Dar el ejemplo no es tan poderoso como recibirlo.

Llegó el momento en que me daré la oportunidad de desmitificar uno de los mitos que juzgo como uno de los más grandes que hay en materia de liderazgo, y es el siguiente: “…el que la gente hará lo que te vea hacer, que el ejemplo arrastra, que, para el líder, el ejemplo que dé es la manera de hacer que sus seguidores hagan”, y pues, a la luz de la evidencia, esto no es necesariamente así. Dar el ejemplo jamás es garantía de que el otro haga lo que le das así.

Desde hace muchos años, desde que empecé a estudiar la apasionante materia de liderazgo, escuché y cargué sobre mis hombros uno de los más grandes preceptos que se enseñan en dicha materia, la idea acerca de la poderosa influencia que genera el ejemplo que uno da a los demás, para llevarme la sorpresa de que incluso habiendo una insistente concientización de la trascendencia que tenía dar el ejemplo para que las demás personas hicieran lo que el líder desea que hagan, afirmo que no es garantía de que suceda así. Hoy llego al punto, luego de más de 30 años de ser líder, conociendo la materia como una moneda, perfectamente bien por ambos lados, ya que he sido influenciado por grandes líderes que elegí para aprender de ellos, como también tenido el privilegio de poder inspirar influenciando a otros, en que afirmo categórica y enfáticamente que dar el ejemplo no es garantía para lograr que el otro haga –¡nunca ha sido!–. Dar el ejemplo no es tan poderoso… como recibirlo. Si de efecto sucedido por el ejemplo se tratara, el mayor mérito se lo lleva el seguidor, mucho más que el líder. Repito, si el líder da el ejemplo, esto jamás será garantía de que el seguidor haga lo mismo, sin embargo, cuando el seguidor tiene un deseo ardiente y ferviente por aprender, entonces y sólo hasta entonces, es que el ejemplo de líder realmente funciona como fuente de motivación, como chispa para la acción. Por eso intitulé esta columna: dar el ejemplo no es tan poderoso como recibirlo. La fuerza inspiradora a la acción de un ejemplo radica en el deseo que otro tiene por actuar, no en el ejemplo mismo.

Podrá haber posturas a favor y en contra de este nuevo concepto que estoy compartiendo en materia de influencia, literalmente, una Nueva Conciencia del liderazgo. Podría analizar la rotunda evidencia de los distintos comportamientos que tienen dos hijos que recibieron el mismo ejemplo de sus padres. Podría analizar la objetiva realidad del cómo varias personas del equipo de un líder, jamás hacen lo que el líder les pone de ejemplo, y jamás lo harán. Podría platicar lo que durante tantas y tantas consultas que he dado escuché en más de una ocasión: padres quejarse dolidos por lo que juzgan como un aberrante comportamiento de su hijo y sufriendo incapaces de comprender el porqué, luego del ejemplo que le dieron, ven que hace su hijo, no se lo explican. El sufrimiento viene de haber creído que el ejemplo era garantía de imitación, esta idea es del ego del que da el ejemplo. ¡Hay tantas historias que demuestran lo que hoy afirmo en esta Nueva Conciencia del liderazgo! Pero para ahorrarnos horas y horas de análisis, me remitiré a un contundente ejemplo de la historia misma de humanidad, y siendo un ejemplo dramáticamente extremo: Judas, discípulo de Jesucristo, tuvo al mejor pastor, al mejor líder, al mejor maestro, al más sabio, al mejor amigo…, y sin embargo jamás hizo lo que su líder le enseñó conviviendo diario con él y siendo incluso parte importante de su vida misma, siendo discípulo. Y no tan solo no lo hizo, ¡sino que hizo todo lo contrario! Lo traicionó, lo vendió, le mintió, y hasta al final la vida se quitó. ¿¡Qué pasó ahí!? Lo que te estoy enseñando hoy, dar el ejemplo no es tan poderoso como nos lo han hecho creer. Su poder está más relacionado en el deseo de recibirlo que en darlo. Te lo quiero reiterar: el extraordinario poder transformador del ejemplo radica en el deseo de aprender por parte del seguidor, más que en la influencia e inspiración de ejemplo que pueda dar el líder. Cuántos no afirmarían que su vida se transformaría si tuvieran de ejemplo a Jesucristo, pero en carne y hueso y conviviendo diario con él. Así lo tuvo Judas y no, ni el ejemplo a esta máxima magnitud logró transformarlo. ¡Y mira de qué ejemplo estamos hablando! Doblega a tu ego, qué nos queda a ti y a mí. Si ya viste quién no pudo transformar mediante el ejemplo, qué andamos intentando tú y yo. El reto no es el liderazgo, el desafío no es que falte quién dé el ejemplo, el verdadero desfío radica en el carácter del seguidor, en su voluntad, en su actitud.

En esta nota, por lógica, quiero hablarle en forma distinta a ambos, líder y seguidor:

LÍDER:

Ya por Dios, vive tranquilo siendo tú y sin ansia de ser el mesías redentor mediante tu ejemplo. Si esperas que otro haga lo que tú haces porque le das el ejemplo, sólo estará acumulando frustración. Pronto te debilitará la decepción. Aprende y acepta: la gente no va a hacer lo que tú hagas. La gente va a hacer lo que se le pegue la gana, independientemente del ejemplo que les des; sólo a veces, y entiéndase muy ocasionalmente, lo que la gente haga coincidirá con lo que tú haces. Esa mera coincidencia, basada e iniciada en el deseo de ser así por parte del seguidor, surgida de su carácter, de su voluntad, de su actitud ante la vida, de su cosmovisión, es lo que le dará enorme poder de influencia a tu ejemplo. El mérito transformador no lo tienes tú, radica en el seguidor. Tú solo tienes el privilegio de inspirar exclusivamente a aquella alma que lo desea. El agradecido siempre deberás ser tú al poder así, ser convertido en maestro, pero no por lo que sabes ni por lo que enseñas con tu ejemplo, sino por el deseo de aprender que tu seguidor tiene, ese deseo, su deseo, es el que te transforma a ti como dichosa oportunidad para que entonces, y solo hasta entonces, tu ejemplo cobre gran sentido.

Querido líder: vive más en paz y sólo preocúpate por ser auténtico. Sé honesto y fiel a tus valores, a tus creencias. Eso es todo lo que te corresponde hacer (y de hecho lo único que realmente puedes hacer). No viniste a dar “el ejemplo”, viniste a ser quien estás destinado a ser, y eso será ejemplo a seguir pero solo para el que lo identifique así. El poder del ejemplo no está en darlo, sino en el deseo de recibirlo y eso, de alguna manera, no está en ti, está en el otro. Y de paso esté decirte, tú tienes una labor tremendamente encomiable: simplemente ser tú de manera auténtica, de dar a conocer tus atrevimientos. Mis respetos si lo logras. A todos se nos da incluso la vida entera para tal fin, alcanzar un momento así, y muchas veces la vida entera no nos alcanza. Sé íntegro, acomoda todas las piezas de tu ser en una sola línea, ármate como estás destinado a ser. El resultado de eso mi amigo, es el mejor ejemplo que podrás dar en toda tu vida. No se trata de quedar bien, se trata de que seas quien eres, independientemente de cualquier otra cosa. Así, como seas, ¡te aseguro que serás grandioso ejemplo… para quien esté destinado y deseoso de seguirlo!

La gente no te seguirá por tu ejemplo, la gente te seguirá porque ellos, antes incluso de conocerte, traían en su interior un deseo y aspiraciones parecidas a las tuyas. Destrona a tu ego con desdén y descubre que un auténtico seguidor, jamás te seguirá a ti, seguirá lo mismo que tú estás siguiendo también y por ello, tu ejemplo le servirá, pero recuerda, la transformación del otro no radica en que les des el ejemplo, radica en la dicha de tu autenticidad para que se convierta en ejemplo de inspiración para el que viene a buscar contigo lo que a ambos les confiere tanta emoción por existir. Ese encuentro es un amor que siempre ha existido entre discípulo y maestro. Alumnos tendrás muchos, y a ninguno le transformará gran cosa tu ejemplo. Discípulos… eso es otro mundo, y solo a esos pocos, poquísimos, tu ejemplo será como la luz del faro en sus vidas. Tú serás feliz por iluminar y el discípulo por así poder alcanzar a ver con mayor claridad. Disfruta de ser maestro, disfruta de ese amor que pocos entienden, que pocos tenemos la dicha de vivir.

Da el ejemplo, con el único objetivo de comunicar tus atrevimientos, de informar lo que buscas en la vida y la pasión con que lo haces. Y hasta ahí. Recuerda que tú jamás “tienes que” convencer a nadie. Líder, tu labor no es convencer, es comunicar lo que tanto te gusta y el cómo y cuánto te apasiona hacerlo, muéstrate, aparece en los medios que te sean posibles, eso es todo. Recuerda que intentar convencer a otro es un violento intento de colonizarlo y posiblemente así hasta de despersonalizarlo. Eso no hace un líder. Nunca intentes que el otro sea como tú, intenta que el otro al fin sea quien está destinado a ser, así como tú te has atrevido a hacerlo con tu vida. El simple hecho de atreverte a ser es algo que ya de grandioso valor, algo que así comunica tus pasiones, con ello ya das un gran ejemplo, pero nota cómo dar el ejemplo es más un suceder que un hacer.

Ya luego permite que el destino teja los hilos para que así, llegue a ti quien te condecore como maestro al interesarse genuinamente en seguir tu ejemplo. Ten presente que el verdadero líder no busca seguidores, sino precisamente al revés. Permite que los seguidores sean los que naturalmente te buscan a ti por el magnetismo de tu ejemplo, ese que se sucede mediante tu atrevimiento a vivir.

SEGUIDOR:

¡En ti radica un enorme poder transformador para tu propia vida! Eres grandioso. Detente a sentir en tu corazón qué es lo que buscas… y cuando encuentres a alguien que busca lo mismo que tú, ¡siente el enorme poder inspirador de su ejemplo! ¿Cómo lo sentirás? Como un magnetismo hacia él o ella, pensarás con mucha frecuencia en él o en ella, desearás imitarle en su búsqueda, y es que descubrirás con emoción que buscan lo mismo, solo que el líder ya lleva más tiempo en la búsqueda y sus hallazgos pueden ahorrarte muchos errores. No te extrañe sentir amor cuando ves a tu líder, descubre con sorpresa que ese amor sí existe, pero más que amor por tu líder, es por lo que busca él también. Con el tiempo, grata sorpresa te llevarás al entender que sí, ambos están enamorados…, pero de un ideal común, y eso es lo que sienten. Es maravilloso respirar lo mismo y aspirar hacia lo mismo. Es dichosa conspiración.

Hay una gran fuerza dentro de ti, y muchas veces la descubrirás al sentirte inspirado por lo que ves que hace un líder. Esa fuerza que habita en ti empezará a manifestarse como tu deseo de imitarlo. Te sienta bien imaginar ser y actuar como él o como ella. Te motiva su ejemplo, sientes inspiración cuando observas su vida y tienes deseos de llevar una vida así. ¡Bendice el encuentro! Al fin has hallado a alguien a quien puedes hacer tu maestro. Busca a esa persona, procura el encuentro, cultiva la relación. Te adelanto que será más fácil para ti de lo que imaginas. La gente permite que se le acerque alguien que se le parece. Y si tú buscas lo mismo que observas que tu líder ha buscado en su vida, te aceptará alegremente cerca de él, porque por la misma razón, tu líder verá en ti la emoción que a él siempre le ha embargado. Te aseguro que tarde o temprano festejarán el encuentro.

Observa la vida de tu líder con mucha atención, imita lo bueno, eso que para ti son señales de avance para tu camino. Si en algo no coincides con él o ella, respeta la diferencia, son personas como cualquier otra, con defectos y virtudes, tú solo estás a la caza de sus virtudes y de las paralelas enseñanzas que podrían darte sus defectos. Siempre prepara tus preguntas, haz muchas, todas las que puedas en cada encuentro que tengas con tu líder. Observa su vida. Siempre que puedas acompaña a tu líder, y solo observa cómo hace lo que hace. Ver actuar a tu líder en la vida real es el mejor aprendizaje que podrás tener. Aprende cómo hace las cosas, observa su vida, observa cómo distribuye su tiempo y lo que hace en él. Sin decirte palabras, tú podrás aun ahí aprender enormidades. Si no te queda claro cómo logra lo que logra, porque a veces te parecerá como magia la manera en que alcanza sus objetivos, pregunta, pregunta qué hizo exactamente y algo más importante aún, pregunta qué pensaba mientras lo hacía. Invierte en ese conocimiento, invítale un café o una comida a esa persona cuyo ejemplo te inspira, serán los mejores momentos para preguntarle. Te garantizo que será una de las mejores inversiones que podrás hacer en tu vida. Cuando creas el espacio para sentarte a escuchar a un líder, inviertes en ti. Escucha. No interrumpas. Siempre lleva algo en qué apuntar. ¡Siempre! Disfruta el ejemplo que es observar su vida. Y si alguien así para ti te sugiere algo, ¡hazlo! Hazlo.

A ambos… líder y seguidor…, dando el ejemplo y recibiéndolo, por la dicha de su encuentro les garantizo una gran…

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.