El progresivo daño autoinfligido de la indulgencia.

Sencillo entender el origen del deterioro que uno mismo se genera: te vas permitiendo comer una que otra cosita, de esas que no debes porque engordan, lo sabes, aún así te lo permites por la razón que quieras, y un permiso da permiso a otro permiso y así sucesivamente. Final de la historia: de esta manera puedes subir otros 10 kilos, o mejor dicho, “volver” a subir otros 10 o más kilos.

El Diccionario de la Lengua Española define la palabra “indulgencia” como: facilidad para perdonar o disimular las culpas. Y eso es precisamente lo que hacemos muchos de nosotros. La mente del común de los mortales no alcanzamos a ver con claridad cómo para juntar 10 kilos, “se necesitó empezar” con 5 gramos, vamos, incluso unos cuantos miligramos. Sucede que cuando hablamos de, por ejemplo, 10 kilos, nuestra mente automáticamente se enfoca en esa cantidad de tal manera que pasan como inadvertidos o inocentes unos 2 o 3 gramitos (hasta en diminutivo para que pasen aún más velados), y por eso les conferimos indulgencia. El promedio de las personas no alcanzamos a entender la sumatoria. Simplemente, por comparación (¡aquí está el autoengaño! –supongo–), al pensar en 3 gramos, los percibimos como inofensivos contra 10 kilos, casi como “nada que ver”… ¡sin darnos cuenta de que esos 3 gramos ya son parte de esos 10 kilos! Así es como vamos perdonando tan fácil y de poco en poco, sin entender que ese poco ya es parte del todo. El gran daño autoinfligido es cuando la indulgencia se va convirtiendo en extrema tolerancia hasta incluso romperse a plena apatía.

Puse el ejemplo de subir de peso porque es harto gráfico y común. Pero el progresivo daño de la indulgencia aplica igual a todo, al maltrato de una persona sobre uno, al abuso del poder de un gobierno sobre sus gobernados, a gastos y sus efectos en la economía personal. El tema, analizado en todas las áreas, se torna delicado.

¿Qué hacer para evitar este daño autoinfligido? ¿Cuál puede ser la solución? Pues como todo éxito en terapia: darte cuenta. Luego, estrategias para revertir el daño. Así, quiero compartir contigo lo que yo mismo suelo hacer, cinco pasos como solución:

  1. Observar las claras señales de alerta (darse cuenta)
  2. Imaginar lo que puede pasar si no detienes el daño
  3. Recordar qué hiciste en el pasado que te dio gran éxito
  4. Emprender la acción inmediata para corregir
  5. Automotivarse para seguir por el buen camino, dados los resultados que estás generando

1. Observar las claras señales de alerta. Las señales de alerta siempre las tendrás y ¡muy claras! No existe tal cosa como no haber recibido las señales de alerta. Lo único que puede existir es que no las quieras ver o las minimices, que las indultes. Sin embargo, el primer paso es notar cómo ya no entras en tu ropa, cómo ya te ajusta (para seguir con el ejemplo del sobrepeso u obesidad, aunque, como te dije, aplica a lo que sucede en tus finanzas, o en ciertos dolores de tu cuerpo o manifestaciones emocionales consecuentes de tu vida de relación). ¡Sirva esta columna para ayudarte a ver tu señales de alerta! Es una simple decisión de voltear a ver ¡lo que ahí está!

2. Imaginar lo que puede pasar si no detienes el daño. Una vez que ya haz visto las clarísimas señales de alerta, ahora te va a servir enormemente (a mí me sirve muchísimo) imaginar lo que seguirá pasando si no haces algo para detener el progresivo avance del daño que uno mismo se está permitiendo-generando. Imagina verte mucho más fea o feo, muy desagradablemente ante la vista de los demás (lo siento, pero así es en la vida práctica). Empezarás a “maquillar” tu fealdad diciendo que lo importante es lo que llevas dentro (¡pues claro, qué otra tienes!), pero tú mejor que nadie sabrás que te estás engañando. La gente juzga por lo que ve. Tu imagen es más importante de lo que imaginas. Bueno, hasta empresas tienen como condición para contratar a sus empleados, su imagen; así, tu propia imagen puede ser lo que está afectando tu economía. Imagina cómo claramente irás enfermando (si no es que ya lo estás). Imagina el dolor físico y emocional. Imagina los gastos (que incluso frustrantemente quizá no puedas afrontar) para ir al médico especialista y sus costosos tratamientos. Imagina cómo todo se empezará a complicar grandemente en tu vida. Si imaginas claramente todo esto entenderás que debes hacer algo… ¡de imaginar surgirán las ganas de actuar de inmediato para no llegar allá! ¡De imaginar te saldrán las fuerzas para hacer algo que corrija YA y no permitirte llegar hasta aquella magnitud de daño! Camino al daño que, sin duda, estás recorriendo. ¡Necesitamos hacer un violento alto en seco! Y de inmediato empezar a caminar en el sentido contrario. Urge corregir.

Ayer fui a ver una obra de teatro (I.D.I.O.T.A.)donde escuché una frase que me impactó: “Un idiota siempre va a dañar a la gente que tiene cerca, a la gente que le quiere”. Imagina cómo puedes afectar la economía de y el ánimo de tus familiares cuando se vean obligados a ayudarte para solucionar tus problemas, esos que fuiste creando por idiota. El Diccionario de la Lengua Española define la palabra idiota como: corto de entendimiento. Sé que suena fuerte la palabra “idiota”, pero así de fuerte suele ser la verdad. Ve a ver la obra y hay una parte donde una psicóloga le explica al sujeto a prueba: “…si usted hace algo que sabe que le hará daño a usted y a su familia y aún así lo sigue haciendo, es usted un idiota”. Cuando vi ejemplos analizados en la obra, –como los que veo en mi consulta– la verdad fue contundente.

3. Recordar qué hiciste en el pasado que te dio gran éxito. Ahora bien, muchos de nosotros tenemos una historia donde “algo” que hicimos en el pasado nos funcionó de maravilla para corregir algún daño. Apréndete esto: “El éxito deja pistas”. Y sí. Si ahora piensas, recuerdas, momentos de gran éxito de tu pasado, debes tener siempre claro que el éxito es un mero resultado de acciones correctas que llevaste a cabo. Entonces, ¡esas acciones son las pistas a seguir para volver a tener éxito! ¡Vuelve a repetir esas acciones y existe una enorme posibilidad de que vuelvas a tener ese éxito! Para seguir con el ejemplo, si descubriste que dejar totalmente el azúcar te hizo bajar de peso, ¿que crees que tienes que hacer? ¡Pues dejar el azúcar totalmente! Ni un microgramo de azúcar permitirte ya más. Si tomar dos litros de agua te funcionó, ¡hazlo de nuevo! Si limitarte súper estrictamente a una alimentación “paleo” te ayudó, vuelve a ello. Si –como es mi caso– leer diario temas de nutrición y consejos de expertos me sirvió y me enfocó diario a mejorar mi salud… ¡a volver a leer diario a los expertos en nutrición y salud! Si escribir al respecto me ayudó a automotivarme y motivar a los demás, pues aquí ando escribiendo. Cada quien tiene sus pistas…, ¡pues a seguirlas de nuevo!

4. Emprender la acción inmediata para corregir. ¿Cuándo conviene seguir esas pistas? ¡Lógicamente YA, aquí y ahora! Te quiero garantizar algo, estés como estés, estés donde estés, en la magnitud del daño: en el instante en que decides mejorar, en ese microinstante… ¡la mejora ya empezó! Vamos, decidir ya es parte del todo llamado “resultados exitosos”. ¡Ya empezaste a mejorar! De verdad, empezar de inmediato esas pequeñas acciones que te llevan en sentido contrario al daño que te habías permitido, emprender esos pequeños actos de bien, esas cosas que te hacen sentir mejor, por pequeñas que sean, hasta inmateriales como lo es una decisión… ¡ya es motivo de festejo, de éxito! Bien, muy bien. El reto siguiente será… mantenerte en el camino correcto, seguir haciendo diariamente lo que te sirve para corregir. Así como “entender” es lo único que se necesita para emprender el cambio para mejorar, ahora lo que se necesita para mantenerse en el camino es…

5. Automotivarse para seguir por el buen camino, dados los resultados que estás generando. Motívate a ti mismo por los resultados que vas viendo. ¡Sé líder de ti mismo! A la gente común la motiva un líder. Pero ¿quién motiva al líder? Los resultados. Por eso, cuando veas en tu báscula cómo bajaste 100 gramos, luego 200 gramos, cuando veas cómo vas entrando en tu ropa, cómo la gente te empieza a felicitar, cómo tú te empiezas a sentir en tu interior mejor que nunca, todo ello son resultados tan intensos y extraordinariamente alegres que son los resultados que te ayudarán a seguir y a seguir por el camino de la corrección. ¡Habla diario con personas que están teniendo resultados por haber decidido corregir su camino! Únete a un grupo que tenga como objetivos los mismos que tú tienes. Haz un compromiso con un amigo o amiga para ir conversando juntos de sus avances y hallazgos en mejoras para la salud. ¡La vida te cambia… porque tú decidiste cambiártela! Descubrirás con gran asombro el enorme poder que tienes sobre ti, tu autogobierno. Te sentirás fuerte y decidido cada vez más. Sin que sea tu objetivo, inspirarás a mucha gente a mejorar. Tu familia y seres querido, consciente o inconscientemente, se sentirán más tranquilos al verte cada vez mejor. Te garantizo que atreverte a crear una experiencia así, te hará volver a sentir una gran…

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.

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Confusión.

Hace un momento un amigo me escribió por facebook súbita y concretamente: “Hermano, ¿me podrías regalar un concepto acerca de la “confusión” por favor? Y confieso que con sorpresa sentí dentro de mí una veloz y fuerte intensidad para de inmediato escribirle esto:

«La confusión que podemos sentir en una relación suele suceder por querer ver en otro lo que no es en verdad, sino lo que nosotros quisiéramos que fuera. Así, quizá nuestra confusión es otra de tantas de las manifestaciones de nuestro ego, una manera en la que no queremos dejar a otra persona ser totalmente honesta con nosotros, una manera donde incluso nuestro ego prefiere la locura de que otro no sea quien realmente es, sino sea y haga lo que nosotros queremos, aunque con ello sepamos que entonces esa conducta es falsa. Nuestro ego está tan mal que no le importa que le mientan, siempre y cuando vea lo que él quiere, porque hasta con la verdad, si no es lo que nuestro ego prefiere, sufre». –Alejandro Ariza.

Mi amigo sólo me comento: “¡Tómala!”. Yo simplemente me quedé sorprendido de cómo fluyeron las letras en un segundo. 

Superman: mensaje crístico.

Acabo de salir de ver la película de Superman, 2013; me llama poderosamente la atención por qué tuvo que salir esta película en esta época de la vida. Encuentro una referencia evidentísima de mensajes alusivos a Jesucristo. Existe el claro mensaje del mesías y salvador en el personaje central de la película. Al menos encontré siete manifestaciones crísticas en la película. Para el ojo profundamente observador de señales es francamente una película crística.

Desde movimientos de los brazos en cruz y toda su posición de “crucificado redentor” cuando su padre lo lanza a su misión de vida, hasta el inicio de su misión salvadora a los 33 años, pasando por la historia de tener un padre terrenal que no es su padre porque su padre real es de otro mundo, hasta una relación María-Magdaleniforme con Louis Lane. Y claro, el cáliz de la sangre de Cristo –algo generador de vida que lleva en su interior–, es aquí el códex que se encuentra oculto en las células de Superman, sucediéndole la clásica búsqueda del Santo Grial y la lucha por ello entré las fuerzas del mal que creen que es algo externo, cuando la vida la lleva dentro el personaje crístico.

Frases y conceptos valiosos como: «…muchas veces primero se requiere fe antes de tener confianza», hasta posiciones a cuadro donde el mismo Superman se detiene a pensar en juicios de valor dentro de una iglesia al mismo tiempo que en ese preciso momento existe la toma de Jesucristo orando en el Huerto de los Olivos, lugar donde precisamente Jesucristo tuvo juicios de valor y duda. La alusión es clarísima, preguntándole a un “padre”.

Una película que estimula al inconsciente colectivo actual a volver a pensar en Jesucristo, ya sea conscientemente como el ojo paicoanalítico lo ve –como lo expongo aquí– o inconscientemente, como creo estuvo planeado el mensaje en la película.

En el peor de los casos, se usa una historia arquetípicamente aceptada y amada por muchos –crística– como posible estímulo y estrategia de aceptación y venta garantizada.

Yo prefiero interpretarlo como invitación comercial inconciente para volver a creer en el bien sobre el mal. Son tiempos de volver a creer. Y buena idea estimular los arquetipos inconscientes de la humanidad con películas como está. Una clara invitación a recibir la moral del individuo como fuente de salvación. Una buena invitación para sacar fuerza redentora por querer evitar el sufrimiento del otro, mensaje eminentemente crístico.

Tienes que ver la película para que encuentres sentido en lo que aquí expongo. Tengo mucho que decir al respecto, pero esta es una breve nota apenas afuera del cine. Extraordinario momento histórico, el momento actual, para volver a invitarnos a creer en El “S”alvador. Sin duda, dentro de tantísima violencia en la película, se lanza un mensaje de “Esperanza”. Eso que millones necesitamos volver a tener hoy.

Disfruta de la Esperanza.

Justo antes de triunfar.

Cuando todo parece estar saliendo bien, cuando sientes claramente que tus más anhelados sueños están a punto de cumplirse, precisamente ahí hay que estar más determinados que nunca. Porque cuando se está muy cerca de lograr lo que se ha deseado, se puede experimentar un paradójico sentimiento de culpa. Notarás que estás llegando a donde muchos otros no hay podido llegar y podrás pensar que no mereces discriminar a tanta gente siendo tan diferente a ellos por tu éxito. Ahí, aunque no lo creas, podrás estar tentado a abandonar tu objetivo. Ahí podrás llegar a preferir ni hablar de tus victorias para no ofender a quien no las tiene, y cuando callas tus victorias puedes perder interés en ellas.

El tema de la autoestima es por demás conocido y estudiado en varias de mis conferencias, seminarios y libros, pero en mi reflexión de hoy remonta en una enorme importancia. Si triunfas, ¡tienes que estar profundamente orgulloso de ello y disfrutar de una gran felicidad por el más puro merecimiento aprendiendo al arte de no sentirte incómodo por ello! Por eso se  requiere de auténtica autoestima, para sentirlo así y sin remordimiento por comparación social, sin que ese orgullo y felicidad se vean opacados por ese sentimiento de culpa que puede surgir de ti cuando te comparas con tanta gente que no ha logrado lo que tú estás logrando. De esos momentos donde en vez de disfrutar intensamente, prefieres callar por aquello de la mal entendida “prudencia”, momentos donde uno cree que es mejor no decir nada de nuestras victorias para no ofender a quien no las tiene. Si duda en muchos casos es un acto de prudencia y recato, sin embargo, en muchos otros es un error de nuestra parte al elegir convivir con quien no está a la altura de nuestras más grandes pasiones y exitosos resultados. Elige bien con quien convives, elige bien a tu pareja, siempre he sugerido que elijas a quien tiene cierto parecido a tu pasión, enfoque, determinación y éxito, porque solo así se podrá disfrutar de una auténtica y transparente conversación sin el estresante y cansado auto-editor que por prudencia se requiere mientras uno conversa con alguien tan diferente a uno mismo.

Cuando tu éxito naturalmente lo observas, y consciente o inconscientemente alcanzas a ver la comparación con la falta del mismo en gente cercana a ti, puedes llegar a pensar que no mereces lo que te da la vida. Increíblemente puedes llegar a tener momentos donde olvidas todo lo que has hecho para superarte y construir con tu propio esfuerzo una mejor versión de ti mismo, sacrificando tentaciones que otros no sacrificaron, haciendo mucho de lo que otros nunca hicieron, renunciando a caminos fáciles que otros no renunciaron, tomando decisiones que otros no tomaron y con todo ello puedes sentir culpa justo antes de triunfar pudiendo destruir inconscientemente lo que tanto trabajo te ha costado construir. Se requiere de gran y auténtica autoestima para atreverte a ser diferente distinguiéndote precisamente por tu éxito. Si no desarrollas primero una sólida autoestima, tu deseo y necesidad de “pertenecer” a un grupo puede ser mayor que el anhelo por conquistar tus sueños, ahí es cuando abandonas fácilmente tu sueño de triunfador a cambio de sentirte aceptado en un grupo de mediocres.

Justo antes de triunfar, existe ese último obstáculo que pone a prueba nuestra determinación, esa sensación de no querer ofender discriminando con nuestro éxito a quien no lo tiene, y esa sensación de “ayuda por no discriminación” puede incluso matizarse con un halo de aparente santidad: renunciar a la conquista para mantener la hermandad entre iguales.

El ser humano de Nueva Conciencia entiende de dignidad, entiende del merecimiento que existe por el enfoque, determinación y afanoso trabajo que ha realizado, y entiende que su éxito es, al final de la historia, merecido y útil para ponerlo al servicio de los demás, entonces sabe que no está solo en el proceso, sino es parte de un entramado donde por merecimiento le ha tocado triunfar para ser cada vez más útil a los demás. Alguien con Nueva Conciencia, así mismo, respeta y honra la Fuente de su verdadero éxito: Dios. No podemos renunciar a un designio divino porque es parte de Su plan donde quizá éste sea convertirnos en inspiración para muchos otros que estaban a punto de renunciar a sus sueños.

Tú, muy en tu fuero interno, sabes si mereces el éxito y la victoria, ya que en algunos casos estos llegan aún sin merecimiento, sino tan solo para poner a prueba tu honestidad. Pero solo aquel con Nueva Conciencia que entiende de dignidad, aquel que es capaz de honrar su proceso reconociendo la entrega que tuvo en él, se mantiene hasta el final, se mantiene hasta la conquista de sus ideales sin culpa de ningún tipo. Y en la victoria, con profundo agradecimiento a la vida, a los demás y a Dios, afirma con profunda alegría: “Mis triunfos los… vivo con entusiasmo! -Alejandro Ariza.

 

¡Feliz cumpleaños Jesucristo!

Amado y adorado JESUCRISTO:

¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

Acá en el plano terrenal, nosotros llamamos a tu cumpleaños “Navidad” y todos nos deseamos “Feliz Navidad” en un día como hoy. Bien a bien no sé por qué desde siempre nos hemos felicitado entre todos y casi nadie exclusivamente a Ti, cuando es la celebración de Tu cumpleaños. En fin, son de esas cosas propias de este plano terrenal donde varios humanos se pusieron de acuerdo para crear una tradición y todos hemos caído en ella. Tú bien sabes que acá en la Tierra más bien es un evento meramente comercial donde millones de humanos se sienten obligados a regalarle a los demás y eso emociona mucho por acá, aunque también engendra preocupación y coraje. Pero bueno, ya me estoy distrayendo, yo en lo personal te quise escribir una pequeña carta para Ti en tu cumpleaños, y no importa si es la fecha exacta o no, alguien como tú nunca reparará en esas pequeñeces de sentirte importante o no, reconocido o no, si se te festeja en el día exacto de tu cumpleaños o no. Sé que Tú estarás feliz de que muchos te pensemos y te deseemos lo mejor en Tu día. Por eso, otra vez más, amado Maestro, adorado Amigo, en éste Tú día te deseo seas inmensamente feliz. Sé que Tú mismo eres la felicidad plena, el gozo total, y cuando nosotros los humanos te aceptamos y acogemos en nuestro corazón, tremenda oportunidad que nos das, precisamente nosotros somos los que nos llenamos de gozo y felicidad. ¡Qué bendición que nacieras! Mira nada más… acá en la Tierra, la mismísima historia de la humanidad entera se divide en dos partes, antes y después de tu nacimiento. ¡Así nada más! ¡Tu nacimiento dividió el tiempo entero! ¡Dios! Qué dicha que nacieras. ¡Qué gloria! ¡Cuánta paz trajiste al mundo para quien escuchó tu mensaje! ¡Cuán fuerte fue desde siempre tu breve y claro mensaje de, paradójicamente, solo 4 letras: AMOR! Esa fue tu misión de vida, ese fue, es y seguirá siendo Tu legado, esa es tu perenne invitación para cada uno de nosotros: “Ámense los unos a los otros”. Y cuando uno se pregunta como cuánto hay que amar, viene la segunda parte de Tu frase: “Como Yo los he amado”. ¡Caray! Aquí entre nos maestro Jesucristo, el paquete es muy grande y te he de confesar que, incluso para los que nos sentimos como un poquito más preparados en estos temas, nos pones la referencia muy alta. En fin, ahí la llevamos y sé que una gran fuente de tu alegría es que por lo menos hagamos el intento. Y mira que gran prueba nos pones para vivirlo precisamente hoy, donde se empalman dos eventos, el festejo de tu cumpleaños y la presión comercial-social de convivencia para la cena de hoy. Bueno, también he aprendido que eso te encanta, ponernos a prueba para que el resultado engendre la Luz del logro por merecimiento, por sobreponernos, por intentar amar a pesar de lo que sea.

Oye, no me quiero imaginar qué se sentirá que en tu cumpleaños, no recibas ni un regalo y solo veas cómo todos los que “vienen” al festejo no más se regalan entre ellos y nadie se acerca a regalarte a Ti. ¡Wow! Me imagino que a mí me lo hicieran el día de mi cumpleaños y hasta lo sentiría como burla. ¿Por qué será así contigo? Quizá porque en estos dos festejos que se empalman, uno resultó ser mucho más promovido que el otro, se ha promovido más la compra de regalos y lo forzoso de un encuentro familiar para darlos, incluso a quien no nos inspira para ello pero que por convencionalismo social terminamos regalándole (hasta por paz acá en el plano terrenal), que el mega evento de tu cumpleaños. Y Tú, calladito. ¡Como siempre lo haces cuando no hay nada que decir! ¡Otro enorme tamaño de tu infinita misericordia! ¡Caray Jesucristo! ¡ERES GRANDE! Eres lo más grande. ¡Por eso aguantas tanto! E incluso, ni aguantas porque no tienes nada que aguantar, más bien nos entiendes tanto, pero tanto, que por eso sólo nos miras con infinita misericordia y hasta haz de gozar el cómo nos regalamos cosas entre nosotros acá en el plano terrenal. ¿Verdad que también lo gozas? Sí.

Jesucristo: “Sí Alejandro. Efectivamente. Sí lo gozo también. Todo lo que hagan unos para con otros en el día de mi cumpleaños, me lo hacen a mí. ¿No recuerdas que ya se los había dicho y en las sagradas escrituras uno de mis escribas lo apuntó? “Lo que hagas incluso al más pequeño de mis hijos, me lo estarán haciendo a mí”. Pues hoy pasa lo mismo Alejandro. Y también no sabes cómo me alegra que te atrevieras a escribirme una carta, mira que hasta me he metido en tu pensamiento y en tu corazón para invitarte a transcribirme”.

Alejandro: “¡Wow! Este tipo de diálogos ya los habíamos empezado hace algunos años y por algo lo solté.

Jesucristo: “Sí, lo sé, fue una lástima que lo soltaras, pero no del todo, mira una continuación aquí”.

Alejandro: “Estoy emocionado”

Jesucristo: “Me alegra mucho, y más en un día como hoy”

Alejandro: “No sé bien qué decir ahora mismo”

Jesucristo: “Con lo que me has dicho es más que suficiente, me has felicitado por mi cumpleaños y no te imaginas lo feliz que me has hecho, al igual que cientos de miles que poco a poco hacen más conciencia de esto y que también, de alguna forma y con su muy particular manera, también me festejan. Nadie lo hace mejor que nadie, todos siento que tienen su manera”.

Alejandro: “Sí ¿verdad? Pues amado Jesucristo, de todo corazón: ¡Muchas felicidades! Yo no sé qué hubiera sido del mundo si no hubieras nacido. Toda tu vida es el eje central de la historia misma de la humanidad para como lo percibimos millones de humanos. Eres la referencia. Eres el ejemplo y como decimos acá en este plano, ni sé qué regalarte si ya lo debes tener todo, y en tu caso esto aplica literalmente”.

Jesucristo: “Ja, ja. Bueno, así como lo estás “pintando”, pues hay algo de eso. Pero sí me pueden dar regalos, quizá el mejor, el que me den la oportunidad de atestiguar su transformación y el que me den la dicha de observar su evolución, el que me den la gloria de seguir mis recomendaciones y pueda ver cómo se perdonan, cómo se aman, cómo conviven con sinceridad y pureza, cómo incrementan su tolerancia y aceptación para entender la vida de sus hermanos, que me den la dicha de ver que mi nacimiento haya tenido sentido al ver el comportamiento de cada uno de ustedes, que me den el jolgorio de cada día verlos más felices y contentos entre ustedes. Eso es lo que más goza un padre. No hay nada más dichoso para un padre que el poder ver y atestiguar cómo se aman sus hijos entre sí. Y si cada uno de ustedes, poco a poco, logran ir descubriendo que ese el único sentido de todo, entonces, ahí Alejandro, me estarán dando el mejor regalo que le pueden dar a un Padre, porque eso fue mi misión en la Tierra, ayudarles a que se acercaran a nuestro Padre, con quien Soy Uno Mismo, y juntos festejar cuando ustedes se aman”.

Alejandro: “Estoy en shock. No sé que decir”.

Jesucristo: “Como ya te lo había dicho alguna vez, entonces no digas nada. Goza. Sé que estás tocado por estas palabras y sé que, gracias a obedecer el impulso que te envié, muchos otros también se sentirán tocados aquí, y ese será un gran regalo para mí. A ti que me estas leyendo aquí, en las letras que le dicto a Alejandro, te digo: “Eres bendecido y muy feliz me haces con cada gesto de amor auténtico que realizas por tus hermanos. Todos tus más grandes problemas ya han sido resueltos, tan solo si decides escucharme y aceptar mis sugerencias. Hoy sé muy feliz, hoy estoy muy cerca de todos ustedes. Hoy y siempre, pero nunca dejará de alegrarme cómo intentan regocijarse entre ustedes en esta fecha y si lo logran, ese es el mejor regalo que me pueden dar. Están benditos”.

Alejandro: “¡Gracias Dios! ¡Gracias Maestro Jesús! ¡Cuánto te quiero! ¡Cuánto deseo parecerme a ti! ¡Cuánto quisiera que más y más personas se alegraran al ver el reflejo de tu rostro en mis acciones! Soy débil y muchas veces fallo, pero quiero que sepas que siempre lo intento”.

Jesucristo: “Y lo haces bien. Pronto mejorarás más. Pero lo que has hecho, me alegra, y estoy contigo, así como en quien lo desee. Yo siempre estoy disponible para cada uno de mis hermanos, y tan cerca como ustedes están de su corazón”.

Alejandro: “¡Feliz cumpleaños Jesús!”

Jesucristo: “Gracias una vez más. Ve conmigo a tu casa y llévame en tu corazón. El entusiasmo es clave en este día. Estoy con ustedes… siempre”.

Alejandro: “Te amo”.

Jesucristo: “Y yo a ti, a todos ustedes, en forma infinita”.

Alejandro: “Qué bueno que no se acabó el mundo y aquí estoy felicitándote”.

Jesucristo: “Ni se acabará, hasta que Yo lo diga. Bendiciones para todos. Me hacen muy feliz. Fesjeten”.

Alejandro: “Todavía siento raro publicar este diálogo que sentí dentro mío”

Jesucristo: “Ayer te preparé con un mensaje que te envié cuando te senté en tu sala a escuchar a uno de mis predicadores”.

Alejandro: “Aquel donde citaba las escrituras diciendo: “Aquel que tenga vergüenza de hablar de mí frente a los demás, Yo sentiré vergüenza de hablar de él frente a mi Padre?”.

Jesucristo: “Me alegra que lo recuerdes perfecto. Otro motivo de festejo para hoy”.

Alejandro: “No pues si ahora mismo me brincó la frase… precisamente aquí y ahora. Me queda clarito”.

Jesucristo: “Estas haciendo caso a los mensajes. Me alegro mucho. Pronto te pondré a hablar mucho más de nosotros. De estos diálogos. Ten toda tu disposición. Tendrás mucho trabajo al respecto pronto”.

Alejandro: “Lo que Tú digas. ¡Se publica!”.

Feliz Navidad a todos.

-Alejandro ArizA.

PD: No sé tú, pero yo siento tanta paz cuando habla el Maestro, que no me queda duda de que se me apareció hoy aquí. De hecho, sigo sintiendo dentro de mí cómo quiere decirnos algo más aprovechando esta carta hoy:

“Qué la paz sea con ustedes”.

¡Así sea!

Si entendieras.

Aquel que logra entender, súbitamente siente la energía suficiente que lo impulsa a realizar todo el esfuerzo necesario!
Aquel que logra entender se lleva la sorpresa que mientras realiza el esfuerzo no es muy consciente de él y con ello vive sin sentir desgaste por esfuerzo alguno.
Aquel que logra entender y así se esfuerza logrando el resultado, transforma esa experiencia en entusiasmo! Dios vive dentro de él y todos pueden atestiguarlo al verlo y tratarlo. Así el que entiende inspira a otros.
Aquel que logra entender es un mensajero divino de la bendita oportunidad del progreso y de la prosperidad.
Haz todo lo necesario, pregunta todo lo que quieras, pero por favor… Entiende!

Emoción por existir!

– Alejandro ArizA.

El poder de una sola persona

A veces pienso cuánto bien nos haría la aceptación…, pero tan sólo de una persona. Hoy pensé en eso por alguna razón y de inmediato el clásico impulso por escribir. Todos estamos buscando aceptación, por eso nos arreglamos, por eso nos comportamos de cierta manera, por eso incluso a momentos “actuamos”. Sé que cuando alguien ya ha avanzado demasiado en su espiritualidad, se va despojando de esa necesidad de aprobación. ¡Es una dicha! Pero hay un gran pero. Pareciera que existe una prueba final al proceso de ir desprendiéndose de la necesidad de aceptación, de más personas a menos y hasta llegar quizá a una. Esa “una” persona que para nosotros tiene una enorme importancia su opinión. ¡Gran prueba! El poder de una sola persona.

Cualquiera que se jacte de vivir una nueva conciencia ha aprendido a irse desprendiendo del qué dirán… “los demás”. Pero… ¿Qué tal esa única persona con la que no podemos sentirnos bien siendo tal cual realmente somos? Hoy se me ocurrió que para que no nos importe el qué dirán “los demás” quizá simplemente hace falta dejar de escucharlos, pero para que no nos importe el qué dirá esa única persona, hay que hablar. Y precisamente en ese hablar es donde radica la prueba final de todos los que vamos avanzando en el terreno espiritual.

Creo que cuando ya no haya ni una sola persona de la que nos importe su juicio, entonces daremos el gran salto. Pero ni una sola, no basta ni siquiera la abrumadora mayoría. Estoy cavilando que para ese gran salto, no es suficiente ni el 99 por ciento. Hay que llegarle al 100. Para ello hay que seguir trabajando en nuestra evolución. Cavilaciones que me terminan de dar vueltas en la cabeza a la 1:18 am.