Tu verdadero reto para mejorar en el Año Nuevo: HACER.

Permíteme confrontarte con una tremenda verdad: todos los buenos deseos que la gente te profiere para el Año Nuevo y que, alrededor de estos días, son prácticamente como un saludo forzoso, ¿realmente generan esa mejora deseada? Para saber la respuesta, observa cómo te fue este año y recuerda los mismos buenos deseos que escuchaste en enero pasado. Porque esto es cíclico y se repite año tras año. Los buenos deseos de Año Nuevo ya son como una cantaleta. Es imperativo que seas brutalmente honesto en tus respuestas. Veamos algunos ejemplos:

–“Ay, pues ya sabes todo lo que se te desea, heee, feliz año y que tengas mucha salud, dinero y amor… pero sobre todo salud, que con eso ya vamos de gane, ¿verdad?”, seguido de sonrisita medio falsa y abrazo.

A ver, analicemos este clásico. Este año que está terminando… ¿realmente tuviste salud y con eso ya estuviste de gane? Necesitas ser sincero en tu respuesta, al fin la tienes a flor de piel en este año que termina, lo puedes ver con todo el rigor de la evidencia. ¿Qué tal tu salud este año? ¿Y, por cierto, ya notaste que muchas veces para tu “salud” en este año necesitaste dinero? Entonces no habría que poner al dinero en segundo o tercer lugar, quizá en el primero, dado que lo necesitaste imperiosamente para comprar comida de mucho mejor calidad y menos contenido de azúcar, para pagar la consulta al médico, comprar las medicinas o hasta para haber pasado por el hospital. ¿Viviste el amor este año? ¿De verdad? ¿Amor, amor del bueno? Si fue así, quizá implicó una cena o un buen regalo o un inolvidable viaje… ¡Ah…dinero otra vez! Por eso no hay que desdeñar el dinero. La gente parece que le da sarna poner al dinero en primer lugar, es malo, Dios le puede castigar, se ve mal socialmente, pareces codicioso, en fin… no le das importancia, aunque los demás te lo desearon desde enero del año que ahora está terminando. Y lo necesitaste hasta para el amor y la salud. Sé honesto. Este año que termina, ¿mejoró tu vida en dinero, salud y amor? Y si fue así, ¿sucedió sólo porque te lo desearon muchas personas cuando empezó el año hace 12 meses? ¿No más porque te lo desearon y ya?

–“Feliz año… que todos tus deseos se hagan realidad”.

¿Realmente viviste feliz este año que termina tan sólo porque alguien te lo deseó? ¿De verdad tuviste tal claridad de deseos así como para cada una de las 12 uvas mientras las 12 campanadas del Año Nuevo? Vamos… ¿tuviste deseos o fue otro año de mera inercia viviendo exactamente igual que los anteriores? Sé honesto. ¿De verdad fuiste feliz sólo porque te lo desearan? ¡No! Bueno, quizá si fuiste feliz, pero lo que quiero que veas es que, si lo fuiste, no fue tan sólo porque alguien te lo deseara así no más en un saludo de la última semana de diciembre y los primeros días de enero o porque lo hubieras incluído en una uva. ¡No! Si fuiste feliz fue porque HICISTE algo que te generó felicidad.
Y no, no quiero que empieces a decir: “Bueno, hubo de todo, tuve momentos felices y otros no tanto, como todos”. No, no, no. No se trata de que hagas un balance. Hay algo más sencillo para comprobar si el año que termina gestó felicidad, dinero, amor, salud: cómo te siente hoy, precisamente cuando lees esta columna, ahora que está terminando el año. Tienes que ser brutalmente honesto contigo. Cómo están tus finanzas hoy, tu vida de relación, tu peso, tu salud, tu felicidad. Sé sincero.

–“Qué tengas un gran año y que ganes muchísimo dinero…”.

Qué tal este año que termina donde ya puedes ver lo que sucedió luego de ese deseo que te profirieron hace un año. ¿Funcionó que te lo desearan para que como por arte de magia desaparecieran tus deudas y empezaras acumular riqueza ahorrando e invirtiendo? ¿Realmente tienes más dinero que el año pasado gracias a ese deseo que se te profirió varias veces y por varias personas y que, además, lo viste una y otra vez en tu Facebook lleno de imágenes de abundancia para tu año y para que ahora sí te conectaras con la abundancia, y que de hecho tú, a propósito, disfrutaste de ver esa imagen una y otra vez? ¿Qué pasó? Ahora que estamos a final del año, tienes la evidencia de ver si funcionó o no. ¿Qué tal tus tarjetas de crédito? Su saldo está en ceros o sigues pague y page y… los buenos deseos que te profirieron desde el año pasado no funcionaron.
Quizá ya te estés empezando a dar cuenta de a dónde te quiero llevar: si quieres mejorar en el Año Nuevo, necesitas HACER algo nuevo tú sólo, tú sola, y de las más inteligentes maneras de hacerlo es planeándolo. Alrededor de estas fechas es ideal, emocionalmente hablando, el momento para planear qué hacer y mejorar haciéndolo.
Perdón si sueno a aguafiestas (así suele sonar alguien que te confronta con la verdad y destruye tu infantil ilusión que hay alrededor de estos días de fiesta) pero te lo tenía que decir: los buenos deseos y la intención no bastan para generar una real mejora en tu vida. Necesitas tú sólo, tú sola, planear qué hacer y hacerlo. La planeación es una bendición donde usarás el exquisito privilegio humano de la imaginación, esa capacidad de ver anticipadamente, y de lo que veas así, te surgirá la emoción necesaria para moverte y atreverte, con entusiasmo, a hacer lo que tengas que hacer para vivir el resultado que se asomó gracias a tu imaginación, tu planeación. ¡Esta experiencia es divina, repito, privilegio de ser humano!
Deja de sentir bonito con cada saludo de buenos deseos de Año Nuevo que escuches alrededor de estos días. ¡Ya viste su resultado este año! Claro, sé amable y escúchalos, quizá hasta créelos, pero descubre que no sucederá nada nuevo y bueno si no haces lo necesario para que así suceda. No es cuestión de que te lo deseen, es cuestión de que tú lo desees y de tal manera que te atrevas a hacer algo diferente en tu vida y de verdad lo hagas. Lo único que cambiará tu vida es un cambio en tus hábitos. Los hábitos son actos inconscientes y así, lo primero que necesitarás es descubrir cuáles tienes para encontrar los malos y desterrarlos. ¿Cómo? Sustituyéndolos por nuevos hábitos buenos al adquirir el nuevo conocimiento de ellos.
Una de las mayores transformaciones en mi vida fue atreverme a hacer lo que ya hasta publiqué detalladamente en mi más reciente libro, Inteligencia para el dinero, editorial Nueva Conciencia. ¿Quieres tener más dinero el Año Nuevo con todas las bendiciones que esto atrae? ¿Quieres mejorar tus finanzas de verdad y para siempre? ¿Quieres dejar de tener deudas y vivir la sublime experiencia de no deber nada a nadie? Tienes que leer con urgencia ese libro y seguir los ocho pasos que te muestro ahí. Ahí descubrirás la trascendencia de que tú sólo, tú sola, anheles mejorar. Luego, descubrirás el enorme poder de llevar un registro de tus gastos para, por primera vez, ver con tus propios ojos a dónde “se te va” el dinero y descubras tus hábitos de gastos. ¡Este descubrimiento es enorme! Ahí se descubren los errores hechos hábitos y se corrigen, y entonces, ahí luego creas un presupuesto. Ahí tú decides a dónde irá tu dinero, y ya no se te va. Cuando logras este cambio, la vida te cambia porque tú la cambiaste. Y lógicamente hay mucho más que comentar al respecto, pero para eso tienes el libro entero. ¡Urge que lo leas, rápido y completo para aplicarlo cuanto antes! Aquí… ¡Cuanto antes mejor! Mucha gente me ha preguntado dónde conseguirlo. Sólo y exclusivamente está de venta por mi tienda en Internet haciendo clic aquí. Pronto también lo encontrarás en su versión digital en Amazon, en su versión para “kindle”.
La gente se desespera por no ver resultados rápidos, pero todo lo hace lento o lo deja a medias. ¿Entonces? ¿Quién es el origen de la velocidad de los resultados? Quien los desea. ¡Tú! Confróntate con esto. Muchas veces tu desesperación eres tú mismo.
La enorme enseñanza que me dejó crear uno de mis libros más prácticos, quizá el más, Inteligencia para el dinero, es que sus fundamentos los puedo aplicar a otras áreas de mi vida: investigar mis hábitos y corregir. Otro ejemplo, que es un clásico en los propósitos de Año Nuevo: bajar de peso. No es lo mismo desearlo y ahí cuando se pueda ir bajando, a tomar un registro, planear un “presupuesto de peso” y seguir los pasos necesarios comprobando que se van cumpliendo las metas. Yo esto lo acabo de hacer hace un rato y fue enorme mi alegría y emoción. ¡Tengo un plan a un año para bajar de peso! Sé exactamente a dónde debo llegar y sé exactamente cuánto deberé pesar al final de cada mes de los siguientes 12 meses del Año Nuevo. Ya lo sé desde ahora. ¡Es tan poderoso! Te daré la “receta”: pésate ahora mismo. ¡Necesitas ver números fríos, reales! Lo que no se mide, no se puede mejorar. Ahora, por tu talla y complexión, investiga cuál sería tu peso ideal (para ello hoy en día ya hay una enorme cantidad de páginas de internet que te ayudan a ello o apps). Ahí sabrás exactamente cuántos kilos tienes de más. Esa cantidad divídela entre 12, y sabrás lo que debes bajar cada mes. Luego, a esa cantidad mensual, divídela entre cuatro y sabrás cuánto peso deberás perder por semana durante todo el Año Nuevo. Lo más posible es que te sorprenda lo poquito que necesitas bajar cada semana, algo sumamente fácil de lograr, si lo planeas de esta manera, si llevas un registro, si “presupuestas tus ingresos de comida a tu cuerpo”, lo lograrás con emoción. ¡Ves el poder de la planeación! ¿¡Te imaginas en tu peso ideal en diciembre del año entrante?! ¿Qué tal te quedará la ropa para esas siguientes fiestas y cómo te verás? Ayúdate sintiendo cómo te queda tu ropa hoy y analiza si te gusta esa sensación. Te aseguro que sentirás la emoción necesaria para empezar una alimentación consciente que mejore tu salud desde este momento y sin sufrirla, gozándote el hacedor de ti mismo. ¿Sientes emoción? Haz este plan y me platicas. Libros que te ayuden para saber cómo mejorar en tu peso, también los encuentras en nuestra librería en línea, haciendo clic aquí.
Descubrirás que el verdadero reto para el Año Nuevo es HACER cosas nuevas, dejando de hacer lo que te dañó o no funcionó. No hay otra manera de mejorar. No hay. –Vuelve a leer las dos frases anteriores–. Olvídate de tomar el curso que te conecte con la abundancia y te ayude a descubrir tu grandeza interior (esos cursos abundan alrededor de estas épocas), olvídate de los cuarzos, de poner el borreguito detrás de la puerta, del gatito japonés moviendo su patita frente a la entrada de tu negocio, del chupamirto aplastado, de la pata de conejo, del ojo de venado, de la estampita milagrosa, etc. Nada de eso sirve si no haces lo necesario cambiando tus hábitos de vida. Lo único que mejorará tu vida es hacer de manera diferente las cosas y para ello necesitas adquirir conocimiento específico de cómo hacerlas. En el caso específico del dinero, ese conocimiento está en mi libro Inteligencia para el dinero. Por eso urge que lo leas. Sólo el conocimiento real del área específica a mejorar es lo que hará que hagas las cosas diferentes, nuevas para ti, adquiriendo el conocimiento de un experto, de alguien que ya lo vivió y vive parado en la evidencia de la mejora, descubres la respuesta al “cómo hacerlo”. No hay otra manera de mejorar. Tienes que hacer mejor las cosas. Y hacerlas ya. ¿Cómo? Lee el libro. Lee del tema que te interese mejorar. Yo en esta columna ya hasta te dije un cómo para planear bajar de peso con emoción por planear inteligentemente. Ahora necesitas leer de expertos que te ayuden a alimentarte mejor. Tú ya tienes el plan.
Tienes que hacer cosas nuevas con mayor inteligencia. Los buenos deseos no bastan. Por eso, yo desde hace años, jamás le digo a la gente: “Feliz año, que todos tus deseos se hagan realidad” …, como si los deseos tuvieran voluntad propia. Yo mejor te digo con una Nueva Conciencia:

¡Feliz Año Nuevo… que todos tus deseos tú los hagas realidad!

¡Eso sí! Esa posibilidad sí es la que existe. Ello implicará lo que inicia todo: el poder de tu deseo. ¿Tienes deseos… realmente? Desde ahí es una gran confrontación ya. Luego, si los tienes, ¿sabes cómo llevarlos a cabo? Si no, urge usar estos días para buscar los libros que te enseñen cómo. Y luego, gracias a tu planeación, a tomar tu calendario y ver todo tu año, ese nuevo que tienes enfrente, repartir las acciones a realizar mes tras mes, esas que requerirás hacer tú sólo, tú sola, para ver un nuevo ser en diciembre del año entrante. ¡Qué gran año va a ser así!, perdón, corrijo: ¡Qué gran año vas a hacer así!

¿Quieres un Año Nuevo de verdad nuevo? Tienes que atreverte a hacer cosas nuevas, hacer lo que nunca has hecho los años anteriores, creando nuevos hábitos buenos, en forma totalmente independiente a los buenos deseos que te profiera la gente. Es una decisión personal que debes de tomar ya. La vida está corriendo muy rápido para que tú no corras a disfrutarla por igual. Espero que estas líneas te ayuden, al fin, a vivir la vida que tú deseas haciendo lo que tengas que hacer para cristalizarla en realidad.

Emoción por existir.

–Alejandro Ariza.

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El progresivo daño autoinfligido de la indulgencia.

Sencillo entender el origen del deterioro que uno mismo se genera: te vas permitiendo comer una que otra cosita, de esas que no debes porque engordan, lo sabes, aún así te lo permites por la razón que quieras, y un permiso da permiso a otro permiso y así sucesivamente. Final de la historia: de esta manera puedes subir otros 10 kilos, o mejor dicho, “volver” a subir otros 10 o más kilos.

El Diccionario de la Lengua Española define la palabra “indulgencia” como: facilidad para perdonar o disimular las culpas. Y eso es precisamente lo que hacemos muchos de nosotros. La mente del común de los mortales no alcanzamos a ver con claridad cómo para juntar 10 kilos, “se necesitó empezar” con 5 gramos, vamos, incluso unos cuantos miligramos. Sucede que cuando hablamos de, por ejemplo, 10 kilos, nuestra mente automáticamente se enfoca en esa cantidad de tal manera que pasan como inadvertidos o inocentes unos 2 o 3 gramitos (hasta en diminutivo para que pasen aún más velados), y por eso les conferimos indulgencia. El promedio de las personas no alcanzamos a entender la sumatoria. Simplemente, por comparación (¡aquí está el autoengaño! –supongo–), al pensar en 3 gramos, los percibimos como inofensivos contra 10 kilos, casi como “nada que ver”… ¡sin darnos cuenta de que esos 3 gramos ya son parte de esos 10 kilos! Así es como vamos perdonando tan fácil y de poco en poco, sin entender que ese poco ya es parte del todo. El gran daño autoinfligido es cuando la indulgencia se va convirtiendo en extrema tolerancia hasta incluso romperse a plena apatía.

Puse el ejemplo de subir de peso porque es harto gráfico y común. Pero el progresivo daño de la indulgencia aplica igual a todo, al maltrato de una persona sobre uno, al abuso del poder de un gobierno sobre sus gobernados, a gastos y sus efectos en la economía personal. El tema, analizado en todas las áreas, se torna delicado.

¿Qué hacer para evitar este daño autoinfligido? ¿Cuál puede ser la solución? Pues como todo éxito en terapia: darte cuenta. Luego, estrategias para revertir el daño. Así, quiero compartir contigo lo que yo mismo suelo hacer, cinco pasos como solución:

  1. Observar las claras señales de alerta (darse cuenta)
  2. Imaginar lo que puede pasar si no detienes el daño
  3. Recordar qué hiciste en el pasado que te dio gran éxito
  4. Emprender la acción inmediata para corregir
  5. Automotivarse para seguir por el buen camino, dados los resultados que estás generando

1. Observar las claras señales de alerta. Las señales de alerta siempre las tendrás y ¡muy claras! No existe tal cosa como no haber recibido las señales de alerta. Lo único que puede existir es que no las quieras ver o las minimices, que las indultes. Sin embargo, el primer paso es notar cómo ya no entras en tu ropa, cómo ya te ajusta (para seguir con el ejemplo del sobrepeso u obesidad, aunque, como te dije, aplica a lo que sucede en tus finanzas, o en ciertos dolores de tu cuerpo o manifestaciones emocionales consecuentes de tu vida de relación). ¡Sirva esta columna para ayudarte a ver tu señales de alerta! Es una simple decisión de voltear a ver ¡lo que ahí está!

2. Imaginar lo que puede pasar si no detienes el daño. Una vez que ya haz visto las clarísimas señales de alerta, ahora te va a servir enormemente (a mí me sirve muchísimo) imaginar lo que seguirá pasando si no haces algo para detener el progresivo avance del daño que uno mismo se está permitiendo-generando. Imagina verte mucho más fea o feo, muy desagradablemente ante la vista de los demás (lo siento, pero así es en la vida práctica). Empezarás a “maquillar” tu fealdad diciendo que lo importante es lo que llevas dentro (¡pues claro, qué otra tienes!), pero tú mejor que nadie sabrás que te estás engañando. La gente juzga por lo que ve. Tu imagen es más importante de lo que imaginas. Bueno, hasta empresas tienen como condición para contratar a sus empleados, su imagen; así, tu propia imagen puede ser lo que está afectando tu economía. Imagina cómo claramente irás enfermando (si no es que ya lo estás). Imagina el dolor físico y emocional. Imagina los gastos (que incluso frustrantemente quizá no puedas afrontar) para ir al médico especialista y sus costosos tratamientos. Imagina cómo todo se empezará a complicar grandemente en tu vida. Si imaginas claramente todo esto entenderás que debes hacer algo… ¡de imaginar surgirán las ganas de actuar de inmediato para no llegar allá! ¡De imaginar te saldrán las fuerzas para hacer algo que corrija YA y no permitirte llegar hasta aquella magnitud de daño! Camino al daño que, sin duda, estás recorriendo. ¡Necesitamos hacer un violento alto en seco! Y de inmediato empezar a caminar en el sentido contrario. Urge corregir.

Ayer fui a ver una obra de teatro (I.D.I.O.T.A.)donde escuché una frase que me impactó: “Un idiota siempre va a dañar a la gente que tiene cerca, a la gente que le quiere”. Imagina cómo puedes afectar la economía de y el ánimo de tus familiares cuando se vean obligados a ayudarte para solucionar tus problemas, esos que fuiste creando por idiota. El Diccionario de la Lengua Española define la palabra idiota como: corto de entendimiento. Sé que suena fuerte la palabra “idiota”, pero así de fuerte suele ser la verdad. Ve a ver la obra y hay una parte donde una psicóloga le explica al sujeto a prueba: “…si usted hace algo que sabe que le hará daño a usted y a su familia y aún así lo sigue haciendo, es usted un idiota”. Cuando vi ejemplos analizados en la obra, –como los que veo en mi consulta– la verdad fue contundente.

3. Recordar qué hiciste en el pasado que te dio gran éxito. Ahora bien, muchos de nosotros tenemos una historia donde “algo” que hicimos en el pasado nos funcionó de maravilla para corregir algún daño. Apréndete esto: “El éxito deja pistas”. Y sí. Si ahora piensas, recuerdas, momentos de gran éxito de tu pasado, debes tener siempre claro que el éxito es un mero resultado de acciones correctas que llevaste a cabo. Entonces, ¡esas acciones son las pistas a seguir para volver a tener éxito! ¡Vuelve a repetir esas acciones y existe una enorme posibilidad de que vuelvas a tener ese éxito! Para seguir con el ejemplo, si descubriste que dejar totalmente el azúcar te hizo bajar de peso, ¿que crees que tienes que hacer? ¡Pues dejar el azúcar totalmente! Ni un microgramo de azúcar permitirte ya más. Si tomar dos litros de agua te funcionó, ¡hazlo de nuevo! Si limitarte súper estrictamente a una alimentación “paleo” te ayudó, vuelve a ello. Si –como es mi caso– leer diario temas de nutrición y consejos de expertos me sirvió y me enfocó diario a mejorar mi salud… ¡a volver a leer diario a los expertos en nutrición y salud! Si escribir al respecto me ayudó a automotivarme y motivar a los demás, pues aquí ando escribiendo. Cada quien tiene sus pistas…, ¡pues a seguirlas de nuevo!

4. Emprender la acción inmediata para corregir. ¿Cuándo conviene seguir esas pistas? ¡Lógicamente YA, aquí y ahora! Te quiero garantizar algo, estés como estés, estés donde estés, en la magnitud del daño: en el instante en que decides mejorar, en ese microinstante… ¡la mejora ya empezó! Vamos, decidir ya es parte del todo llamado “resultados exitosos”. ¡Ya empezaste a mejorar! De verdad, empezar de inmediato esas pequeñas acciones que te llevan en sentido contrario al daño que te habías permitido, emprender esos pequeños actos de bien, esas cosas que te hacen sentir mejor, por pequeñas que sean, hasta inmateriales como lo es una decisión… ¡ya es motivo de festejo, de éxito! Bien, muy bien. El reto siguiente será… mantenerte en el camino correcto, seguir haciendo diariamente lo que te sirve para corregir. Así como “entender” es lo único que se necesita para emprender el cambio para mejorar, ahora lo que se necesita para mantenerse en el camino es…

5. Automotivarse para seguir por el buen camino, dados los resultados que estás generando. Motívate a ti mismo por los resultados que vas viendo. ¡Sé líder de ti mismo! A la gente común la motiva un líder. Pero ¿quién motiva al líder? Los resultados. Por eso, cuando veas en tu báscula cómo bajaste 100 gramos, luego 200 gramos, cuando veas cómo vas entrando en tu ropa, cómo la gente te empieza a felicitar, cómo tú te empiezas a sentir en tu interior mejor que nunca, todo ello son resultados tan intensos y extraordinariamente alegres que son los resultados que te ayudarán a seguir y a seguir por el camino de la corrección. ¡Habla diario con personas que están teniendo resultados por haber decidido corregir su camino! Únete a un grupo que tenga como objetivos los mismos que tú tienes. Haz un compromiso con un amigo o amiga para ir conversando juntos de sus avances y hallazgos en mejoras para la salud. ¡La vida te cambia… porque tú decidiste cambiártela! Descubrirás con gran asombro el enorme poder que tienes sobre ti, tu autogobierno. Te sentirás fuerte y decidido cada vez más. Sin que sea tu objetivo, inspirarás a mucha gente a mejorar. Tu familia y seres querido, consciente o inconscientemente, se sentirán más tranquilos al verte cada vez mejor. Te garantizo que atreverte a crear una experiencia así, te hará volver a sentir una gran…

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.

Confusión.

Hace un momento un amigo me escribió por facebook súbita y concretamente: “Hermano, ¿me podrías regalar un concepto acerca de la “confusión” por favor? Y confieso que con sorpresa sentí dentro de mí una veloz y fuerte intensidad para de inmediato escribirle esto:

«La confusión que podemos sentir en una relación suele suceder por querer ver en otro lo que no es en verdad, sino lo que nosotros quisiéramos que fuera. Así, quizá nuestra confusión es otra de tantas de las manifestaciones de nuestro ego, una manera en la que no queremos dejar a otra persona ser totalmente honesta con nosotros, una manera donde incluso nuestro ego prefiere la locura de que otro no sea quien realmente es, sino sea y haga lo que nosotros queremos, aunque con ello sepamos que entonces esa conducta es falsa. Nuestro ego está tan mal que no le importa que le mientan, siempre y cuando vea lo que él quiere, porque hasta con la verdad, si no es lo que nuestro ego prefiere, sufre». –Alejandro Ariza.

Mi amigo sólo me comento: “¡Tómala!”. Yo simplemente me quedé sorprendido de cómo fluyeron las letras en un segundo. 

Si entendieras.

Aquel que logra entender, súbitamente siente la energía suficiente que lo impulsa a realizar todo el esfuerzo necesario!
Aquel que logra entender se lleva la sorpresa que mientras realiza el esfuerzo no es muy consciente de él y con ello vive sin sentir desgaste por esfuerzo alguno.
Aquel que logra entender y así se esfuerza logrando el resultado, transforma esa experiencia en entusiasmo! Dios vive dentro de él y todos pueden atestiguarlo al verlo y tratarlo. Así el que entiende inspira a otros.
Aquel que logra entender es un mensajero divino de la bendita oportunidad del progreso y de la prosperidad.
Haz todo lo necesario, pregunta todo lo que quieras, pero por favor… Entiende!

Emoción por existir!

– Alejandro ArizA.

El beneficio de la lucha

No toda lucha es mala, sobre todo la que todos nosotros debemos librar contra el principal enemigo: nosotros mismos.

Dentro de nosotros existe un “oponente”. Es esa voz de nuestro ego que nos incita a hacer lo que nuestro desarrollo humano y evolución espiritual nos dice que no hagamos. Sin embargo, el beneficio, la Luz, que atraemos a nuestras vidas solo sucede cuando “gracias” al oponente, nuestra resistencia es valiosa. Para ofrecernos este beneficio de la lucha es que existe el oponente, nuestro ego. Solo ganamos (Luz) cuando resistimos a la tentación.

Hoy claramente sabía que no debía cenar, pero caí, y caí con una rebanada de pizza. Sé que no debo tomarla por su contenido de azúcar, pero aún algo peor: porque el queso ya es imposible para mí, me hace mucho daño… ¡y aún así tomé la rebanada! Esto es parte de ser humano. Saber que en la lucha no siempre vamos a ganar, pero valiendo la pena dándonos cuenta de que perdimos en esta ocasión. Sintiéndonos lógicamente mal al saber que la parte oscura de nosotros mismo ganó. Pero debiéndonos sentir bien que ganó… sólo esta lucha, mas no la batalla.

Evolucionar es una lucha constante que se libra en todo momento dentro de nosotros mismos. Solo se puede ganar si hay con quien contender. Y no hay más necesidad que contender contra nosotros mismos en la diaria oportunidad de ganar más Luz mediante el enorme beneficio de la resistencia ante las tentaciones de nuestro ego.

Desde el hecho de darse cuenta, ya hay algo de ganancia.

No confundas el hambre o subirás de peso.

LA PRINCIPAL RAZÓN PARA SUBIR DE PESO ES COMER AUN SIN HAMBRE. Durante todos estos años en que me he convertido en un experto en manejo de la obesidad y sobrepeso, empezando conmigo mismo como paciente y siendo doctor, he comprobado que la principal causa de aumento de peso y tallas es, esencialmente para la persona común, el comer aún sin hambre. Esta paradoja existe!

Mi mayor recomendación para bajar de peso y luego para el control y mantenimiento de éste y nuestras nuevas tallas es hacerle caso a lo que nos grita nuestro cuerpo. Porque no nos habla cuchicheado, nos grita: “Ya!”. El problema es que hacemos oídos sordos, irónicamente, a ese grito que sentimos claramente desde adentro. También he notado que la principal causa para hacer oídos sordos son los convivios sociales. Muchos hemos desarrollado la creencia de que comer juntos es motivo para convivir, olvidando que lo único que realmente deseamos es convivir. Parece que confundimos el hambre espiritual con el hambre material, y tontamente queremos satisfacer nuestra hambre espiritual (apetito de afecto, de aceptación y escucha) con comida material. Una no nutre ni satisface a la otra. Precisamente por eso seguimos comiendo, por eso hacemos oídos sordos, porque no termina de satisfacer una el hambre de la otra.

Si desarrollamos una Nueva Conciencia detectando el hambre real y satisfacemos ese hambre con su adecuado alimento, estoy seguro que muchos gozaríamos más de un delicioso café o té y su exquisita conversación que subir 1 o 2 kilos en una cena donde comer lo que claramente nuestro cuerpo ya no quería, paradójicamente generará más hambre tanto espiritual como material. Sugerencia: Come menos disfrutando más del amor y de la amistad.

Detecta cómo el hambre de gozo, la sed de placer y el antojo de plenitud son las causas que te orillan a comer aún sin hambre! Por eso la gente que desarrollamos y descubrimos otras fuentes de gozo y placer, aún mayores -mucho mayores!– que lo que nos da la comida, dejamos tan fácilmente de comer. El placer de comer pasa a segundo término cuando tienes la dicha, por ejemplo, de obtener un tremendo gozo en la actividad que realizas!

Satisface tu hambre de placer con un gozo sano. Esa es la más poderosa estrategia que he encontrado en mi vida para dejar de comer en exceso o dejar de comer cuando claramente no tengo hambre y así, bajar de peso y tallas. También he notado lo contrario, como aún sin hambre, cuando disminuyen las otras fuentes de gozo más sanas y sublimes, amor y concentración en una actividad productiva y emocionante o sensación de falta de afecto y aceptación.

PD.: Por cierto, si confundes tu hambre, además de subir de peso, también gastarás mucho dinero del que pronto te arrepentirás al notar cómo fue un gasto innecesario porque compraste lo que no satisfizo tu verdadera hambre.

– Alejandro Ariza.

No necesitas probar para saber.

“Cómo puedes saber que no te gusta si ni lo has probado?!” es lo que muchas veces me han dicho cuando en alguna comida cuando los comensales me ven rechazar mariscos y prácticamente cualquier comida proveniente del mar, misma que no me gusta desde que nací. Y siempre empiezan las preguntas del por qué mi repugnancia hacia ese tipo de alimentos. Y cuando llega la pregunta de la retahíla de ellas que la indagatoria suele generar: “Y ya lo has probado?”, a lo que respondo: “Nunca! Si no me gusta desde siempre”, es que muchos opinan como abrí esta reflexión: “Pero cómo puedes saber que algo no te gusta si no lo has probado”.

Me han dado tantas ganas de decirle a esa gente, sobre todo cuando son amigos de confianza, claro: “Si ves a una mujer espantosa, horrible, mal oliente, de nauseabundo aliento… por qué la rechazas para un encuentro sexual si no la has probado?!”. Por que no se necesita probar algo para saber que sentimos un rechazo!!! El canal informativo del sentido del gusto no es el único canal que tenemos para saber que sentimos rechazo o agrado!!! La vista, el olfato, la textura, hasta la intuición, todo puede darnos información más que suficiente para sentir claramente repugnancia o atracción. Todos los canales cuentan. Y para mi basta la vista y/o el olfato para saber lo suficiente que debo saber para rechazar o aceptar sin la más mínima necesidad del sentido del gusto! Y mucho menos si eso implica que lo que veo nauseabundo y de espantoso olor, por probarlo se convertirá en parte de mi y lo traeré dentro de mi cuerpo! Por Dios! No necesitas probar para confiar en lo que tus otros sentidos ya te están advirtiendo. Necesitas más bien confiar en que ya te están advirtiendo. A donde he llegado, incluso en muchas ocasiones me basta escuchar dentro de mi una voz que me dice: “Eso no”. Y obedezco.

Por eso, por eso rechazo los mariscos y muchas otras cosas, personas, actividades y lugares. Confío en las variadas fuentes de conocimiento que tengo en mis variados sentidos y que incluso, con el tiempo, descubres que son más de cinco.

Gozo intensamente lo que con todos -con todos!- mis sentidos disfruto. De lo contrario nunca es un gozo para mi, es tan solo un émulo de placer que enmascara una experiencia que siempre termina en rechazo aderezada de coraje por la estupidez auto engendrada y auto dirigida por no confiar en lo que mis otros sentidos me informan. No hacerse caso a uno mismo suele terminar siempre en una experiencia nada placentera.

Si se trata de “mi” experiencia creo más en lo que me informan mis sentidos que en lo que les han informado los de los demás a esos otros.

Esto es lo que alcanzo a ver en experiencias con la comida, por citar el ejemplo.

– Alejandro Ariza.