Destacado

Tu criterio y el Internet

hombre-sorprendido-viendo-su-celular_orig
«Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas».
–Humberto Eco.
Filósofo y escritor italiano.
Fuerte pero real. Hoy en día el Internet le ha dado voz a cualquiera, así, juzgo que el problema no es el Internet, sino el criterio del lector. Citando el concepto entero de Humberto Eco (publicado por el diario “La Stampa”):

«Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles. Si la televisión había promovido al tonto del pueblo, ante el cual el espectador se sentía superior, el drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo como el portador de la Verdad».

Estoy totalmente de acuerdo con Eco. Atestiguo lo delicado que es. En mis momentos de sensibilidad, hasta me extraña, por no decir me duele, ver lo que publican amigos y conocidos míos en sus redes sociales. Estamos en tiempos de frente elecciones presidenciales en mi país y de muchos otros niveles de gobierno y al mismo tiempo en el Mundial de futbol. Increíble lo que se asoma por las redes sociales, incluso de personas que juzgo inteligentes y sensibles. ¡Cuánta necesidad tenemos los seres humanos de ser escuchados! Todos queremos opinar y anhelamos reconocimiento. Ya el mismísimo fundador de Instagram, quien recientemente renunció al corporativo de Facebook, dijo: “…desde un principio supimos lo que íbamos a hacer a la gente con la opción de “like” en las publicaciones que haría, creamos una droga, sabíamos de la adicción que esto generaría”. El ego anhela ser reconocido, tanto, que la gente se atreve a publicar cualquier estupidez para, segundos después, sentirse importante por la cantidad de “views” o “likes” o comentarios que espera ver en su publicación. El consumidor promedio de redes sociales cada rato entra a ellas para ver cómo avanza la aceptación y el aplauso hacia sus comentarios. El plan fue perfecto. Las redes sociales se diseñaron para alimentar una tremenda necesidad del hombre común, su sed de reconocimiento. Vamos, es tal esta necesidad, que hasta por ella se publican cualquier cantidad de estupideces. Esto, adicionado de la pereza e incapacidad intelectual que la persona promedio tiene para escribir, ha hecho que ahora impere la red social de “sólo fotografías” (“Instagram”). Se trata de no tener que pensar, sino buscar el reconocimiento de la manera más sencilla. La necesidad de reconocimiento es enorme en la persona promedio, es su necesidad para afirmar su existencia. Las redes sociales se diseñaron incluyendo satisfacer esa necesidad. Un experimento humano extraordinario… con sus deletéreas consecuencias en algunas de sus partes, como en todo experimento. Por lo que reflexiono hoy aquí, desde hace muchos años he filtrado mis redes sociales para leer sólo de aquellos que tienen autoridad y me aportan valor, para mi criterio. Sin embargo, aún así, es tan rebosante la “invasión de los imbéciles” que se filtra por alguna red social la opinión de varios de ellos. ¡No quiero pensar en las redes sociales de personas que no han hecho un inteligente filtro, de esa gente que ha aceptado a cualquiera y se siente importantes por tener miles de “amigos” en Facebook! Qué espanto ha de ser navegar por una red social así. En fin, regresando al tema, hoy es más importante de lo que imaginas el saber distinguir y elegir con inteligencia lo que vas a ver.

En varias de mis conferencias he explicado un enorme poder que el ser humano tiene: dar vida. Pero no me refiero al instinto animal de la procreación, no, ese es natural a la especie, me refiero a algo muy superior: el humano da vida a todo aquello que ve. Ver da vida a lo observado. Tú le das vida a todo aquello que eliges ver, fotografías, noticias, libros, blogs, lugares, personas, todo, absolutamente todo. ¿¡Alcanzas a entender la magnitud de ese poder!? Es sobrecogedoramente abrumador. Por eso, en mi filosofía de vida, Nueva Conciencia, he insistido por más de 25 años, que tengas mucho cuidado con lo que ves, porque por ese simple y poderosísimo hecho, empezarás a sembrar las semillas de realidad que florecerán después en tu vida cotidiana. Explicando amplísimamente esto escribí mi libro, La fuerza del pensamiento. La mente humana siempre atrae lo piensa, y se piensa como consecuencia de la información que se tiene, y se adquiere información esencialmente por lo que se ve (también por lo que los otros órganos de los sentidos aportan, pero la vista aporta más del 80% del aprendizaje). Qué tremendo, ¿no crees? De lo que veas, adquirirás información, de la información que introyectas, surgirán tus pensamientos, y de éstos se gesta la acción, y de ésta surgen naturalmente los resultados en tu vida. Todo empezó viendo. El gran reto para tu superación personal y sano desarrollo humano es elegir bien qué vas a ver.

¿Tú invitarías a platicar a tu casa para conferirle tu atención a un narcotraficante o a un violador o a un político corrupto o a alguien dedicado a dañar a las personas mediante su maltrato verbal o físico, o a un imbécil? Me imagino que tu respuesta sería un rotundo “no”. Por eso es tan maquiavélicamente perfecta la puerta de entrada de las redes sociales, porque si les cierras la puerta de tu casa a todas esas malas influencias, las redes sociales representan la puerta que dejas abierta de par en par, y en todo momento, para que les permitas a todas esas personas entrar fácil y rápidamente a ti, no tan sólo a tu casa, a ti, a tu ser mismo, y con gusto y de forma adictiva. Si te detienes a pensar un poco en esto, es alarmante.

Desde hace muchos años, desde que inicié la filosofía Nueva Conciencia, más de 25 años ya, un mensaje central de mi discurso era –y sigue siendo–: no veas televisión. Yo llevo años, décadas, de prácticamente nunca ver televisión. El aparato televisor que tengo en casa lo uso esencialmente como monitor, para ver en él lo que yo decido. Son tantos, tantos los años que tengo sin ver televisión, pueden pasar meses y meses sin prenderlo, que cuando lo hago, tengo que confesarlo, me viene una emoción tan enorme por el efecto de la novedad que me alegra el momento. Hace un par de días prendí el televisor para ver un partido de futbol de la selección mexicana en el Mundial, prendí el televisor unos 20 minutos antes del inicio, aproximadamente. Debo confesar que hacía tantos años que no veía un comercial, que en uno de ellos reí a carcajadas y en otro, de verdad, se me asomaron lágrimas en los ojos, sólo de estar pensando: “… qué talento tan enorme tuvieron que tener los creativos de esta campaña publicitaria, ¡qué ideas!, ¡qué producción!, ¡qué admirable desafío de comunicar tanto en tan solo 15 segundos! Qué gran actuación, qué colores tan maravillosos eligieron y qué perfecto fue el “casting”. ¡Qué extraordinaria gesticulación del modelo! Qué ideal fue la música de fondo para ensalzar el texto del anuncio, en que “timing” tan perfecto se sonorizó un atrayente de la atención, qué gran voz del locutor, qué gran talento creativo en lo global. Todo eso me hizo llorar en un anuncio, de verdad. Y luego sentí emoción de tener esta capacidad para emocionarme y admirar. Quizá mucha de esta capacidad está sustentada en prácticamente nunca ver televisión, salvo en estos raros casos (ocasionales partidos de un Mundial que sucede cada cuatro años) y sentir el efecto de la novedad, y claro, sin negar que mi conocimiento de muchas áreas involucradas en la comunicación, me permiten admirar y ser sensible a ciertas experiencias. Terminó el partido y apagué el televisor. ¡Bum! Qué intenso silencio se hizo. Luego del constante bullicio de la afición por dos horas, el silencio total. Al intentar apagar otro aparato, por accidente prendí el televisor y entró en pantalla un clásico programa de televisión matutino de revista… soporté verlo escasos tres minutos… paja, basura, entretenimiento vacío, burdo, como siempre ha sido ese programa. Y cuando apagué el televisor y me quedé pensando un rato en lo que vi, me resultó tan natural lo fácil que es manipular a la gente con esa fórmula: primero los entretenemos alimentando su estupidez con clases magistrales de ella, para luego escuchar propuestas políticas que esa gente podrá cree ahora tan fácilmente. Todo cuadra.

En esta época de la vida, así como hace años, por Nueva Conciencia, recomendaba –y sigo recomendando– jamás ver televisión, ahora debo decir: no veas tantas redes sociales. Siento que aquí, no podría decir que no las veas en absoluto, porque quizá sería negar cierto tipo de evolución (las redes sociales tienen sus partes extraordinarias, verdaderamente positivas y generadoras de evolución), pero sí debo decirte enfáticamente: deja de ver “tantas” redes sociales, “tanto” tiempo y, además elige con inteligencia a quién dejas entrar a tu ser. ¡Usa el enorme poder que tienes en la punta de tu dedo al poder hacer “clic” en el botón eliminar! Yo lo uso con frecuencia. Si en mi Twitter (@alejandroariza) aparece un texto que siento negativo para mi ser, en ese instante dejo de seguir a esa persona o la persona que lo retuiteó. Cierro la puerta de mi ser a una influencia negativa. Ahora bien, sé que para que hagas esto requerirás de criterio, y este es otro tema, como enorme desafío.

El diccionario de la RAE define la palabra criterio como: “norma para conocer la Verdad”, “Juicio o discernimiento”. Es la capacidad o facultad que se tiene para comprender algo. Y precisamente aquí está, de lleno, el enorme reto para ti. ¿Tienes esa “capacidad”? ¿Sabes cuál es esa “norma”? ¿Conoces lo que implica tener juicio propio? Las normas son reglas… ¿qué reglas tienes autoimpuestas para ti, para tu propia mejora, para tu evolución? Porque esa norma formará parte de tu criterio, de ella te surgirá la fuerza para hacer clic en el botón “delete” (borrar, eliminar), o seguir leyendo a alguien o viendo sus fotografías. Si no tienes reglas en tu vida, límites, esa norma esencial de tu criterio, te permitirás ver cualquier cosa, lo que publique incluso un cualquiera, un imbécil, un perfecto desconocido para ti. Hasta las malas noticias te serán una fuente de entretenimiento (como lamentablemente siempre lo han sido). Mi sugerencia: entretente con otra cosa por favor.

Para que logres discernir, necesitas inteligencia, por estudios y por experiencias de vida. Necesitas leer de fuentes de gran valor y requieres atreverte a vivir. Todo ello, irá gestando tu criterio. Por lo mismo, mientras más joven, naturalmente menos criterio, y de ahí el tremendo impacto de las redes sociales, consultadas fundamentalmente por jóvenes. Pero aquí no quiero circunscribir esto a dichos mozos años, sino que, independientemente de la edad, se puede seguir siendo alguien sin criterio, el delicado caso de aquel que nunca aprovechó el tiempo, la oportunidad para estudiar y atreverse a vivir aprendiendo de la experiencia… y así, pudiendo llegar a una edad muy avanzada. A todo este tipo de gente me refiero. Y te reto a que analices si estás dentro de este grupo, gente a quien le falta ese criterio, hoy tan indispensable, frente a la puerta abierta de par en par que todo mundo tiene en la palma de su mano, trayendo en su celular abiertas sus redes sociales. Tu criterio lo irás forjando mientras más estudies y leas buenos libros, blogs extraordinarios, escuches a gente sensata e inteligente, para luego sacar tus propias conclusiones. Necesitas dedicar tiempo de estudio, tiempo de calidad, para crear tu criterio.

Citaré algunos ejemplos que me vienen a la mente en mi columna de hoy donde, por falta de criterio, se expande un daño, donde hasta en algunos casos me llegó a salpicar un poco. Hace unos meses, recibí un mensaje por whatsapp donde un joven paciente mío me decía que lamentablemente no podría asistir a su consulta conmigo porque su mamá le había suplicado, implorado, casi volviéndose loca, que por favor no saliera de su casa porque iba a suceder un terremoto ese día en la Ciudad de México. Recuerdo que le respondí que si verdaderamente creía en eso y me contestó que no, pero que su mamá sí estaba como loca y que su papá pues también estaba preparándose para la catástrofe. Yo me encontraba muy tranquilo, como suelo siempre estar. Acto seguido, y sin solicitárselo, me envió el texto que gestó ese pavor en sus padres. Según esto, un texto publicado por un “experto” en predecir terremotos. Dudé en leerlo… pero caí en la estupidez de verlo. Alarmante, escalofriante, tremendamente aterrorizante. Por segundos sentí temor (bien fundado dado a mis experiencias personales en el tema “y por ver el texto, por leerlo”). Sentí temor por los que amo, más que nadie. De hecho, me llama la atención que jamás sentí temor por mí. Sólo por mis seres amados. Segundos después, volvió a mí mi Nueva Conciencia, a mi paz, a mi centro. ¡Nadie puede predecir terremotos! Y menos con una exactitud como lo informaba el texto en un especio de dos horas, advertía que sucedería entre las 3:00 y las 5:00 PM. ¡Hazme el chingado favor! Y mira nada más, aún así, hablé a mi oficina para, en privado, comunicarlo con alguien especial para mí, como queriéndole advertir, pero al mismo tiempo comunicando lo absurdo y estúpido que era ese comunicado por parte del “experto” (Humberto Eco diría que se trataría de un digno ejemplar de esa legión de imbéciles), pero para llevarme la sorpresa de que a quien se lo dije, alguien que tengo en alta estima y admiración ante su capacidad, me dijera: “…no, pero hay que estar alerta porque ese tipo sí es un experto”. ¡Dios! Ahí ya no supe que hacer. Luego, al conversar, me confesó esa persona que llevaba varios días leyendo del tema y fue tanta su angustia… ¡que se puso a investigar más sobre el tema! ¡Vio más de los textos del “experto”! (¡le dio más vida a la noticia!). Luego pasó el tiempo, pasaron luego de las 5:00 PM, donde no se movió ni un ápice la tierra, qué ganas tuve de hablarle a mi paciente y decirle unas cuantas cosas. Luego pensé que la realidad ya se las debería de haber gritando, sobre todo a su mamá. Conozco el nivel intelectual de esa señora, es francamente muy bajo. Así, no hay criterio, así entran las malas noticias y les da vida con tremenda facilidad. Luego, para colmo, la otra persona, la que investigó más, me dijo que no se trataba de “hasta las 5:00 PM” la posibilidad de terremoto, sino que hasta el día 5 del mes entrante, que quizá estuviera mal escrito el texto que me llegó. ¡Increíble! Pues he de confesar que todos los días, algunos segundos, existía cierta zozobra en mí ante tal amenaza, pero afortunadamente mi criterio me hizo olvidar rápidamente. Pasaron los días, pasó el día 5 del mes siguiente y la tierra no se movió aquí en la Ciudad de México como lo futurizaba el “experto”, incluso al nivel de exterminio de la población de la ciudad. Qué interesante sería ver a toda esa gente hoy en día que se angustió tanto y que le creyó. Esta experiencia DEBE SER parte del criterio que ser forma mediante atreverse a vivir e investigar y que, a partir de ya, cuando ese “experto” opine quede sólo reírse o, mucho mejor, jamás permitir que la opinión de ese llegue a ti. Quedó demostrada tan sólo su necesidad de hacerse publicidad, su sed de reflectores, pero nada más de ahí. ¡Criterio! ¡Criterio!

Más adelante, me encantó la lógica de alguien tan importante para mí, cuando me confesó su angustia luego de haberse puesto a ver más del “experto”, pero llegando a la conclusión platicándome: “…luego de no poder dormir varios días, mejor pensé: bueno, todos nos vamos a morir algún día, la muerte es lo más normal del mundo, que llegue cuando sea, no hay que preocuparse de nada”. Voilà! Gran mejora basada en criterio.

Otro ejemplo de estos días: las abrumadoras calumnias que se publican de todos los candidatos presidenciales. De verdad, ¡qué manera de querer confundir al elector! Sí, está en juego mucho dinero. Aquí podría poner una lista casi interminable, pero prefiero agrupar todas en el concepto mismo de esta columna. Amigos míos que juzgo inteligentes, cayendo en el engaño y haciendo clic en “compartir” para de inmediato viralizar una nota alarmante, falsa. Recuerdo que a más de uno le envié la evidencia de su error, cuando yo, mucho antes de compartir nada, investigué, leí, analicé y encontré la manipulación de la noticia y la evidentísima mentira que se expresaba en ella, solo con fines de desprestigio. Recuerdo que mi amigo me escribió en privado y me dijo: “¡Oh!, no sabía, qué bueno que me dijiste. Ya preferí entonces mejor borrar mi publicación”. Claro, yo había puesto mi opinión corrigiéndolo públicamente y si la dejaba, quedaría como tonto. A nadie nos gusta sentirnos tontos y mucho menos que quede públicamente demostrado. ¡Criterio! Sé que, en este punto, mucho se puede debatir, precisamente porque se trata de un ego colectivo. En mi libro, El verdadero éxito en la vida más allá del ego, expliqué desde hace muchos años cómo, si algo le caracteriza al ego, es una pasión por ganar y demostrar que ganó. Esa es la esencia del ego. El ego colectivo de grupos sociales hace gala en época de elecciones. Imagínate la combinación: ego colectivo más ignorancia abrumadora gestante de total falta de criterio, más redes sociales. Pues ahí radica esta tragedia social. Desde muy afuera, como me gusta observar las cosas, me resulta tan delicado el que tantas “voces” (de esas de las que habla Humberto Eco) publiquen que México podría caer en una tragedia social como la de Venezuela, que si eso sucede, dudo mucho que sea por el candidato que llegó al poder, sino más bien por tanto ver y publicar ese tipo de advertencias. Una vez más… la fuerza del pensamiento. A lo que ves le das vida. Y aquí viene a mi mente, imponente, uno de los conceptos más bellos y trascendentes que he aprendido en mi vida, una ley inexorable, para sintetizar lo que publiqué en mi libro, La fuerza del pensamiento:

«Habiendo visto y sentido el fin,
tú has dispuesto los medios para la ejecución del fin».
–Thomas Troward.

Éste celebre autor inglés, influenciado por el movimiento del Nuevo Pensamiento y el cristianismo, atinó a expresar una ley universal. ¡Ley! Inexorable. Necesito que entre hasta lo más profundo de tu ser la trascendencia de su implicación. Ve y lee de nuevo y despacio: “Habiendo visto y sentido el fin, tú has dispuesto los medios para la ejecución del fin”. Lo que yo digo en Nueva Conciencia: a todo aquello que veas le das vida. Troward lo expresa con maestría: “Habiendo visto y sentido el fin…”, es decir, por citar un gran ejemplo, todo eso que ves en tus redes sociales, tantas veces, que llegas a sentir la preocupación o angustia, ahí has visto y sentido el fin, anticipadamente, imaginando, del tal manera, hasta con videos, su música trágica de fondo, la voz alarmante, los textos amenazantes, que ahí “…tú has dispuesto los medios para la ejecución del fin”. Sí querido lector, querida lectora, mucho de lo que suceda en este país, energéticamente hablando, por ley universal inexorable, más sucederá por lo que vieron y sintieron como expectativa muchos, que por la llegada al poder de un candidato u otro. Si me preguntaras qué fue primero, el huevo o la gallina, yo te diría: el pensamiento.

Ten cuidado con lo que ves en tus redes sociales y compartes. Desarrolla criterio y aplícalo. Sé más responsable del poder que tienes en generar o compartir algo. Recuerda uno de mis principios esenciales en mi filosofía Nueva Conciencia: cuando comunicas una tragedia, ahí mismo tú te conviertes en parte de esta. Puede darse el caso, respetuosa y naturalmente, de que no tengas criterio, pero ¿sabes?, yo creo que en muchos casos no se trata de que no tengas criterio, sino más bien en que no te das el tiempo de aplicarlo. Vivimos una época donde vamos muy de prisa, y más en redes sociales. Desarrolla criterio, y si lo tienes, date el tiempo para aplicarlo. Date tiempo. Este breve y famoso cuento puede aportar a tu criterio:

Las tres rejas de Sócrates.
Cuentan que un joven discípulo de Sócrates llegó un día a la casa del filósofo y le dijo:
– Escucha, maestro. Un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…
– ¡Espera! –interrumpió Sócrates- ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
– ¿Las tres rejas?
– Sí. La primera es la Verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente verdadero?
– No. Lo oí comentar a unos vecinos.
– Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la Bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguien?
– No, en realidad, no. Al contrario…
– ¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
– A decir verdad, no.
– Entonces –dijo el sabio Sócrates sonriendo- si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Un último ejemplo en mi catártica columna de hoy: hace unos días vi que un amigo, a quien considero con criterio, compartió en su Facebook un video de un… no sé cómo decirlo… un…, comunicador, por dejarlo ahí. El comunicador afirmaba: “Para tener éxito queridos emprendedores, para ganar dinero, olvídate de lo que algunos “motivadores” (aquí lo expresaba con tono de burla) te recomiendan que hagas, de que hagas lo que amas, u otros que dicen que analices para qué eres bueno y eso hagas… ¡no! Nada de esto te servirá. La clave es (y aquí lo expresaba en tono como si fuera sabio y como si nadie más que él lo supiera): dale al mercado lo que el mercado quiere”. Luego se contradecía expresando al inicio de su video que el éxito está en la intersección de esos tres aspectos, pero al final del mismo video diciendo que al mercado “le vale madre” lo que ames o para lo que seas bueno. Me dio gusto que cuando vi ese video, se trataba de alguien a quien yo, hace muchos meses, lo eliminé, lo borré. Lo seguía hace algún tiempo, pero conforme lo escuchaba y, bajo mi criterio, lo percibí inadecuado. Y ahora que se apareció su video en el Facebook de un amigo, lo confirmé. Lo que propone este tipo en ese video podría llamarse: “Sé una prostituta del mercado y triunfarás”. Si el mercado quiere senos, dale senos, si el mercado quiere hacer el amor a las 10:00 PM, a esa hora sal y ábrete de… brazos, si el mercado quiere droga, consíguela y véndela. No señor, no, no estoy de acuerdo en obedecer así al mercado como fuente de riqueza y éxito sin más, eso sería ser una prostituta del mercado y no tener misión existencial ni un marco de ética y ecología que circunscriba mi servicio al mundo, sino ser un “emprendedor” a conveniencia (para que se oiga mejor), haz lo que sea, con tal de darle gusto al mercado, incluso si fuera en contra de ti mismo, todo justificado por ser emprendedor y ganar dinero. ¡No estoy de acuerdo! Repito, me alegré de haber eliminado de mi Facebook a tal sujeto. Pero qué delicado fue ver que, alguien que yo considero con criterio, lo compartiera. Si yo siguiera la recomendación del aquel sujeto, vería que el mercado en México quiere muchas cosas… que yo no hago, que yo no amo y para que lo que no soy bueno. Qué triste sería mi historia. Hasta vería con el rigor de la evidencia que el mercado mexicano quiere muchas cosas menos leer… así entonces yo no hubiera publicado nunca los 14 libros que llevo escritos hasta el momento. No, yo preferí confiar en dedicarme a hacer lo que amo. Y mira, sí hay mercado, mira cómo tu has alcanzado a leer esta columna incluso hasta aquí. Sí, hay gente que lee, gratis y pagando por ello. Dios deposita talentos en ti, luego de haber creado un mercado al que le urgen recibirlos. El plan de Dios es perfecto. Te repito mi filosofía de vida, una filosofía que creé y llamé Nueva Conciencia desde diciembre de 1992: Para triunfar en la vida, –y a mis pruebas me remito– a mí me basta con descubrir qué es eso que amo hacer, de tal manera, entendiéndolo como un regalo de Dios para obedecerlo con enorme placer, que se abrirá un mercado para mí talento de manera natural, consecuente y abundante. Dios no puso talentos en nosotros si no antes creó un mercado urgido de ellos. Por eso publiqué en mi página pública de Facebook (@Dr.AlejandroAriza) hace unos días algo en lo que creo: “Soy una persona muy importante para Dios, porque soy Su empresa viviente”. Si haces lo que amas, te aseguro que hay gran mercado para ello. Hay mercado para todo.

Tu criterio y el Internet, podría ser tema de todo un libro, pero hoy no pude contener mi placer por escribirte. ¿Sabes? Yo mismo soy otra “mera opción” de publicaciones en Internet. ¡No me creas en nada de lo que digo! Nunca. Mejor te sugiero que sencillamente me leas, me veas o me escuches (y si quieres), y filtres por tu criterio si mis propuestas de Nueva Conciencia aportan valor a tu vida o no. Tú eres el del poder sobre ti. Tú eres quien decide si mis reflexiones te aportan valor o no, tú eres quien decide si mi análisis te ayuda para forjar tu criterio o no, tú eres quien decide si me eliminas de tus redes sociales o compartes lo que publico. Tú tienes ese gran poder, para conmigo y para con todos y para con todo. Yo solo iba pasando por aquí publicando lo que amo hacer en mi vida: dar conferencias y escribir como experto y autor en desarrollo humano y superación personal, comunicar ideas que te sirvan de autoayuda, invitar a la reflexión. Si algo he aprendido en mi vida, amorosa y pacíficamente, es que jamás intento convencer a nadie de nada, sino simplemente informo, comparto mis ideas, y hasta ahí llego. Intentar convencerte de algo sería colonizarte, y eso jamás está en mi intención. Sugiero que hagas lo propio. No intentes convencer a nadie, de nada, nunca. Intentar ocupar un territorio ajeno (la mente de otro) para explotarlo o dominarlo es deletéreo para todos los involucrados al final de la historia. Forja tu criterio, aplica tu criterio, filtra por tu criterio y comunica responsablemente al permitir que tus ideas las vean otros, porque en ese acto le dan vida, y ahí mismo, puedes hacer que viva un monstruo o una divinidad. Tú y yo y todos los que veamos eso, seremos aplastados por ese monstruo o bendecidos con esa divinidad.

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.

Anuncios

Tu verdadero reto para mejorar en el Año Nuevo: HACER.

Permíteme confrontarte con una tremenda verdad: todos los buenos deseos que la gente te profiere para el Año Nuevo y que, alrededor de estos días, son prácticamente como un saludo forzoso, ¿realmente generan esa mejora deseada? Para saber la respuesta, observa cómo te fue este año y recuerda los mismos buenos deseos que escuchaste en enero pasado. Porque esto es cíclico y se repite año tras año. Los buenos deseos de Año Nuevo ya son como una cantaleta. Es imperativo que seas brutalmente honesto en tus respuestas. Veamos algunos ejemplos:

–“Ay, pues ya sabes todo lo que se te desea, heee, feliz año y que tengas mucha salud, dinero y amor… pero sobre todo salud, que con eso ya vamos de gane, ¿verdad?”, seguido de sonrisita medio falsa y abrazo.

A ver, analicemos este clásico. Este año que está terminando… ¿realmente tuviste salud y con eso ya estuviste de gane? Necesitas ser sincero en tu respuesta, al fin la tienes a flor de piel en este año que termina, lo puedes ver con todo el rigor de la evidencia. ¿Qué tal tu salud este año? ¿Y, por cierto, ya notaste que muchas veces para tu “salud” en este año necesitaste dinero? Entonces no habría que poner al dinero en segundo o tercer lugar, quizá en el primero, dado que lo necesitaste imperiosamente para comprar comida de mucho mejor calidad y menos contenido de azúcar, para pagar la consulta al médico, comprar las medicinas o hasta para haber pasado por el hospital. ¿Viviste el amor este año? ¿De verdad? ¿Amor, amor del bueno? Si fue así, quizá implicó una cena o un buen regalo o un inolvidable viaje… ¡Ah…dinero otra vez! Por eso no hay que desdeñar el dinero. La gente parece que le da sarna poner al dinero en primer lugar, es malo, Dios le puede castigar, se ve mal socialmente, pareces codicioso, en fin… no le das importancia, aunque los demás te lo desearon desde enero del año que ahora está terminando. Y lo necesitaste hasta para el amor y la salud. Sé honesto. Este año que termina, ¿mejoró tu vida en dinero, salud y amor? Y si fue así, ¿sucedió sólo porque te lo desearon muchas personas cuando empezó el año hace 12 meses? ¿No más porque te lo desearon y ya?

–“Feliz año… que todos tus deseos se hagan realidad”.

¿Realmente viviste feliz este año que termina tan sólo porque alguien te lo deseó? ¿De verdad tuviste tal claridad de deseos así como para cada una de las 12 uvas mientras las 12 campanadas del Año Nuevo? Vamos… ¿tuviste deseos o fue otro año de mera inercia viviendo exactamente igual que los anteriores? Sé honesto. ¿De verdad fuiste feliz sólo porque te lo desearan? ¡No! Bueno, quizá si fuiste feliz, pero lo que quiero que veas es que, si lo fuiste, no fue tan sólo porque alguien te lo deseara así no más en un saludo de la última semana de diciembre y los primeros días de enero o porque lo hubieras incluído en una uva. ¡No! Si fuiste feliz fue porque HICISTE algo que te generó felicidad.
Y no, no quiero que empieces a decir: “Bueno, hubo de todo, tuve momentos felices y otros no tanto, como todos”. No, no, no. No se trata de que hagas un balance. Hay algo más sencillo para comprobar si el año que termina gestó felicidad, dinero, amor, salud: cómo te siente hoy, precisamente cuando lees esta columna, ahora que está terminando el año. Tienes que ser brutalmente honesto contigo. Cómo están tus finanzas hoy, tu vida de relación, tu peso, tu salud, tu felicidad. Sé sincero.

–“Qué tengas un gran año y que ganes muchísimo dinero…”.

Qué tal este año que termina donde ya puedes ver lo que sucedió luego de ese deseo que te profirieron hace un año. ¿Funcionó que te lo desearan para que como por arte de magia desaparecieran tus deudas y empezaras acumular riqueza ahorrando e invirtiendo? ¿Realmente tienes más dinero que el año pasado gracias a ese deseo que se te profirió varias veces y por varias personas y que, además, lo viste una y otra vez en tu Facebook lleno de imágenes de abundancia para tu año y para que ahora sí te conectaras con la abundancia, y que de hecho tú, a propósito, disfrutaste de ver esa imagen una y otra vez? ¿Qué pasó? Ahora que estamos a final del año, tienes la evidencia de ver si funcionó o no. ¿Qué tal tus tarjetas de crédito? Su saldo está en ceros o sigues pague y page y… los buenos deseos que te profirieron desde el año pasado no funcionaron.
Quizá ya te estés empezando a dar cuenta de a dónde te quiero llevar: si quieres mejorar en el Año Nuevo, necesitas HACER algo nuevo tú sólo, tú sola, y de las más inteligentes maneras de hacerlo es planeándolo. Alrededor de estas fechas es ideal, emocionalmente hablando, el momento para planear qué hacer y mejorar haciéndolo.
Perdón si sueno a aguafiestas (así suele sonar alguien que te confronta con la verdad y destruye tu infantil ilusión que hay alrededor de estos días de fiesta) pero te lo tenía que decir: los buenos deseos y la intención no bastan para generar una real mejora en tu vida. Necesitas tú sólo, tú sola, planear qué hacer y hacerlo. La planeación es una bendición donde usarás el exquisito privilegio humano de la imaginación, esa capacidad de ver anticipadamente, y de lo que veas así, te surgirá la emoción necesaria para moverte y atreverte, con entusiasmo, a hacer lo que tengas que hacer para vivir el resultado que se asomó gracias a tu imaginación, tu planeación. ¡Esta experiencia es divina, repito, privilegio de ser humano!
Deja de sentir bonito con cada saludo de buenos deseos de Año Nuevo que escuches alrededor de estos días. ¡Ya viste su resultado este año! Claro, sé amable y escúchalos, quizá hasta créelos, pero descubre que no sucederá nada nuevo y bueno si no haces lo necesario para que así suceda. No es cuestión de que te lo deseen, es cuestión de que tú lo desees y de tal manera que te atrevas a hacer algo diferente en tu vida y de verdad lo hagas. Lo único que cambiará tu vida es un cambio en tus hábitos. Los hábitos son actos inconscientes y así, lo primero que necesitarás es descubrir cuáles tienes para encontrar los malos y desterrarlos. ¿Cómo? Sustituyéndolos por nuevos hábitos buenos al adquirir el nuevo conocimiento de ellos.
Una de las mayores transformaciones en mi vida fue atreverme a hacer lo que ya hasta publiqué detalladamente en mi más reciente libro, Inteligencia para el dinero, editorial Nueva Conciencia. ¿Quieres tener más dinero el Año Nuevo con todas las bendiciones que esto atrae? ¿Quieres mejorar tus finanzas de verdad y para siempre? ¿Quieres dejar de tener deudas y vivir la sublime experiencia de no deber nada a nadie? Tienes que leer con urgencia ese libro y seguir los ocho pasos que te muestro ahí. Ahí descubrirás la trascendencia de que tú sólo, tú sola, anheles mejorar. Luego, descubrirás el enorme poder de llevar un registro de tus gastos para, por primera vez, ver con tus propios ojos a dónde “se te va” el dinero y descubras tus hábitos de gastos. ¡Este descubrimiento es enorme! Ahí se descubren los errores hechos hábitos y se corrigen, y entonces, ahí luego creas un presupuesto. Ahí tú decides a dónde irá tu dinero, y ya no se te va. Cuando logras este cambio, la vida te cambia porque tú la cambiaste. Y lógicamente hay mucho más que comentar al respecto, pero para eso tienes el libro entero. ¡Urge que lo leas, rápido y completo para aplicarlo cuanto antes! Aquí… ¡Cuanto antes mejor! Mucha gente me ha preguntado dónde conseguirlo. Sólo y exclusivamente está de venta por mi tienda en Internet haciendo clic aquí. Pronto también lo encontrarás en su versión digital en Amazon, en su versión para “kindle”.
La gente se desespera por no ver resultados rápidos, pero todo lo hace lento o lo deja a medias. ¿Entonces? ¿Quién es el origen de la velocidad de los resultados? Quien los desea. ¡Tú! Confróntate con esto. Muchas veces tu desesperación eres tú mismo.
La enorme enseñanza que me dejó crear uno de mis libros más prácticos, quizá el más, Inteligencia para el dinero, es que sus fundamentos los puedo aplicar a otras áreas de mi vida: investigar mis hábitos y corregir. Otro ejemplo, que es un clásico en los propósitos de Año Nuevo: bajar de peso. No es lo mismo desearlo y ahí cuando se pueda ir bajando, a tomar un registro, planear un “presupuesto de peso” y seguir los pasos necesarios comprobando que se van cumpliendo las metas. Yo esto lo acabo de hacer hace un rato y fue enorme mi alegría y emoción. ¡Tengo un plan a un año para bajar de peso! Sé exactamente a dónde debo llegar y sé exactamente cuánto deberé pesar al final de cada mes de los siguientes 12 meses del Año Nuevo. Ya lo sé desde ahora. ¡Es tan poderoso! Te daré la “receta”: pésate ahora mismo. ¡Necesitas ver números fríos, reales! Lo que no se mide, no se puede mejorar. Ahora, por tu talla y complexión, investiga cuál sería tu peso ideal (para ello hoy en día ya hay una enorme cantidad de páginas de internet que te ayudan a ello o apps). Ahí sabrás exactamente cuántos kilos tienes de más. Esa cantidad divídela entre 12, y sabrás lo que debes bajar cada mes. Luego, a esa cantidad mensual, divídela entre cuatro y sabrás cuánto peso deberás perder por semana durante todo el Año Nuevo. Lo más posible es que te sorprenda lo poquito que necesitas bajar cada semana, algo sumamente fácil de lograr, si lo planeas de esta manera, si llevas un registro, si “presupuestas tus ingresos de comida a tu cuerpo”, lo lograrás con emoción. ¡Ves el poder de la planeación! ¿¡Te imaginas en tu peso ideal en diciembre del año entrante?! ¿Qué tal te quedará la ropa para esas siguientes fiestas y cómo te verás? Ayúdate sintiendo cómo te queda tu ropa hoy y analiza si te gusta esa sensación. Te aseguro que sentirás la emoción necesaria para empezar una alimentación consciente que mejore tu salud desde este momento y sin sufrirla, gozándote el hacedor de ti mismo. ¿Sientes emoción? Haz este plan y me platicas. Libros que te ayuden para saber cómo mejorar en tu peso, también los encuentras en nuestra librería en línea, haciendo clic aquí.
Descubrirás que el verdadero reto para el Año Nuevo es HACER cosas nuevas, dejando de hacer lo que te dañó o no funcionó. No hay otra manera de mejorar. No hay. –Vuelve a leer las dos frases anteriores–. Olvídate de tomar el curso que te conecte con la abundancia y te ayude a descubrir tu grandeza interior (esos cursos abundan alrededor de estas épocas), olvídate de los cuarzos, de poner el borreguito detrás de la puerta, del gatito japonés moviendo su patita frente a la entrada de tu negocio, del chupamirto aplastado, de la pata de conejo, del ojo de venado, de la estampita milagrosa, etc. Nada de eso sirve si no haces lo necesario cambiando tus hábitos de vida. Lo único que mejorará tu vida es hacer de manera diferente las cosas y para ello necesitas adquirir conocimiento específico de cómo hacerlas. En el caso específico del dinero, ese conocimiento está en mi libro Inteligencia para el dinero. Por eso urge que lo leas. Sólo el conocimiento real del área específica a mejorar es lo que hará que hagas las cosas diferentes, nuevas para ti, adquiriendo el conocimiento de un experto, de alguien que ya lo vivió y vive parado en la evidencia de la mejora, descubres la respuesta al “cómo hacerlo”. No hay otra manera de mejorar. Tienes que hacer mejor las cosas. Y hacerlas ya. ¿Cómo? Lee el libro. Lee del tema que te interese mejorar. Yo en esta columna ya hasta te dije un cómo para planear bajar de peso con emoción por planear inteligentemente. Ahora necesitas leer de expertos que te ayuden a alimentarte mejor. Tú ya tienes el plan.
Tienes que hacer cosas nuevas con mayor inteligencia. Los buenos deseos no bastan. Por eso, yo desde hace años, jamás le digo a la gente: “Feliz año, que todos tus deseos se hagan realidad” …, como si los deseos tuvieran voluntad propia. Yo mejor te digo con una Nueva Conciencia:

¡Feliz Año Nuevo… que todos tus deseos tú los hagas realidad!

¡Eso sí! Esa posibilidad sí es la que existe. Ello implicará lo que inicia todo: el poder de tu deseo. ¿Tienes deseos… realmente? Desde ahí es una gran confrontación ya. Luego, si los tienes, ¿sabes cómo llevarlos a cabo? Si no, urge usar estos días para buscar los libros que te enseñen cómo. Y luego, gracias a tu planeación, a tomar tu calendario y ver todo tu año, ese nuevo que tienes enfrente, repartir las acciones a realizar mes tras mes, esas que requerirás hacer tú sólo, tú sola, para ver un nuevo ser en diciembre del año entrante. ¡Qué gran año va a ser así!, perdón, corrijo: ¡Qué gran año vas a hacer así!

¿Quieres un Año Nuevo de verdad nuevo? Tienes que atreverte a hacer cosas nuevas, hacer lo que nunca has hecho los años anteriores, creando nuevos hábitos buenos, en forma totalmente independiente a los buenos deseos que te profiera la gente. Es una decisión personal que debes de tomar ya. La vida está corriendo muy rápido para que tú no corras a disfrutarla por igual. Espero que estas líneas te ayuden, al fin, a vivir la vida que tú deseas haciendo lo que tengas que hacer para cristalizarla en realidad.

Emoción por existir.

–Alejandro Ariza.

ÚLTIMOS DÍAS DE DESCUENTO PARA VER EL VIDEO DEL “WEBINAR INTELIGENCIA PARA EL DINERO” EL PRÓXIMO DOMINGO 7 DE ENERO DEL 2018. Aprovecha el gran descuento existente sólo hasta el 30 de diciembre. Haz clic aquí para toda la información.

Después de la Iluminación.

Me encanta el cuento en donde un Maestro Zen, cuando alcanzó la Iluminación expresó:

– ¡Oh! Maravilloso prodigio: puedo ir al pozo, sacar agua, cortar un poco de madera y regresar.

Uno de sus dicípulos le preguntó:

– Maestro, ¿qué hacía antes de lograr la Iluminación?

A lo que el Maestro respondió:

– Ir al pozo, sacar agua, cortar un poco de madera y regresar.

Así es. Cuando se logra la Iluminación, afuera no cambia absolutamente nada. Cambia la manera en que vemos y entendemos las cosas. Sucede un indescriptible y maravilloso asombro por todo. Así es, esas ocasiones donde sientes ver a Dios en todas partes, incluso donde menos te esperabas.

No necesitas ser un Maestro Zen viviendo en el oriente del planeta para tener momentos de Iluminación, necesitas un deseo tal de vivir la experiencia, que logres aquietar tu mente y adentrarte en la observación minuciosa del milagro cotidiano, necesitas entender, a tal grado, que la consecuencia es un indescriptible asombro. Ese asombro es algo que sucede. Tú no haces nada más que detenerte a observar realmente. Mi sugerencia: ¡no te pierdas esta maravillosa experiencia!

No sé tú pero, yo, no termino de admirarme de que nos podamos comunicar por este medio. Estoy escribiendo en mi computadora y aunque el diseño del programa me hace ver en la pantalla una aparente hoja blaca sobre la que escribo, sé que el talento de miles de personas se sucedió para que tan solo por “bits y bites”, por minúsculas partículas de luz en mi pantalla, por “unos y ceros”, es que lo que pienso parece plasmarse en una aparente hoja, misma que ahora tú estás leyendo. ¡Y si te contara lo que sucede bioquímicamente dentro de mi cerebro mientras plasmo estas ideas! ¡Y si te contara lo que sucede en el tuyo mientras las lees! Simplemente estaríamos cerca del colapso por la magnitud del asombro. ¡No pierdas esta capacidad que tienes por el simple hecho de ser humano! Sólo que esta capacidad es opcional. Ahí radica tu desafío para vivir Iluminado o no.

La capacidad de asombro puede llegar a ser de tal magnitud que te arrebate la capacidad para expresarlo. Por ello, muchos Maestros ya no dicen nada. Simplemente viven envueltos en gozo, un gozo que nadie ve, sólo ellos sienten. Un gozo que bien puedes tener tú… sin tan solo vivieras con menos prisa y mayor concentración en lo que eres, haces y sucede.

Me encanta esta otra reflexión de Anthony de Mello cuando en uno de sus cuentos dice:

“Guarda silencio y mira la danza [de la Creación]. Sencillamente mira: una estrella, una flor, una hoja marchita, un pájaro, una piedra… Cualquier fragmento de danza sirve. Mira. Escucha. Huele. Toca. Saborea y seguramente no tardarás en verle a Él, al Bailarín en persona.

El discípulo se quejaba constantemente contra su Maestro Zen:

«No haces más que ocultarme el secreto último del Zen». Y se resistía cada vez que su Maestro le decía que no, que no era así. Un día, el Maestro se llevó a su discípulo a pasear y por ahí escucharon el canto de un pájaro.

«¿Has escuchado el canto de ese pájaro?», le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.

«Bien; ahora ya sabes que no te he estado ocultando nada».

Si realmente has escuchado cantar a un pájaro, si realmente has visto un árbol…, deberías saber… más allá de las palabras y de los conceptos.

¿Qué dices? ¿Has oído cantar a docenas de pájaros y has visto centenares de árboles? Ya. Pero lo que has visto ¿era un árbol o su descripción? Cuando miras un árbol y ves el árbol, no has visto realmente un árbol. Cuando miras un árbol y ves un milagro, entonces, por fin, has visto un árbol. ¿Alguna vez tu corazón se ha llenado de muda admiración cuando has oído el canto de un pájaro?”.

Imagina, ejemplos con tan solo el canto de un pájaro. ¿Qué debería sucederte si ves a tu hijo, a tus padres? ¿Qué podrías sentir al observarte a ti mismo? ¿Hasta dónde podías experimentar si observaras bien… lo que sea? Por ello tanto se nos ha dicho que los niños entran al Reino de los Cielos… porque se admiran de todo. Por ello el Maestro de maestros dijo: «Háganse como niños…».

Vivimos tan de prisa, vivimos tan acostumbrados y damos ya tan por hecho lo que está sucediendo alrededor nuestro, que se nos pasa la puerta de entrada a un mundo pleno de milagros y en el cual, irónicamente, estamos inmersos. Puedes estar sin darte cuenta. Y luego te deprimes o te preocupas o te aburres. ¡Cómo no! El aburrido, el deprimido, el ansioso, es un distraído.

Ponte a pensar en lo que representa tu teléfono celular inteligente ahora en tus manos. Por primera vez en la historia de la humanidad, el hombre puede traer en su mano el mundo entero, sin límite de tiempo, hasta tocar el pasado, la historia más significativa de las cosas, permanentemente registrado, y pudiéndolo ver a través de una pequeña pantalla en su mano. Puedes disfrutar del presetne hablando en tiempo real con una persona cuyo cuerpo puede estar a millones de kilómetros de distancia. Puedes ver con tus propios ojos, en tiempo real, a esa persona en un video, en tu mano, cuando su cuerpo puede estar en otro país. Lo puedes ver y vibrar en un dispositivo de tan solo unos milímetros de grosor. Y te comento esto por ser uno de los aparatos con los que estamos más familiarizados, pero si observaras una hoja, si, por entender, observaras lo que está sucediendo en tiempo real a nivel de sus cloroblastos y su metabolismo celular, se te llenarían los ojos de lágrimas. Si obervaras con atención a un árbol, al entender, podrías admirarte de su constante movimiento, a grado tal, que el permanente crecimiento de sus raíces ha sido capaz de romper el pavimento y levantar aceras de asfalto. ¿Creías que no se mueve un árbol? Mira cómo ha sido capaz de levantar el piso.

Mientras escribo esta columna, se me han llenado varias veces mis ojos de lágrimas. Preparo mi atmósfera admirando todo. Me preparo un delicioso café. Subo a mi despacho, preparo mi difusor con aceites esenciales para disfrutar el aroma de mi recinto de escritura, pongo música de meditación Zen, y me siento a escribirte. Te siento tan cerca. Siento que tenía que escribirte esto en un tiempo perfecto para ti para que en cuanto lo leyeras te detuvieras un poco. Detente. Observa. Asómbrate. Ilumínate. Disfruta intensamente.

Podríamos hablar tanto al respecto, pero tan solo te quería compartir que si aprendes a guardar silencio y a observar con profunda atención, estas en los linderos de la Iluminación. Cuando se te llenen los ojos de lágrimas por el grado de admiracion y asombro que sientas, aún cuando los demás, incluso quien esté a tu lado, ni se inmuten, entenderás pacífica y gloriosamente que los momentos de Iluminación son un privilegio privado, es un cambio que sucede dentro de ti, un cambio que te permite alcanzar a ver lo que millones todavía ni siquiera suponen.

Amo a mis amigos, aquellos pocos que la vida me ha presentado con una indescriptible capacidad de asombro. Uno se enamora de alguien con capacidad de asombro. Uno se enamora de los Iluminados. Mis amigos, pocos, con esa capacidad, sabrán que me estoy refiriendo a ellos. Les mando un saludo desde esta atemporal y sublime dimensión que se sucede en la relación escritor-lector.

¡Disfruta tu Nueva Conciencia!

¡Emoción por Existir!

– Alejandro.

Nivel de conciencia: amor.

Las cosas las veremos dependiendo desde donde las veamos. El humano está diseñado a ver por “permisos” que representan su estado de conciencia. Dependiendo del estado de conciencia al que asciendas, será lo que se te permitirá ver de lo que es. ¡Me encanta haber llegado desde hace muchos años a este estado de conciencia desde donde alcancé a entender este “instructivo de la vida”! Frente a un mismo hecho, persona o circunstancia, las personas tendrán diferente “interpretación” dependiendo de lo que ven por su estado de conciencia, y luego, desde ese entendimiento nacerá su hacer. Por eso existen tantas reacciones diferentes como estados de conciencia, frente a lo mismo. Por eso un libro o una columna o una persona o un hecho –todo–, frente a dos diferentes individuos con distintos niveles de conciencia, opinan y reaccionan tan tremendamente diferente, ¡frente a lo mismo! Por eso en este mundo ha sido, es y será por siempre un imposible estar todos de acuerdo, por eso la inteligencia de la vida ha permitido crear grupos, para que el individuo pueda desenvolverse creyéndose en lo correcto al convivir con afines… hasta que algo cambia en él y así siente la necesidad de dejar ese grupo y ascender al siguiente mejor. Este fenómeno es lo que sustenta mi filosofía de vida: Nueva Conciencia, donde siempre será nueva, cada vez que ascendamos al siguiente nivel.

El humano que desea evolucionar –habrán quienes no lo deseen o no lo logren durante toda su vida– pasará por los siguientes estados de conciencia (del que más bajo nivel de energía en el que mueve su frecuencia hasta el que más): vergüenza, culpa, apatía, sufrimiento, miedo, deseo, ira, orgullo, coraje, neutralidad, voluntad, razón, amor, alegría y paz. Opinaras, sentirá y actuarás reaccionando a todo dependiendo desde qué estado de conciencia manejes hoy en tu vida. Esta es la razón por la que cuando cambias tu interior te cambia el mundo entero. La verdad, el mundo entero siempre ha estado igual y siempre estará así de igual, pero tu lo percibes tan impresionantemente diferente por lo que al fin alcanzas a ver. No se ven con los ojos, se ve realmente con tu estado de conciencia. Este es un tema amplísimo y futuro de uno de mis libros y conferencias, pero hoy por la mañana estudiaba acerca del nivel de conciencia amor. Te comparto aquí algo del tema:

«El amor es una forma de ser. Es la energía que se irradia cuando se entregan los bloqueos que impiden su expresión. Es más que una emoción o un pensamiento, es un estado de ser. Amor es el camino de la entrega. Es una manera de estar en el mundo que dice: “¿Cómo puedo ayudarte? ¿Cómo puedo reconfortarte? ¿Cómo puedo prestarte dinero cuando no lo tienes? ¿Cómo puedo ayudarte a encontrar un trabajo? ¿Cómo puedo consolarte cuando has sufrido una pérdida importante en tu familia?”. A través del amor, iluminamos el mundo.

Todos tenemos la oportunidad de contribuir a la belleza y a la armonía del mundo mostrándonos bondadosos con todos los seres vivos y apoyando el espíritu humano. Lo que damos libremente a la vida fluye de nuevo a nosotros, porque somos parte de esa vida. Como las ondas del agua, todo regalo retorna a quien lo da. Lo que afirmamos en los demás, lo afirmamos en nosotros mismos.

Cuando estamos dispuestos a dar amor, descubrimos que estamos rodeados de amor y que, simplemente, no sabíamos cómo acceder a él. El amor está presente por doquier, basta con tomar conciencia de su presencia.

Por lo general, la gente asocia el amor con al amor romántico, cuando nos decimos “cariño” o “amor”. Pero el amor romántico ¡sólo es una pequeñísima parte de la vida humana! Hay muchos otros tipos de amor que no son el amor personal, romántico y que están presentes en nuestra experiencia cotidiana».

Alguna canción dice por ahí: “El amor es una cosa esplendorosa”, y por experiencia personal afirmo que sí, lo es. Cuando evolucionamos y soltamos todos los bloqueos que hay para llegar a este nivel de conciencia, el mundo irradia el esplendor del amor. En el nivel de conciencia amor, este resplandor ya no está oculto, ¡lo vemos hacia todos lados donde volteemos! Llegas incluso a ver milagros de cómo el amor cura. El amor troquela nuevos argumentos de vida. Me encanta una historia real de la que supe cuando un cazador de patos cambió repentinamente al presenciar un acto de amor. Un día fue a cazar, como hacía a menudo por diversión. Vio un pato volando, le disparó y lo vio caer al suelo gravemente herido. Para su asombro, de repente, vio a su pareja volar hasta situarse encima y extender sus alas para protegerlo. Al ver su amor, el corazón del cazador dio un vuelco; nunca volvió a cazar.

Cuando te vuelves amor, hay ciertas cosas que ya no puedes volver a hacer. Y hay cosas que puedes hacer en el nivel de conciencia amor que son simplemente imposibles, vamos, impensables, en otro nivel. Cuando entras al nivel de conciencia amor, incluso te llevas la sorpresa de que empiezan a aparecer personas en tu vida que harán por ti lo que nunca imaginaste que alguien se interesara en hacer. Vives milagros sin necesidad de etiquetarlo con la palabra “milagros”. Este nivel de conciencia, amor, tiene un efecto transfigurador por sí mismo, silenciosamente. Estar cerca de una persona que ha alcanzado este nivel de conciencia, trastoca todo. Nos cambia, muchas veces sin darnos cuenta, la percepción del mundo, ¡incluso sin que nos diga nada! Ese es el poder tan solo de la presencia de alguien que ha alcanzado a vibrar así gracias a este nivel de conciencia amor.

Hay mucho que comentar al respecto, pero hoy quise compartir parte de mis estudios y reflexiones del tema, esperando que lo alcances a ver, y si no, esperando que surja en ti al menos la curiosidad de cómo alcanzarlo a ver, para poderlo vivir. Evolucionar, con Nueva Conciencia, genera una gran…

¡Emoción por Existir!

–Alejandro Ariza.

¿Dónde radicará la emoción?

En varias de mis conferencias y ahora en mi más reciente libro, Calidad de vida, he explicado ampliamente que los resultados que uno desea son consecuencia de la acción. A su vez, la acción es consecuencia de la emoción…, pero ¿por qué algunas personas se emocionarán tanto por emprender y cristalizar una idea que tuvieron y otras no? Vamos, sé que algunas personas ni ideas albergan, y de las pocas que sí, sólo algunas se emocionan al grado de hacer lo que tengan que hacer para cristalizar esa idea en realidad. ¿Cuál será el secreto de esos “hacedores”?

Yo creo que el secreto está en descubrir el origen de su emoción. Y aunque varias veces me he puesto a pensar en esto, solo algunas veces atino a suponer que el origen de esa emoción está ¡en la imaginación! Lo que que llega a ver una persona en su interior, algo que nadie más podrá ver, le es suficiente para emocionarse y empezar a actuar. ¡Ese es el santo y seña! ¡Imaginar! Es el poder de visualizar, ver lo que los demás todavía no. Y solo hasta que una persona se imagina un futuro extraordinario, ¡de esas imágenes que ve en su interior proyectadas hacia afuera, es que surge su poder! Imaginar ya es empezar desde el final. ¿¡Ya viste el enorme poder que puedes desarrollar mediante la imaginación?! El tema de la imaginación es más delicado y trascendente de lo que imaginas. Necesitas imaginar para atreverte a hacer, necesitas imaginar para atreverte a emprender, necesitas imaginar para experimentar la felicidad de la creación, una manifestación divina en el humano.

Para que tu imaginación sea eficaz necesitas tres cosas esenciales:
1. Detenerte a pensar
2. Imaginar con gran claridad los resultados
3. Emocionarte por lo imaginado

1. Detenerte a pensar.- Es imposible que imagines si no te das el tiempo para ello. Y aquí déjame ser enfático: jamás llegará el tiempo, tú tienes que crearlo. Nunca esperes a “…luego, al ratito que encuentre un huequito”. No, los huecos en la agenda nunca llegan, no aparecen como generación espontánea, tienes que planificarlos, tienes que reservar un tiempo específico en tu agenda para detenerte. Para detenerte a pensar. Detenerse a pensar es más valioso de lo que la persona común puede suponer. ¡Es trascendente! Los grandes momentos de creación han surgido por detenerse a pensar, por abrirle las puertas a la imaginación, eso significa darte el tiempo para imaginar, eso significa hacer un espacio en tu agenda reservado para imaginar. Mis sugerencias para crear ese espacio en tu calendario, este trascendente espacio para detenerte a pensar, son las siguientes:
– Procura un horario de total silencio. Por ejemplo, un espacio de 15 a 20 minutos entre las 4:00 am y las 7:00 am. Esas horas del día son fantásticas para detenerse a pensar, además de que no sueles interrumpir otras actividades programadas a esas horas.
– Procura un lugar donde puedas estar solo. Las decisiones más importantes de tu vida las tienes que tomar tú solo. ¡Enteramente solo! Pensar no es una actividad colectiva. Tu vida no debe decidirla alguien más que tú. Busca un lugar que pronto se convertirá en tu santuario.
– Crea un ambiente digno para detenerse a pensar y abrirle así las puertas a la imaginación. En mi caso, mi despacho y a momentos mi sala son mis lugares ideales. Coloco mi difusor ultrasónico para ambientar con aromaterapia, encantándome el aroma de sándalo y de vez en cuando el de eneldo. Tengo cerca alguna figura que me inspire (religiosa o artística) y las condiciones físicas de mi asiento es procurando una enorme comodidad, así como mi manera de vestir. La comodidad es una resbaladilla para la imaginación.

2. Imaginar con gran claridad los resultados.- También en varias de mis conferencias he expresado que claridad es poder. Mientras más claro veamos algo, más fuertemente deseamos tender hacia ello. Ahí radica el poder de la claridad. Si “medio nos imaginamos”, mediana será la emoción por hacer y su poder se desvanecerá casi de inmediato por la misma causa. ¡Necesitas imaginar con gran claridad! Tienes que imaginar con colores, sonidos, texturas, figuras, circunstancias, hechos, relaciones, ¡consecuencias de ese resultado imaginado!, afectación en tu salud, en tu economía, en tu familia, en la sociedad. Todo ello lo debes ver claramente en tu interior, es decir, imaginarlo. Y aquí viene algo trascendente, para que surja un enorme deseo en ti por hacer, por emprender, tienes que…

3. Emocionarte por lo imaginado. Si tu resultado es bajar de peso, no es lo mismo imaginar que tienes menos panza… y ya, a imaginar la extraordinaria e inigualable sensación y alegría de entrar a la ropa que tenías guardada desde hace mucho tiempo y que para colmo es una ropa hermosa y fina, y ahora quedándote hasta holgada. No es lo mismo imaginar bajar de peso así sin más, casi solo imaginando un simple número en la báscula, que imaginar un encuentro repleto de sana locura, pasión y desenfreno en una relación con alguien hermosa, digno merecimiento del cuerpo que ahora tú también muestras. No es lo mismo creer que se está imaginando un lugar muy agradable donde vivir, cuando al mismo tiempo no vemos dentro de nosotros mismos las características de ese lugar, (confundimos el deseo con la imaginación), que imaginar realmente el recinto con su tamaño, tipos de texturas, aromas, luz, personas a las que beneficiaríamos, alegría por doquier estando en ese lugar, etc. ¿Ves cómo todo cambia cuando imaginamos algo emocionante? Cuando te emocionas por lo que imaginas, ¡de inmediato empieza nuestro cerebro a hacerse una de las preguntas más poderosas que puede empezarse a hacer… “¿Cómo?”. ¡Y esa es la puerta al emprendimiento! Esa pregunta es poderosísima, porque basta hacérsela el número suficiente de veces para que la respuesta aparezca. Cuando la respuesta aparece sucede el culmen de la emoción, la chispa que enciende la acción concreta. Ahí la persona, al fin, empieza a emprender… ¡empieza a crear!… ahí el humano goza el éxtasis de su semejanza con Dios, el creador.

Ahora ya será cuestión de tiempo de que veas cristalizado en realidad tangible lo que antes solo imaginabas con emoción. Ese tiempo dependerá de tu pasión, de tu deseo ardiente o ferviente por ya ver tus pensamientos materializados. Esos momentos son éxtasis vitales. Esos momentos son indescriptibles e incomparables con ningún otro gozo de tantos que nos ofrece la vida. Ni el placer culinario ni el gozo sensual es equiparable el enorme gozo de la creación. Pregúntale a un escultor, a un arquitecto, a un escultor. El autor de una obra conoce lo que es dar vida, el autor de una obra experimenta una incipiente chispa divina en su interior, la chispa de la semejanza con el creador y su infinito amor por y en el proceso.

¡Imagina! ¡Emociónate por existir… creando! No te pierdas esta dicha de ser humano tocando tu divinidad. Detente a pensar, imagina y emociónate al grado que no tengas más opción que emprender ya, aquí y ahora.

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.

No hay garantía, solo esperanza.

Qué fuertes reflexiones ma ha traído la vida hoy. Desde en la mañana me encantó pensar en esta frase:

«Se me podrán caer las hojas con frecuencia, pero yo sigo aquí de pie siempre».
-El árbol.

Ahora mismo vengo regresando de dar una presentación de negocios y al final regalé a la audiencia 30 minutos de una de mis conferencias inspiracionales. Normalmente la gente paga por escucharme, pero me siento feliz cuando, de sorpresa y en merecimiento a quien confía en mis invitaciones, puedo regalar un material de enorme valor, un material por el que las empresas pagan mucho, mucho dinero, pero para un selecto grupo de asistentes, hoy la vida les llevaba al orador y al mensaje totalmente gratis. Les hablé de acerca de lo que hoy puede hacer a un negocio sólido y exitoso. El núcleo de mi discurso fue explicar cómo hoy en día sólo el apto y dispuesto a cambiar rápidamente, permanece. Punto.

Mientras hablaba se me empezaban a arremolinar en mi mente la enorme cantidad de ejemplos para hacerles ver a mi audiencia esa gran verdad. Por el promedio de edad del grupo, pude citar ejemplos que nos atañían a todos. Les explicaba de la emoción que muchos vivimos cuando de niños, nuestro papá o mamá llegaba con las fotos ya reveladas luego de días y días de tener que esperar a que las entregara aquel lugar a donde se llevaba el “rollo” a revelar. ¡Era tanta la emoción de sentarse juntos para irse pasando las fotos y verlas con la emoción revivida de aquel viaje o evento! Era hermoso ver a mi mamá preparando en diligente tarea el álbum, desde irlo a comprar eligiendo el diseño de las tapas y la cantidad de hojas, hasta verla pegar las fotos “derechitas” para luego poner ese papel celofán encima y así, unos días después volver todos a disfrutar de hojear el álbum. En la emoción de aquel momento, jamás nadie pensó que eso desaparecería para convertirse en la nueva emoción de traer digitalizadas todas tus fotos en tu iPhone y mostrarlas desde ahí o enviarle todo un álbum digital por mail a otra persona que estuviera del otro lado del mundo para que las pudiera empezar a ver segundos después de habérsele enviado. En aquel entonces… inimaginable. Las cosas cambian, los negocios y la forma de ganar dinero, también, totalmente. ¿Dónde estará la gente que fabricaba los álbumes, o la compañía que vendía los rollos de película y revelaba las fotos? Solo hay dos opciones: o muerta por no haber querido cambiar (precisamente como Kodak) o dedicarse a otra cosa, trabajando en el siguiente modelo de negocios, aquel que satisfaga las nuevas necesidades de la sociedad actual. Para colmo, parece que hay mucha gente dispuesta a morir tratando de mantener su negocio, ese de toda la vida, ese que le había funcionado toda su vida y donde cree que precisamente por ello deberá seguirle funcionando lo que le resta de vida. Gravísimo error creer en eso. No hay garantía, solo esperanza para el apto y dispuesto a cambiar rápidamente.

Luego cité ejemplos que vivimos al usar con tremenda emoción esa sensación de la primera vez en que parecía que podías traerte el cine a tu casa con una película para tu videocasetera Betamax, que luego se mejoró con una videocasetera VHS, para luego sorprendernos aún más ante la posibilidad de poder grabar tu programa favorito… ¡lo que nunca imaginaste! (Y quizá ahí empezó esa obsesión por querer atesorar recuerdos grabándolos en vez de viviéndolos). Luego reflexionaba cómo algo tan, pero tan maravilloso tuvo como destino la muerte y su desaparecimiento cuando surge el DVD. Para hoy por hoy atestiguar la muerte de éste último, que parecía la panacea ahora sí, por el surgimiento del “streaming” para poderle llevar al televidente, ya el producto digital directamente a su televisor sin necesidad de objeto material, nace Netflix. ¿Qué habrá pasado con la gente que inventó y creó fábricas millonarias para hacer los videocasetes Beta o VHS? ¿Qué habrá pasado con las miles y miles de familias que vivían de la maquila de DVD’s? Las mismas dos opciones del párrafo anterior. O muertas o haciendo otra cosa, adaptándose al forzoso cambio de las nuevas necesidades del mercado. Hoy en día, un negocio exitoso ya no es garantía para que siga así de por vida. Y no, no es que esté describiendo el hilo negro del mundo empresarial donde ya desde hace tiempo se afirma: “innovar o morir”. No, no, voy mucho más allá. Hoy más parece que el aforismo debería ser: atreverte a cambiar o morir. Esto no se trata de innovar, es decir, de hacer algo nuevo, sino de tú estar dispuesto a ser alguien diferente, capaz de hacer lo que nunca habías atrevídote a hacer. No es cuestión tan solo de innovar, sino de atreverte a ser alguien distinto, alguien que sepa lo pasajero y frugal que es todo modelo de negocio. Por más que dure, pasará. Por eso no hay garantía, solo esperanza, para quien aún con un modelo de negocios exitoso, desde el inicio de su éxito, ya esté dispuesto en un futuro, cercano o no -y muchas veces más cercano de lo que uno imagina- a ser y a hacer algo totalmente diferente. Mantenerse en la cima ya no es cuestión de llegar al punto más alto de la montaña y no caer, sino estar dispuesto a escalar otra montaña y luego quizá otra y otra. Por eso me encantó pensar: “Se me podrán caer las hojas con frecuencia, pero yo aquí sigo de pie siempre” –El Árbol. Hoy, seguir de pie, es mantener la capacidad de cambio en el momento en que se requiera.

Salía de la presentación acompañado de uno de mis mejores amigos de mi secundaria y que me fue a escuchar. De regreso charlábamos de la vida y de cómo han cambiado las cosas, aunque más bien nos impresionaba la velocidad con la que han cambiado. Le comentaba a mi amigo cómo en el tiempo de vida que llevamos (45 años) nos ha tocado ver más cambios radicales que la vida entera de nuestros papás (80 años). Esto era sin duda una medida que evidenciaba la reflexión. Me acordé como alrededor de estos días, los que fuimos “fans” de la película “Back to the future”, donde Marty McFly, estelarizado por Michael J. Fox, viajaba al futuro, al 21 (o 25 o por ahí) de octubre del 2015. ¡Se escuchaba eso tan, tan, tan futurista!… ¡¡¡Y es hoy!!! Y yo aquí escribiendo precisamente en esa fecha. El auto dio vuelta y mi inteligente amigo comentó: “Yo me dediqué años a trabajar en un gran corporativo de talla internacional, y de lo que yo me encargaba era de encontrar empresas en quiebra que afirmaban que tan solo si alguien les prestara un gran capital, saldrían adelante con su negocio, y la compañía para la que trabajaba, les prestaba el capital”. ¿Y se lograban recuperar? –pregunté. “¡No! La mayoría no. Y de esa manera, precisamente queda demostrado lo que nos acabas de comentar en la conferencia. Lo que mucha gente exitosa que logró alzar un empresa familiar hasta altos niveles y creando compañías hasta trasnacionales, cuando empezaron a ver cómo caían sus negocios, llegaron a tal punto donde pensaron: si tan solo alguien nos inyectara un gran capital, podríamos seguir operando y levantamos esto a tope de vuelta, tan solo para darse cuenta que con el capital ya inyectado, volvían en poco tiempo al pique. No era cuestión de que necesitaran capital, su problema fue que seguían haciendo lo mismo que los hizo caer”. Yo ahí tenía cara de “what?!”. Le dije: caray, hubieras pasado tú a hablar de tu experiencia. ¡Qué tú te dedicaras a eso y que precisamente tú atestiguaras la razón de una segunda caída de una compañía descubriendo que no fue falta de capital, es tremendo! –le dije. Pues ahí íbamos en el auto hace unos momentos filosofando. Él luego de 28 años aproximadamente de trabajar en grandes corporativos del sector económico y en donde en varios momentos ostentó puestos de gerente general, hace dos días terminó esa etapa de su vida. Hoy, a dos días de ese tremendo paso, está viviendo la normal zozobra acompasada de incertidumbre de estos momentos. Me alegra que hoy empezara a descubrir que existen otras maneras de generar riqueza. Yo le estoy enseñando una que conozco -de varias- y que sé que le ayudará. El reto que mi amigo tiene es que experimenta la mayoría, atreverse a ser alguien diferente. Uno de los mayores retos para nuestro ego. Y es que nuestro ego está tan loco que prefiere mantenernos pobres pero fieles a un prestigio, que ricos atreviéndonos a ser y a hacer algo que nunca habíamos sido ni hecho pero que es la fuente de una nueva riqueza. A todos nos merodea la riqueza, y precisamente haciéndole honor a su esencia, riqueza, nos rodea en forma abrumadoramente abundante. Solo que aún teniéndola a un centímetro de distancia de nosotros, nuestro orgullo, nuestro temor al qué dirán, nuestro ego, puede ser tan grande, que no, no nos atrevemos a movernos ni un centímetro. Yo te digo hoy: más te vale atreverte a mover tu ser, más te vale moverte este centímetro que tu ego ve como una distancia infranqueable. Dios nos tiene preparada una gran prosperidad… en el lugar donde Él diga, no en el que más te acostumbraste a estar.

En algún momento mi inteligente amigo llegó a continuar diciendo: “Hace muchos años alguien que encontraba un gran negocio y triunfaba, podría dormir tranquilo casi para toda su vida. Hoy, si encuentras un gran negocio y triunfas, podrás dormir muy tranquilo unos seis meses”. Ahora mismo mientras te escribo aquí, viene a mi mente el ejemplo de Twitter… una red social exitosísima que, cuando inició, se empezaron a dejar ver indicios que sería algo sumamente exitoso para toda la vida, para que hoy bajen sus acciones en bolsa porque ya ha perdido influencia en forma tremenda por como lo afirman los estudiosos de esa industria. Jack Dorsey, co-inventor-fundador de Twitter, desde hace ya varios años, ¡precisamente cuando Twitter iba creciendo con un éxito rampante y contundente!… ¡empezó otra empresa totalmente diferente, “Square”, innovando para que con un pequeño dispositivo pudiera la persona hacer cobros con tarjeta de crédito desde su iPhone. Yo ya me imagino a los “amigos” de Jack diciéndole: ¡Oye, qué te pasa! Te estás desenfocando de lo tuyo. Has creado un imperio con Twitter, si te desenfocas, esto se va a caer. Cómo vas a poder ser CEO de Twitter, pero también CEO de otra empresa totalmente diferente, “Square”. De verdad Jack, te lo decimos porque te queremos, pero estás haciendo algo que no es lo tuyo, te estás desenfocando tremendamente”. ¡Qué bueno que Jack no hizo caso a esos “consejos”! Las ganancias que le han reportado a Mr. Dorsey su idea de crear Square, le han generado más ganancias en el primer año que el primer año de Twitter, y sigue teniendo muchísimas ganancias de ello… ¡y no ha dejado Twitter! Simplemente se atrevió a hacer más. El éxito no es el negocio, es la persona que hace negocios. Es el árbol que se mantiene de pie aunque sus hojas cambien de color y se caigan. El éxito del árbol es su capacidad para cambiar por temporadas. La mayor tragedia del árbol sería querer mantenerse verde y frondoso por siempre.

Es como quien quiere ser siempre joven. Si tan solo supieras que estamos de paso. En un momento de tremenda iluminación que le llegó a mi amigo en algún momento de nuestro diálogo (así afirmo que le sucedió) dijo: “…lo normal es no estar aquí”. Aaaaazzzzoooo. Esta ahí sí se las dejo para que le piensen un rato. Un ratote. Esta frase es de ligas mayores de Nueva Conciencia. Pero de muy, muy mayores. Ya está en ti dilucidar todo lo que lleva implícito ese mensaje que Dios nos mandó a través de mi amigo.

Recuerda no hay garantía, solo hay esperanza para quien sabe quién es realmente y de lo que es capaz, siendo esa capacidad admirable cuando incluso se trata de la capacidad para atreverse a cambiar la idea de lo que se es, de lo que uno hace y de donde se está. La vida entera es evidencia de impermanencia. Deja ir y te sorprenderás del espacio que creas para recibir lo que sigue, algo mejor. Yo conozco algo que puede ser una mejora para ti. La invitación a saber es haciendo clic aquí.

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.

Merece

No te engañes. Si de algún autor de superación personal o de algún orador o en alguna publicación de facebook has escuchado cosas como: “…eres el resultado del promedio de las 5 personas con las que más te juntas, por ello, si quieres triunfar, júntate con triunfadores…, los borrachos se juntan con borrachos, los exitosos con exitosos, por ello procura convivir con los exitosos y terminarás igual…, si te juntas con gente extraordinaria, acabarás siendo extraordinario”… ¡no! ¡Así literal, no es cierto! Desengáñate.

Imagínate que te ilusionas con ser un triunfador y vas a un afamadísimo restaurante donde suelen juntarse a comer un grupo de triunfadores, entras, te acercas a su mesa y te sientas a conversar con ellos para ahí mismo empezar a ser un triunfador. ¿Qué va a pasar ahí? Te van a sacar a patadas del restaurante cuando uno de ellos llame a su escolta y le pida ayuda para que te retire por irrumpir en su mesa. Y eso sucederá precisamente porque no eres un triunfador, no mereces estar ahí. Es correcto que conviene juntarse con triunfadores, yo mismo lo he dicho en un sinnúmero de mis conferencias y lo he afirmado como autor especializado en superación personal y desarrollo humano, pero quizá yo sea el único que te explica que para que te acepten los triunfadores y te puedas juntar con ellos, necesitas merecer que te inviten a comer a su mesa. Y merecerás hasta que primero tú te transformes en alguien semejante a ellos. Nunca antes. Esto sí, y esto es muy distinto al mensaje “porrístico” que referencias inexpertas te dicen como mera motivación de pacotilla. La verdad, aunque duela a más de uno, es otra. Necesitas merecer para ascender a mejores relaciones. Y el merecimiento es un trabajo individual, es superacion muy personal antes de merecer la convivencia.

¡Claro que juntarse con exitosos te ayuda a ser más exitoso aún! Pero necesitas merecer juntarte con ellos, de lo contrario nunca serás invitado a su grupo. Tienes que trabajar en ti el desarrollo de las cualidades y aptitudes que tienen las personas del grupo al que deseas ascender. Puedes observar de lejos lo que hacen, puedes leer sus libros (porque varios de ellos escriben revelando lo que hicieron para triunfar) y seguir sus consejos, puedes escuchar audios (porque varios de ellos han grabado sus mensajes del cómo hicieron para superarse) y seguir sus recomendaciones, y así, notarás que te has convertido en uno de ellos… cuando recibas una llamada donde te inviten a comer a su mesa. La invitación a convivir con exitosos manifiesta con toda evidencia el merecimiento, resultado de tu previo trabajo personal en superarte a tí mismo.

Analiza: en este año, ¿qué clase de persona te ha invitado a comer a su mesa y ha empezado una amistad real? ¿Qué nivel sociocultural, moral y económico de persona te ha invitado a su casa para conversar un rato? O bueno, quizá la pregunta tenga que ser más elemental y violenta todavía… ¿alguien te ha invitado este año? Mientras no te confrontes con la verdad en la respuesta a estas preguntas, seguirás ilusionado con motivación facebookera de pacotilla. La verdad es más fuerte, tu superación personal podrás medirla es cuestión del merecimiento a ser invitado a convivir con cierta clase de gente. Acéptalo pacíficamente y toma acción en consecuencia. Cuando un triunfador te llame para ser parte de su equipo, cuando te invite a su casa, cuando te invite a comer, ¡siéntete orgulloso porque, al fin, lo que has hecho contigo empezó a manifestar resultados observables por los triunfadores y has empezado a merecer la selecta convivencia con ese grupo! ¡Felicidades, entonces!

Yo, en varias de mis conferencias y libros, he explicado la “ley de semejanza”: lo semejante atrae a lo semejante y lo distinto repele a lo distinto. Esta segunda parte de “…lo distinto repele a lo distinto” es lo que hoy te explico en esta columna. Se convive con gente afin por merecimiento, y se deja de convivir por la misma razón. Los seres humanos, consciente o inconscientemente, procuramos sentirnos bien todo el tiempo, y ese sentimiento sucede por la confianza sucedida por la afinidad en la convivencia. Lo verás en las formas de vestir, de hablar, de comprar, de viajar, de conversar, de sentir y de pensar, por la música que escuchan y libros que leen. Niveles socioeconómicos, niveles morales, espirituales, intelectuales, emocionales, serán la medida magnética de afinidad. Es fuerte el tema, pero puedes “medirte” por la clase de personas que te invitan, o hasta por experiencias donde puede pasar mucho tiempo y nadie te invita a nada. ¡Mídete ahí! Tienes que observar tu merecimiento. ¿Te caen bien tus vecinos? ¿No te gustan ciertos comportamientos de tus vecinos? Estás ahí y son tus vecinos precisamente por que te pareces a ellos en algún nivel, de lo contrario, ¡ya te hubieras ido de ahí! Vives donde vives por merecimiento.

¿Podría sucederse la increíble excepción de que te inviten a un lugar donde parece que no hay semejanza? Pues siguiendo al afamado refrán de que la excepción hace la regla, sí, la respuesta es sí. Pero…, la ley de semejanza se seguirá cumpliendo. Te sentirás mal, te sentirás fuera de ambiente (tu ambiente) si te ivitan a un grupo al que todavía no mereces pertenecer. Te faltará tema de conversación, permanecerás callado mucho tiempo, los demás notarán con toda evidencia la falta de tus aportaciones, tu imagen también podrá distorsionar un poco el estándar, sentirás asperezas en la convivencia; y es que el merecimiento es el lubricante social que te falta para fluir alegremente en ese convivio. Será debut y despedida.

Observa el tipo de personas como el que te gustaría ser, y empieza a trabajar en tu propia superación personal, empieza transformándote a ti mismo. Eso muchas veces implicará, como imperativo categórico, que dejes a las amistades que hoy tienes, Sí, leíste bien, muchas veces tu superación implicará dejar de convivir con quien hoy convives, y si realmente estás trabajando en ti, esta tranquilo porque la separación también se sucederá casi en automático por la misma ley de semejanza. Te dejarán de llamar tus amigos de antes si sigues superándote. Sigue haciendo lo que antes no hacías, sígue enfocándote en lo que antes no te enfocabas, sigue leyendo lo que antes no leías, sigue escuchando lo que antes no escuchabas, y te aseguro que pronto recibirás la llamada: “¡Hola! Te quiero invitar a cenar a la casa. Vamos a platicar de algo muy interesante. ¿Puedes darte una vuelta?”. Y asiste feliz, con una sonrisa en la cara al colgar esa llamada y poner en tu agenda esa cena. Haz logrado merecer ser invitado. El merecimiento también genera…

¡Emoción por existir!

-Alejandro Ariza.