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Tu criterio y el Internet

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«Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas».
–Humberto Eco.
Filósofo y escritor italiano.
Fuerte pero real. Hoy en día el Internet le ha dado voz a cualquiera, así, juzgo que el problema no es el Internet, sino el criterio del lector. Citando el concepto entero de Humberto Eco (publicado por el diario “La Stampa”):

«Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles. Si la televisión había promovido al tonto del pueblo, ante el cual el espectador se sentía superior, el drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo como el portador de la Verdad».

Estoy totalmente de acuerdo con Eco. Atestiguo lo delicado que es. En mis momentos de sensibilidad, hasta me extraña, por no decir me duele, ver lo que publican amigos y conocidos míos en sus redes sociales. Estamos en tiempos de frente elecciones presidenciales en mi país y de muchos otros niveles de gobierno y al mismo tiempo en el Mundial de futbol. Increíble lo que se asoma por las redes sociales, incluso de personas que juzgo inteligentes y sensibles. ¡Cuánta necesidad tenemos los seres humanos de ser escuchados! Todos queremos opinar y anhelamos reconocimiento. Ya el mismísimo fundador de Instagram, quien recientemente renunció al corporativo de Facebook, dijo: “…desde un principio supimos lo que íbamos a hacer a la gente con la opción de “like” en las publicaciones que haría, creamos una droga, sabíamos de la adicción que esto generaría”. El ego anhela ser reconocido, tanto, que la gente se atreve a publicar cualquier estupidez para, segundos después, sentirse importante por la cantidad de “views” o “likes” o comentarios que espera ver en su publicación. El consumidor promedio de redes sociales cada rato entra a ellas para ver cómo avanza la aceptación y el aplauso hacia sus comentarios. El plan fue perfecto. Las redes sociales se diseñaron para alimentar una tremenda necesidad del hombre común, su sed de reconocimiento. Vamos, es tal esta necesidad, que hasta por ella se publican cualquier cantidad de estupideces. Esto, adicionado de la pereza e incapacidad intelectual que la persona promedio tiene para escribir, ha hecho que ahora impere la red social de “sólo fotografías” (“Instagram”). Se trata de no tener que pensar, sino buscar el reconocimiento de la manera más sencilla. La necesidad de reconocimiento es enorme en la persona promedio, es su necesidad para afirmar su existencia. Las redes sociales se diseñaron incluyendo satisfacer esa necesidad. Un experimento humano extraordinario… con sus deletéreas consecuencias en algunas de sus partes, como en todo experimento. Por lo que reflexiono hoy aquí, desde hace muchos años he filtrado mis redes sociales para leer sólo de aquellos que tienen autoridad y me aportan valor, para mi criterio. Sin embargo, aún así, es tan rebosante la “invasión de los imbéciles” que se filtra por alguna red social la opinión de varios de ellos. ¡No quiero pensar en las redes sociales de personas que no han hecho un inteligente filtro, de esa gente que ha aceptado a cualquiera y se siente importantes por tener miles de “amigos” en Facebook! Qué espanto ha de ser navegar por una red social así. En fin, regresando al tema, hoy es más importante de lo que imaginas el saber distinguir y elegir con inteligencia lo que vas a ver.

En varias de mis conferencias he explicado un enorme poder que el ser humano tiene: dar vida. Pero no me refiero al instinto animal de la procreación, no, ese es natural a la especie, me refiero a algo muy superior: el humano da vida a todo aquello que ve. Ver da vida a lo observado. Tú le das vida a todo aquello que eliges ver, fotografías, noticias, libros, blogs, lugares, personas, todo, absolutamente todo. ¿¡Alcanzas a entender la magnitud de ese poder!? Es sobrecogedoramente abrumador. Por eso, en mi filosofía de vida, Nueva Conciencia, he insistido por más de 25 años, que tengas mucho cuidado con lo que ves, porque por ese simple y poderosísimo hecho, empezarás a sembrar las semillas de realidad que florecerán después en tu vida cotidiana. Explicando amplísimamente esto escribí mi libro, La fuerza del pensamiento. La mente humana siempre atrae lo piensa, y se piensa como consecuencia de la información que se tiene, y se adquiere información esencialmente por lo que se ve (también por lo que los otros órganos de los sentidos aportan, pero la vista aporta más del 80% del aprendizaje). Qué tremendo, ¿no crees? De lo que veas, adquirirás información, de la información que introyectas, surgirán tus pensamientos, y de éstos se gesta la acción, y de ésta surgen naturalmente los resultados en tu vida. Todo empezó viendo. El gran reto para tu superación personal y sano desarrollo humano es elegir bien qué vas a ver.

¿Tú invitarías a platicar a tu casa para conferirle tu atención a un narcotraficante o a un violador o a un político corrupto o a alguien dedicado a dañar a las personas mediante su maltrato verbal o físico, o a un imbécil? Me imagino que tu respuesta sería un rotundo “no”. Por eso es tan maquiavélicamente perfecta la puerta de entrada de las redes sociales, porque si les cierras la puerta de tu casa a todas esas malas influencias, las redes sociales representan la puerta que dejas abierta de par en par, y en todo momento, para que les permitas a todas esas personas entrar fácil y rápidamente a ti, no tan sólo a tu casa, a ti, a tu ser mismo, y con gusto y de forma adictiva. Si te detienes a pensar un poco en esto, es alarmante.

Desde hace muchos años, desde que inicié la filosofía Nueva Conciencia, más de 25 años ya, un mensaje central de mi discurso era –y sigue siendo–: no veas televisión. Yo llevo años, décadas, de prácticamente nunca ver televisión. El aparato televisor que tengo en casa lo uso esencialmente como monitor, para ver en él lo que yo decido. Son tantos, tantos los años que tengo sin ver televisión, pueden pasar meses y meses sin prenderlo, que cuando lo hago, tengo que confesarlo, me viene una emoción tan enorme por el efecto de la novedad que me alegra el momento. Hace un par de días prendí el televisor para ver un partido de futbol de la selección mexicana en el Mundial, prendí el televisor unos 20 minutos antes del inicio, aproximadamente. Debo confesar que hacía tantos años que no veía un comercial, que en uno de ellos reí a carcajadas y en otro, de verdad, se me asomaron lágrimas en los ojos, sólo de estar pensando: “… qué talento tan enorme tuvieron que tener los creativos de esta campaña publicitaria, ¡qué ideas!, ¡qué producción!, ¡qué admirable desafío de comunicar tanto en tan solo 15 segundos! Qué gran actuación, qué colores tan maravillosos eligieron y qué perfecto fue el “casting”. ¡Qué extraordinaria gesticulación del modelo! Qué ideal fue la música de fondo para ensalzar el texto del anuncio, en que “timing” tan perfecto se sonorizó un atrayente de la atención, qué gran voz del locutor, qué gran talento creativo en lo global. Todo eso me hizo llorar en un anuncio, de verdad. Y luego sentí emoción de tener esta capacidad para emocionarme y admirar. Quizá mucha de esta capacidad está sustentada en prácticamente nunca ver televisión, salvo en estos raros casos (ocasionales partidos de un Mundial que sucede cada cuatro años) y sentir el efecto de la novedad, y claro, sin negar que mi conocimiento de muchas áreas involucradas en la comunicación, me permiten admirar y ser sensible a ciertas experiencias. Terminó el partido y apagué el televisor. ¡Bum! Qué intenso silencio se hizo. Luego del constante bullicio de la afición por dos horas, el silencio total. Al intentar apagar otro aparato, por accidente prendí el televisor y entró en pantalla un clásico programa de televisión matutino de revista… soporté verlo escasos tres minutos… paja, basura, entretenimiento vacío, burdo, como siempre ha sido ese programa. Y cuando apagué el televisor y me quedé pensando un rato en lo que vi, me resultó tan natural lo fácil que es manipular a la gente con esa fórmula: primero los entretenemos alimentando su estupidez con clases magistrales de ella, para luego escuchar propuestas políticas que esa gente podrá cree ahora tan fácilmente. Todo cuadra.

En esta época de la vida, así como hace años, por Nueva Conciencia, recomendaba –y sigo recomendando– jamás ver televisión, ahora debo decir: no veas tantas redes sociales. Siento que aquí, no podría decir que no las veas en absoluto, porque quizá sería negar cierto tipo de evolución (las redes sociales tienen sus partes extraordinarias, verdaderamente positivas y generadoras de evolución), pero sí debo decirte enfáticamente: deja de ver “tantas” redes sociales, “tanto” tiempo y, además elige con inteligencia a quién dejas entrar a tu ser. ¡Usa el enorme poder que tienes en la punta de tu dedo al poder hacer “clic” en el botón eliminar! Yo lo uso con frecuencia. Si en mi Twitter (@alejandroariza) aparece un texto que siento negativo para mi ser, en ese instante dejo de seguir a esa persona o la persona que lo retuiteó. Cierro la puerta de mi ser a una influencia negativa. Ahora bien, sé que para que hagas esto requerirás de criterio, y este es otro tema, como enorme desafío.

El diccionario de la RAE define la palabra criterio como: “norma para conocer la Verdad”, “Juicio o discernimiento”. Es la capacidad o facultad que se tiene para comprender algo. Y precisamente aquí está, de lleno, el enorme reto para ti. ¿Tienes esa “capacidad”? ¿Sabes cuál es esa “norma”? ¿Conoces lo que implica tener juicio propio? Las normas son reglas… ¿qué reglas tienes autoimpuestas para ti, para tu propia mejora, para tu evolución? Porque esa norma formará parte de tu criterio, de ella te surgirá la fuerza para hacer clic en el botón “delete” (borrar, eliminar), o seguir leyendo a alguien o viendo sus fotografías. Si no tienes reglas en tu vida, límites, esa norma esencial de tu criterio, te permitirás ver cualquier cosa, lo que publique incluso un cualquiera, un imbécil, un perfecto desconocido para ti. Hasta las malas noticias te serán una fuente de entretenimiento (como lamentablemente siempre lo han sido). Mi sugerencia: entretente con otra cosa por favor.

Para que logres discernir, necesitas inteligencia, por estudios y por experiencias de vida. Necesitas leer de fuentes de gran valor y requieres atreverte a vivir. Todo ello, irá gestando tu criterio. Por lo mismo, mientras más joven, naturalmente menos criterio, y de ahí el tremendo impacto de las redes sociales, consultadas fundamentalmente por jóvenes. Pero aquí no quiero circunscribir esto a dichos mozos años, sino que, independientemente de la edad, se puede seguir siendo alguien sin criterio, el delicado caso de aquel que nunca aprovechó el tiempo, la oportunidad para estudiar y atreverse a vivir aprendiendo de la experiencia… y así, pudiendo llegar a una edad muy avanzada. A todo este tipo de gente me refiero. Y te reto a que analices si estás dentro de este grupo, gente a quien le falta ese criterio, hoy tan indispensable, frente a la puerta abierta de par en par que todo mundo tiene en la palma de su mano, trayendo en su celular abiertas sus redes sociales. Tu criterio lo irás forjando mientras más estudies y leas buenos libros, blogs extraordinarios, escuches a gente sensata e inteligente, para luego sacar tus propias conclusiones. Necesitas dedicar tiempo de estudio, tiempo de calidad, para crear tu criterio.

Citaré algunos ejemplos que me vienen a la mente en mi columna de hoy donde, por falta de criterio, se expande un daño, donde hasta en algunos casos me llegó a salpicar un poco. Hace unos meses, recibí un mensaje por whatsapp donde un joven paciente mío me decía que lamentablemente no podría asistir a su consulta conmigo porque su mamá le había suplicado, implorado, casi volviéndose loca, que por favor no saliera de su casa porque iba a suceder un terremoto ese día en la Ciudad de México. Recuerdo que le respondí que si verdaderamente creía en eso y me contestó que no, pero que su mamá sí estaba como loca y que su papá pues también estaba preparándose para la catástrofe. Yo me encontraba muy tranquilo, como suelo siempre estar. Acto seguido, y sin solicitárselo, me envió el texto que gestó ese pavor en sus padres. Según esto, un texto publicado por un “experto” en predecir terremotos. Dudé en leerlo… pero caí en la estupidez de verlo. Alarmante, escalofriante, tremendamente aterrorizante. Por segundos sentí temor (bien fundado dado a mis experiencias personales en el tema “y por ver el texto, por leerlo”). Sentí temor por los que amo, más que nadie. De hecho, me llama la atención que jamás sentí temor por mí. Sólo por mis seres amados. Segundos después, volvió a mí mi Nueva Conciencia, a mi paz, a mi centro. ¡Nadie puede predecir terremotos! Y menos con una exactitud como lo informaba el texto en un especio de dos horas, advertía que sucedería entre las 3:00 y las 5:00 PM. ¡Hazme el chingado favor! Y mira nada más, aún así, hablé a mi oficina para, en privado, comunicarlo con alguien especial para mí, como queriéndole advertir, pero al mismo tiempo comunicando lo absurdo y estúpido que era ese comunicado por parte del “experto” (Humberto Eco diría que se trataría de un digno ejemplar de esa legión de imbéciles), pero para llevarme la sorpresa de que a quien se lo dije, alguien que tengo en alta estima y admiración ante su capacidad, me dijera: “…no, pero hay que estar alerta porque ese tipo sí es un experto”. ¡Dios! Ahí ya no supe que hacer. Luego, al conversar, me confesó esa persona que llevaba varios días leyendo del tema y fue tanta su angustia… ¡que se puso a investigar más sobre el tema! ¡Vio más de los textos del “experto”! (¡le dio más vida a la noticia!). Luego pasó el tiempo, pasaron luego de las 5:00 PM, donde no se movió ni un ápice la tierra, qué ganas tuve de hablarle a mi paciente y decirle unas cuantas cosas. Luego pensé que la realidad ya se las debería de haber gritando, sobre todo a su mamá. Conozco el nivel intelectual de esa señora, es francamente muy bajo. Así, no hay criterio, así entran las malas noticias y les da vida con tremenda facilidad. Luego, para colmo, la otra persona, la que investigó más, me dijo que no se trataba de “hasta las 5:00 PM” la posibilidad de terremoto, sino que hasta el día 5 del mes entrante, que quizá estuviera mal escrito el texto que me llegó. ¡Increíble! Pues he de confesar que todos los días, algunos segundos, existía cierta zozobra en mí ante tal amenaza, pero afortunadamente mi criterio me hizo olvidar rápidamente. Pasaron los días, pasó el día 5 del mes siguiente y la tierra no se movió aquí en la Ciudad de México como lo futurizaba el “experto”, incluso al nivel de exterminio de la población de la ciudad. Qué interesante sería ver a toda esa gente hoy en día que se angustió tanto y que le creyó. Esta experiencia DEBE SER parte del criterio que ser forma mediante atreverse a vivir e investigar y que, a partir de ya, cuando ese “experto” opine quede sólo reírse o, mucho mejor, jamás permitir que la opinión de ese llegue a ti. Quedó demostrada tan sólo su necesidad de hacerse publicidad, su sed de reflectores, pero nada más de ahí. ¡Criterio! ¡Criterio!

Más adelante, me encantó la lógica de alguien tan importante para mí, cuando me confesó su angustia luego de haberse puesto a ver más del “experto”, pero llegando a la conclusión platicándome: “…luego de no poder dormir varios días, mejor pensé: bueno, todos nos vamos a morir algún día, la muerte es lo más normal del mundo, que llegue cuando sea, no hay que preocuparse de nada”. Voilà! Gran mejora basada en criterio.

Otro ejemplo de estos días: las abrumadoras calumnias que se publican de todos los candidatos presidenciales. De verdad, ¡qué manera de querer confundir al elector! Sí, está en juego mucho dinero. Aquí podría poner una lista casi interminable, pero prefiero agrupar todas en el concepto mismo de esta columna. Amigos míos que juzgo inteligentes, cayendo en el engaño y haciendo clic en “compartir” para de inmediato viralizar una nota alarmante, falsa. Recuerdo que a más de uno le envié la evidencia de su error, cuando yo, mucho antes de compartir nada, investigué, leí, analicé y encontré la manipulación de la noticia y la evidentísima mentira que se expresaba en ella, solo con fines de desprestigio. Recuerdo que mi amigo me escribió en privado y me dijo: “¡Oh!, no sabía, qué bueno que me dijiste. Ya preferí entonces mejor borrar mi publicación”. Claro, yo había puesto mi opinión corrigiéndolo públicamente y si la dejaba, quedaría como tonto. A nadie nos gusta sentirnos tontos y mucho menos que quede públicamente demostrado. ¡Criterio! Sé que, en este punto, mucho se puede debatir, precisamente porque se trata de un ego colectivo. En mi libro, El verdadero éxito en la vida más allá del ego, expliqué desde hace muchos años cómo, si algo le caracteriza al ego, es una pasión por ganar y demostrar que ganó. Esa es la esencia del ego. El ego colectivo de grupos sociales hace gala en época de elecciones. Imagínate la combinación: ego colectivo más ignorancia abrumadora gestante de total falta de criterio, más redes sociales. Pues ahí radica esta tragedia social. Desde muy afuera, como me gusta observar las cosas, me resulta tan delicado el que tantas “voces” (de esas de las que habla Humberto Eco) publiquen que México podría caer en una tragedia social como la de Venezuela, que si eso sucede, dudo mucho que sea por el candidato que llegó al poder, sino más bien por tanto ver y publicar ese tipo de advertencias. Una vez más… la fuerza del pensamiento. A lo que ves le das vida. Y aquí viene a mi mente, imponente, uno de los conceptos más bellos y trascendentes que he aprendido en mi vida, una ley inexorable, para sintetizar lo que publiqué en mi libro, La fuerza del pensamiento:

«Habiendo visto y sentido el fin,
tú has dispuesto los medios para la ejecución del fin».
–Thomas Troward.

Éste celebre autor inglés, influenciado por el movimiento del Nuevo Pensamiento y el cristianismo, atinó a expresar una ley universal. ¡Ley! Inexorable. Necesito que entre hasta lo más profundo de tu ser la trascendencia de su implicación. Ve y lee de nuevo y despacio: “Habiendo visto y sentido el fin, tú has dispuesto los medios para la ejecución del fin”. Lo que yo digo en Nueva Conciencia: a todo aquello que veas le das vida. Troward lo expresa con maestría: “Habiendo visto y sentido el fin…”, es decir, por citar un gran ejemplo, todo eso que ves en tus redes sociales, tantas veces, que llegas a sentir la preocupación o angustia, ahí has visto y sentido el fin, anticipadamente, imaginando, del tal manera, hasta con videos, su música trágica de fondo, la voz alarmante, los textos amenazantes, que ahí “…tú has dispuesto los medios para la ejecución del fin”. Sí querido lector, querida lectora, mucho de lo que suceda en este país, energéticamente hablando, por ley universal inexorable, más sucederá por lo que vieron y sintieron como expectativa muchos, que por la llegada al poder de un candidato u otro. Si me preguntaras qué fue primero, el huevo o la gallina, yo te diría: el pensamiento.

Ten cuidado con lo que ves en tus redes sociales y compartes. Desarrolla criterio y aplícalo. Sé más responsable del poder que tienes en generar o compartir algo. Recuerda uno de mis principios esenciales en mi filosofía Nueva Conciencia: cuando comunicas una tragedia, ahí mismo tú te conviertes en parte de esta. Puede darse el caso, respetuosa y naturalmente, de que no tengas criterio, pero ¿sabes?, yo creo que en muchos casos no se trata de que no tengas criterio, sino más bien en que no te das el tiempo de aplicarlo. Vivimos una época donde vamos muy de prisa, y más en redes sociales. Desarrolla criterio, y si lo tienes, date el tiempo para aplicarlo. Date tiempo. Este breve y famoso cuento puede aportar a tu criterio:

Las tres rejas de Sócrates.
Cuentan que un joven discípulo de Sócrates llegó un día a la casa del filósofo y le dijo:
– Escucha, maestro. Un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…
– ¡Espera! –interrumpió Sócrates- ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
– ¿Las tres rejas?
– Sí. La primera es la Verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente verdadero?
– No. Lo oí comentar a unos vecinos.
– Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la Bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguien?
– No, en realidad, no. Al contrario…
– ¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
– A decir verdad, no.
– Entonces –dijo el sabio Sócrates sonriendo- si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Un último ejemplo en mi catártica columna de hoy: hace unos días vi que un amigo, a quien considero con criterio, compartió en su Facebook un video de un… no sé cómo decirlo… un…, comunicador, por dejarlo ahí. El comunicador afirmaba: “Para tener éxito queridos emprendedores, para ganar dinero, olvídate de lo que algunos “motivadores” (aquí lo expresaba con tono de burla) te recomiendan que hagas, de que hagas lo que amas, u otros que dicen que analices para qué eres bueno y eso hagas… ¡no! Nada de esto te servirá. La clave es (y aquí lo expresaba en tono como si fuera sabio y como si nadie más que él lo supiera): dale al mercado lo que el mercado quiere”. Luego se contradecía expresando al inicio de su video que el éxito está en la intersección de esos tres aspectos, pero al final del mismo video diciendo que al mercado “le vale madre” lo que ames o para lo que seas bueno. Me dio gusto que cuando vi ese video, se trataba de alguien a quien yo, hace muchos meses, lo eliminé, lo borré. Lo seguía hace algún tiempo, pero conforme lo escuchaba y, bajo mi criterio, lo percibí inadecuado. Y ahora que se apareció su video en el Facebook de un amigo, lo confirmé. Lo que propone este tipo en ese video podría llamarse: “Sé una prostituta del mercado y triunfarás”. Si el mercado quiere senos, dale senos, si el mercado quiere hacer el amor a las 10:00 PM, a esa hora sal y ábrete de… brazos, si el mercado quiere droga, consíguela y véndela. No señor, no, no estoy de acuerdo en obedecer así al mercado como fuente de riqueza y éxito sin más, eso sería ser una prostituta del mercado y no tener misión existencial ni un marco de ética y ecología que circunscriba mi servicio al mundo, sino ser un “emprendedor” a conveniencia (para que se oiga mejor), haz lo que sea, con tal de darle gusto al mercado, incluso si fuera en contra de ti mismo, todo justificado por ser emprendedor y ganar dinero. ¡No estoy de acuerdo! Repito, me alegré de haber eliminado de mi Facebook a tal sujeto. Pero qué delicado fue ver que, alguien que yo considero con criterio, lo compartiera. Si yo siguiera la recomendación del aquel sujeto, vería que el mercado en México quiere muchas cosas… que yo no hago, que yo no amo y para que lo que no soy bueno. Qué triste sería mi historia. Hasta vería con el rigor de la evidencia que el mercado mexicano quiere muchas cosas menos leer… así entonces yo no hubiera publicado nunca los 14 libros que llevo escritos hasta el momento. No, yo preferí confiar en dedicarme a hacer lo que amo. Y mira, sí hay mercado, mira cómo tu has alcanzado a leer esta columna incluso hasta aquí. Sí, hay gente que lee, gratis y pagando por ello. Dios deposita talentos en ti, luego de haber creado un mercado al que le urgen recibirlos. El plan de Dios es perfecto. Te repito mi filosofía de vida, una filosofía que creé y llamé Nueva Conciencia desde diciembre de 1992: Para triunfar en la vida, –y a mis pruebas me remito– a mí me basta con descubrir qué es eso que amo hacer, de tal manera, entendiéndolo como un regalo de Dios para obedecerlo con enorme placer, que se abrirá un mercado para mí talento de manera natural, consecuente y abundante. Dios no puso talentos en nosotros si no antes creó un mercado urgido de ellos. Por eso publiqué en mi página pública de Facebook (@Dr.AlejandroAriza) hace unos días algo en lo que creo: “Soy una persona muy importante para Dios, porque soy Su empresa viviente”. Si haces lo que amas, te aseguro que hay gran mercado para ello. Hay mercado para todo.

Tu criterio y el Internet, podría ser tema de todo un libro, pero hoy no pude contener mi placer por escribirte. ¿Sabes? Yo mismo soy otra “mera opción” de publicaciones en Internet. ¡No me creas en nada de lo que digo! Nunca. Mejor te sugiero que sencillamente me leas, me veas o me escuches (y si quieres), y filtres por tu criterio si mis propuestas de Nueva Conciencia aportan valor a tu vida o no. Tú eres el del poder sobre ti. Tú eres quien decide si mis reflexiones te aportan valor o no, tú eres quien decide si mi análisis te ayuda para forjar tu criterio o no, tú eres quien decide si me eliminas de tus redes sociales o compartes lo que publico. Tú tienes ese gran poder, para conmigo y para con todos y para con todo. Yo solo iba pasando por aquí publicando lo que amo hacer en mi vida: dar conferencias y escribir como experto y autor en desarrollo humano y superación personal, comunicar ideas que te sirvan de autoayuda, invitar a la reflexión. Si algo he aprendido en mi vida, amorosa y pacíficamente, es que jamás intento convencer a nadie de nada, sino simplemente informo, comparto mis ideas, y hasta ahí llego. Intentar convencerte de algo sería colonizarte, y eso jamás está en mi intención. Sugiero que hagas lo propio. No intentes convencer a nadie, de nada, nunca. Intentar ocupar un territorio ajeno (la mente de otro) para explotarlo o dominarlo es deletéreo para todos los involucrados al final de la historia. Forja tu criterio, aplica tu criterio, filtra por tu criterio y comunica responsablemente al permitir que tus ideas las vean otros, porque en ese acto le dan vida, y ahí mismo, puedes hacer que viva un monstruo o una divinidad. Tú y yo y todos los que veamos eso, seremos aplastados por ese monstruo o bendecidos con esa divinidad.

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.

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La bendición de una tragedia.

París y los ataques terroristas perpetrados ayer en esa ciudad…, experiencias que me ponen a pensar. Cada vez me impresiona más el enorme poder de una tragedia de enormes magnitudes… para unir a la gente. Quizá por eso, cuando alguien o algo ve que estamos tan separados, la bendición para unirnos es que nos envíe una gran tragedia. Esto se ve tanto a nivel mundial (como ayer) como a nivel pareja, ¡incluso entre dos personas nada más! No saber amar nos hace unirnos de la única manera en que muchos saben, la única que saben, a través de la violencia. Parejas que cuando se sienten desatendidas, solas o discriminadas inician un pleito por cualquier cosa… ¡precisamente por ser la única manera de que el otro o la otra les preste atención, ya que a través precisamente de atender intentando solucionar ese problema, la pareja desatendida ahora vuelve a recibir la atención que necesita al relacionarse así con el otro o la otra, un problema nos relaciona, nos atrae para solucionarlo, entonces lo creamos para atraer al otro o a la otra. No sabemos unirnos tan fuertemente de otra manera. Ese trascendente conocimiento no está matriculado en ninguna escuela como materia obligatoria. Al sistema le interesa más que te prepares mejor en matemáticas que en relaciones humanas. Con ciertas materias se puede mantener a la sociedad separada sin que descubran el poder que habría en su unión. En nuestra naturaleza humana está la tendencia a unirnos… pero no sabemos la mejor manera.

Si en las redes sociales y medios masivos de comunicación se hablara con la misma velocidad de publicación que en una tragedia acerca de unirnos y de “estar con” la gente pero cuando está bien y feliz, cuando hay plétora de amor, cuando se puede generar un negocio extraordinario si lo hacemos juntos, cuando se esté viviendo un gran estado de salud y descubrimos cómo lograrlo, cuando un país gana medallas de oro, cuando en una ciudad hay un grupo de personas que acaban de inventar algo fabuloso para la humanidad, cuando un autor y su editorial con las librerías de una ciudad sacan a la luz un texto que puede cambiarle la vida al mundo, cuando un grupo de cientificos descubre -como ha sucedido- la solución a una gran enfermedad, si en ese tipo de momentos nos uniéramos como en las grandes tragedias y todo el planeta empezara a publicarlo en las redes sociales y medios masivos de comunicación repitiendo la noticia una y otra y otra y otra vez con diferentes acercamientos y tomas, con entrevistas a expertos opinando de esa buena noticia, interrumpiendo la programación de los canales de televisión para informar… ¡Uf! Eso sería el paraíso aquí en la Tierra. Sería auténticamente una nueva conciencia en la humanidad. Pero no. Las buenas noticias, por más espectaculares e impresionantes que fueran, no les damos esa publicidad como, por ejemplo, a la tragedia de ayer en París. (Y eso es algo bueno, extraordinariamente bueno, como te lo explicaré más adelante).

Ayer noté el comportamiento de los medios, específicamente el de CNN, extremadamente parecido en el formato a cuando se sucedió el ataque a las torres gemelas en septiembre 11. Increíble que hasta ya existan fórmulas taquilleras de nota roja o amarilla para mantener al televidente prendido del televisor. Ayer noté clarísimamente cómo, por falta de más información al apenas estarse generando los hechos, lo poco que se sabía se repetía una y otra y otra y otra vez para llenar el tiempo al aire de transmisión. Llegó un momento en donde incluso en Foro TV, el canal de noticias permanentes al estilo Televisa, la periodista decía: “Aquí tenemos el sonido de una explosión mientras se jugaba en el estadio de futbol un partido amistoso entre Francia y Alemania, escuche usted…”, se hacía un ex profeso silencio previo, lo que en comunicación se llama “pausa dramática”, y se escuchaba “¡Boom!”. La periodista continuaba: “…a ver, una vez más escúchelo bien…” y la producció subía el volumen… ¡Boom! Y otra vez… ¡Boom!, noté cómo la producción del noticiaro hacia un poco de “rewind” al trazo, y una cuarta vez, ¡Boom! Yo creo que estaba teniendo un orgasmo el productor o productora del noticiero con cada ¡Boom! Así son. Conozco el medio. El objetivo es asustar, dramatizar un hecho aislado repitiéndolo una y otra y otra y otra vez. El objetivo: aumentar el rating de los ya bajos puntos que hoy tiene la televisión. La tragedia les trae su Navidad a los medios de comunicación porque sus ventas se elevan como no se lo esperaban en este fin de semana. Mientras escribo esta columna es la mañana de este sábado 14 de noviembre del 2015, no he salido de mi casa -ni pienso hacerlo de tanto que tengo que hacer y trabajar aquí adentro- pero podría apostar que los puestos de revistas están atestados de periódicos con fotos trágicas en primera plana compitiendo por las ventas del día. Se venderán como no se habían vendido periódicos en mucho tiempo. Imagino perfecto cómo las fábricas y la editorial de los periódicos del mundo no durmieron ni un solo segundo anoche para sacar la mejor de las fotos y la nota más detallada comunicando de la manera más espeluznante y dramática lo que de por sí ya es una tragedia. “Business are business… and this is the moment!”.

Atrás del gran negocio para los medios que será el aprovechar esta enorme tragedia, y atrás de la sincera condolencia que llego a sentir yo por los afectados, atrás de un dolor extraño que no puedo negar que siento así como en el pecho al ver tragedias de este nivel y todo lo que implica… quiero volver a afirmar lo que digo en varias de mis conferencias, y sé que éste es el momento ideal para recordarlo: detrás de toda tragedia hay oculta una bendición.

¿Por que publicamos con mayor fuerza y más frecuencia la tragedia que las dichas y las bendiciones? Porque somos más proclives a lo malo que a lo bueno…? Porque hay más pesimistas que optimistas…? ¡No! Descubre que no. Tenía que decirte esto. El cerebro humano está diseñado para sentir automática atracción y asombro hacia lo que percibe súbita y novedosamente diferente. ¡Así funciona el cerebro! Por ejemplo, si vamos caminando por la calle y vemos un largo camino de arbustos, todos perfectamente bien arreglados a lo largo de toda la acera, pero uno, solo uno de ellos tiene una rama salida, ¡el que nos llama la atención y al primero al que hacemos referencia por extrañamente diferente a la mayoría es precisamente ese, el de la rama salida! Lo vemos automáticamente como el que está mal, es decir, el mal cortado, cuando la abrumadora mayoría a lo largo de toda la acera o incluso de varias aceras, están bien, muy bien arreglados. Es el funcionamiento de nuestro cerebro emocionándose para detectar automáticamente las diferencias más extrañas y así estimularse. Es ver rápida y casi automáticamente la mancha negra en el esmóquin blanco, por más pequeña que sea la mancha. El área de la tela del perfecto, albeante y hermoso esmóquin blanco es mucha, mucha mayor al área de la pequeña mancha negra, pero precisamente por eso “nos brinca” la mancha negra, nos llama la atención precisamente por rara, por ser algo tan fuera de lo normal. Por eso llevo años, muchos años afirmando categóricamente en mis conferencias cinco palabras que debes tatuarte en tu ser: “Lo normal es estar bien”, y es algo tan, pero tan normal, un estado en el que viven tantas y tantas mayorías, que la tragedia es la mancha negra en el esmóquin blanco de la paz y la tranquilidad que reinan en abrumadora mayoría del tiempo y con mayor fuerza en la vida de las enormes mayorias. Entender a plenitud el funcionamiento de nuestro cerebro en este aspecto es descubrir que cuando se publica una tragedia con tanta fuerza implica la bendición de la tragedia: descubrir que la abrumadora mayoría de todos, la mayor parte del tiempo, estamos bien, muy bien. Por eso “nos brinca” la tragedia. Nuesto cerebro -e historia- es el primero que saben a ciencia cierta esas cinco palabras: lo normal es estar bien. Por eso cuando ocasionalmente no lo estamos, nos llama tantísimo la atención.

La bendición de una tragedia es descubrir, por como se publica y se habla de ella, que es lo menos frecuente, lo raro, lo excepcional. La mayoría, la abrumadora mayoría, está bien. El mal refulge solo cuando de base existe mayoritariamente el bien. Bajo esta línea de reflexión, si la mayoría de las cosas estuvieran mal, muy mal, ahora lo que sería noticia -ahora sí- sería lo bueno, lo extraordinariamente bueno. Entonces las redes sociales y los medios masivos de comunicación estarían dramatizando un avance científico transformador para la humanidad, un acto de amor sin precedentes, etc., etc., etc. Pero no. ¡Gracias a Dios que no! Gracias a Dios que lo que más se publica y de lo que más se hace alarde son las tragedias! Es la confirmación de lo excepcionalmente raras que son. La bendición de una tragedia cuando vemos cómo se dramatiza la noticia de su surgimiento es la confirmación implícita de que la mayor parte del tiempo, para el mayor número de personas, todo está bien, la mayoria vive en dicha y bendición. ¡Y qué bueno que la mayoría estemos bien! Porque de esa manera somos el poder inexterminable que de inmediato tiene la fuerza para brindar ayuda a aquella pequeña parte que se ve afectada por la tragedia. El cuerpo humano entero está sano, y quizá solo unas cuantas células, hasta incluso solo un órgano puede enfermar, para que de inmediato y con una gran fuerza el sistema inmunológico corra en ayuda reparadora de esa pequeña parte que sufre. Si así vemos a la humanidad, como un solo cuerpo, hoy le tocó a una parte, algunas áreas de París enfermar, y de inmediato el sistmea de alerta se prendió (las noticias) para que los macrófagos y células del sistema de defensa, muchas personas, entráramos en oración y reflexiones que aporten luz a la pequeña parte de la humanidad afectada, otros muchos incluso con ayuda física presencial en el lugar de los hechos. ¡Los buenos somos más! Siempre. No se nos hace mucha publicidad como a los malos, precisamente por la bendición que hoy te he explicado aquí, porque somos mayoría, lo normal es que la gente sea buena, así, solo llama la atención, solo es noticia lo extraño y fuera de lo normal, el malo, el extrañamente minoritario.

Ahora… viene un reto para “los muchos buenos” frente a una tragedia generada por “los poquísimos malos”: no contaminarse con el odio de los primeros. Es una de las paradojas más grandes en este tipo de eventos: el odio de unos pocos hacia la mayoría les insta a hacerles daño;ese daño que a una pequeña parte de la mayoria se les hace, engendra odio en los afectados hacia los primeros. Así crece el odio…, lo que quierían los primeros. Por eso al odio no se le vence con más odio. Al odio se le desaparece con el amor. Aquí es donde viene la verdadera prueba de bondad de los que se creían “buenas personas”. A unas pocas horas de la tragedia, yo ya leo en las redes sociales a personas en cuyo trabajo, incluso profesional, hablan de hacer el bien, del orden, coaches que se dicen afamados, pero hoy escribiendo hacerca del odio y del repudio que sienten con el Islam o con los responsables y/o con cualquier foto de alguien con armas y turbante. Gente diciendo: “…que se pudran en el infierno”. Ya se unieron a ellos, deseando daño en vez de desaparecerlo. El discriminado a quién le ha dolido tremendamente que lo discriminen, empieza a discriminar a quien lo discriminó. Ironías de la falta de evolución en estados de conciencia. Sí, sí… sé que no es un tema fácil. Sé perfecto que no faltará el lector que en estas líneas ya esté queriéndose quejar o contra argumentar de que no es algo fácil, de que eso solo los santos, de que alguien con autoridad debe ponerles un alto. Todos las perspectivas son opiniones dignas. Yo simplemente estoy expresando lo que alcanzo a entender. Por estas dinámicas sociales hace falta un líder que pare la ley del Talión. Por eso la verdadera transforamción de un Jesucristo, de un Gandhi, de un Kennedy, de un Juan Pablo II. A ser como ellos es que deberíamos de aspirar, porque son este tipo de niveles de conciencia los que hacen desaparecer el odio y el mal, precisamente por no combatirlo con más odio. En fin, por eso yo te propongo, y desde ayer en mis primeras publicaciones en mi fanpage de facebook lo hice, que hoy más que nunca te enfoques en generar actos de un gran amor. Lo que hoy hagas hasta por ti como manifestación de amor, con tu pareja, con tu mascota, con el arte que puedas crear, con un desconocido, con tu familia, con la sociedad si estás en posición, ¡hazlo! Esta energía es la que necesita el mundo para curar una de sus partes heridas. No necesita más odio. Una herida no se cura abriéndola más. Una herida se cura con cuidados y permitiendo que cicatrice.

Mis condolencias y mis oraciones desde anoche están con los afectados por esta tragedia en París, así como desde anoche estoy trabajando con mucho más intensidad que de costumbre sobre lo que ya es normal para mí, estar y ayudar a los demás a sentirse extraordinariamente bien. Esa es mi mayor aportación en estos momentos. Sé que energéticamente sumo más a la solución que al problema. Sugiero que hagas lo propio. Deja de comunica alarde, pena y coraje. Cuando comunicas una tragedia, en ese mismo acto te conviertes en parte de ella. Te lanzo el desafío de que hoy comuniques bien, verdad y belleza. Haz algo que te conecte con la Luz, donde sientas más cerca a Dios y hazlo con mayor fuerza. Si cantas, canta. Si bailas, baila. A mí, por ejemplo, me contecto tremendamente con “algo maravilloso y divino” cuando me pongo a escribir con total concentración, ¡como decidí hacerlo ahora! Y sé que ese algo se expande. Sé que lo debes estar sintiendo. Lo sé. Llevo haciéndolo así casi 25 años. Entonces, hoy era menestar hacerlo también. Anoche dormí tan solo tres horas y media, porque mi mente se volcó a crear más y más estrategias para expandir el bienestar. Así estoy minuto a minutos desde ayer, sintiendo una proactiva ansiedad incontenible por comunicar más y más fuentes de bienestar, por conectar a la gente a que lo viva. Te invito a vivir una nueva conciencia y a expandirla, a ser un líder de una nueva conciencia. Un líder así, de esta talla, de esta altura, actuando silentemente desde su trinchera generando un enorme ruido energético, ese que no se oye, se percibe, ese que se necesita siempre, pero en estos momentos más. Parafraseo a San Agustín cuando dijo: “Ama…, y haz lo que quieras”. ¡Pero ama! ¡Pero haz! Pero ya.

¡Emoción por existir!

-Alejandro Ariza.

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