estado de conciencia, de hasta dónde has investigado, y esto fue solo por darte un ejemplo.

Hoy por la mañana conocí algo totalmente nuevo para mí, mi emoción fue –como suele pasar en estos casos– de querir gritar al mundo mi hallazgo como algo tremendamente novedoso… para minutos más tarde empezar a buscar en internet y sorprenderme de que hay decenas de autores que ya hablaban de esto desde hace tiempo… hubieras visto mi cara. De esos momentos donde descubres que el conocimiento siempre ha estado ahí…, pero yo todavía no tenía acceso a él. “Mi nuevo” no es nuevo para muchos otros que van más adelante que yo. Y viéndolo con filosofía, es una bendición. Descubres que todos somos maestros pudiendo enseñar lo que vamos descubriendo a las nuevas generaciones. ¡Ah! ¡Qué poco tiempo es una vida entera para descubrir todo lo que se puede descubrir!

En fin, solo quería compartirte mi emoción de que Nueva Conciencia sigue siendo nueva por los hallazgos, los emocionantes premios que la vida le tiene reservados a un buscador. En Nueva Conciencia somos buscadores. Es una dicha vivir así.

Sigue buscando… es la única manera de emocionarte hasta el éxtasis como una de las mayores dichas de nuestra dimensión espiritual e intelectual, privilegio de ser humano.

¡Emoción por Existir!

La plena conciencia

Hoy seré breve.

Me encanta concentrarme intensamente en el aroma de sándalo que pongo de ese aceite esencial en mi difusor ultrasónico. Descubro que lo que le encanta es concentrarme intensamente, no tanto el sándalo, ese solo ayuda en el ejercicio. Es muy inusual que gocemos respirando. La respiración consciente es el placer que te ofreces cuando te centras al cien por ciento en la inspiración y la espiración durante todo lo que dure. Si prestas atención mientras respiras, es como si las células de tu cerebro y las del resto de tu cuerpo entonaran la misma canción. Tu respiración consciente es tu verdadero hogar. 

Si quieres que tus aspiraciones se cumplan, si quieres crear una conexión con tu familia y tus amigos, si quieres ayudar a tu comunidad, tienes que empezar con la respiración. Cada respiración, cada paso, cada acto realizado con plena atención te alimenta. Esa es la dicha transformadora de una plena conciencia. 

La plena conciencia cambiará tu relación con todo. Te ayudará a estar realmente presente y a disfrutar de verdad de lo que estés haciendo, sea lo que sea, lavar trastes, caminar, sentarte. Un gran secreto del más auténtico gozo en la vida es la plena conciencia, ser ahí donde se está, solo y exclusivamente eso. La plena conciencia te hace sentir tu “Yo Soy”. 

Silencio.

El perfil.

Si algo he “tenido que” aprender a respetar es la percepción de cada quien frente a lo que yo veo como extraordinario. Lo que uno ve con total objetividad nunca implica que otro lo vea igual. Cada quien tiene sus propios ojos. Y si combino esta idea con alguna que expresé en una de mis conferencias, cuando dije que uno no ve con los ojos sino con el entendimiento, ¡puf! No pues, ya mejor empezar a creer que es un milagro encontrar a alguien que alcance a ver lo mismo que uno ve. Y sí, casi es un milagro, pero el hallazgo de alguien así hace que valga la pena toda la búsqueda. Pregúntale a quien siente que al fin encontró a su pareja ideal. ¡Se trata de una sola persona entre cientos de millones! (Y por eso tantísima gente con pareja que no ha encontrado a la ideal).

Hoy quiero reflexionar brevemente en esto como “el perfil” de cada quien. El diccionario define la palabra perfil como: Línea que marca el límite de una cosa mirada desde un punto determinado. ¡Qué definición! La he leído como 10 veces y ya como hasta la octava me emocionó por tanta implicación que logro extraerle! Qué fuerte entender que ¡estás limitado a ver el tamaño de una cosa por el punto determinado en donde te encuentras! ¡Donde estás tiene más que ver con “el límite” de la cosa que el límite real de la cosa en sí! No salgo del asombro. ¡Cómo disfruto entender y profundizar! El límite no lo tiene la cosa, sino tu percepción, esa que te permite el lugar desde donde estás viendo. ¡Podría quedarme horas filosofando contigo en esto regodeándome de placer dándole vueltas al tema! Pero quiero, intentaré, ser breve.

Hace unos minutos conversaba súper emocionado con mi alma gemela acerca de cómo soy tan inmensamente feliz con un negocio adicional que me atreví a emprender, pero de verdad como nunca con ningún otro que me haya atrevido. Además de la agenda de mis conferencias, de mi consulta como médico, de que estoy escribiendo mi 14º libro, de mi empresa Nueva Conciencia con cada vez más vertientes de ayuda gracias exclusivamente al liderazgo de mi alma gemela, Adriana, yo me di tiempo por otro lado de encontrar un negocio adicional que veo repleto de lógica, un negocio como nunca pensé que existiera uno, ¡sin riesgo en absoluto!, pudiéndolo hacer en el tiempo libre que uno encuentre, basado en el comportamiento más normal y natural de consumo de la gente, etc., y que afirmo así que es algo ¡para todos! Para que de inmediato, con la sutileza que le caracteriza a mi alma gemela, me frenara en seco diciendo: “No, ni así es para todos, es para quien tenga el perfil”. Hubieras visto mi cara. Yo insistí en que sí era para todos dada su naturaleza, y ella insitía también, hasta que escuché y la prudencia (actitud constante de la inteligencia para saber cómo, cuándo y dónde actuar) y medió las posturas, porque paradójicamente, ambos teníamos razón. Su comentario me hizo recordar que en mi página pública de Facebook hace algunos días invitaba a que me escribiera la gente si deseaba conocer un “negocio desde casa” que le ayudara a tener algún ingreso adicional, y se dejaron venir una enorme cantidad de comentarios deseosos de conocer, pero definitivamente no los miles y miles de seguidores que tengo en esa página. Me puse a pensar qué maravilloso ha sido para mí, de toda mi vida, trabajar en mi casa, amo mi hogar y me encanta ser súper productivo desde la extraordinaria calidad de vida que me doy aquí adentro. Puedo estar totalmente solo encerrado creando por cuatro o cinco días sin parar y mega feliz. Pienso que a cualquiera le gustaría vivir así. ¡Puf! Uno de los más grandes errores del comportamiento humano, y ya analizado por mí desde hace años: creer que los demás son como uno, o más o menos como uno. ¡Y no! De repente, ante esta idea de la gran comodidad –para mí– de trabajar desde casa, me viniero una lista de características de el perfil de alguien que ahora no creo que le gustaría trabajar desde casa:

  • Odia a su pareja y solo la tolera un ratito, y está, ahí en la casa
  • No le gusta su casa
  • No le gusta donde vive
  • Le deprime quedarse en casa
  • Estar en la casa le haría ver lo que no quiere ver, de cómo está la casa y lo que tendría que trabajar en ordenarla (y qué mejor pretexto para no hacerlo que tener que salir de ella para ir por el pan nuestro de cada día)
  • Quedarse en casa le invitaría a pensar en lo que no quiere pensar
  • Es una digna manera de no tener que estar cuidando niños
  • Es alguien que solo siente que trabaja si obedece un horario y tiene que levantarse, disfrutando arreglarse y maquillarse para ir a ser apreciada así por la gente del trabajo
  • Le gusta, le encanta, la convivencia diaria que se hace con la gente de su trabajo
  • Le encanta manejar su auto, e ir al trabajo lo justifica
  • Le gusta la adrenalina del “llegaré o no llegaré” dependiendo del tráfico o de como esté el medio de transporte
  • Le gusta la sensación de regresar cansado a la casa para que se le perciba como héroe y alguien lo atienda
  • Le preocupa mucho el qué dirán

y un sinfín de etcéteras.

Hum…, no pues…, no creo que a esa gente le guste mucho la libertad de quedarse en casa, la libertad que dan los negocios que yo hago. De hecho, hasta odiarla podrían. Tanta libertad puede pesar a cierto perfil de gente. Y así, pues sí, es cuestión del perfil. Lo que yo alcanzo a ver no lo ven personas que están observando desde donde están por donde están. No podemos apreciar el mismo valor, no alcanzamos a ver el mismo tamaño de la cosa. ¡Y aún así el modelo de negocio alterno que conocí es basado en un comportamiento que todos los humanos realizan todos los días en la manera más natural! Y pues la paradoja se mantiene. Aún así, habrá gente que preferirá tener un motivo para no tener tanta libertad. ¡Y yo desde un principio sólo usé la metáfora de trabajar “desde casa” como símbolo de libertad! Nunca me referí a trabajar exclusivamente en la casa. Reflexionando en esto, mi invitación es a poder producir suficiente dinero para vivir con calidad sin necesidad de ir a ningún lado, aunque si quieres, ¡ponemos una oficina lejos de donde vives para que vayas allá a hacer lo que puedes hacer en cualquier otro lado! (broma)… (y no tanta).

Sé que esto puede no ser nada nuevo para nadie, al entender lo diferente que somos todos y así, no todos van a disfrutar de ser cardiólogos o pintores o deportistas de alto rendimiento o meseros o promotores o vagos o 1000 etcéteras. Lo que me llama la atención es que sí hay negocios que aún así son para todos, ejemplo: la comida. Tanto el cardiólogo, como los pintores o promotores o meseros, necesitan comer diario. Sé que ahora mismo ya alguien estará pensando: “Pero no a todos les gusta lo mismo de comer”. Correcto, pero de eso no hablo, hablo del mero hecho de comer. Por eso suelen ser exitosos los negocios de comida, porque satisfacen una necesidad real de todo humano. Ahora bien, por qué no todos los restaurantes son exitosos, pues quizá porque no adaptaron su forma al perfíl de la gente cercana. Aquí sí se asoma otra vez el perfil.

Así, una vez más, a aprender a respetar el perfil. Todos los negocios, absolutamente todos, buscan clientes, existen porque hay clientes reales, es decir, gente que verdaderamente necesita del servicio o producto brindado. En las empresas, el área de reclutamiento de personal… ¡qué tremenda labor tienen! Encontrar el perfil ideal.

Ya basado en esto, si tú buscas tener un ingreso adicional con lo que yo conozco y conmigo, mira, ¡te voy a decir el perfil para ver si encajas! Si te gusta:

  • La buena vida, si te gusta lo bueno
  • Tener mucha libertad
  • Si prefieres una vida sana
  • Vivir en paz 

(Aunque no lo creas, a mucha gente no le gustan ninguna de estas primeras cuatro. Para mucha gente, el problema es que ¡no hay problema!). Sigo…

  • No necesitar salir mucho de casa
  • Tener mucho tiempo para estar con la gente que quieras
  • Que disfrutes de comunicar y socializar
  • Que difrutes de enseñar a los demás, dar clase
  • Que te sientas bien y hasta procures hablar en público
  • Que te encante la calidad de productos y servicios para tu bienestar en general
  • Que no te gusten las ventas
  • Que no tengas que invertir casi nada o nada de dinero, sino solo tiempo
  • Que te encante usar la tecnología (uso de Internet, que traigas un “smartphone” contigo, que disfrutes el e-learning, si disfrutas aportando contenido de valor en redes sociales).
  • Si te gusta leer y aprender diario en tus horas libres (recuerda que esta es una oportunidad de ingresos adicionales, mientras tú sigues trabajando donde estás)
  • Si tu economía está básicamente bien y tienes flujo de capital y solo deseas mejorar aun más tu economía
  • Si sientes “la cosquilla” de emprender algo para ti y ser un poco más independiente
  • Que tengas autoliderazgo, autodisciplina
  • Si te gusta viajar de vez en cuando

Quizá se me pase alguna otra cosita, la amabilidad y la buena vibra serían ideales también. Si crees en Dios… ayudaría mucho, platicaríamos del tema muy agusto también. Si consideras que tienes el perfil, ¡uf!, estimado, estimada, tengo algo con lo que vas a ser inmensamente feliz, y no, no es un negocio de multinivel clásico, por si ya te estaban saliendo ronchas. Si quieres que platiquemos, con mucho gusto envíame tus datos haciendo clic aquí y yo te llamo. Será un gustazo platicar de lo que implica “el perfil”. Y si no, que esta columna te sirva para analizar si ahí donde trabajas, si ahí donde vives, si ahí con quien estás, es un lugar para tu perfil. Si no, de verdad que urge que busques y encuentres y te atrevas a cambiar para llegar a… tu lugar de bienaventuranzas.

¡Vive con entusiasmo!

–Alejandro Ariza.

Descubre la influencia de “tu mar”.

La seria información científica ha cambiado, pero como siempre pasa, el tiempo que tarda en llegar al público en general puede tardar años. Hoy por la mañana, siendo febrero del 2016, vi publicado en el muro de facebook de una amiga la seria advertencia de un científico de Harvard para dejar de tomar leche dado el enorme daño para la salud, algo que yo advertí desde el año 2006 en todas mis redes sociales. 10 años después empiezan “autoridades de pretigiosas universidades” a comunicar lo que muchos estudiosos del tema ya habíamos publicado desde hace años. Y éste ejemplo es tan solo uno de los muchos que hay.

Imagínate… por más de 40 años se nos dijo que comer grasas saturadas era malo, de hecho se creyó que comer cualqueir grasa era malo y mejor comer poca. Apenas en febrero del 2014 la comunidad médica se discupla con la sociedad diciendo que siempre no, pero no tan solo que nos son malas, ¡sino necesarias para una buena salud! Hoy está contundentemente demostrado que comer grasas insaturadas y saturadas es benéfico para nuestra salud cerebral y cardiovascular. Lo único que se mantiene como precaución para no comerse son las grasas “trans”, que son las creadas químicamente por el hombre. Pero fuera de esas, ¡necestiamos comer grasa! Comer grasa adelgaza. Comer grasa mejora funciones cerebrales. Olvídate de quitarle la yema al huevo y esas cosas del siglo pasado. Sin embargo, cuando lees reflexiones como las que te he podido dar de ejemplo hoy aquí, competirá en tu interior, el nuevo conocimiento científico demostrado…, ¡y tus costusmbres! Y para ti, y para muchas personas, serán más fuertes sus costumbres hasta que logres entender el beneficio de cambiar y el daño de mantenerte igual. Este es el desafío de estar abierto siemrpe a una Nueva Conciencia.

Reflexilona seriamente en esto: los peces y animales submarinos de mar profundo, ¡jamás en toda su vida saben algo acerca del mar! Nunca se enteran ¡incluso estando rodeados, inmersos en él todo el tiempo! El mensaje: la costumbre de mantenerte todo el tiempo en el medio donde estás te hace invisibles las características de ese medio y la influencia que tiene sobre ti.

Si toda tu familia cree que es mala la yema del huevo, y toda tu vida has estado conviviendo con tu familia y de hecho sigues ahí sin convivir con otro tipo de personas más que siempre tu familia, ese es tu mar y tu el pez, así jamás te darás cuenta de la influencia que tienen las costumbres de la comunidad con la que convivies diariamente. Descubre la influencia de “tu mar”, tienes que atreverte a descubrir la influencia de la comunidad con la que convivies diariamente para sorprenderte de su influencia, negativa o positiva. El contexto permanente te moldea al mismo tiempo que te hace incapaz de cambiar dado que ni sospechas que existe otra forma de ser o de vivir.

La gran diferencia entre nosotros y los peces es que nosotros podemos tener momentos de reflexión como el que está sucediendo en ti en este momento por llegar a esta lectura. Tu y yo, y todos, en nuestro interior, en algún momento de nuestra vida sentimos en una parte muy profunda de nuestro interior cuestionamientos tipo: “¿Acaso esto será todo lo que existe y esto será todo a lo que puedo aspirar y lograr?”. ¡Y la respuesta es un rotundo no!, aunque de momento no veas otra opción. No ver no significa que no exista. Ver realmente no es una actividad que se haga con los ojos, sino con el entendimiento. Este tipo de cuestionamientos es un llamado de tu ser superior para atreverte a descubrir qué hay de más. Aquí debo informate de las características esenciales de este atrevimiento:

  • Es una búsqueda individual, la tendrás que hacer tú enteramente solo.
  • Muy pronto vivirás la crítica y advertencias del riesgo por tu atrevimiento por parte de los integrantes de “tu mar”.
  • La mayoría de la gente siente una enorme presión por parte de ellos que prefiere dejar de buscar y ya no atreverse a cambiar, regresando a su mar para “vivir en paz”, misma que nunca vivirás plenamente porque el deseo de descubrir qué hay de más luego de “el llamado” que sentiste, no de deja de sentir nunca.
  • Si te atreves a descubrir al fin que hay algo diferente, tendrás que vivirlo tú solo.
  • Querrás invitar a todos los integrantes de tu mar a que descubran el hermosísimo hallazgo que tú acabas de ver, para darte cuenta de que no te hacen caso dado que te consideran “perdido y equivocado”.
  • Cambiarás de mar y aprenderás a ser feliz tu solo en ese otro mundo.
  • Te alegrará que pronto llegarán los nuevos integrantes de ese otro mar a tu vida.
  • Te soprenderá tremendamente cómo los demás no ven lo que tu ves tan claramente, incluso estando ahí frente a sus ojos. Pronto respetarás su incapacidad para ver porque te acordarás que tú estabas igual.
  • Muy pocos se inspiraran por tu atreviento a cambiar, y si lo hacen o no, ya no es algo de tu incumbencia.

El tema es digno de una extensa conferencia o un libro de muchas páginas, pero hoy aquí sentí la inspiración para compartirte un breve resumen.

Mi sugerencia es que no te acostumbres al “es que aquí siempre le hemos hecho así”, sino desarrolla una mente inquisitiva, una mente que siempre se pregunte sanamente el por qué de las cosas. Haz caso a tu intuición. No vivas en automático, atrévete a detenerte a reflexionar. ¡Cuantas veces has comido aguacate! Y cuándo te dijeron que de esta gran fruta, una gran parte de su beneficio en la salud está… ¡en el hueso! ¿Alguién te enseñó a dejar que se seque y luego rayarlo para preparar una infusión con canela de tremendos beneficios para tu salud? O en tu mar siempre viste que el hueso se tiraba para que tú también lo hicieras “naturalmente”. Este es otro ejemplo de muchos que te puedo dar. Desde tu alimentación, hasta tus costumbres en vida de relación, formas de convivir en pareja y hasta hacer negocios. Todo lo que aprendiste fue un modelo de “tu mar”, ese a donde llegaste desde que naciste.

Debe llegar el momento en donde “algo” dentro de ti se cuestione que hay afuera de tu mar. Yo hoy en día vivo soprendido de conocer algo que ni siquiera sospeché, desde temas de la tremenda influencia en nuestra salud mental y física de aceites esenciales y que he comprobado conmigo mismo (algo ancestral, pero nuevo para mí), hasta que pudiera tener un ingreso adicional por seguir haciendo lo que toda mi vida he hecho y toda mi vida tendré que hacer, por ejemplo, las compras mensuales de las necesidades reales de mi vida cotidiana. ¡¿Puede ganar uno dinero por comprar?! Hasta la pregunta para muchos “mares” podría ser ilógica. ¡Pues existe la manera! Yo ya llevo un rato rebosante de emoción por haber descubierto algo tan maravilloso, y de verdad tanto, que cuesta trabajo creerlo, hasta que lo vives, y aun así sigue uno sorprendido. Allá afuera –afuera de tu mar– existen mundos donde uno puede llevar una vida mucho más pacífica, saludable y de auténtico bienestar. Si “algo” vibra dentro de ti y quieres saber de este tema conversando directamente conmigo, sencillamente haz clic aquí para enviarme tus datos y pronto te llamaré personalmente. Son temas que ameritan el encuentro personal.

Querido lector, lectora, hay más, mucho más, de lo que sabemos. Pero la evolucion y la superación personal, así es… ¡personal! Espero que tu atrevimiento surja y vivas cada vez con más…

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.