Nivel de conciencia: amor.

Las cosas las veremos dependiendo desde donde las veamos. El humano está diseñado a ver por “permisos” que representan su estado de conciencia. Dependiendo del estado de conciencia al que asciendas, será lo que se te permitirá ver de lo que es. ¡Me encanta haber llegado desde hace muchos años a este estado de conciencia desde donde alcancé a entender este “instructivo de la vida”! Frente a un mismo hecho, persona o circunstancia, las personas tendrán diferente “interpretación” dependiendo de lo que ven por su estado de conciencia, y luego, desde ese entendimiento nacerá su hacer. Por eso existen tantas reacciones diferentes como estados de conciencia, frente a lo mismo. Por eso un libro o una columna o una persona o un hecho –todo–, frente a dos diferentes individuos con distintos niveles de conciencia, opinan y reaccionan tan tremendamente diferente, ¡frente a lo mismo! Por eso en este mundo ha sido, es y será por siempre un imposible estar todos de acuerdo, por eso la inteligencia de la vida ha permitido crear grupos, para que el individuo pueda desenvolverse creyéndose en lo correcto al convivir con afines… hasta que algo cambia en él y así siente la necesidad de dejar ese grupo y ascender al siguiente mejor. Este fenómeno es lo que sustenta mi filosofía de vida: Nueva Conciencia, donde siempre será nueva, cada vez que ascendamos al siguiente nivel.

El humano que desea evolucionar –habrán quienes no lo deseen o no lo logren durante toda su vida– pasará por los siguientes estados de conciencia (del que más bajo nivel de energía en el que mueve su frecuencia hasta el que más): vergüenza, culpa, apatía, sufrimiento, miedo, deseo, ira, orgullo, coraje, neutralidad, voluntad, razón, amor, alegría y paz. Opinaras, sentirá y actuarás reaccionando a todo dependiendo desde qué estado de conciencia manejes hoy en tu vida. Esta es la razón por la que cuando cambias tu interior te cambia el mundo entero. La verdad, el mundo entero siempre ha estado igual y siempre estará así de igual, pero tu lo percibes tan impresionantemente diferente por lo que al fin alcanzas a ver. No se ven con los ojos, se ve realmente con tu estado de conciencia. Este es un tema amplísimo y futuro de uno de mis libros y conferencias, pero hoy por la mañana estudiaba acerca del nivel de conciencia amor. Te comparto aquí algo del tema:

«El amor es una forma de ser. Es la energía que se irradia cuando se entregan los bloqueos que impiden su expresión. Es más que una emoción o un pensamiento, es un estado de ser. Amor es el camino de la entrega. Es una manera de estar en el mundo que dice: “¿Cómo puedo ayudarte? ¿Cómo puedo reconfortarte? ¿Cómo puedo prestarte dinero cuando no lo tienes? ¿Cómo puedo ayudarte a encontrar un trabajo? ¿Cómo puedo consolarte cuando has sufrido una pérdida importante en tu familia?”. A través del amor, iluminamos el mundo.

Todos tenemos la oportunidad de contribuir a la belleza y a la armonía del mundo mostrándonos bondadosos con todos los seres vivos y apoyando el espíritu humano. Lo que damos libremente a la vida fluye de nuevo a nosotros, porque somos parte de esa vida. Como las ondas del agua, todo regalo retorna a quien lo da. Lo que afirmamos en los demás, lo afirmamos en nosotros mismos.

Cuando estamos dispuestos a dar amor, descubrimos que estamos rodeados de amor y que, simplemente, no sabíamos cómo acceder a él. El amor está presente por doquier, basta con tomar conciencia de su presencia.

Por lo general, la gente asocia el amor con al amor romántico, cuando nos decimos “cariño” o “amor”. Pero el amor romántico ¡sólo es una pequeñísima parte de la vida humana! Hay muchos otros tipos de amor que no son el amor personal, romántico y que están presentes en nuestra experiencia cotidiana».

Alguna canción dice por ahí: “El amor es una cosa esplendorosa”, y por experiencia personal afirmo que sí, lo es. Cuando evolucionamos y soltamos todos los bloqueos que hay para llegar a este nivel de conciencia, el mundo irradia el esplendor del amor. En el nivel de conciencia amor, este resplandor ya no está oculto, ¡lo vemos hacia todos lados donde volteemos! Llegas incluso a ver milagros de cómo el amor cura. El amor troquela nuevos argumentos de vida. Me encanta una historia real de la que supe cuando un cazador de patos cambió repentinamente al presenciar un acto de amor. Un día fue a cazar, como hacía a menudo por diversión. Vio un pato volando, le disparó y lo vio caer al suelo gravemente herido. Para su asombro, de repente, vio a su pareja volar hasta situarse encima y extender sus alas para protegerlo. Al ver su amor, el corazón del cazador dio un vuelco; nunca volvió a cazar.

Cuando te vuelves amor, hay ciertas cosas que ya no puedes volver a hacer. Y hay cosas que puedes hacer en el nivel de conciencia amor que son simplemente imposibles, vamos, impensables, en otro nivel. Cuando entras al nivel de conciencia amor, incluso te llevas la sorpresa de que empiezan a aparecer personas en tu vida que harán por ti lo que nunca imaginaste que alguien se interesara en hacer. Vives milagros sin necesidad de etiquetarlo con la palabra “milagros”. Este nivel de conciencia, amor, tiene un efecto transfigurador por sí mismo, silenciosamente. Estar cerca de una persona que ha alcanzado este nivel de conciencia, trastoca todo. Nos cambia, muchas veces sin darnos cuenta, la percepción del mundo, ¡incluso sin que nos diga nada! Ese es el poder tan solo de la presencia de alguien que ha alcanzado a vibrar así gracias a este nivel de conciencia amor.

Hay mucho que comentar al respecto, pero hoy quise compartir parte de mis estudios y reflexiones del tema, esperando que lo alcances a ver, y si no, esperando que surja en ti al menos la curiosidad de cómo alcanzarlo a ver, para poderlo vivir. Evolucionar, con Nueva Conciencia, genera una gran…

¡Emoción por Existir!

–Alejandro Ariza.

¿Dónde radicará la emoción?

En varias de mis conferencias y ahora en mi más reciente libro, Calidad de vida, he explicado ampliamente que los resultados que uno desea son consecuencia de la acción. A su vez, la acción es consecuencia de la emoción…, pero ¿por qué algunas personas se emocionarán tanto por emprender y cristalizar una idea que tuvieron y otras no? Vamos, sé que algunas personas ni ideas albergan, y de las pocas que sí, sólo algunas se emocionan al grado de hacer lo que tengan que hacer para cristalizar esa idea en realidad. ¿Cuál será el secreto de esos “hacedores”?

Yo creo que el secreto está en descubrir el origen de su emoción. Y aunque varias veces me he puesto a pensar en esto, solo algunas veces atino a suponer que el origen de esa emoción está ¡en la imaginación! Lo que que llega a ver una persona en su interior, algo que nadie más podrá ver, le es suficiente para emocionarse y empezar a actuar. ¡Ese es el santo y seña! ¡Imaginar! Es el poder de visualizar, ver lo que los demás todavía no. Y solo hasta que una persona se imagina un futuro extraordinario, ¡de esas imágenes que ve en su interior proyectadas hacia afuera, es que surge su poder! Imaginar ya es empezar desde el final. ¿¡Ya viste el enorme poder que puedes desarrollar mediante la imaginación?! El tema de la imaginación es más delicado y trascendente de lo que imaginas. Necesitas imaginar para atreverte a hacer, necesitas imaginar para atreverte a emprender, necesitas imaginar para experimentar la felicidad de la creación, una manifestación divina en el humano.

Para que tu imaginación sea eficaz necesitas tres cosas esenciales:
1. Detenerte a pensar
2. Imaginar con gran claridad los resultados
3. Emocionarte por lo imaginado

1. Detenerte a pensar.- Es imposible que imagines si no te das el tiempo para ello. Y aquí déjame ser enfático: jamás llegará el tiempo, tú tienes que crearlo. Nunca esperes a “…luego, al ratito que encuentre un huequito”. No, los huecos en la agenda nunca llegan, no aparecen como generación espontánea, tienes que planificarlos, tienes que reservar un tiempo específico en tu agenda para detenerte. Para detenerte a pensar. Detenerse a pensar es más valioso de lo que la persona común puede suponer. ¡Es trascendente! Los grandes momentos de creación han surgido por detenerse a pensar, por abrirle las puertas a la imaginación, eso significa darte el tiempo para imaginar, eso significa hacer un espacio en tu agenda reservado para imaginar. Mis sugerencias para crear ese espacio en tu calendario, este trascendente espacio para detenerte a pensar, son las siguientes:
– Procura un horario de total silencio. Por ejemplo, un espacio de 15 a 20 minutos entre las 4:00 am y las 7:00 am. Esas horas del día son fantásticas para detenerse a pensar, además de que no sueles interrumpir otras actividades programadas a esas horas.
– Procura un lugar donde puedas estar solo. Las decisiones más importantes de tu vida las tienes que tomar tú solo. ¡Enteramente solo! Pensar no es una actividad colectiva. Tu vida no debe decidirla alguien más que tú. Busca un lugar que pronto se convertirá en tu santuario.
– Crea un ambiente digno para detenerse a pensar y abrirle así las puertas a la imaginación. En mi caso, mi despacho y a momentos mi sala son mis lugares ideales. Coloco mi difusor ultrasónico para ambientar con aromaterapia, encantándome el aroma de sándalo y de vez en cuando el de eneldo. Tengo cerca alguna figura que me inspire (religiosa o artística) y las condiciones físicas de mi asiento es procurando una enorme comodidad, así como mi manera de vestir. La comodidad es una resbaladilla para la imaginación.

2. Imaginar con gran claridad los resultados.- También en varias de mis conferencias he expresado que claridad es poder. Mientras más claro veamos algo, más fuertemente deseamos tender hacia ello. Ahí radica el poder de la claridad. Si “medio nos imaginamos”, mediana será la emoción por hacer y su poder se desvanecerá casi de inmediato por la misma causa. ¡Necesitas imaginar con gran claridad! Tienes que imaginar con colores, sonidos, texturas, figuras, circunstancias, hechos, relaciones, ¡consecuencias de ese resultado imaginado!, afectación en tu salud, en tu economía, en tu familia, en la sociedad. Todo ello lo debes ver claramente en tu interior, es decir, imaginarlo. Y aquí viene algo trascendente, para que surja un enorme deseo en ti por hacer, por emprender, tienes que…

3. Emocionarte por lo imaginado. Si tu resultado es bajar de peso, no es lo mismo imaginar que tienes menos panza… y ya, a imaginar la extraordinaria e inigualable sensación y alegría de entrar a la ropa que tenías guardada desde hace mucho tiempo y que para colmo es una ropa hermosa y fina, y ahora quedándote hasta holgada. No es lo mismo imaginar bajar de peso así sin más, casi solo imaginando un simple número en la báscula, que imaginar un encuentro repleto de sana locura, pasión y desenfreno en una relación con alguien hermosa, digno merecimiento del cuerpo que ahora tú también muestras. No es lo mismo creer que se está imaginando un lugar muy agradable donde vivir, cuando al mismo tiempo no vemos dentro de nosotros mismos las características de ese lugar, (confundimos el deseo con la imaginación), que imaginar realmente el recinto con su tamaño, tipos de texturas, aromas, luz, personas a las que beneficiaríamos, alegría por doquier estando en ese lugar, etc. ¿Ves cómo todo cambia cuando imaginamos algo emocionante? Cuando te emocionas por lo que imaginas, ¡de inmediato empieza nuestro cerebro a hacerse una de las preguntas más poderosas que puede empezarse a hacer… “¿Cómo?”. ¡Y esa es la puerta al emprendimiento! Esa pregunta es poderosísima, porque basta hacérsela el número suficiente de veces para que la respuesta aparezca. Cuando la respuesta aparece sucede el culmen de la emoción, la chispa que enciende la acción concreta. Ahí la persona, al fin, empieza a emprender… ¡empieza a crear!… ahí el humano goza el éxtasis de su semejanza con Dios, el creador.

Ahora ya será cuestión de tiempo de que veas cristalizado en realidad tangible lo que antes solo imaginabas con emoción. Ese tiempo dependerá de tu pasión, de tu deseo ardiente o ferviente por ya ver tus pensamientos materializados. Esos momentos son éxtasis vitales. Esos momentos son indescriptibles e incomparables con ningún otro gozo de tantos que nos ofrece la vida. Ni el placer culinario ni el gozo sensual es equiparable el enorme gozo de la creación. Pregúntale a un escultor, a un arquitecto, a un escultor. El autor de una obra conoce lo que es dar vida, el autor de una obra experimenta una incipiente chispa divina en su interior, la chispa de la semejanza con el creador y su infinito amor por y en el proceso.

¡Imagina! ¡Emociónate por existir… creando! No te pierdas esta dicha de ser humano tocando tu divinidad. Detente a pensar, imagina y emociónate al grado que no tengas más opción que emprender ya, aquí y ahora.

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.

No hay garantía, solo esperanza.

Qué fuertes reflexiones ma ha traído la vida hoy. Desde en la mañana me encantó pensar en esta frase:

«Se me podrán caer las hojas con frecuencia, pero yo sigo aquí de pie siempre».
-El árbol.

Ahora mismo vengo regresando de dar una presentación de negocios y al final regalé a la audiencia 30 minutos de una de mis conferencias inspiracionales. Normalmente la gente paga por escucharme, pero me siento feliz cuando, de sorpresa y en merecimiento a quien confía en mis invitaciones, puedo regalar un material de enorme valor, un material por el que las empresas pagan mucho, mucho dinero, pero para un selecto grupo de asistentes, hoy la vida les llevaba al orador y al mensaje totalmente gratis. Les hablé de acerca de lo que hoy puede hacer a un negocio sólido y exitoso. El núcleo de mi discurso fue explicar cómo hoy en día sólo el apto y dispuesto a cambiar rápidamente, permanece. Punto.

Mientras hablaba se me empezaban a arremolinar en mi mente la enorme cantidad de ejemplos para hacerles ver a mi audiencia esa gran verdad. Por el promedio de edad del grupo, pude citar ejemplos que nos atañían a todos. Les explicaba de la emoción que muchos vivimos cuando de niños, nuestro papá o mamá llegaba con las fotos ya reveladas luego de días y días de tener que esperar a que las entregara aquel lugar a donde se llevaba el “rollo” a revelar. ¡Era tanta la emoción de sentarse juntos para irse pasando las fotos y verlas con la emoción revivida de aquel viaje o evento! Era hermoso ver a mi mamá preparando en diligente tarea el álbum, desde irlo a comprar eligiendo el diseño de las tapas y la cantidad de hojas, hasta verla pegar las fotos “derechitas” para luego poner ese papel celofán encima y así, unos días después volver todos a disfrutar de hojear el álbum. En la emoción de aquel momento, jamás nadie pensó que eso desaparecería para convertirse en la nueva emoción de traer digitalizadas todas tus fotos en tu iPhone y mostrarlas desde ahí o enviarle todo un álbum digital por mail a otra persona que estuviera del otro lado del mundo para que las pudiera empezar a ver segundos después de habérsele enviado. En aquel entonces… inimaginable. Las cosas cambian, los negocios y la forma de ganar dinero, también, totalmente. ¿Dónde estará la gente que fabricaba los álbumes, o la compañía que vendía los rollos de película y revelaba las fotos? Solo hay dos opciones: o muerta por no haber querido cambiar (precisamente como Kodak) o dedicarse a otra cosa, trabajando en el siguiente modelo de negocios, aquel que satisfaga las nuevas necesidades de la sociedad actual. Para colmo, parece que hay mucha gente dispuesta a morir tratando de mantener su negocio, ese de toda la vida, ese que le había funcionado toda su vida y donde cree que precisamente por ello deberá seguirle funcionando lo que le resta de vida. Gravísimo error creer en eso. No hay garantía, solo esperanza para el apto y dispuesto a cambiar rápidamente.

Luego cité ejemplos que vivimos al usar con tremenda emoción esa sensación de la primera vez en que parecía que podías traerte el cine a tu casa con una película para tu videocasetera Betamax, que luego se mejoró con una videocasetera VHS, para luego sorprendernos aún más ante la posibilidad de poder grabar tu programa favorito… ¡lo que nunca imaginaste! (Y quizá ahí empezó esa obsesión por querer atesorar recuerdos grabándolos en vez de viviéndolos). Luego reflexionaba cómo algo tan, pero tan maravilloso tuvo como destino la muerte y su desaparecimiento cuando surge el DVD. Para hoy por hoy atestiguar la muerte de éste último, que parecía la panacea ahora sí, por el surgimiento del “streaming” para poderle llevar al televidente, ya el producto digital directamente a su televisor sin necesidad de objeto material, nace Netflix. ¿Qué habrá pasado con la gente que inventó y creó fábricas millonarias para hacer los videocasetes Beta o VHS? ¿Qué habrá pasado con las miles y miles de familias que vivían de la maquila de DVD’s? Las mismas dos opciones del párrafo anterior. O muertas o haciendo otra cosa, adaptándose al forzoso cambio de las nuevas necesidades del mercado. Hoy en día, un negocio exitoso ya no es garantía para que siga así de por vida. Y no, no es que esté describiendo el hilo negro del mundo empresarial donde ya desde hace tiempo se afirma: “innovar o morir”. No, no, voy mucho más allá. Hoy más parece que el aforismo debería ser: atreverte a cambiar o morir. Esto no se trata de innovar, es decir, de hacer algo nuevo, sino de tú estar dispuesto a ser alguien diferente, capaz de hacer lo que nunca habías atrevídote a hacer. No es cuestión tan solo de innovar, sino de atreverte a ser alguien distinto, alguien que sepa lo pasajero y frugal que es todo modelo de negocio. Por más que dure, pasará. Por eso no hay garantía, solo esperanza, para quien aún con un modelo de negocios exitoso, desde el inicio de su éxito, ya esté dispuesto en un futuro, cercano o no -y muchas veces más cercano de lo que uno imagina- a ser y a hacer algo totalmente diferente. Mantenerse en la cima ya no es cuestión de llegar al punto más alto de la montaña y no caer, sino estar dispuesto a escalar otra montaña y luego quizá otra y otra. Por eso me encantó pensar: “Se me podrán caer las hojas con frecuencia, pero yo aquí sigo de pie siempre” –El Árbol. Hoy, seguir de pie, es mantener la capacidad de cambio en el momento en que se requiera.

Salía de la presentación acompañado de uno de mis mejores amigos de mi secundaria y que me fue a escuchar. De regreso charlábamos de la vida y de cómo han cambiado las cosas, aunque más bien nos impresionaba la velocidad con la que han cambiado. Le comentaba a mi amigo cómo en el tiempo de vida que llevamos (45 años) nos ha tocado ver más cambios radicales que la vida entera de nuestros papás (80 años). Esto era sin duda una medida que evidenciaba la reflexión. Me acordé como alrededor de estos días, los que fuimos “fans” de la película “Back to the future”, donde Marty McFly, estelarizado por Michael J. Fox, viajaba al futuro, al 21 (o 25 o por ahí) de octubre del 2015. ¡Se escuchaba eso tan, tan, tan futurista!… ¡¡¡Y es hoy!!! Y yo aquí escribiendo precisamente en esa fecha. El auto dio vuelta y mi inteligente amigo comentó: “Yo me dediqué años a trabajar en un gran corporativo de talla internacional, y de lo que yo me encargaba era de encontrar empresas en quiebra que afirmaban que tan solo si alguien les prestara un gran capital, saldrían adelante con su negocio, y la compañía para la que trabajaba, les prestaba el capital”. ¿Y se lograban recuperar? –pregunté. “¡No! La mayoría no. Y de esa manera, precisamente queda demostrado lo que nos acabas de comentar en la conferencia. Lo que mucha gente exitosa que logró alzar un empresa familiar hasta altos niveles y creando compañías hasta trasnacionales, cuando empezaron a ver cómo caían sus negocios, llegaron a tal punto donde pensaron: si tan solo alguien nos inyectara un gran capital, podríamos seguir operando y levantamos esto a tope de vuelta, tan solo para darse cuenta que con el capital ya inyectado, volvían en poco tiempo al pique. No era cuestión de que necesitaran capital, su problema fue que seguían haciendo lo mismo que los hizo caer”. Yo ahí tenía cara de “what?!”. Le dije: caray, hubieras pasado tú a hablar de tu experiencia. ¡Qué tú te dedicaras a eso y que precisamente tú atestiguaras la razón de una segunda caída de una compañía descubriendo que no fue falta de capital, es tremendo! –le dije. Pues ahí íbamos en el auto hace unos momentos filosofando. Él luego de 28 años aproximadamente de trabajar en grandes corporativos del sector económico y en donde en varios momentos ostentó puestos de gerente general, hace dos días terminó esa etapa de su vida. Hoy, a dos días de ese tremendo paso, está viviendo la normal zozobra acompasada de incertidumbre de estos momentos. Me alegra que hoy empezara a descubrir que existen otras maneras de generar riqueza. Yo le estoy enseñando una que conozco -de varias- y que sé que le ayudará. El reto que mi amigo tiene es que experimenta la mayoría, atreverse a ser alguien diferente. Uno de los mayores retos para nuestro ego. Y es que nuestro ego está tan loco que prefiere mantenernos pobres pero fieles a un prestigio, que ricos atreviéndonos a ser y a hacer algo que nunca habíamos sido ni hecho pero que es la fuente de una nueva riqueza. A todos nos merodea la riqueza, y precisamente haciéndole honor a su esencia, riqueza, nos rodea en forma abrumadoramente abundante. Solo que aún teniéndola a un centímetro de distancia de nosotros, nuestro orgullo, nuestro temor al qué dirán, nuestro ego, puede ser tan grande, que no, no nos atrevemos a movernos ni un centímetro. Yo te digo hoy: más te vale atreverte a mover tu ser, más te vale moverte este centímetro que tu ego ve como una distancia infranqueable. Dios nos tiene preparada una gran prosperidad… en el lugar donde Él diga, no en el que más te acostumbraste a estar.

En algún momento mi inteligente amigo llegó a continuar diciendo: “Hace muchos años alguien que encontraba un gran negocio y triunfaba, podría dormir tranquilo casi para toda su vida. Hoy, si encuentras un gran negocio y triunfas, podrás dormir muy tranquilo unos seis meses”. Ahora mismo mientras te escribo aquí, viene a mi mente el ejemplo de Twitter… una red social exitosísima que, cuando inició, se empezaron a dejar ver indicios que sería algo sumamente exitoso para toda la vida, para que hoy bajen sus acciones en bolsa porque ya ha perdido influencia en forma tremenda por como lo afirman los estudiosos de esa industria. Jack Dorsey, co-inventor-fundador de Twitter, desde hace ya varios años, ¡precisamente cuando Twitter iba creciendo con un éxito rampante y contundente!… ¡empezó otra empresa totalmente diferente, “Square”, innovando para que con un pequeño dispositivo pudiera la persona hacer cobros con tarjeta de crédito desde su iPhone. Yo ya me imagino a los “amigos” de Jack diciéndole: ¡Oye, qué te pasa! Te estás desenfocando de lo tuyo. Has creado un imperio con Twitter, si te desenfocas, esto se va a caer. Cómo vas a poder ser CEO de Twitter, pero también CEO de otra empresa totalmente diferente, “Square”. De verdad Jack, te lo decimos porque te queremos, pero estás haciendo algo que no es lo tuyo, te estás desenfocando tremendamente”. ¡Qué bueno que Jack no hizo caso a esos “consejos”! Las ganancias que le han reportado a Mr. Dorsey su idea de crear Square, le han generado más ganancias en el primer año que el primer año de Twitter, y sigue teniendo muchísimas ganancias de ello… ¡y no ha dejado Twitter! Simplemente se atrevió a hacer más. El éxito no es el negocio, es la persona que hace negocios. Es el árbol que se mantiene de pie aunque sus hojas cambien de color y se caigan. El éxito del árbol es su capacidad para cambiar por temporadas. La mayor tragedia del árbol sería querer mantenerse verde y frondoso por siempre.

Es como quien quiere ser siempre joven. Si tan solo supieras que estamos de paso. En un momento de tremenda iluminación que le llegó a mi amigo en algún momento de nuestro diálogo (así afirmo que le sucedió) dijo: “…lo normal es no estar aquí”. Aaaaazzzzoooo. Esta ahí sí se las dejo para que le piensen un rato. Un ratote. Esta frase es de ligas mayores de Nueva Conciencia. Pero de muy, muy mayores. Ya está en ti dilucidar todo lo que lleva implícito ese mensaje que Dios nos mandó a través de mi amigo.

Recuerda no hay garantía, solo hay esperanza para quien sabe quién es realmente y de lo que es capaz, siendo esa capacidad admirable cuando incluso se trata de la capacidad para atreverse a cambiar la idea de lo que se es, de lo que uno hace y de donde se está. La vida entera es evidencia de impermanencia. Deja ir y te sorprenderás del espacio que creas para recibir lo que sigue, algo mejor. Yo conozco algo que puede ser una mejora para ti. La invitación a saber es haciendo clic aquí.

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.

Merece

No te engañes. Si de algún autor de superación personal o de algún orador o en alguna publicación de facebook has escuchado cosas como: “…eres el resultado del promedio de las 5 personas con las que más te juntas, por ello, si quieres triunfar, júntate con triunfadores…, los borrachos se juntan con borrachos, los exitosos con exitosos, por ello procura convivir con los exitosos y terminarás igual…, si te juntas con gente extraordinaria, acabarás siendo extraordinario”… ¡no! ¡Así literal, no es cierto! Desengáñate.

Imagínate que te ilusionas con ser un triunfador y vas a un afamadísimo restaurante donde suelen juntarse a comer un grupo de triunfadores, entras, te acercas a su mesa y te sientas a conversar con ellos para ahí mismo empezar a ser un triunfador. ¿Qué va a pasar ahí? Te van a sacar a patadas del restaurante cuando uno de ellos llame a su escolta y le pida ayuda para que te retire por irrumpir en su mesa. Y eso sucederá precisamente porque no eres un triunfador, no mereces estar ahí. Es correcto que conviene juntarse con triunfadores, yo mismo lo he dicho en un sinnúmero de mis conferencias y lo he afirmado como autor especializado en superación personal y desarrollo humano, pero quizá yo sea el único que te explica que para que te acepten los triunfadores y te puedas juntar con ellos, necesitas merecer que te inviten a comer a su mesa. Y merecerás hasta que primero tú te transformes en alguien semejante a ellos. Nunca antes. Esto sí, y esto es muy distinto al mensaje “porrístico” que referencias inexpertas te dicen como mera motivación de pacotilla. La verdad, aunque duela a más de uno, es otra. Necesitas merecer para ascender a mejores relaciones. Y el merecimiento es un trabajo individual, es superacion muy personal antes de merecer la convivencia.

¡Claro que juntarse con exitosos te ayuda a ser más exitoso aún! Pero necesitas merecer juntarte con ellos, de lo contrario nunca serás invitado a su grupo. Tienes que trabajar en ti el desarrollo de las cualidades y aptitudes que tienen las personas del grupo al que deseas ascender. Puedes observar de lejos lo que hacen, puedes leer sus libros (porque varios de ellos escriben revelando lo que hicieron para triunfar) y seguir sus consejos, puedes escuchar audios (porque varios de ellos han grabado sus mensajes del cómo hicieron para superarse) y seguir sus recomendaciones, y así, notarás que te has convertido en uno de ellos… cuando recibas una llamada donde te inviten a comer a su mesa. La invitación a convivir con exitosos manifiesta con toda evidencia el merecimiento, resultado de tu previo trabajo personal en superarte a tí mismo.

Analiza: en este año, ¿qué clase de persona te ha invitado a comer a su mesa y ha empezado una amistad real? ¿Qué nivel sociocultural, moral y económico de persona te ha invitado a su casa para conversar un rato? O bueno, quizá la pregunta tenga que ser más elemental y violenta todavía… ¿alguien te ha invitado este año? Mientras no te confrontes con la verdad en la respuesta a estas preguntas, seguirás ilusionado con motivación facebookera de pacotilla. La verdad es más fuerte, tu superación personal podrás medirla es cuestión del merecimiento a ser invitado a convivir con cierta clase de gente. Acéptalo pacíficamente y toma acción en consecuencia. Cuando un triunfador te llame para ser parte de su equipo, cuando te invite a su casa, cuando te invite a comer, ¡siéntete orgulloso porque, al fin, lo que has hecho contigo empezó a manifestar resultados observables por los triunfadores y has empezado a merecer la selecta convivencia con ese grupo! ¡Felicidades, entonces!

Yo, en varias de mis conferencias y libros, he explicado la “ley de semejanza”: lo semejante atrae a lo semejante y lo distinto repele a lo distinto. Esta segunda parte de “…lo distinto repele a lo distinto” es lo que hoy te explico en esta columna. Se convive con gente afin por merecimiento, y se deja de convivir por la misma razón. Los seres humanos, consciente o inconscientemente, procuramos sentirnos bien todo el tiempo, y ese sentimiento sucede por la confianza sucedida por la afinidad en la convivencia. Lo verás en las formas de vestir, de hablar, de comprar, de viajar, de conversar, de sentir y de pensar, por la música que escuchan y libros que leen. Niveles socioeconómicos, niveles morales, espirituales, intelectuales, emocionales, serán la medida magnética de afinidad. Es fuerte el tema, pero puedes “medirte” por la clase de personas que te invitan, o hasta por experiencias donde puede pasar mucho tiempo y nadie te invita a nada. ¡Mídete ahí! Tienes que observar tu merecimiento. ¿Te caen bien tus vecinos? ¿No te gustan ciertos comportamientos de tus vecinos? Estás ahí y son tus vecinos precisamente por que te pareces a ellos en algún nivel, de lo contrario, ¡ya te hubieras ido de ahí! Vives donde vives por merecimiento.

¿Podría sucederse la increíble excepción de que te inviten a un lugar donde parece que no hay semejanza? Pues siguiendo al afamado refrán de que la excepción hace la regla, sí, la respuesta es sí. Pero…, la ley de semejanza se seguirá cumpliendo. Te sentirás mal, te sentirás fuera de ambiente (tu ambiente) si te ivitan a un grupo al que todavía no mereces pertenecer. Te faltará tema de conversación, permanecerás callado mucho tiempo, los demás notarán con toda evidencia la falta de tus aportaciones, tu imagen también podrá distorsionar un poco el estándar, sentirás asperezas en la convivencia; y es que el merecimiento es el lubricante social que te falta para fluir alegremente en ese convivio. Será debut y despedida.

Observa el tipo de personas como el que te gustaría ser, y empieza a trabajar en tu propia superación personal, empieza transformándote a ti mismo. Eso muchas veces implicará, como imperativo categórico, que dejes a las amistades que hoy tienes, Sí, leíste bien, muchas veces tu superación implicará dejar de convivir con quien hoy convives, y si realmente estás trabajando en ti, esta tranquilo porque la separación también se sucederá casi en automático por la misma ley de semejanza. Te dejarán de llamar tus amigos de antes si sigues superándote. Sigue haciendo lo que antes no hacías, sígue enfocándote en lo que antes no te enfocabas, sigue leyendo lo que antes no leías, sigue escuchando lo que antes no escuchabas, y te aseguro que pronto recibirás la llamada: “¡Hola! Te quiero invitar a cenar a la casa. Vamos a platicar de algo muy interesante. ¿Puedes darte una vuelta?”. Y asiste feliz, con una sonrisa en la cara al colgar esa llamada y poner en tu agenda esa cena. Haz logrado merecer ser invitado. El merecimiento también genera…

¡Emoción por existir!

-Alejandro Ariza.

¡Habla!

Hoy me despertó un sueño, tipo pesadilla (al principio). Una vez más, de esos clarísimos mensajes que recibo estando dormido. -¿Dormido?- Una vez más, uno de esos momentos donde el sueño es tan lúcido que me lleva de una dimensión a otra, de aquella donde se me muestra la escena hacia esta donde tengo que actuar. Obedeciendo a mi sueño, estoy aquí muy temprano escribiendo, como hace rato que no lo hacía. El mensaje fue claro: “¡Habla! Dile a la gente que tiene que hablar si se siente mal. ¡Se puede evitar tanto dolor por complicaciones generadas al callar!”. Como todos los sueños, son extraños y sin obediencia a ninguna línea temporal, sin lógica, pero más o menos así fue lo que acabo de vivir…

Me encontraba en la cocina de la casa de mis papás y de repente veo sentada en el comedor, curiosamente en la silla de mi mamá, a mi “nana”, una mujer extraordinaria llamada Regina quien pienso que fue la mujer que más me ha amado en mi vida entera. Un ser extraordinario, un ángel para mí aquí en la Tierra, quien me cuidó y procuró como quizá nadie en la vida, y ahí sentada, la veía abatida, cansada, con la diabetes que detectamos en sus últimos años de vida, y cuando me acercaba a ella, volteó su cara a verme y me sorprendió al ver claras afectaciones en sus ojos que yo jamás había visto y preocupado le decía:

– ¡Qué tienes Regi?

– Nada -me dijo luego de un clásico silencio que ya me comunicaba más.

– ¿Cómo que nada? ¿Qué te pasa? -le dije al verla tan cansada y abatida como nunca antes. Yo me empezaba a sentir muy mal en cuestión de segundos de tan solo verla así. La tomé de su mandíbula girándole la cara para que me viera fijamente ya que percibía cómo ella prefería no voltearme a ver directamente a los ojos así como para no preocuparme. Al intentar girar su cabeza la sentía tan débil, ¡tanto! E insistí: -Por favor, díme qué te pasa.

En silencio, simplemente comenzó a llorar y a fruncir el ceño en una clara manifestación combinada de dolor, pena y preocupación. La soltaba, la abrazaba y le decia al oído con el mayor amor que pudiera proferirle en ese momento: “Por favor dime qué te pasa, estoy aquí para curarte de inmediato”.

– Es que desde hace muchos días me siento tan cansada, me duelen tanto mis piernas, se me ha nublado la vista y ya casi no veo de este ojo -y se señalaba su ojito izquierdo.

Yo me preocupaba tremendamente, sentía cómo de inmediato se arremolinaban dentro de mi cabeza, al fin doctor, una infinidad de líneas de investigación y diagnósticos presuncionales que me explicaran el porqué se sentía así y con un clásico diagrama de flujo que siempre se aparece en mi mente, ya analizaba todos los tratamientos y las mejores formas de tratarla y quitarle sus molestias lo más rápido. Sin embargo, en uno de esos procesos mentales, apareció lógicamente dentro de mí la opción de que este momento de tanto dolor era fundamentalmente por haberse quedado callada y no haber querido molestar con sus “cosas” a mi familia. De inmediato supe que se trataba de complicaciones a las que no se debió de haber llegado en ningún momento, de hecho, podrían haberse evitado perfecta y totalmente si mi Regi hubiera hablando antes. Sí, aunque también se combinó en mí un claro y muy intenso sentimiento de culpa por no haberle preguntado en mucho tiempo: “¿Cómo estás?”, y con profunda atención invitarla así a hablar, observando todo lo que me podría decir incluso con sus silencios. Yo siempre tan ocupado en mis “estudios” para mejorar la salud de los demás, que no me detenía a ver la salud de los demás, y para colmo, precisamente de los que más me importan, de la gente que más quiero. Que horrible paradoja sentí al descubrir que quizá por tanto prepararme y estudiar cómo ayudar, dejo de ayudar. Me preocupa incluso que en este sueño mi Regi estuviera sentada precisamente en la silla de mi mamá por aquello de los simbolismos de “el lugar”. Sé que hoy tengo que hablar con mi mamá y preguntarle con profunda atención “¿Cómo estás? ¿Cómo te has sentido?”, y observar y escuchar todo, lo que me dice y lo que no me dice. Pero bueno, regresando a la escena de mi sueño, en el momento en que estaba sintiendo todo lo que te estoy confesando aquí, en eso, súbitamente, como por arte de magia, cambiaba la postura de mi Regi, se hacía fuerte, se le limpiaban las “manchas tipo nube” que tenía en sus ojos, se transformaban plenamente frente a mí en unos ojos perfectos y brillantes, su piel se tornaba radiante y bella, salía un tipo de luz hermosamente resplandeciente de su rostro, y me volteaba a ver un un profundo amor indescriptible. ¡Fue tremendo ese momento en mi sueño! ¡Tanto amor me despertó o me sacó de ese sueño! No sin antes haber escuchado claramente un mensaje que me daba Regina sin necesidad de abrir su boca, simplemente la volteaba a ver a su rostro hermosametne transformado y con una divina mirada y sutil sonrisa sentí claramente cómo me decía:

– Levántate y escribe diciéndole a la gente que tiene que hablar. Diles que si se sienten mal, ¡tienen que hablar! Hay alguien muy especial que leerá esto y sabrá que tiene que hablar ya. Por eso vine hoy a despertarte con amor para que en tus palabras le digas a esa persona: “¡Habla!”. Esa persona se puede curar. Esa persona puede detener claramente el avance de una enfermedad que ya empezó. La puede detener, incluso revertir. Pero tiene que hablar hoy quitándose esa pena al creer que va a preocupar a su familia. Si supiera que hablando le va a evitar tanta más preocupación precisamente a su familia. De hecho, amado Ale, aprovecho este espacio en el que me sigues escuchando -porque sí, sí soy Regi, yo te estoy hablando y me ha encantado aparecerme en tu sueño y saber que estas tan dispuesto a escucharme. Siento mucho haberme aparecido con un poco de dramatismo al principio pero sabía que así me pondrías tanta atención como para volvernos a encontrar y cumplir juntos una misión aquí, pero de momento déjame volver con nuestra lectora…- Sí, tú, querida… ¡habla! Tienes que hablar y decirle a tu hijo que te sientes mal. Y tú sabes que te estoy hablando a ti. Estoy usando a mi amado Ale para que a través de su cuerpo y su escritura, yo te pueda decir que lo que tienes está en un momento perfecto para ser curado, para detener su avence y más adelante revertir hacia la salud. Pero tienes que quitarte esa tonta vergüenza de no querer preocupar a tu familia. Tienes que hablar seriamente este día. Di todo lo que sientes, ¡absolutamente todo! Tanto el dolor físimo como el dolor emocional que te acongoja. Platica lo que desde hace cuántos días vienes sintiendo. No hagas caso de cuando tu hijo parezca alzarte la voz diciéndote que por qué no habías dicho nada antes. Comprende su molestia. Haz de cuenta que no dijo nada. No te perturbes y sigue hablando con detalle. ¡Habla! Si hoy hablas, todos nos estamos encargando acá, desde otra dimensión donde nos encontramos todos los que nos dedicamos a cuidarlos, de abrir los caminos y generar los encuentros para que llegue a ti y a tu familia la persona que tiene la solución a tu mal. Incluso, se generará la economía suficiente para solucionar el problema. Por favor no temas, no te preocupes por creer que si confiezas tu dolor, si hablas de tu gran molestia, solo generarás gastos que no queires que tenga tu familia. Tu familia tendrá más gastos si no hablas hoy. ¡Habla! Tienes que decir lo que sientes hoy. El dinero alcanzará para la solución. Hoy generaremos las circunstancias ideales que te invitarán a hablar y a ser escuchada. Lo sentirás clarísimamente. Confía. Habla. Hoy inicia la solución a tu molestia. Y bueno… ahora dejame regresar a despedirme momentánemente de mi Ale.

Mi amado Ale, yo siempre estaré cuidándote. No te imagians el placer de verte tan bien. Yo siempre supe que llegarías a ser un gran hombre y siempre supe que eras mi doctor. Tú me cuidaste. Tú me traías mis medicinas cuando me dolían tanto mis piernas. Tranquilo. No te me pongas triste o nostálgico por recordar aquellos dolorosos tiempos de mi experiencia como humana. Ve mi rostro. Desde aquel año en que partí hacia acá, ¡no te imaginas la maravilla que es vivir la siguiente experiencia de ser humano! Acá no existe el dolor ni el sufrimiento alguno. Desde acá te sigo cuidando. Tú bien sabes que basta que me invoques y estoy contigo para interceder. Incluso basta con que me pienses. Te llevo todo el timepo en mi corazón y te siento en el preciso instante en que me pienses. Y por cierto, ya deja de estar diciendo eso que de repente andas diciendo y que hasta en tu más reciente consulta le confesaste a unos pacientes. No Ale, todavía tienes mucho, pero mucho, por hacer allá en tu experiencia como humano. No te imaginas lo que vas a vivir este año. Yo te voy a cuidar, como siempre. Platícale a Raquelito tu sueño y dile que le mando mis bendiciones y mi permanente gratitud por cuidar a Epifania. Ambas estan cuidadas por mí también desde acá. Tu mamá está mejor que nunca y en unos días les dará una sorpresa de lo extraordinariamente bien que se estará sintiendo. Dile que sé bien lo que le preocupa y dile que ya está arreglado. Que sus oraciones han sido escuchadas y que no hay problema. Dile que por favor ya se deje de preocupar. Ha sido escuchada y dile que le garantizo que lo que desea se habrá de cumplir este año. Si es que le imprimes este texto que te estoy dictando o se lo lees, déjame hablar directo con ella aquí: “Señora… ¡esté en paz! Todo lo que nos ha pedido, se le concede este año. De hecho, esa ligera molestia que ha tenido a últimas fechas, es más que nada por querer decir lo que usted misma sabe que conviene callar, y eso es lo que le ha generado la molestia. Pero hace unos días ya habló claramente. No se preocupe. Además, a usted se le escucha tan solo con lo que en su corazón pide. A partir de hoy se va a sentir como le dice el Ale, “extraordinariamente bien”. Ya verá. Le mando muchos saludos y le hablo en una plantita. Usted sabrá a qué me refiero. Gracias señora”.

Pues bien Ale, te dejo por el momento en esta vía. Y no te andes pensando en lo que opinará uno u otro lector al confesar nuestro diálogo aquí. Esta nota ha sido dictada por una muy compleja relación que, con todo respeto, ningún humano entendería del cómo entrelazamos todas las circunstancias para que estas palabras lleguen a su destinatario final en el momento en que debe. Te amo Ale. Y sí, escuché clarísimamente cuántas veces me dijiste hoy por la mañana “¡Regi, te amo, te amo, te amo!”…, jajaja, si supieras cómo se escuchan los humanos aquí. Me encantó verte transformado luego de la preocupación que tuvimos que generar para llamar tu atención en el sueño. Qué hermoso que te siguieras preocupando por mí. Pero ya vez que bien me puse en un segundo e intenté compartirte una infinitesimal parte de la belleza, paz y armonía con la que se vive permamentement acá en la imagen que de mi viste al final. Me encanta ver tu sonrisa incluso mientras escribes estas líneas. Yo tambien te amo Ale. Cuida a los tuyos. Pon más atención a ellos. Saludos a Dany, a Danielito (que de chiquito ya vi que no tiene nada) y a Sarita, ella es una bendición. Téngalo presente y díganle que también yo la cuido desde acá. Es lo menos que puedo hacer al ver lo que ha hecho por cuidar de tu hermano y de tu mamá. Este año todos se llevarán una gratísima sorpresa. No me creas mucho si es precisamente este año porque acá se pierde la dimensión del tiempo que se tiene como humano, pero calculo muy pronto. Sigue siendo una bendición. Hablaré con Adriana. Ella también escucha entre sueños. Dile que le tengo una muy grata sorpresa. Elisa escucha más que todos ustedes. -Regi.

Querido lector, lectora: Estoy en “shock” por lo que ha “salido” en esta nota y que sé debo publicar. ¡Quiero decir tanto de esta experiencia! ¡Tanto! Pero paradógicamente sé o siento también que no debo decir más. Simplemente… ¡Habla! Se me arremolinan sentimienos encontrados por lo recien vivido. No quiero irme sin decirte o presumirte o comentarte -el calificativo no sé cuál sea el ideal- de lo orgulloso que me siento de haber obedecido todo lo que se me indicó hacer en lo que viví hace apenas tan solo unas horas. Literalmetne esta experiencia me despertó y me hizo levantarme de mi cama para venirme a escribir a mi sala. Me preparé un café, mismo que por supuesto ya se enfrió y prácticamente ni probé, me envolví en el silencio, y escuché tanto y tan claro lo que hoy te plasmé aquí. Literalmente, obedeciendo. Así que… ¡habla!

¡Vivo con entusiasmo!

-Alejandro Ariza.

Realizando mis actividades preferidas.

Cuando al fin acepté que mis actividades preferidas no tenían que ser como las actividades preferidas de las mayorías, pude dedicarme aun más y más tiempo a ellas con menos y menos “pesar” o vergüenza por quedarme fundido tanto tiempo en ellas. Con el tiempo, he podido quedarme haciendo lo que más me gusta sin pena alguna y sin buscar la aceptación o admiración de alguien por ello. Con en tiempo creo que llegué realmente así a fundirme en la misión de mi vida. Y ahí, en ese nivel, se vive una intensa y permanente emoción por existir, tanta, que es incomparable con la emoción que pudiera generarme cualquier otra convivencia en actividad común que, luego de comparar, he descubierto que no es lo mío.

Y quizá así ande mucha gente, en actividad común compartida, haciendo lo que las mayorías hacen o lo que está de moda hacer, conviviendo en esa actividad con otros, esos con lo que tiene en común el que ninguno ha descubierto todavía su misión existencial, esa que le da sentido a cada segundo de la vida. Entonces se puede desperdiciar cualquier segundo o, si no desperdiciar, por lo menos no confrontarse con el vacío de un tiempo indiferente.

Leí hace tiempo que al maestro Pablo Picasso algún día le preguntaron si no había momentos en que se aburría y respondió que sí. Le preguntaron cuáles y respondió: “Cuando hago cualquier otra cosa que no sea pintar o cuando recibo visitas”. ¡Me pasa algo tan similar! Pero en mi caso obvio no es pintar, sino leer, estudiar, escribir y dar conferencias (lo de las visitas si es igual). Fuera de eso, no me la paso tan bien. Y es hermoso alcanzar a darse cuenta de esos momentos, cuando no me la paso tan bien, y es sublime saber que todos esos momentos son opcionales, nunca forzosos. Lo forzoso es inversamente proporcional a la autoestima.

¡Vivo con entusiasmo! El entusiasmo sucedido por poder dedicar prácticamente todo mi tiempo exclusivamente a mis actividades preferidas. Un entusiasmo sucedido al descubrir que no tienes por qué darle gusto a nadie realizando alguna actividad que no te fascina. Cuando acepté esto, súbitamente apareció más y más tiempo para realizar mis actividades preferidas, al mismo tiempo fueron desapareciendo las visitas.

¡Emoción por existir!

(Cavilaciones de un domingo encerrado en silencio mientras leo, estudio y escribo de varios temas… y escuchando pajaritos en el jardín).

Me parece que el tiempo no existe.

Cada día estoy más y más consciente de la enorme velocidad con que se me está pasando el tiempo. O va exageradamente rápido o esta etapa de la vida está intentando revelar a algunos con fuerte evidencia que efectivamente el tiempo no existe, como ya lo venían advirtiendo ciertas teorías. A momentos me parece como si esta etapa de la evolución de conciencia humana nos quisiera manifestar eso.

No sé tú, pero a últimas fechas, yo cada día que despierto siento esa sensación como de si acabara de vivir la misma previa (cuando me estaba despertando ayer) apenas sucedida hace breves momentos. ¿Dónde quedó el día de ayer? Y eso siento preguntarme diario.

Tengo una edad de adulto y en mi interior sigo con actitud de los 20’s, aunque en una variante harto mejor, una etapa como de vivir en los 20’s pero con poder y libertad plena. Sé que mucha de esta sensación es consecuencia de las elecciones y decisiones que he tomado para crear mi estilo de vida, pero aun así, aun con con mi optimismo, siento ya tan cerca la muerte, vamos, digamos la «trascendencia a la siguiente experiencia» para que no se oiga tan dramático y de hecho sea más real.

¡Qué corta es la vida! Y siento que es perfectamente corta por la cortísima duración de cada una de sus clásicas etapas. A la edad que tengo hoy, ya diario se me aparece la idea que pronto me iré de esta experiencia de ser humano. Quizá de aquí venga el cuánto gozo, deliberadamente, cada instante de mi vida, hasta mis angustias y preocupaciones las alcanzo paradójicamente a disfrutar, quizá por saber que, para como va el tiempo, pasarán pronto.

A momentos, momentos de posible locura conciente, veo tan absurdo “hacer planes” para el futuro. Cómo nos engañamos como humanos pensando en el próximo verano o invierno cuando más que nada hoy siento esos ejemplos como meras estrategias publicitarias de venta de artículos o servicios para esas épocas. Pero todo el tiempo es lo mismo, el estar envueltos en la mera idea que hemos inventado del tiempo. Pero quizá mientras más despierto estés descubras que no hay tal.

A todas las demandas del ego: el éxito, la fama, el poder, el dinero, el control, etc., se les desvanece su importancia y se lea decolora su atractivo con cada avance en conciencia del poco tiempo que nos queda, o del poco tiempo que hay o por descubrir que ni hay. ¡Ah, qué cosas! Pareciera que lo único que me –nos– queda es disfrutar del “eterno presente con su caducidad de conciencia”. Tal parece que no me –nos– queda mas que entretenernos con la idea de que hay tiempo. Mientras, ya me voy a desayunar, otra vez. Igualito que hace tan sólo lo que siento brevísimos instantes.

Es sabido –o creído– que cuando no tienes nada que hacer se te pasa el tiempo más lentamente y hasta aburrido. Pues yo ya intenté deliberadamente quedarme sin hacer nada por largos ratos y hasta días, incluso por lo mismo viendo cómo se me vienen problemas encima, y a mí aun así se me pasa tan rápido el tiempo. Ahora no te quiero decir cómo se me pasa cuando elijo hacer y producir y estudiar todo lo que me gusta.

¡Ah! La vida es un instante. No más por eso, disfrútalo, incluso en tus momentos de angustia. Van a pasar. O incluso quizá mejor dicho: vas a pasar.

Vamos –dijo el otro.

Mientras… minuto a minuto descubro que lo único que vale la pena son esos brevísimos momentos donde amas o ayudas a alguien. A momentos me parece que perdemos el tiempo, del poquísimo que hay, haciendo cualquier otra cosa.

Ahora sí ya me voy a desayunar porque no sé si por la falta de micronutrientes es que acabo de escribir esto.

¡Vivo con entusiasmo!