El sistema

Llego a un restaurante y uno de los dueños, amigo mío, extranjero, empieza a comentarme su impacto ante “el sistema” mexicano.

– Vengo regresando de Playa del Carmen donde vamos a abrir otra sucursal. Ya tenemos todo para abrir, pero luego de un mes de estar allá, me regresé con tan sólo el 20% terminado de lo que pensaba hacer.

– Por? -pregunté.

– La gente no llegaba a trabajar o ni a las entrevistas de trabajo. No lo podía creer.

– Allá como que la gente no tiene prisa, verdad?

– No, no es eso. Más bien la gente no quiere trabajar. Eso es todo.

Silencio. Y luego continuó:

– Como cualquiera que abrimos un restaurante, fui a las autoridades sanitarias a pedir la inspección, siendo por ley éste un trámite gratuito. Y me llevo la sopresa de que la señorita recepcionista ya con toda apertura me dice: “Mire, para más rápido, pague 3,500 pesos y vuelva en dos horas para que ya le demos sus papeles firmados de revisión”.

– Qué!?

– Así como lo oyes. Un trámite que es gratuito, me lo cobran y ni tramitan nada como proceso. En 2 horas tienes tus papeles de revisión donde “ya revisaron”.

– Increíble!

– No, más increíble es que no hay ninguna otra manera de obtener esos papeles de revisión! Es un sistema.

Efectivamente, y con triste vergüenza, sí, es un sistema. Así funcionan las cosas en México.

Y si denuncias… También hay un sistema. Y no conviene conocer el sistema.

Algún día dejarán de funcionar la cosas de ese sistema?

No creo. No creo. Ya es más allá que cultural. Un inconsciente colectivo en extremo antaño. Ese sistema nunca dejará de existir.

Veo solución?

Sí. Sí hay solución. Crear otro sistema. Paralelo. Por el momento muy pequeño y de pocos adeptos. Pero me consta que existe. El sistema donde la verdad, la honestidad, la formalidad y el compromiso son la norma.

Y ya luego, lo único que nos queda es la bendición, la dicha, de poder “elegir” a qué sistema pertenecer. La opción siempre está ahí.

Esto es… lo que alcanzo a ver.

El sobresaliente estigma…tizado.

PonchaglobosHoy desayunando con tres inteligentes jóvenes emprendedores, escuché contundentemente sabias palabras de uno de ellos: “En México, sobresalir es un estigma”. Me quedé impávido, porque se trata de la pura verdad. Entendiendo que “estigma” es un desdoro o mala fama, qué impresión que en un país donde reina la mediocridad, la desconfianza y la mentira, si te atreves a “sobresalir” de ese fango, si te atreves a ser mejor, si te atreves a triunfar, si te atreves a ser el número uno, si te atreves a ser el exitoso… ¡serás discriminado! Sobresalir es un estigma.

Toda mi vida he vivido eso. Orgullosamente, y a momentos llegué a pensar que no tan orgullosamente, la vida me ha llevado a triunfar en varios aspectos de la vida… y en esta sociedad, ese triunfo evidente y social, te pasa la factura: discriminación, soledad, señalamientos, desdoro. Claro, no por eso uno debe dejar de triunfar, pero resulta interesante comprender que este tipo de estigma, existe.

Hay que desarrollar una gran autoestima para triunfar, pero hay que mantener esa autoestima o incluso incrementarla para soportar el hecho de haber triunfado. Eso veo y siento en México. Siempre he dicho en mis conferencias que en este país hay un delito que se persigue de oficio: Triunfar. Si triunfas, todas las luces las tienes en contra tuya. Si te atreves a ser un exitoso de la vida, prepárate para que cierto sector de la sociedad empiece a hablar mal de ti y desee tu fracaso como éxito suyo! Saber esto anticipadamente, es relajante a fin de cuentas. Hay que comprender y aceptar pacíficamente que si empiezas a inflar tu globo de vida con el aire de la felicidad o con vientos de amor y éxito… no tardará un ponchaglobos a acercarse a “saludarte”.

Sé bien que ser “diferente” siempre es un desafío…, pero qué triste que esa diferencia sea por atreverse a sobresalir. Ya bien lo dijo algún carpintero por ahí: todo clavo que sobresalga terminará recibiendo un martillazo.

¿Qué solución veo a esta discriminación? ¿Qué opción encuentro para que no te ponchen el globo de tus ilusiones? ¿Cómo evitar sentir el estigma de sobresalir? Respuesta: ¡Júntate y convive sólo con triunfadores! Reúnete sólo con personas que vean como normal el sobresalir en la vida, gente que diario infle sus globos con el bien, la verdad y la belleza. Ese “reunirse” con los parecidos a uno, esa sociedad “GCU (gente como uno)” es lo mejor que uno puede hacer… precisamente para evitar la dolorosa diferencia que le genera tremenda envidia a un mediocre y fracasado: la simple presencia cercana de un triunfador.

Escribo aquí, precisamente para abrir un espacio donde sólo nos reunamos GCU! Espero que disfrutes del encuentro.

Esto es… lo que alcanzo a ver.

ArizA.

RATAtuil

RATAtuilSi me has seguido en Twitter… habrás leído en estos últimos días acerca de “mi chefcito”. Un sujeto que conocí hace un año y recientemente me buscó. Me comentó que llevaba 5 meses sin encontrar trabajo y por mi clásico impulso de ayudar a la gente, le ofrecí trabajo en mi casa durante mis vacaciones. Sin duda, en estas vacaciones que hoy terminan, comí muy sano. Lástima que ayer también descubrí que mi ex-chefcito tenía dos profesiones, la comentada y ratero.

Ayer me di cuenta de que desaparecieron de mi casa todas mis plumas más finas y uno de los relojes más finos que tenía. Investigué, lo llamé por la noche, lo cité en mi casa y lo confronté con un clásico pacífico estilo Nueva Conciencia y en menos de 5 minutos me dijo: “Sí, yo los tomé… yo te robé. Estoy muy apenado. Soy un…”. De esos momentos increíbles que ta da la vida para atestiguar. Sin más, reconocí que se atrevió a confesarlo. Por momentos albergué la idea de recuperar mis cosas cuando me dijo que las tenía en su casa, pero también resultó ser mitómano y por esa misma razón segundos después volvió a confesar que la verdad es que estaban mis cosas en una casa de empeño.

La historia se alargó hasta incluso hoy, y la verdad yo ya me separé de este evento. Gracias infinitas a Dios tengo un equipo que se hizo cargo del caso y ahora resulta que varias de mis cosas ni en la casa de empeño están. Las vendió a esos rateros, quizá de la banda RR (roba Rolex).

Un ratero que cocina muy sano. Esa combinación no la conocía. El lunes pasado salí un momento de mi casa y ese momento en que se quedó totalmente solo en mi casa… la revisó toda! No más de imaginar la escena me da escalofrío. Pero en fin… aquí te comparto lo que aprendí:

1) La responsabilidad es totalmente mía al dejar entrar a mi casa a alguien que no conocía perfectamente bien y sin mayores referencias. Hoy en día, en México, ya no puede ser así.

2) No se debe ayudar “a todo el mundo”. Debe haber merecimiento e investigada justificación.

3) Debo guardar cosas que son muy valiosas para otros bajo llave. Vivo extremadamente abierto en todo lo que tengo. Por cierto, siento que cada vez tengo menos cosas porque las necesito igual de menos, pero también me llama la atención que ya es la tercera vez que me roban dentro de mi casa: mi exchofer, un amigo y ahora un chef.

4) El riesgo aumenta en la misma proporción en que aumenta la confianza.

Por supuesto que tuve todos los elementos para sentirme mal ayer por la tarde-noche. Pero no… sólo fue una sorpresa que de inmediato arreglé. Las cosas son cosas y van y vienen, incluso mejoran cuando llegan otras a las que dan espacio las que se fueron.

Sólo me quedo sorprendido en extremo con el factor humano… a este chavo, francamente necesitado, le di trabajo para que ganara dinero estas semanas, le abrí las puertas de mi casa, en una de las comidas me hizo preguntas de la vida y tuvo sesión privada de asesoría emocional con Ariza gratis, escuchó la mejor música mientras estaba aquí, me confesó varias veces que sentía paz trabajando en mi casa, que se lo decía la gente, le ayudé de varias formas… y en el momento en que salí un rato de casa… se apareció RATAtuil, ese mismo sujeto se atrevió a husmear y robar los objetos de gran valor económico que habían en mi casa. ¡Qué tal! ¡¿De qué tienes que estar hecho para atreverte a actuar así?! A mí no me quitó nada en verdad, hablando de cosas, (la mercancía que robó llegaría cuando mucho a 70 mil pesos) pero sí me intentó quitar mi capacidad de confiar en la gente.

En la noche, antes de dormir le pedí a Dios que me enviara un mensaje, y en ese momento sentí el impulso de tomar mi iPhone y leer mi Twitter. Era la media noche cuando este mensaje de uno de los más afamados coach del mundo, JohnWooden, es citado en mi Twit: “Es mejor confiar y decepcionarte de vez en cuando, que no confiar y ser miserable todo el tiempo”.

Me ayudó. Sentí un bálsamo. Y..¿Así o más sincronístico el mensaje? Pues bien… me queda claro que debo de hacer algunos ajustes en la vida, a fin de cuentas para eso nos suceden las cosas, para reajustar, reajustar y reajustar, todo el tiempo. Me queda claro que el riesgo (en cualquier cosa) aumenta en la misma proporción en que aumenta la confianza, y me queda claro que… seguiré confiando en la esencia de bondad y amor que todos tenemos dentro.

Esto es… lo que alcanzo a ver.

ArizA.