Comunicación desde el otro lado.

Daniel Ariza Herrera y Alejandro Ariza Zárate

«La vida no acaba con la muerte».
–Alejandro Ariza Z.
Sentir la presencia de un ser querido que ya ha muerto puede ser contundente. Recibir señales confirmatorias es sorprendentemente sobrecogedor, así como motivo de esperanza y alegría al mismo tiempo.
En este tema podríamos caer de lleno en plena subjetividad, pero quizá no. Es una experiencia tan personal que sólo quien la ha vivido podría sacar el tema del ámbito de toda subjetividad.
He notado que muchas veces hasta que alguien se atreve a opinar de cierto tema, se levantan manos diciendo “yo también”, y de ahí que me surgiera el deseo de compartir algunas anécdotas recientes.
Hace unos días pensaba intensamente en mi papá, agradeciéndole su ayuda, misma que hoy en día, años después de haber trascendido a su siguiente experiencia, me sigue dando. De verdad que en momentos de retos y dificultades siempre he sentido muy de cerca su presencia, su guía, su consejo, pero lo que sucedió la semana antepasada me impresionó. Precisamente estaba pensado seriamente en él. Me encontraba sólo en mi oficina. Reflexionaba admirando todo lo que este gran hombre hizo en su vida y cómo me sigue ayudando dándome “luz” en mi camino y más en momentos de dificultad para mí. Estaba precisamente en ese momento cuando de repente entra a mi oficina uno de mis colaboradores a entregarme algo, un recibo de luz. Me gusta que en cuando llegan los papeles a nuestro buzón, de inmediato me los entreguen para que, si es cuestión de pagos, los pague de inmediato, como debe ser. Al estirar mi mano para tomar el recibo de luz, lo primero que veo en él son, en letras negras resaltadas, ¡el nombre completo de mi papá! El recibo de luz de la casa que uso como mis oficinas, ¡todavía sigue a su nombre! De repente, mi colaborador, que también notó su nombre en el recibo, me dice: “Wow! Tu papá está en la luz”. Me quedé viendo al recibo. Sentí claramente una experiencia numinosa. Sentía cómo mi papá, precisamente en la luz, llegaba a mis manos por esa vía, confirmándome su clara comunicación y guía.
He de hacer notar que era la primera vez que yo personalmente recibía en mis manos un recibo de luz de mis oficinas. Siempre había alguien encargado, pero recientemente decidí encargarme yo. Así fue como sucedió. En el recibo de luz, mi papá. Y ahora mismo que lo escribo aquí, me sorprende aún más el juego de palabras, si uso “recibo” como verbo y no como sustantivo. En el recibo de luz, mi papá. Recibo luz de mi papá, literalmente. Y si te contara todas las bendiciones que he recibido últimamente, todas las mejoras en todos los ámbitos de mi vida en en días recientes, la historia es más impresionante aún.
Está atento a la comunicación desde el otro lado. Como experiencia característica está la numinosidad. Desde que escribí mi libro, Señales de destino, cité ahí a Rudolph Otto, teólogo protestante alemán y erudito en el estudio compartido de las religiones, quien describe la “numinosidad” magistralmente: Es la experiencia de sentir de modo innegable, irresistible e inolvidable que estamos en presencia de lo divino. ¡Precisamente así es la experiencia! En lo más íntimo de tu ser lo sientes al recibir comunicación desde el otro lado, al recibir una señal de destino. Es una muy personal y profunda experiencia emocional. Podrás sentir cómo se te eriza la piel o una incapacidad momentánea para articular palabra. Y tiene sentido, porque no hay palabras para describir lo que se siente frente a una clara comunicación así.
Tengo otra historia más sorprendente aún precisamente con mi papá, q.e.p.d. Pero esa la tengo reservada para relatarla con todo dramatismo en mi siguiente conferencia: “Señales de destino”, a sucederse el domingo 4 de agosto del 2019. ¡Es impresionante recibir el apoyo de tu papá, franca e innegablemente manifiesto, aún cuando él ya no está en esta dimensión física! Este tipo de comunicación desde el otro lado suele ocurrir en momentos de importante transición en nuestras vidas. Esto lo explico, precisamente, en mi libro Señales de destino (Pp. 43).
Cuando ya sabes de la existencia de este tipo de comunicación, luego de esto, ya nada puede ser igual. No se trata de creer, es una experiencia que te hace saber con absoluta certidumbre.
No estamos solos. El amor más puro y auténtico, sólo ese, sigue permitiendo una comunicación desde el otro lado.

Si entiendes, cambias.

–Alejandro Ariza.

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A Dios le interesa que el mundo le conozca.

Siempre se sucede un tipo de “magia”, un tipo de “momento transformador” cuando llegan a ti ciertas lecturas. Eso me sucedió hoy en la mañana que sentí el impulso de abrir uno de mis libros favoritos que tengo en mi biblioteca digital de mi iPad y me fascinó un fragmento a tal grado que sentí el impulso de compartirlo aquí contigo. El autor, Henry Blackaby, plasmó en su libro Experiencing God, palabras tan ciertas –me constan– como estas:

“Dios está interesado en que el mundo le conozca. La única manera en que la gente le conocerá es cuando le vean actuando. Siempre que Dios le involucre en Su actividad, la tarea tendrá unas dimensiones del tamaño de Dios. Algunos dicen: “iDios nunca me pedirá hacer algo que yo no pueda hacer”. Yo he llegado a un punto en mi vida en que, si la tarea que siento que Dios me está dando es algo que yo puedo manejar, sé que probablemente no sea algo de Dios. El tipo de tareas que Dios da están siempre más allá de lo que la gente puede hacer, porque Él quiere demostrar su naturaleza, su fuerza, su provisión y su bondad hacia su pueblo y hacia un mundo que le está observando. Esa es la única manera en que el mundo llegará a conocerle. Cuando el pueblo de Dios y el mundo vean algo que sólo Dios puede hacer, entonces le conocerán”.

¡Es tan cierto esto! Yo mismo, con mi propia vida, puedo dar fe de lo aquí expresado. Mucho de ello lo he compartido en mi libro . Hay tareas que uno realiza donde el resultado es tal, que forzosamente uno se ve obligado a aceptar que no dependió de uno, sino que todo el crédito se lo lleva Dios y a uno solo le queda vivir inmensamente agradecido por hacer sido elegido para manifestar tal faena. Hay momentos donde uno solo se remite a obedecer y luego a agradecer. ¡Busca más momentos así! ¿Cómo? Haciendo tu ego a un lado. Tu ego estorba para conocer a Dios.

A Dios le interesa que el mundo le conozca… a través de ti. Por eso, no te interpongas, es decir, no metas tu ego, y así es más fácil usarte para que a través de ti, Él se manifieste. Así funciona esto.

¡Vive con entusiasmo!

-Alejandro ArizA.

El misterio de Dios

En mis lecturas de hoy, me encantó y me hizo sentir algo “especial” leer este fragmento de Urantia que decidí compartirlo aquí, reflexionando en el misterio de Dios.

“La infinidad de la perfección de Dios es tal que eternamente lo constituye en un misterio. Y el más grande de todos los misterios impenetrables de Dios es el fenómeno de la residencia divina en la mente de los mortales. La manera en que convive el Padre Universal con las criaturas del tiempo es el más profundo de todos los misterios del universo; la presencia divina en la mente del hombre es el misterio de los misterios.
El cuerpo físico de los mortales es «el templo de Dios». A pesar de que los Hijos Creadores Soberanos vienen cerca de las criaturas de sus mundos habitados y «atraen hacia ellos a todos los hombres»; aunque ellos «están junto a la puerta» de la conciencia «y llaman» y les llena de dicha entrar en todos los que «abren la puerta de su corazón»; aunque sí existe esta íntima comunión personal entre los Hijos Creadores y sus criaturas mortales, sin embargo, los hombres mortales tienen algo de Dios mismo que actualmente mora dentro de ellos; y del cual sus cuerpos son los templos.
Cuando hayas terminado aquí, cuando tu carrera haya acabado en su forma temporal en la tierra, cuando concluya tu viaje de tribulación en la carne, cuando el polvo que compone el tabernáculo mortal «regrese a la tierra de donde provino»; entonces, se ha revelado, «el espíritu» que mora en ti «regresará a Dios que lo otorgó». Habita dentro de cada ser mortal de este planeta un fragmento de Dios, una parte integral de la divinidad. Aún no es tuyo por derecho de posesión, pero está concebido intencionalmente para volverse uno solo contigo si sobrevives a la existencia mortal.
Constantemente nos vemos confrontados por este misterio de Dios; nos confunde el desenvolvimiento creciente del interminable panorama de la verdad de su infinita bon-dad, su ilimitada misericordia, su incomparable sabiduría y su carácter extraordinario.
El misterio divino consiste en la diferencia inherente que existe entre lo finito y lo infinito, lo temporal y lo eterno, la criatura espacio-temporal y el Creador Universal, lo material y lo espiritual, la imperfección del hombre y la perfección de la Deidad Paradisiaca. El Dios de amor universal se manifiesta infaliblemente a cada una de sus criaturas hasta la plenitud de capacidad de esa criatura para aprehender espiritualmente las cualidades de la verdad, la belleza y la bondad divinas.
Para todo ser espiritual y para toda criatura mortal en todas las esferas y en todos los mundos del universo de universos, el Padre Universal revela todo aquello de su ser misericordioso y divino que puede ser discernido o comprendido por estos seres del espíritu y por tales criaturas mortales. Dios no muestra preferencia por personas, ni espirituales ni materiales. Solamente la capacidad de la criatura para recibir y discernir las actualidades espirituales del mundo supermaterial limita la presencia divina que cualquier hijo del universo disfruta en cualquier momento.
Como realidad en la experiencia espiritual humana, Dios no es un misterio. Pero cuando se intentan aclarar las realidades del mundo del espíritu para las mentes físicas de orden material, aparece el misterio: misterios tan sutiles y tan profundos que sólo el entendimiento de fe del mortal que conoce a Dios puede lograr el milagro filosófico del reconocimiento del Infinito por parte del finito, el discernimiento del Dios eterno por parte de los mortales evolutivos de los mundos materiales del tiempo y el espacio”.

La verdadera fuente

Mi vida entera cambió desde hace muchos, muchos años en que descubrí que el origen, la verdadera fuente, de todo lo que soy, hago y tengo es Dios. Hoy te lo quería compartir porque todavía recuerdo las cortinas que nos pone nuestro ego para no permitirnos ver la verdadera fuente y hacernos creer que el resultado de lo que vivimos es nuestro propio trabajo, arduo merecimiento, y de verdad hay momentos en que uno se alcanza a creer el que origina un resultado. Miopía egóica.

Déjame que te diga algo hoy desde mi corazón: sentir una nueva conciencia del progreso, saber una nueva conciencia de la prosperidad, significa que en lo más profundo de nuestro ser, aunque estemos en el mismísimo desierto del mayor aprieto, sabemos que cuando la actividad económica baja, incluso cuando recibamos un informe financiero negativo, Dios sigue en su trono. Nuestra fuente no es nuestro trabajo. Nuestra fuente no es la economía ni nuestro sistema o vehículo financiero. Sabemos que nuestra fuente es Dios. ¡Cuando al fin sabes y sientes esto… al fin logras conectar con la abundancia de fuente real!

Este momento en que me encuentro cómodamente sentado escribiéndote y tomándome un exquisito café, siento en mi corazón el gozo de decirte: es momento del favor de Dios.

Aunque para muchos no tenga lógica financiera, con 20 años de vivir como vivo, te digo desde la más íntima experiencia: en verdad no importa qué pase en los mercados bursátiles, no importa cuánto suba el precio de la gasolina… Dios siempre tiene la última palabra. Tu reto es descubrir qué sueles escuchar, las palabras de los noticieros o la de Aquel que tiene la última palabra. Si llegan tiempos difíciles, Dios aún puede bendecirnos en grande.

No sé bien por qué te estoy escribiendo esto, pero siento clarísimamente la orden de hacerlo, y aquí estoy obedeciendo. Siempre me ha sorprendido y emocionado el recibir de una enorme cantidad de mis lectores frases como: “…Dr. Ariza, ¡qué sincronía! Lo que usted ha escrito era exactamente lo que necesitaba escuchar y saber ahora!”. Sí, así recibo comentarios desde hace muchos años en que empecé a escribir. Es otra manifestación evidente de que el que hace que las cosas sucedan y los tiempos perfectos para que sucedan, no somos nosotros, sino la verdadera fuente, Dios. Yo en esto creo. Y me regocijo de creerlo así, ¡de saberlo así!

Sé justo, bondadoso y amable, y todas las cosas esenciales se te darán por añadidura sin que nunca pases dificultad. Solo siempre ten presente la verdadera fuente y cuando la sepas, cuando la sientas, agradece todo el tiempo por la oportunidad que la vida misma representa para alcanzar a descubrir la verdadera fuente.

Recibe un abrazo de mi parte.

¡Emoción por Existir!

-Alejandro ArizA