Comunicación desde el otro lado.

Daniel Ariza Herrera y Alejandro Ariza Zárate

«La vida no acaba con la muerte».
–Alejandro Ariza Z.
Sentir la presencia de un ser querido que ya ha muerto puede ser contundente. Recibir señales confirmatorias es sorprendentemente sobrecogedor, así como motivo de esperanza y alegría al mismo tiempo.
En este tema podríamos caer de lleno en plena subjetividad, pero quizá no. Es una experiencia tan personal que sólo quien la ha vivido podría sacar el tema del ámbito de toda subjetividad.
He notado que muchas veces hasta que alguien se atreve a opinar de cierto tema, se levantan manos diciendo “yo también”, y de ahí que me surgiera el deseo de compartir algunas anécdotas recientes.
Hace unos días pensaba intensamente en mi papá, agradeciéndole su ayuda, misma que hoy en día, años después de haber trascendido a su siguiente experiencia, me sigue dando. De verdad que en momentos de retos y dificultades siempre he sentido muy de cerca su presencia, su guía, su consejo, pero lo que sucedió la semana antepasada me impresionó. Precisamente estaba pensado seriamente en él. Me encontraba sólo en mi oficina. Reflexionaba admirando todo lo que este gran hombre hizo en su vida y cómo me sigue ayudando dándome “luz” en mi camino y más en momentos de dificultad para mí. Estaba precisamente en ese momento cuando de repente entra a mi oficina uno de mis colaboradores a entregarme algo, un recibo de luz. Me gusta que en cuando llegan los papeles a nuestro buzón, de inmediato me los entreguen para que, si es cuestión de pagos, los pague de inmediato, como debe ser. Al estirar mi mano para tomar el recibo de luz, lo primero que veo en él son, en letras negras resaltadas, ¡el nombre completo de mi papá! El recibo de luz de la casa que uso como mis oficinas, ¡todavía sigue a su nombre! De repente, mi colaborador, que también notó su nombre en el recibo, me dice: “Wow! Tu papá está en la luz”. Me quedé viendo al recibo. Sentí claramente una experiencia numinosa. Sentía cómo mi papá, precisamente en la luz, llegaba a mis manos por esa vía, confirmándome su clara comunicación y guía.
He de hacer notar que era la primera vez que yo personalmente recibía en mis manos un recibo de luz de mis oficinas. Siempre había alguien encargado, pero recientemente decidí encargarme yo. Así fue como sucedió. En el recibo de luz, mi papá. Y ahora mismo que lo escribo aquí, me sorprende aún más el juego de palabras, si uso “recibo” como verbo y no como sustantivo. En el recibo de luz, mi papá. Recibo luz de mi papá, literalmente. Y si te contara todas las bendiciones que he recibido últimamente, todas las mejoras en todos los ámbitos de mi vida en en días recientes, la historia es más impresionante aún.
Está atento a la comunicación desde el otro lado. Como experiencia característica está la numinosidad. Desde que escribí mi libro, Señales de destino, cité ahí a Rudolph Otto, teólogo protestante alemán y erudito en el estudio compartido de las religiones, quien describe la “numinosidad” magistralmente: Es la experiencia de sentir de modo innegable, irresistible e inolvidable que estamos en presencia de lo divino. ¡Precisamente así es la experiencia! En lo más íntimo de tu ser lo sientes al recibir comunicación desde el otro lado, al recibir una señal de destino. Es una muy personal y profunda experiencia emocional. Podrás sentir cómo se te eriza la piel o una incapacidad momentánea para articular palabra. Y tiene sentido, porque no hay palabras para describir lo que se siente frente a una clara comunicación así.
Tengo otra historia más sorprendente aún precisamente con mi papá, q.e.p.d. Pero esa la tengo reservada para relatarla con todo dramatismo en mi siguiente conferencia: “Señales de destino”, a sucederse el domingo 4 de agosto del 2019. ¡Es impresionante recibir el apoyo de tu papá, franca e innegablemente manifiesto, aún cuando él ya no está en esta dimensión física! Este tipo de comunicación desde el otro lado suele ocurrir en momentos de importante transición en nuestras vidas. Esto lo explico, precisamente, en mi libro Señales de destino (Pp. 43).
Cuando ya sabes de la existencia de este tipo de comunicación, luego de esto, ya nada puede ser igual. No se trata de creer, es una experiencia que te hace saber con absoluta certidumbre.
No estamos solos. El amor más puro y auténtico, sólo ese, sigue permitiendo una comunicación desde el otro lado.

Si entiendes, cambias.

–Alejandro Ariza.

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La bendición de una tragedia.

París y los ataques terroristas perpetrados ayer en esa ciudad…, experiencias que me ponen a pensar. Cada vez me impresiona más el enorme poder de una tragedia de enormes magnitudes… para unir a la gente. Quizá por eso, cuando alguien o algo ve que estamos tan separados, la bendición para unirnos es que nos envíe una gran tragedia. Esto se ve tanto a nivel mundial (como ayer) como a nivel pareja, ¡incluso entre dos personas nada más! No saber amar nos hace unirnos de la única manera en que muchos saben, la única que saben, a través de la violencia. Parejas que cuando se sienten desatendidas, solas o discriminadas inician un pleito por cualquier cosa… ¡precisamente por ser la única manera de que el otro o la otra les preste atención, ya que a través precisamente de atender intentando solucionar ese problema, la pareja desatendida ahora vuelve a recibir la atención que necesita al relacionarse así con el otro o la otra, un problema nos relaciona, nos atrae para solucionarlo, entonces lo creamos para atraer al otro o a la otra. No sabemos unirnos tan fuertemente de otra manera. Ese trascendente conocimiento no está matriculado en ninguna escuela como materia obligatoria. Al sistema le interesa más que te prepares mejor en matemáticas que en relaciones humanas. Con ciertas materias se puede mantener a la sociedad separada sin que descubran el poder que habría en su unión. En nuestra naturaleza humana está la tendencia a unirnos… pero no sabemos la mejor manera.

Si en las redes sociales y medios masivos de comunicación se hablara con la misma velocidad de publicación que en una tragedia acerca de unirnos y de “estar con” la gente pero cuando está bien y feliz, cuando hay plétora de amor, cuando se puede generar un negocio extraordinario si lo hacemos juntos, cuando se esté viviendo un gran estado de salud y descubrimos cómo lograrlo, cuando un país gana medallas de oro, cuando en una ciudad hay un grupo de personas que acaban de inventar algo fabuloso para la humanidad, cuando un autor y su editorial con las librerías de una ciudad sacan a la luz un texto que puede cambiarle la vida al mundo, cuando un grupo de cientificos descubre -como ha sucedido- la solución a una gran enfermedad, si en ese tipo de momentos nos uniéramos como en las grandes tragedias y todo el planeta empezara a publicarlo en las redes sociales y medios masivos de comunicación repitiendo la noticia una y otra y otra y otra vez con diferentes acercamientos y tomas, con entrevistas a expertos opinando de esa buena noticia, interrumpiendo la programación de los canales de televisión para informar… ¡Uf! Eso sería el paraíso aquí en la Tierra. Sería auténticamente una nueva conciencia en la humanidad. Pero no. Las buenas noticias, por más espectaculares e impresionantes que fueran, no les damos esa publicidad como, por ejemplo, a la tragedia de ayer en París. (Y eso es algo bueno, extraordinariamente bueno, como te lo explicaré más adelante).

Ayer noté el comportamiento de los medios, específicamente el de CNN, extremadamente parecido en el formato a cuando se sucedió el ataque a las torres gemelas en septiembre 11. Increíble que hasta ya existan fórmulas taquilleras de nota roja o amarilla para mantener al televidente prendido del televisor. Ayer noté clarísimamente cómo, por falta de más información al apenas estarse generando los hechos, lo poco que se sabía se repetía una y otra y otra y otra vez para llenar el tiempo al aire de transmisión. Llegó un momento en donde incluso en Foro TV, el canal de noticias permanentes al estilo Televisa, la periodista decía: “Aquí tenemos el sonido de una explosión mientras se jugaba en el estadio de futbol un partido amistoso entre Francia y Alemania, escuche usted…”, se hacía un ex profeso silencio previo, lo que en comunicación se llama “pausa dramática”, y se escuchaba “¡Boom!”. La periodista continuaba: “…a ver, una vez más escúchelo bien…” y la producció subía el volumen… ¡Boom! Y otra vez… ¡Boom!, noté cómo la producción del noticiaro hacia un poco de “rewind” al trazo, y una cuarta vez, ¡Boom! Yo creo que estaba teniendo un orgasmo el productor o productora del noticiero con cada ¡Boom! Así son. Conozco el medio. El objetivo es asustar, dramatizar un hecho aislado repitiéndolo una y otra y otra y otra vez. El objetivo: aumentar el rating de los ya bajos puntos que hoy tiene la televisión. La tragedia les trae su Navidad a los medios de comunicación porque sus ventas se elevan como no se lo esperaban en este fin de semana. Mientras escribo esta columna es la mañana de este sábado 14 de noviembre del 2015, no he salido de mi casa -ni pienso hacerlo de tanto que tengo que hacer y trabajar aquí adentro- pero podría apostar que los puestos de revistas están atestados de periódicos con fotos trágicas en primera plana compitiendo por las ventas del día. Se venderán como no se habían vendido periódicos en mucho tiempo. Imagino perfecto cómo las fábricas y la editorial de los periódicos del mundo no durmieron ni un solo segundo anoche para sacar la mejor de las fotos y la nota más detallada comunicando de la manera más espeluznante y dramática lo que de por sí ya es una tragedia. “Business are business… and this is the moment!”.

Atrás del gran negocio para los medios que será el aprovechar esta enorme tragedia, y atrás de la sincera condolencia que llego a sentir yo por los afectados, atrás de un dolor extraño que no puedo negar que siento así como en el pecho al ver tragedias de este nivel y todo lo que implica… quiero volver a afirmar lo que digo en varias de mis conferencias, y sé que éste es el momento ideal para recordarlo: detrás de toda tragedia hay oculta una bendición.

¿Por que publicamos con mayor fuerza y más frecuencia la tragedia que las dichas y las bendiciones? Porque somos más proclives a lo malo que a lo bueno…? Porque hay más pesimistas que optimistas…? ¡No! Descubre que no. Tenía que decirte esto. El cerebro humano está diseñado para sentir automática atracción y asombro hacia lo que percibe súbita y novedosamente diferente. ¡Así funciona el cerebro! Por ejemplo, si vamos caminando por la calle y vemos un largo camino de arbustos, todos perfectamente bien arreglados a lo largo de toda la acera, pero uno, solo uno de ellos tiene una rama salida, ¡el que nos llama la atención y al primero al que hacemos referencia por extrañamente diferente a la mayoría es precisamente ese, el de la rama salida! Lo vemos automáticamente como el que está mal, es decir, el mal cortado, cuando la abrumadora mayoría a lo largo de toda la acera o incluso de varias aceras, están bien, muy bien arreglados. Es el funcionamiento de nuestro cerebro emocionándose para detectar automáticamente las diferencias más extrañas y así estimularse. Es ver rápida y casi automáticamente la mancha negra en el esmóquin blanco, por más pequeña que sea la mancha. El área de la tela del perfecto, albeante y hermoso esmóquin blanco es mucha, mucha mayor al área de la pequeña mancha negra, pero precisamente por eso “nos brinca” la mancha negra, nos llama la atención precisamente por rara, por ser algo tan fuera de lo normal. Por eso llevo años, muchos años afirmando categóricamente en mis conferencias cinco palabras que debes tatuarte en tu ser: “Lo normal es estar bien”, y es algo tan, pero tan normal, un estado en el que viven tantas y tantas mayorías, que la tragedia es la mancha negra en el esmóquin blanco de la paz y la tranquilidad que reinan en abrumadora mayoría del tiempo y con mayor fuerza en la vida de las enormes mayorias. Entender a plenitud el funcionamiento de nuestro cerebro en este aspecto es descubrir que cuando se publica una tragedia con tanta fuerza implica la bendición de la tragedia: descubrir que la abrumadora mayoría de todos, la mayor parte del tiempo, estamos bien, muy bien. Por eso “nos brinca” la tragedia. Nuesto cerebro -e historia- es el primero que saben a ciencia cierta esas cinco palabras: lo normal es estar bien. Por eso cuando ocasionalmente no lo estamos, nos llama tantísimo la atención.

La bendición de una tragedia es descubrir, por como se publica y se habla de ella, que es lo menos frecuente, lo raro, lo excepcional. La mayoría, la abrumadora mayoría, está bien. El mal refulge solo cuando de base existe mayoritariamente el bien. Bajo esta línea de reflexión, si la mayoría de las cosas estuvieran mal, muy mal, ahora lo que sería noticia -ahora sí- sería lo bueno, lo extraordinariamente bueno. Entonces las redes sociales y los medios masivos de comunicación estarían dramatizando un avance científico transformador para la humanidad, un acto de amor sin precedentes, etc., etc., etc. Pero no. ¡Gracias a Dios que no! Gracias a Dios que lo que más se publica y de lo que más se hace alarde son las tragedias! Es la confirmación de lo excepcionalmente raras que son. La bendición de una tragedia cuando vemos cómo se dramatiza la noticia de su surgimiento es la confirmación implícita de que la mayor parte del tiempo, para el mayor número de personas, todo está bien, la mayoria vive en dicha y bendición. ¡Y qué bueno que la mayoría estemos bien! Porque de esa manera somos el poder inexterminable que de inmediato tiene la fuerza para brindar ayuda a aquella pequeña parte que se ve afectada por la tragedia. El cuerpo humano entero está sano, y quizá solo unas cuantas células, hasta incluso solo un órgano puede enfermar, para que de inmediato y con una gran fuerza el sistema inmunológico corra en ayuda reparadora de esa pequeña parte que sufre. Si así vemos a la humanidad, como un solo cuerpo, hoy le tocó a una parte, algunas áreas de París enfermar, y de inmediato el sistmea de alerta se prendió (las noticias) para que los macrófagos y células del sistema de defensa, muchas personas, entráramos en oración y reflexiones que aporten luz a la pequeña parte de la humanidad afectada, otros muchos incluso con ayuda física presencial en el lugar de los hechos. ¡Los buenos somos más! Siempre. No se nos hace mucha publicidad como a los malos, precisamente por la bendición que hoy te he explicado aquí, porque somos mayoría, lo normal es que la gente sea buena, así, solo llama la atención, solo es noticia lo extraño y fuera de lo normal, el malo, el extrañamente minoritario.

Ahora… viene un reto para “los muchos buenos” frente a una tragedia generada por “los poquísimos malos”: no contaminarse con el odio de los primeros. Es una de las paradojas más grandes en este tipo de eventos: el odio de unos pocos hacia la mayoría les insta a hacerles daño;ese daño que a una pequeña parte de la mayoria se les hace, engendra odio en los afectados hacia los primeros. Así crece el odio…, lo que quierían los primeros. Por eso al odio no se le vence con más odio. Al odio se le desaparece con el amor. Aquí es donde viene la verdadera prueba de bondad de los que se creían “buenas personas”. A unas pocas horas de la tragedia, yo ya leo en las redes sociales a personas en cuyo trabajo, incluso profesional, hablan de hacer el bien, del orden, coaches que se dicen afamados, pero hoy escribiendo hacerca del odio y del repudio que sienten con el Islam o con los responsables y/o con cualquier foto de alguien con armas y turbante. Gente diciendo: “…que se pudran en el infierno”. Ya se unieron a ellos, deseando daño en vez de desaparecerlo. El discriminado a quién le ha dolido tremendamente que lo discriminen, empieza a discriminar a quien lo discriminó. Ironías de la falta de evolución en estados de conciencia. Sí, sí… sé que no es un tema fácil. Sé perfecto que no faltará el lector que en estas líneas ya esté queriéndose quejar o contra argumentar de que no es algo fácil, de que eso solo los santos, de que alguien con autoridad debe ponerles un alto. Todos las perspectivas son opiniones dignas. Yo simplemente estoy expresando lo que alcanzo a entender. Por estas dinámicas sociales hace falta un líder que pare la ley del Talión. Por eso la verdadera transforamción de un Jesucristo, de un Gandhi, de un Kennedy, de un Juan Pablo II. A ser como ellos es que deberíamos de aspirar, porque son este tipo de niveles de conciencia los que hacen desaparecer el odio y el mal, precisamente por no combatirlo con más odio. En fin, por eso yo te propongo, y desde ayer en mis primeras publicaciones en mi fanpage de facebook lo hice, que hoy más que nunca te enfoques en generar actos de un gran amor. Lo que hoy hagas hasta por ti como manifestación de amor, con tu pareja, con tu mascota, con el arte que puedas crear, con un desconocido, con tu familia, con la sociedad si estás en posición, ¡hazlo! Esta energía es la que necesita el mundo para curar una de sus partes heridas. No necesita más odio. Una herida no se cura abriéndola más. Una herida se cura con cuidados y permitiendo que cicatrice.

Mis condolencias y mis oraciones desde anoche están con los afectados por esta tragedia en París, así como desde anoche estoy trabajando con mucho más intensidad que de costumbre sobre lo que ya es normal para mí, estar y ayudar a los demás a sentirse extraordinariamente bien. Esa es mi mayor aportación en estos momentos. Sé que energéticamente sumo más a la solución que al problema. Sugiero que hagas lo propio. Deja de comunica alarde, pena y coraje. Cuando comunicas una tragedia, en ese mismo acto te conviertes en parte de ella. Te lanzo el desafío de que hoy comuniques bien, verdad y belleza. Haz algo que te conecte con la Luz, donde sientas más cerca a Dios y hazlo con mayor fuerza. Si cantas, canta. Si bailas, baila. A mí, por ejemplo, me contecto tremendamente con “algo maravilloso y divino” cuando me pongo a escribir con total concentración, ¡como decidí hacerlo ahora! Y sé que ese algo se expande. Sé que lo debes estar sintiendo. Lo sé. Llevo haciéndolo así casi 25 años. Entonces, hoy era menestar hacerlo también. Anoche dormí tan solo tres horas y media, porque mi mente se volcó a crear más y más estrategias para expandir el bienestar. Así estoy minuto a minutos desde ayer, sintiendo una proactiva ansiedad incontenible por comunicar más y más fuentes de bienestar, por conectar a la gente a que lo viva. Te invito a vivir una nueva conciencia y a expandirla, a ser un líder de una nueva conciencia. Un líder así, de esta talla, de esta altura, actuando silentemente desde su trinchera generando un enorme ruido energético, ese que no se oye, se percibe, ese que se necesita siempre, pero en estos momentos más. Parafraseo a San Agustín cuando dijo: “Ama…, y haz lo que quieras”. ¡Pero ama! ¡Pero haz! Pero ya.

¡Emoción por existir!

-Alejandro Ariza.

PD: Si sentiste algo valioso al leer aquí, publica esta nota en todas tus redes sociales. Ayúdame a expandir una nueva conciencia. Ayúdame a hacer entender, a quien lo necesite, la bendicion de una tragedia.

Mis cavilaciones en Pascua

[¡Feliz Pascua! Recuerdo que escribí acerca del tema desde varias Pascuas pasadas en mi fanpage de Facebook, pero hoy, quiero dejar mi texto aquí en mi blog para tu disfrute y como un regalo de mi corazón al tuyo. Disfruta de tu lectura].

Tú y yo y todos los humanos podemos, mientras damos vueltas en los círculos de la vida humana, “morir” (matar) los malos hábitos que hemos adquirido a lo largo de esas vueltas y ahí mismo decidir resuscitar, es decir, volver a nacer con una Nueva Conciencia de buenos actos, más puros y más veraces. Éstos con el tiempo se convertirán en buenos hábitos para que ahí, al ser ya parte de nuestro nuevo ser, logramos pasar de un estado a otro de nuestra evolución. Este es el significado del poderoso símbolo de la festividad de la Pascua para mi entender.

La etimología de la palabra ‘Pascua’ proviene del latín y del griego, y éste de una adaptación del hebreo, que significa “paso”. Pascua, etimológicamente, significa “paso” de un estado a otro. La Pascua es la festividad central del cristianismo en la que se conmemora, de acuerdo a los evangelios, la resurrección de Jesucristo al tercer día luego de haber sido crucificado. Por ello quise escribir hoy, en plena celebración de domingo de Pascua, para enarbolar la esencia de Nueva Conciencia: la clara invitación a pasar de un estado de conciencia a otro nuevo logrando así evolucionar como seres humanos, mejorando como personas. ¡Feliz Pascua!, o lo que sería lo mismo, ¡Feliz evolución, feliz transformación! ¡Feliz momento de restablecer, renovar y dar nuevo ser a algo!

Con todo el respeto que implique para toda religión, me gusta encontrar el cargado cúmulo de simbolismos que se expresan para el entendido en una enorme cantidad de historias, parábolas y hechos contados en libros sagrados. La Biblia es, por excelencia, un libro repleto de simbología trascendente. Solo los legos en la materia leen la Biblia percibiendo literalmente sus historias. El lector avanzado entenderá pacíficamente que la Biblia está llena de hermosísimos símbolos, privilegio del entendido en la materia. Así, un tremendamente poderoso símbolo de transformación es la resurrección de Jesucristo, donde, se nos invita a ¡hacer lo mismo!, como símbolo. Morir y renacer, volver a la vida, a la real, a la que es verdaderamente vida. Porque tú y yo sabemos y conocemos de una enorme cantidad de “muertos en vida”, aquellos pesimistas, agoreros, claudicantes, dolidos, aquejados, víctimas, sufridos, y un sinnúmero de peculiaridades oscuras de un ser que puede existir, más no vivir, en la experiencia humana. Cuánta gente conoces que se queja amargamente de su trabajo, de su pareja, de su suerte, de su salud… ¡pero no hace nada por cambiar-se! Gente que vive como víctima sólo “esperando” un milagro… ¡sin descubrir que el milagro son ellos mismos! Buscando afuera lo que son dentro. Así, en varias de mis conferencias, he calificado a esos seres como auténticos muertos en vida, apáticos, abúlicos, seres grises, que solo consumen oxígeno y contaminan con lo único que pueden dar, sus secreciones fisiológicas, pero nada más.

Muchos de nosotros -me incluyo- pasamos por momentos de oscuridad. Percibimos nuestra vida como tragedia, como un oscuro túnel sin final, como una vida llena de preocupación, ansiedad y tristeza. Pero sólo hasta que “algo pasa” y logramos empezar a pensar de que puede haber algo mejor, es que empezamos a ver que nuestro trágico camino es solo una opción de las varias que hay y que no sabíamos que había. Ese “algo pasa” puede ser la lectura de un buen libro, la profunda plática con un amigo en un momento de iluminación, una misa, una película, una historia, una conferencia, un encuentro, una llamada, etc. Señales de destino que muestran una invitación al cambio, una opción de transformación, hay muchas. Para ello he escrito un extenso libro con ese título, pero lo importante es descubrir y saber que en nuestra vida humana hay más opciones, ¡siempre hay otra opción! -título de otro de mis libros-. La invitación a cambiar para ser mejor y vivir más plena y felizmente siempre existe. Que no veamos la invitación, o que viéndola no la aceptemos, es totalmente distinto a que no exista perenne.

¿Te has dado cuenta cómo la vida es en círculos? Esto lo vengo explicando ampliamente en presentaciones que doy donde toco el tema, pero incluso desde hace años grabé un video en mi canal de YouTube explicando lo que en ese entonces percibí como otro simbolismo y significado de otra gran fiesta llamada Navidad. Desde aquel video que, para mi sorpresa fue el más viralizado en blogs de cultura y fe cristiana y católica sin que yo supiera de esto sino hasta años más tarde, ya explicaba cómo se repite una y otra y otra y otra vez lo mismo a lo largo de un año, por poner de ejemplo ese ciclo. De verdad, cuando te detienes a pensar en cómo se sucede la vida en círculos, resulta desafiante y con matiz de burla el buscar en dónde podría suceder un cambio mientras se está aconteciendo lo mismo y lo mismo y lo mismo. Por ejemplo mira este círculo: Año nuevo, día de reyes, día del amor y de la amistad, llegada de la primavera, semana santa, Pascua, día del niño, día de la madre, día del padre, vacaciones de verano, regreso a clases, fiestas patrias, día de muertos, Navidad… y una vez más empezamos con año nuevo, día de reyes, día del amor y de la amistad, etc., y volvemos a dar vuelta al mismo círculo una y otra y otra y otra vez. La mercadotecnia y la publicidad (siempre existe una enorme oportunidad de “vender” algo en cada fiesta aceptada colectivamente) ayudan en gran medida a mantener el mismo círculo por intereses creados. Es un gran negocio “mantener” la referencia de ciertos festejos. Otro ejemplo, para colmo pudiendo estar dentro del ejemplo previo, es que muchos llevan su vida también dando vueltas en círculo en un solo día, y así todos los días. Personas cuya vida diaria es exactamente igual de un día para otro. Se levantan con despertador a la misma hora, incluso se bañan y usan el proceso de secado con su toalla siguiendo una misma rutina (gente que hasta tiene que ver la etiqueta de la toalla que debe estar para cierto lado para que así siempre se seque!), para ir a trabajar al mismo lugar, recorriendo la misma ruta, haciendo lo de siempre, saliendo a comer a la misma hora permitida en su trabajo -con o sin hambre-, para regresar al mismo lugar a terminar pendientes, y luego emprender el regreso a casa por la misma ruta y llegar a la misma hora donde, de no ser así, hasta la pareja podría reclamarle por qué no llego a la hora de siempre, luego cenar o no como siempre para caer rendido igual que todos los días y “prepararse” para el día siguiente, otro igual. Y si a eso le aumentamos que muchas personas no se detienen a pensar el por qué del cómo llevan sus vidas, el resultado es una vida igual siempre, donde para muchos, luego de varias vueltas, lógicamente termina en aburrimiento, apatía y cansancio. La rutina es una amplia puerta al infierno.

Cuando ya llevas varias vueltas a lo mismo, por supuesto que puedes sentir aburrimiento, apatía, cansancio, tristeza, etc., pero si “algo pasa” y en una de las vueltas te detienes a pensar el sentido de tanta vuelta a lo mismo, tarde o temprano te debe de surgir la pregunta: ¿Qué sentido puede tener estarle dando tanta vuelta a lo mismo? Si bien nos va y logramos vivir 90 años, son 90 vueltas ¡a lo mismo! ¡¿Qué sentido tiene dar tantas vueltas en círculo?! Me atrevo a responder altivamente lo siguiente: La vida será en círculos de comportamiento externo, pero el avance y la evolución es por lo que cambiamos dentro de nosotros en la oportunidad que así representa cada vuelta. ¡Para eso se dan tantas vueltas a lo mismo! Para ver si en alguna de ellas, al fin te decides a dejar la tristeza, la melancolía, el aburrimiento y la rutina de lado, “mueres a ellas”, muere aquel que las elegía en cada vuelta, y decides “renacer” de la única forma que en esta experiencia humana se permite: alcanzándote a dar cuenta de quién eres realmente y con esta Nueva Conciencia de ti mismo, lógicamente alcanzas a ver y a vivir cosas tremendamente distintas aún en lo mismo sucediéndose afuera. El día del amor y la amistad siempre es igual y en la misma fecha, hasta que en una de las vueltas logras enamorarte profundamente… ¿Cómo te sabe ese 14 de febrero entonces -y solo hasta entonces-? Enteramente distinto a todas las vueltas anteriores, ¿verdad? Incluso vez la tremenda mercadotecnia y publicidad de tantos corazones rojos que antes te molestaban, ahora como atractivos y llenando ese día de hermoso color, coincidiendo a como te sientes dentro y anhelando festejarlo con tu amada o amado. Afuera todo está igual, el único cambio sucedió dentro. Y si en una vuelta no logras cambiar, ahí viene otra vuelta, viene otra oportunidad. Y si no logras cambiar, ahí viene otra. Y si sigues sin cambiar, ahí viene otra y otra y otra. Hasta que la vida entera se te acabe habiendo tenido decenas y decenas y decenas de oportunidades para restablecerte, renovarte y dar nacimiento a un nuevo ser en ti. Tenemos la vida entera para darnos cuenta de quiénes somos realmente y percibir y actuar desde esa Nueva Conciencia de nuestra verdadera identidad festejando nuestro divino hallazgo en cada vuelta. ¡Así la vida, sucediéndose en círculos iguales, nunca es lo mismo para un buscador! Para un buscador de la verdad y del bien, la vida entera es una aventura donde todos los días son distintos y cada año es renovación, donde cada vez, donde cada vuelta el buscador se detiene a pensar en su lado oscuro y lo confronta, lo aprecia y lo abraza, porque esa es la única forma de dejarlo ir y renacer con un “nuevo yo” producto de la introspección profunda anhelando mejorar y descubriendo que la evolución es en una espiral ascendente, donde para el ojo inexperto parece estar dando vueltas a lo mismo, pero para el buscador, aquel con una Nueva Conciencia, se le revela como avanzar en círculos pero que en todo momento puede alcanzar a descubrir algo nuevo y mejor dentro de sí y desde donde ahora actúa, siento otra vuelta en círculos pero más arriba. Por eso afirmo que la evolución es una espiral ascendente en círculos. Es cuando hace años no podías en Navidad ir a cenar con tu familia por tantas diferencias y rencores, para que luego, cuando “algo pasa dentro” de ti, una Navidad, otra más, logras ir a cenar con ellos y con alegría y felicidad. Por ello, sentí el enorme impulso de reflexionar contigo hoy, día de Pascua, donde Jesucristo nos pone el ejemplo con un poderosísimo símbolo de resurgir de entre lo muerto volviendo a la vida renovado. Mira qué hermoso lo expresa el apóstol San Pablo cuando habla acerca de la celebración de la Pascua: “Despójense de la vieja levadura, para ser una nueva masa, ya que ustedes mismos son como el pan sin levadura. Porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado [fue sacrificado reconociendo su divinidad para dar vida en honor de todos nosotros]. Celebremos, entonces, nuestra Pascua, no con la vieja levadura de la malicia y la perversidad, sino con los panes sin levadura de la pureza y la verdad”. ¡Hermoso, no crees!

El “pan” siempre ha sido otro poderoso símbolo de aquello que “comes” para llevarlo a tu interior. Por ello mismo, Jesucristo usa el “pan” como símbolo de su propio cuerpo cuando habla con sus apóstoles en la última cena. Imagina esa escena, donde Jesucristo bendice el pan y dice: “Tomen y coman, éste es mi cuerpo”. ¡Vaya símbolo! Es decir, nos invita a que permitamos que Él entre a nosotros mediante el exquisito acto de comerlo. Todo lo que comemos inexorablemente termina siendo parte de nosotros mismos, y eso es lo que, por nuestro bien, este gran líder de la humanidad desea para nosotros al comerlo, la trascendente simbología de invitarnos a permitir que Él entre a nuestro ser y así, ¡renovarnos! ¡Imagínate la energía que habría en ti o en mí si permitiéramos incluso tan solo un poco asemejarnos a Él permitiéndole entrar a nuestras vidas! Y qué significa permitirle entrar, pues que con Su ser, con Su palabra (pan) nos alimente y así -y solo así- alcancemos a “entender” tantas cosas que percibimos como sufrimiento pero que por la bendición que significa “entender” es que las podemos empezar a apreciar como bendiciones, incluso a esas mismas cosas que antes creíamos fuente de sufrimiento. ¡Eso es Nueva Conciencia! Y eso es a lo que he entregado mi vida entera, a ayudar al ser humano -incluyéndome yo- a entender, lo que me trae Luz y así logro, en el preciso, prístino y divino momento de entender, renovarme y dar a luz a un nuevo yo. Ese nuevo yo que por lo mismo alcanza a ver las cosas tan distintas, aunque afuera todo sigue siendo aparentemente la misma vuelta de la vida. ¡Por ello… feliz Pascua!

La Pascua es un poderosísimo símbolo que nos invita a entender que puede morir esa parte de nosotros que se infla (levadura del pan), nuestro ego. Nos invita dejar morir esa falsa creencia de quienes pensamos ser en los arrebatos de nuestro ego, para con humildad, descubramos quiénes somos realmente y, de sucederse ese divino entendimiento (ser pan sin levadura), transformarnos en un ser humano digno de llamarse mejor persona. Alguien con más pureza y verdad en su ser, en su estar, en su hacer. ¡Ah! ¡Me encanta escribirte esto porque sé que también me lo estoy escribiendo a mí. No sabes, no paro de escribir lo que pensé serían una breves lineas. Pero creo que debíamos tener claro lo que esta oportunidad representa con cada vuelta para cambiar. Si crees que en esta etapa de tu vida todavía no puedes perdonar, ser más puro, dejar la perversidad, ser más honesto y veraz y no mentir, ser bueno realmente…, ya un gran avance es leer esto aquí. Tendrás otra vuelta el próximo año para ver si ya. Si no, habrá otra vuelta y otra y otra. Lo único que te puedo adelantar es que… ¡vale tanto la pena “pasar” al otro estado de conciencia!, o en otras palabras significando exactamente lo mismo: ¡Vale tanto la pena la Pascua personal!

Hace unos momentos, precisamente con motivo de la Pascua, un amigo posteó en su facebook un poema de William Ernest Henley, “Invictus” que vale la pena leerlo con el alma y descubrir que “aunque afuera parezca existir tragedia, dentro de uno es donde realmente existimos y ahí se sigue siendo invicto”. Aquí está para ti:

“Más allá de la noche que me cubre negra como el abismo insondable,

doy gracias a los dioses que pudieran existir para mi alma invicta.

En las azarosas garras de las circunstancias nunca me he lamentado ni he pestañeado.

Sometido a los golpes del destino, mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas donde yace el Horror de la Sombra,

la amenaza de los años me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el portal, cuán cargada de castigos la sentencia,

soy el amo de mi destino: soy el capitán de mi alma”.

La Pascua es clara invitación a mantenernos invictos. Piénsalo, entiéndelo, siéntelo… y así será.

La Pascua lógicamente también nos invita a ver con diferentes ojos a los demás  [invitación hecha incluso en Un curso de milagros]. Y tenemos diferentes ojos hasta que “pasamos” a otro estado de conciencia, aquel donde se ve diferente. Aquel donde al fin alcanzamos a ver con compasión y sin enjuiciamiento, fuentes de paz social. Por eso, cuando “pasa algo dentro de ti”, es que afuera te será más fácil perdonar, olvidar, juzgar y así elegir constantemente el bien, la verdad y la belleza (que es el resplandor de la verdad).

En el mismo afamado texto, Un curso de milagros, me encanta cuando hace alusión a que Jesucristo expresa:

No enseñen que morí en vano. Mejor enseñen que no morí, demostrándolo porque vivo en ustedes”

¡Me encanta esto! Y por lo menos yo hago mi mayor esfuerzo dentro de mis limitaciones humanas para que conmigo demuestre que Él vive. ¡¿Te imaginas si todos lo hiciéramos igual?! Te imaginas lo que sucedería contigo mismo, con tu pareja, con tu familia, en tu trabajo y en la sociedad en general si todos festejáramos la Pascua entendida como hoy he procurado explicártela. Es literalmente un renacer por medio de una Nueva Conciencia. Lejos de toda creencia o tradición religiosa, éste es mi entender y es como la vivo. Son mis cavilaciones en Pascua. Por ello las comparto aquí contigo mi querido lector.

Si hoy, en esta Pascua, eliges y decides al fin ser mejor en algo, de verdad que con tu cambio y tu presencia aquí en la Tierra, muchos atestiguaremos cómo enseñas que Jesucristo vive, lo vemos en ti. Intentar emularlo incluso en su más ínfima versión, es sin duda, una fuente de interminable… ¡Emoción por Existir!

¡Feliz Pascua! ¡Vivo con entusiasmo!

¡Habla!

Hoy me despertó un sueño, tipo pesadilla (al principio). Una vez más, de esos clarísimos mensajes que recibo estando dormido. -¿Dormido?- Una vez más, uno de esos momentos donde el sueño es tan lúcido que me lleva de una dimensión a otra, de aquella donde se me muestra la escena hacia esta donde tengo que actuar. Obedeciendo a mi sueño, estoy aquí muy temprano escribiendo, como hace rato que no lo hacía. El mensaje fue claro: “¡Habla! Dile a la gente que tiene que hablar si se siente mal. ¡Se puede evitar tanto dolor por complicaciones generadas al callar!”. Como todos los sueños, son extraños y sin obediencia a ninguna línea temporal, sin lógica, pero más o menos así fue lo que acabo de vivir…

Me encontraba en la cocina de la casa de mis papás y de repente veo sentada en el comedor, curiosamente en la silla de mi mamá, a mi “nana”, una mujer extraordinaria llamada Regina quien pienso que fue la mujer que más me ha amado en mi vida entera. Un ser extraordinario, un ángel para mí aquí en la Tierra, quien me cuidó y procuró como quizá nadie en la vida, y ahí sentada, la veía abatida, cansada, con la diabetes que detectamos en sus últimos años de vida, y cuando me acercaba a ella, volteó su cara a verme y me sorprendió al ver claras afectaciones en sus ojos que yo jamás había visto y preocupado le decía:

– ¡Qué tienes Regi?

– Nada -me dijo luego de un clásico silencio que ya me comunicaba más.

– ¿Cómo que nada? ¿Qué te pasa? -le dije al verla tan cansada y abatida como nunca antes. Yo me empezaba a sentir muy mal en cuestión de segundos de tan solo verla así. La tomé de su mandíbula girándole la cara para que me viera fijamente ya que percibía cómo ella prefería no voltearme a ver directamente a los ojos así como para no preocuparme. Al intentar girar su cabeza la sentía tan débil, ¡tanto! E insistí: -Por favor, díme qué te pasa.

En silencio, simplemente comenzó a llorar y a fruncir el ceño en una clara manifestación combinada de dolor, pena y preocupación. La soltaba, la abrazaba y le decia al oído con el mayor amor que pudiera proferirle en ese momento: “Por favor dime qué te pasa, estoy aquí para curarte de inmediato”.

– Es que desde hace muchos días me siento tan cansada, me duelen tanto mis piernas, se me ha nublado la vista y ya casi no veo de este ojo -y se señalaba su ojito izquierdo.

Yo me preocupaba tremendamente, sentía cómo de inmediato se arremolinaban dentro de mi cabeza, al fin doctor, una infinidad de líneas de investigación y diagnósticos presuncionales que me explicaran el porqué se sentía así y con un clásico diagrama de flujo que siempre se aparece en mi mente, ya analizaba todos los tratamientos y las mejores formas de tratarla y quitarle sus molestias lo más rápido. Sin embargo, en uno de esos procesos mentales, apareció lógicamente dentro de mí la opción de que este momento de tanto dolor era fundamentalmente por haberse quedado callada y no haber querido molestar con sus “cosas” a mi familia. De inmediato supe que se trataba de complicaciones a las que no se debió de haber llegado en ningún momento, de hecho, podrían haberse evitado perfecta y totalmente si mi Regi hubiera hablando antes. Sí, aunque también se combinó en mí un claro y muy intenso sentimiento de culpa por no haberle preguntado en mucho tiempo: “¿Cómo estás?”, y con profunda atención invitarla así a hablar, observando todo lo que me podría decir incluso con sus silencios. Yo siempre tan ocupado en mis “estudios” para mejorar la salud de los demás, que no me detenía a ver la salud de los demás, y para colmo, precisamente de los que más me importan, de la gente que más quiero. Que horrible paradoja sentí al descubrir que quizá por tanto prepararme y estudiar cómo ayudar, dejo de ayudar. Me preocupa incluso que en este sueño mi Regi estuviera sentada precisamente en la silla de mi mamá por aquello de los simbolismos de “el lugar”. Sé que hoy tengo que hablar con mi mamá y preguntarle con profunda atención “¿Cómo estás? ¿Cómo te has sentido?”, y observar y escuchar todo, lo que me dice y lo que no me dice. Pero bueno, regresando a la escena de mi sueño, en el momento en que estaba sintiendo todo lo que te estoy confesando aquí, en eso, súbitamente, como por arte de magia, cambiaba la postura de mi Regi, se hacía fuerte, se le limpiaban las “manchas tipo nube” que tenía en sus ojos, se transformaban plenamente frente a mí en unos ojos perfectos y brillantes, su piel se tornaba radiante y bella, salía un tipo de luz hermosamente resplandeciente de su rostro, y me volteaba a ver un un profundo amor indescriptible. ¡Fue tremendo ese momento en mi sueño! ¡Tanto amor me despertó o me sacó de ese sueño! No sin antes haber escuchado claramente un mensaje que me daba Regina sin necesidad de abrir su boca, simplemente la volteaba a ver a su rostro hermosametne transformado y con una divina mirada y sutil sonrisa sentí claramente cómo me decía:

– Levántate y escribe diciéndole a la gente que tiene que hablar. Diles que si se sienten mal, ¡tienen que hablar! Hay alguien muy especial que leerá esto y sabrá que tiene que hablar ya. Por eso vine hoy a despertarte con amor para que en tus palabras le digas a esa persona: “¡Habla!”. Esa persona se puede curar. Esa persona puede detener claramente el avance de una enfermedad que ya empezó. La puede detener, incluso revertir. Pero tiene que hablar hoy quitándose esa pena al creer que va a preocupar a su familia. Si supiera que hablando le va a evitar tanta más preocupación precisamente a su familia. De hecho, amado Ale, aprovecho este espacio en el que me sigues escuchando -porque sí, sí soy Regi, yo te estoy hablando y me ha encantado aparecerme en tu sueño y saber que estas tan dispuesto a escucharme. Siento mucho haberme aparecido con un poco de dramatismo al principio pero sabía que así me pondrías tanta atención como para volvernos a encontrar y cumplir juntos una misión aquí, pero de momento déjame volver con nuestra lectora…- Sí, tú, querida… ¡habla! Tienes que hablar y decirle a tu hijo que te sientes mal. Y tú sabes que te estoy hablando a ti. Estoy usando a mi amado Ale para que a través de su cuerpo y su escritura, yo te pueda decir que lo que tienes está en un momento perfecto para ser curado, para detener su avence y más adelante revertir hacia la salud. Pero tienes que quitarte esa tonta vergüenza de no querer preocupar a tu familia. Tienes que hablar seriamente este día. Di todo lo que sientes, ¡absolutamente todo! Tanto el dolor físimo como el dolor emocional que te acongoja. Platica lo que desde hace cuántos días vienes sintiendo. No hagas caso de cuando tu hijo parezca alzarte la voz diciéndote que por qué no habías dicho nada antes. Comprende su molestia. Haz de cuenta que no dijo nada. No te perturbes y sigue hablando con detalle. ¡Habla! Si hoy hablas, todos nos estamos encargando acá, desde otra dimensión donde nos encontramos todos los que nos dedicamos a cuidarlos, de abrir los caminos y generar los encuentros para que llegue a ti y a tu familia la persona que tiene la solución a tu mal. Incluso, se generará la economía suficiente para solucionar el problema. Por favor no temas, no te preocupes por creer que si confiezas tu dolor, si hablas de tu gran molestia, solo generarás gastos que no queires que tenga tu familia. Tu familia tendrá más gastos si no hablas hoy. ¡Habla! Tienes que decir lo que sientes hoy. El dinero alcanzará para la solución. Hoy generaremos las circunstancias ideales que te invitarán a hablar y a ser escuchada. Lo sentirás clarísimamente. Confía. Habla. Hoy inicia la solución a tu molestia. Y bueno… ahora dejame regresar a despedirme momentánemente de mi Ale.

Mi amado Ale, yo siempre estaré cuidándote. No te imagians el placer de verte tan bien. Yo siempre supe que llegarías a ser un gran hombre y siempre supe que eras mi doctor. Tú me cuidaste. Tú me traías mis medicinas cuando me dolían tanto mis piernas. Tranquilo. No te me pongas triste o nostálgico por recordar aquellos dolorosos tiempos de mi experiencia como humana. Ve mi rostro. Desde aquel año en que partí hacia acá, ¡no te imaginas la maravilla que es vivir la siguiente experiencia de ser humano! Acá no existe el dolor ni el sufrimiento alguno. Desde acá te sigo cuidando. Tú bien sabes que basta que me invoques y estoy contigo para interceder. Incluso basta con que me pienses. Te llevo todo el timepo en mi corazón y te siento en el preciso instante en que me pienses. Y por cierto, ya deja de estar diciendo eso que de repente andas diciendo y que hasta en tu más reciente consulta le confesaste a unos pacientes. No Ale, todavía tienes mucho, pero mucho, por hacer allá en tu experiencia como humano. No te imaginas lo que vas a vivir este año. Yo te voy a cuidar, como siempre. Platícale a Raquelito tu sueño y dile que le mando mis bendiciones y mi permanente gratitud por cuidar a Epifania. Ambas estan cuidadas por mí también desde acá. Tu mamá está mejor que nunca y en unos días les dará una sorpresa de lo extraordinariamente bien que se estará sintiendo. Dile que sé bien lo que le preocupa y dile que ya está arreglado. Que sus oraciones han sido escuchadas y que no hay problema. Dile que por favor ya se deje de preocupar. Ha sido escuchada y dile que le garantizo que lo que desea se habrá de cumplir este año. Si es que le imprimes este texto que te estoy dictando o se lo lees, déjame hablar directo con ella aquí: “Señora… ¡esté en paz! Todo lo que nos ha pedido, se le concede este año. De hecho, esa ligera molestia que ha tenido a últimas fechas, es más que nada por querer decir lo que usted misma sabe que conviene callar, y eso es lo que le ha generado la molestia. Pero hace unos días ya habló claramente. No se preocupe. Además, a usted se le escucha tan solo con lo que en su corazón pide. A partir de hoy se va a sentir como le dice el Ale, “extraordinariamente bien”. Ya verá. Le mando muchos saludos y le hablo en una plantita. Usted sabrá a qué me refiero. Gracias señora”.

Pues bien Ale, te dejo por el momento en esta vía. Y no te andes pensando en lo que opinará uno u otro lector al confesar nuestro diálogo aquí. Esta nota ha sido dictada por una muy compleja relación que, con todo respeto, ningún humano entendería del cómo entrelazamos todas las circunstancias para que estas palabras lleguen a su destinatario final en el momento en que debe. Te amo Ale. Y sí, escuché clarísimamente cuántas veces me dijiste hoy por la mañana “¡Regi, te amo, te amo, te amo!”…, jajaja, si supieras cómo se escuchan los humanos aquí. Me encantó verte transformado luego de la preocupación que tuvimos que generar para llamar tu atención en el sueño. Qué hermoso que te siguieras preocupando por mí. Pero ya vez que bien me puse en un segundo e intenté compartirte una infinitesimal parte de la belleza, paz y armonía con la que se vive permamentement acá en la imagen que de mi viste al final. Me encanta ver tu sonrisa incluso mientras escribes estas líneas. Yo tambien te amo Ale. Cuida a los tuyos. Pon más atención a ellos. Saludos a Dany, a Danielito (que de chiquito ya vi que no tiene nada) y a Sarita, ella es una bendición. Téngalo presente y díganle que también yo la cuido desde acá. Es lo menos que puedo hacer al ver lo que ha hecho por cuidar de tu hermano y de tu mamá. Este año todos se llevarán una gratísima sorpresa. No me creas mucho si es precisamente este año porque acá se pierde la dimensión del tiempo que se tiene como humano, pero calculo muy pronto. Sigue siendo una bendición. Hablaré con Adriana. Ella también escucha entre sueños. Dile que le tengo una muy grata sorpresa. Elisa escucha más que todos ustedes. -Regi.

Querido lector, lectora: Estoy en “shock” por lo que ha “salido” en esta nota y que sé debo publicar. ¡Quiero decir tanto de esta experiencia! ¡Tanto! Pero paradógicamente sé o siento también que no debo decir más. Simplemente… ¡Habla! Se me arremolinan sentimienos encontrados por lo recien vivido. No quiero irme sin decirte o presumirte o comentarte -el calificativo no sé cuál sea el ideal- de lo orgulloso que me siento de haber obedecido todo lo que se me indicó hacer en lo que viví hace apenas tan solo unas horas. Literalmetne esta experiencia me despertó y me hizo levantarme de mi cama para venirme a escribir a mi sala. Me preparé un café, mismo que por supuesto ya se enfrió y prácticamente ni probé, me envolví en el silencio, y escuché tanto y tan claro lo que hoy te plasmé aquí. Literalmente, obedeciendo. Así que… ¡habla!

¡Vivo con entusiasmo!

-Alejandro Ariza.

Navidad: “marketing” vs. Niño Dios.

Pasan los años y a momentos observo cada vez más con intensa claridad cómo la Navidad es tan solo un “marketing” en el que la abrumadora mayoría participa en su creación, no solo los expertos en “marketing”, sino todos, todos sin darse cuenta lo favorecen al sentir que “tienen que” ir a una cena, “tienen que” regalar, “tienen que” adornar, “tienen que” comer lo que alguien hizo porque de lo contrario es un desdén en una fecha en la cual está prohibido desdeñar, etc. Lo siento, esta nota no es de un “aguafiestas” de la época por mi más puro espíritu “Grinch (amoroso)”, pero ya de verdad, ya no logro entrar en el juego y me veo forzado a escribir porque desde hace muchos años sé que escribir para mí, como autor-escritor, es una gran terapia. Estoy en terapia ahora mismo. ¡Me cuesta tanto trabajo incluso tan solo pensar en intentar entrar al juego del “marketing” de la Navidad! No se diga intentarlo. No se diga entrar. Yo, como siempre, el día de hoy 24 de diciembre, en mi interior solo recordaré que se trata de la alusión a un cumpleaños, al cumpleaños de Jesucristo, eso que tanto se olvida por el “marketing” imponente que la fecha tiene encima. Veo más “Santa Closes” que alusiones a un cumpleaños, que alegría por festejar al “Niño Dios”. Con una Nueva Conciencia prefiero dedicarme a pensar en la perenne invitación que esta fecha me trae: festejar al del cumpleaños… y si a esto le aúno lo que sé en materia de liderazgo, que una de las más dignas maneras de festejar a alguien, casi como un grandioso regalo, es decirle: “…¡cómo me gustaría ser como tu!”, eso es lo que en mi interior hoy le quiero decir a Jesucristo en su cumpleaños. ¡Qué halago es ese, heee! Y un halago enteramente honesto. Desde hace muchos años me he sentido atraído por el liderazgo carismático de ese gran ser llamado Jesucristo. Haya existido o no (dado a que hoy en día hay tantas teorías y posturas que desean desacreditar su historia), no importa. Algo o alguien existe para ti si crees en él o en ello, independientemente de todo lo demás. Y yo creo que sí existió…, vamos, sé que existe de hecho. Tengo cierta comunicación casi diaria con Él. Me ufano de ello y vivo inmensamente agradecido. Esta no es una fantasía del “Santa Claus” del que luego, más grande, te dicen que no existió nunca, que eran tus papás. Creer en Jesucristo es otra historia que dista años luz del Santa Claus y toda la parafernalia del ámbito navideño. También me gusta pensar en este día como una invitación arquetípica a un “renacer”, a otra oportunidad para re-hacernos de nuevo. Otra oportunidad para pensar e intentar ser una mejor persona, es hermoso este simbolismo como oportunidad.

No puedo sentirme alegre de ver a tanta gente que quiere verse para cenarprecisamente esta noche, cuando vivo cenando delicioso cualquier noche y con intensa frecuencia durante todo el año y en todo él intento imitar a Jesucristo. ¡Me encantaría ser como Él! Lo vengo intentando desde la profesión de médico para sanar, hasta la de predicar, hoy en su variante de ser conferenciante. Hoy ¡por supuesto que quiero festejar su cumpleaños! Lo festejo en mi interior y quizá el mayor festejo es decirle desde mi corazón: “¡Quiero ser como Tú y cada vez intentar parecerme un poco más a Ti aunque todavía esté lejísimos de llegar al más nimio émulo de Tu ser!”. La pura intención me emociona. Sentir que estas líneas se las escribo a Él, me está encantando. Para mí, escribir esto para Jesucristo en la fecha convencionalmente acordada para hacer alusión a su encarnación como humano, sería el mejor regalo que le podría dar. Leerle esta carta en “Noche Buena”, esa noche donde se festeja… ¡Sú cumpleaños! Recuerdo ya haber escrito al respecto en alguna de mis columnas. Hoy mi único regalo es para Él… ¡al único al que se le deberían dar regalos, por que es precisamente el del cumpleaños!

Dentro del “marketing” de esta fecha donde tanta gente se siente obligada a regalar a los demás, incluso regalar lo que ni intención auténtica se tiene para dárselo a quien ni se quiere, con un dinero que muchas veces ni alcanza… todos los años me había planteado si podría llegar alguna Navidad donde no le comprara nada a nadie. Siempre pasaba por mi mente dar ese paso en lo que supongo puede ser evolución para mí. Todos los años, ya cerca de la fecha, tan solo pensando o diciendo que quizá es el año donde lo lograría, pero para que a últimos momentos me viera yendo a comprar a la tienda de la esquina algún “detallito” para no sentirme mal de recibir algo y no tener nada que dar… como en ese juego del “dando y dando y así no te debo nada”, por esa presión social que esta dinámica basada en el ego supone muchas veces, sobre todo ya acercándose a la noche, en ese extraño momento de “darse los regalos”. Pues… ¡este año lo logré! 44 años me tardé en llegar a este punto. No regalo nada a nadie este día salvo a Jesucristo que, para colmo, no necesita nada material y donde quizá el mejor regalo sea el decirle abiertamente el cuánto me gustaría irme asemejando cada vez más a Él… y hacerlo. Punto. No más. De hecho, es todo un gran avance para mí y, si esta página es de Nueva Conciencia, lo quería compartir aquí para quien esté preparado a leer lo que mis líneas dicen y lo que el interlineado refleja. No valgo más ni valgo menos si regalo o no. Cuando al fin llegas a saber plenamente cuánto vales, no necesitas demostrarlo regalando nada. De hecho, sé que desde siempre vivo al revés. Para mí incluso, económicamente hablando, hasta me convendría entrar al juego del “marketing” de la Navidad para regalar ¡sólo en esta fecha! Pero yo… ¡me la vivo regalando todo el año! Invito cualquier cantidad de comidas y cenas con exquisitos vinos en los mejores restaurantes a mucha gente, y sí, incluso a varias donde a veces hasta se cuelan en mi cuenta desconocidos, pero digo “…en fin… hay que dar y compartir”, pero también viajes, camisas, equipo de cómputo, medicinas, consultas, conferencias… todo eso como ejemplos de frecuentísimos regalos durante todo el año. Entonces… con más razón para qué jugar el juego de hoy. Como te digo, mejor me convendría ser más “normal (como sinónimo de “común”), y regalar solo el día de hoy, solo en Navidad, dentro de todo el año. ¡Ahorraría tantísimo dinero! Pero no, yo prefiero regalar cuando mi corazón me lo dice y no cuando el “marketing” me presiona. Aunque gaste muchísimo más dinero regalando durante todo el año, aquellos regalos sí van impregnados de mi intención por generar alegría, paz y bienestar y no siento obligación por darlos. En cambio, en fechas como hoy, por lo menos yo, hablo solo por mi, me siento obligado a dar… y hace muchos, muchos años que no hago nada por obligación salvo pagar mis impuestos, mismos que ocasionalmente algunos, hasta ellos sí los pago con ganas cuando he recibido tanto de mi país también. Pero noo, hoy no regalo nada, o quizá se me cuela un regalito pardójicamente aquí mismo donde estoy regalando mis líneas como autor en una plataforma de comunicación enteramente gratuita. En fin… el “marketing” se impregna. Sólo que no quería poner una postal con un arbolito hermoso con un fondo lleno de nieve y renos flotando con la luna de fondo… ¡cuando nada de eso existe por lo menos en mi México! La persona promedio se ha hecho mucho daño alimentando constantemente un pensamiento fantasioso. Nada bueno ha traído creer en pensamientos de pura fantasía y falsa ilusión. Nada bueno. Si algún día diserto acerca de ello, un pensamiento mágico (aquí usando la palabra “mágico” como sinónimo de mera fantasía) ha hecho más daño que cualquier otra cosa. Llévate la sorpresa (como yo me la estoy llevando ahora mismo que estoy investigándola en tiempo real) de saber la definición que da el diccionario de la palabra “fantasía”: facultad humana que permite reproducir por medio de imágenes mentales la representación de sucesos que no pertenece al ámbito de la realidad. Punto. ¡Qué tal! Y así vive mucha gente estas fechas. Desde creer en un Santa Claus que no existe y donde desde niños se nos siembra la fantasía de que nos traerá regalos, siendo de niños engañados y de adultos felices al ser el origen del engaño apreciando cómo ese mismo engaño le puede generar tanta alegría a un niño, para luego permitir que “crezca” y ahí decirle que todo fue mentira para luego educarle diciéndole que no mienta. ¡O sea cómo? Pues así funcionamos en estas fechas de “marketing”. A ese grado podemos llegar como sociedad. Me entrenan sosteniendo una mentira como Santa Claus, me hacen creer fervientemente en él, luego en los Reyes Magos y sin dejar atrás al ratón que deja dinero a cambio de dientes. ¡Y uno se lo cree! Para luego tener que convertirme en alguien que para ser mejor, no debo mentir. Por donde lo veas, nos entrenan con profunda emoción, para vivir algo que luego te dicen que es malo y no lo debes hacer: mentir. Por eso es tan fácil para la mayoría mentir. Y para que no se oiga tan fuerte y duro, mejor decir que es… simplemente por que es Navidad. No, yo ya tengo mucha dificultad para “tragarme” esas mentiras que por paz se prefieren tomar como amorosas excepciones a la regla. ¿Noche de paz… noche de amor? ¡íjole! Solo para quienes viven en paz y sienten amor todo el año porque ya es esa su forma de ser… de lo contrario, imposible manifestarse de la noche a la mañana y para colmo en una fecha específica. Para vivir una verdadera noche de paz y noche de amor, no se necesita una fecha, se requiere una forma de ser en cualquier fecha.

En fin… sirva esta catártica nota para desearte una muy feliz Navidad propia de Nueva Conciencia. Y como te dije, yo no voy a poner una cartita animada con nieve que cae porque ni cae en mi ciudad. No voy a postear una postal digital con una casa hermosísimamente adornada saliendo humo de su chimenea porque yo no veo ninguna por acá en México así (por lo menos al nivel socioeconómico al que he alcanzado y me permite ver sólo las casas de por aquí), no voy a repostear lo que otro puso como “¡Feliz Navidad!”. No, yo prefiero postear lo que me ha llevado mucho tiempo compartiendo mi ser… escribir esto aquí. Mientras en mi interior… ¡festejo sólo al del cumpleaños! Festejándolo muy en mi interior que es donde precisamente vive el festejado. No “hay que ir” a ningún lado físicamente hablando, hay que dirigirse a donde realmente se encuentra, y paradójicamente eso implicaría no moverse para muchos. Y no, este no es otro pensamiento de fantasía al pensar en el cumpleaños de Jesucristo. Este sí lo siento y lo he vivido y atestiguado de primera mano… sé de Su presencia en mi vida. En cambio, a Santa Claus yo nunca lo he visto aunque se base su leyenda en papá Noel. Y de ser así, aquel Noel es el que regalaba, no yo. Yo prefiero asociarme emocionalmente al festejo de un cumpleaños, honrar al festejado, cantarle las mañanitas (soy el único “loco” que canta las mañanitas junto al pesebre ahí donde lo pone mi madre el nacimiento y desde hace años no canto ningún villancico, para mí, lo honesto son las mañanitas si de cantar se trata la noche de hoy y el día de mañana). Más festejo que mi papá, que en paz descanse, se manifieste cuidándome en estos días. ¡He vivido esto recientemente y con el mayor impacto del que te puedas imaginar! Mi papá está tan cerca de mí. Quizá más que cuando estaba encarnado como humano. El cuerpo estorbaba para sentirlo tan dentro como lo siento hoy.

Queridos suscriptores… elijan una real feliz Navidad.. actuando como actuaría Jesucristo. Renazcan. Y si este día y mañana Navidad existiera una emoción dentro de ti de esas no propias de la noche de paz y de la noche de amor… detente y ante de la duda de cuál sería tu mejor proceder, pregúntate: “En estas circunstancias qué haría Jesucristo?”… y hazlo. Y verás lo que sucede. Te quiero sugerir que si de dar el mejor regalo se trata, te he decir que el mejor regalo para los demás, de tu parte, es que tú seas una mejor persona. ¡Ese es el mejor regalo de ti para cualquiera! Renace en alguien más amable. Aunque te advierto que es tan caro dar este regalo, que muchas veces puede salirte más barato ir a comprar lujosos y ostentosos regalos de otro tipo. Ya dependerá de tu “economía espiritual”. Yo aquí, todo lo que pienso, siento, hago y escribo de Nueva Conciencia, de verdad es tan solo para favorecer ese gran regalo que todos nos daríamos en honor a Jesucristo… ayudarte a sentirte extraordinariamente bien. Y cuando alguien se siente así, ahí mismo se convierte en el mejor regalo para cualquiera que tenga la bendición de tenerle cerca.

¡Vive con entusiasmo y emoción por existir!

-Dr. Alejandro Ariza.

Escrito para la Noche Buena y Navidad del 2013.

Realizando mis actividades preferidas.

Cuando al fin acepté que mis actividades preferidas no tenían que ser como las actividades preferidas de las mayorías, pude dedicarme aun más y más tiempo a ellas con menos y menos “pesar” o vergüenza por quedarme fundido tanto tiempo en ellas. Con el tiempo, he podido quedarme haciendo lo que más me gusta sin pena alguna y sin buscar la aceptación o admiración de alguien por ello. Con en tiempo creo que llegué realmente así a fundirme en la misión de mi vida. Y ahí, en ese nivel, se vive una intensa y permanente emoción por existir, tanta, que es incomparable con la emoción que pudiera generarme cualquier otra convivencia en actividad común que, luego de comparar, he descubierto que no es lo mío.

Y quizá así ande mucha gente, en actividad común compartida, haciendo lo que las mayorías hacen o lo que está de moda hacer, conviviendo en esa actividad con otros, esos con lo que tiene en común el que ninguno ha descubierto todavía su misión existencial, esa que le da sentido a cada segundo de la vida. Entonces se puede desperdiciar cualquier segundo o, si no desperdiciar, por lo menos no confrontarse con el vacío de un tiempo indiferente.

Leí hace tiempo que al maestro Pablo Picasso algún día le preguntaron si no había momentos en que se aburría y respondió que sí. Le preguntaron cuáles y respondió: “Cuando hago cualquier otra cosa que no sea pintar o cuando recibo visitas”. ¡Me pasa algo tan similar! Pero en mi caso obvio no es pintar, sino leer, estudiar, escribir y dar conferencias (lo de las visitas si es igual). Fuera de eso, no me la paso tan bien. Y es hermoso alcanzar a darse cuenta de esos momentos, cuando no me la paso tan bien, y es sublime saber que todos esos momentos son opcionales, nunca forzosos. Lo forzoso es inversamente proporcional a la autoestima.

¡Vivo con entusiasmo! El entusiasmo sucedido por poder dedicar prácticamente todo mi tiempo exclusivamente a mis actividades preferidas. Un entusiasmo sucedido al descubrir que no tienes por qué darle gusto a nadie realizando alguna actividad que no te fascina. Cuando acepté esto, súbitamente apareció más y más tiempo para realizar mis actividades preferidas, al mismo tiempo fueron desapareciendo las visitas.

¡Emoción por existir!

(Cavilaciones de un domingo encerrado en silencio mientras leo, estudio y escribo de varios temas… y escuchando pajaritos en el jardín).

Me parece que el tiempo no existe.

Cada día estoy más y más consciente de la enorme velocidad con que se me está pasando el tiempo. O va exageradamente rápido o esta etapa de la vida está intentando revelar a algunos con fuerte evidencia que efectivamente el tiempo no existe, como ya lo venían advirtiendo ciertas teorías. A momentos me parece como si esta etapa de la evolución de conciencia humana nos quisiera manifestar eso.

No sé tú, pero a últimas fechas, yo cada día que despierto siento esa sensación como de si acabara de vivir la misma previa (cuando me estaba despertando ayer) apenas sucedida hace breves momentos. ¿Dónde quedó el día de ayer? Y eso siento preguntarme diario.

Tengo una edad de adulto y en mi interior sigo con actitud de los 20’s, aunque en una variante harto mejor, una etapa como de vivir en los 20’s pero con poder y libertad plena. Sé que mucha de esta sensación es consecuencia de las elecciones y decisiones que he tomado para crear mi estilo de vida, pero aun así, aun con con mi optimismo, siento ya tan cerca la muerte, vamos, digamos la «trascendencia a la siguiente experiencia» para que no se oiga tan dramático y de hecho sea más real.

¡Qué corta es la vida! Y siento que es perfectamente corta por la cortísima duración de cada una de sus clásicas etapas. A la edad que tengo hoy, ya diario se me aparece la idea que pronto me iré de esta experiencia de ser humano. Quizá de aquí venga el cuánto gozo, deliberadamente, cada instante de mi vida, hasta mis angustias y preocupaciones las alcanzo paradójicamente a disfrutar, quizá por saber que, para como va el tiempo, pasarán pronto.

A momentos, momentos de posible locura conciente, veo tan absurdo “hacer planes” para el futuro. Cómo nos engañamos como humanos pensando en el próximo verano o invierno cuando más que nada hoy siento esos ejemplos como meras estrategias publicitarias de venta de artículos o servicios para esas épocas. Pero todo el tiempo es lo mismo, el estar envueltos en la mera idea que hemos inventado del tiempo. Pero quizá mientras más despierto estés descubras que no hay tal.

A todas las demandas del ego: el éxito, la fama, el poder, el dinero, el control, etc., se les desvanece su importancia y se lea decolora su atractivo con cada avance en conciencia del poco tiempo que nos queda, o del poco tiempo que hay o por descubrir que ni hay. ¡Ah, qué cosas! Pareciera que lo único que me –nos– queda es disfrutar del “eterno presente con su caducidad de conciencia”. Tal parece que no me –nos– queda mas que entretenernos con la idea de que hay tiempo. Mientras, ya me voy a desayunar, otra vez. Igualito que hace tan sólo lo que siento brevísimos instantes.

Es sabido –o creído– que cuando no tienes nada que hacer se te pasa el tiempo más lentamente y hasta aburrido. Pues yo ya intenté deliberadamente quedarme sin hacer nada por largos ratos y hasta días, incluso por lo mismo viendo cómo se me vienen problemas encima, y a mí aun así se me pasa tan rápido el tiempo. Ahora no te quiero decir cómo se me pasa cuando elijo hacer y producir y estudiar todo lo que me gusta.

¡Ah! La vida es un instante. No más por eso, disfrútalo, incluso en tus momentos de angustia. Van a pasar. O incluso quizá mejor dicho: vas a pasar.

Vamos –dijo el otro.

Mientras… minuto a minuto descubro que lo único que vale la pena son esos brevísimos momentos donde amas o ayudas a alguien. A momentos me parece que perdemos el tiempo, del poquísimo que hay, haciendo cualquier otra cosa.

Ahora sí ya me voy a desayunar porque no sé si por la falta de micronutrientes es que acabo de escribir esto.

¡Vivo con entusiasmo!