El progresivo daño autoinfligido de la indulgencia.

Sencillo entender el origen del deterioro que uno mismo se genera: te vas permitiendo comer una que otra cosita, de esas que no debes porque engordan, lo sabes, aún así te lo permites por la razón que quieras, y un permiso da permiso a otro permiso y así sucesivamente. Final de la historia: de esta manera puedes subir otros 10 kilos, o mejor dicho, “volver” a subir otros 10 o más kilos.

El Diccionario de la Lengua Española define la palabra “indulgencia” como: facilidad para perdonar o disimular las culpas. Y eso es precisamente lo que hacemos muchos de nosotros. La mente del común de los mortales no alcanzamos a ver con claridad cómo para juntar 10 kilos, “se necesitó empezar” con 5 gramos, vamos, incluso unos cuantos miligramos. Sucede que cuando hablamos de, por ejemplo, 10 kilos, nuestra mente automáticamente se enfoca en esa cantidad de tal manera que pasan como inadvertidos o inocentes unos 2 o 3 gramitos (hasta en diminutivo para que pasen aún más velados), y por eso les conferimos indulgencia. El promedio de las personas no alcanzamos a entender la sumatoria. Simplemente, por comparación (¡aquí está el autoengaño! –supongo–), al pensar en 3 gramos, los percibimos como inofensivos contra 10 kilos, casi como “nada que ver”… ¡sin darnos cuenta de que esos 3 gramos ya son parte de esos 10 kilos! Así es como vamos perdonando tan fácil y de poco en poco, sin entender que ese poco ya es parte del todo. El gran daño autoinfligido es cuando la indulgencia se va convirtiendo en extrema tolerancia hasta incluso romperse a plena apatía.

Puse el ejemplo de subir de peso porque es harto gráfico y común. Pero el progresivo daño de la indulgencia aplica igual a todo, al maltrato de una persona sobre uno, al abuso del poder de un gobierno sobre sus gobernados, a gastos y sus efectos en la economía personal. El tema, analizado en todas las áreas, se torna delicado.

¿Qué hacer para evitar este daño autoinfligido? ¿Cuál puede ser la solución? Pues como todo éxito en terapia: darte cuenta. Luego, estrategias para revertir el daño. Así, quiero compartir contigo lo que yo mismo suelo hacer, cinco pasos como solución:

  1. Observar las claras señales de alerta (darse cuenta)
  2. Imaginar lo que puede pasar si no detienes el daño
  3. Recordar qué hiciste en el pasado que te dio gran éxito
  4. Emprender la acción inmediata para corregir
  5. Automotivarse para seguir por el buen camino, dados los resultados que estás generando

1. Observar las claras señales de alerta. Las señales de alerta siempre las tendrás y ¡muy claras! No existe tal cosa como no haber recibido las señales de alerta. Lo único que puede existir es que no las quieras ver o las minimices, que las indultes. Sin embargo, el primer paso es notar cómo ya no entras en tu ropa, cómo ya te ajusta (para seguir con el ejemplo del sobrepeso u obesidad, aunque, como te dije, aplica a lo que sucede en tus finanzas, o en ciertos dolores de tu cuerpo o manifestaciones emocionales consecuentes de tu vida de relación). ¡Sirva esta columna para ayudarte a ver tu señales de alerta! Es una simple decisión de voltear a ver ¡lo que ahí está!

2. Imaginar lo que puede pasar si no detienes el daño. Una vez que ya haz visto las clarísimas señales de alerta, ahora te va a servir enormemente (a mí me sirve muchísimo) imaginar lo que seguirá pasando si no haces algo para detener el progresivo avance del daño que uno mismo se está permitiendo-generando. Imagina verte mucho más fea o feo, muy desagradablemente ante la vista de los demás (lo siento, pero así es en la vida práctica). Empezarás a “maquillar” tu fealdad diciendo que lo importante es lo que llevas dentro (¡pues claro, qué otra tienes!), pero tú mejor que nadie sabrás que te estás engañando. La gente juzga por lo que ve. Tu imagen es más importante de lo que imaginas. Bueno, hasta empresas tienen como condición para contratar a sus empleados, su imagen; así, tu propia imagen puede ser lo que está afectando tu economía. Imagina cómo claramente irás enfermando (si no es que ya lo estás). Imagina el dolor físico y emocional. Imagina los gastos (que incluso frustrantemente quizá no puedas afrontar) para ir al médico especialista y sus costosos tratamientos. Imagina cómo todo se empezará a complicar grandemente en tu vida. Si imaginas claramente todo esto entenderás que debes hacer algo… ¡de imaginar surgirán las ganas de actuar de inmediato para no llegar allá! ¡De imaginar te saldrán las fuerzas para hacer algo que corrija YA y no permitirte llegar hasta aquella magnitud de daño! Camino al daño que, sin duda, estás recorriendo. ¡Necesitamos hacer un violento alto en seco! Y de inmediato empezar a caminar en el sentido contrario. Urge corregir.

Ayer fui a ver una obra de teatro (I.D.I.O.T.A.)donde escuché una frase que me impactó: “Un idiota siempre va a dañar a la gente que tiene cerca, a la gente que le quiere”. Imagina cómo puedes afectar la economía de y el ánimo de tus familiares cuando se vean obligados a ayudarte para solucionar tus problemas, esos que fuiste creando por idiota. El Diccionario de la Lengua Española define la palabra idiota como: corto de entendimiento. Sé que suena fuerte la palabra “idiota”, pero así de fuerte suele ser la verdad. Ve a ver la obra y hay una parte donde una psicóloga le explica al sujeto a prueba: “…si usted hace algo que sabe que le hará daño a usted y a su familia y aún así lo sigue haciendo, es usted un idiota”. Cuando vi ejemplos analizados en la obra, –como los que veo en mi consulta– la verdad fue contundente.

3. Recordar qué hiciste en el pasado que te dio gran éxito. Ahora bien, muchos de nosotros tenemos una historia donde “algo” que hicimos en el pasado nos funcionó de maravilla para corregir algún daño. Apréndete esto: “El éxito deja pistas”. Y sí. Si ahora piensas, recuerdas, momentos de gran éxito de tu pasado, debes tener siempre claro que el éxito es un mero resultado de acciones correctas que llevaste a cabo. Entonces, ¡esas acciones son las pistas a seguir para volver a tener éxito! ¡Vuelve a repetir esas acciones y existe una enorme posibilidad de que vuelvas a tener ese éxito! Para seguir con el ejemplo, si descubriste que dejar totalmente el azúcar te hizo bajar de peso, ¿que crees que tienes que hacer? ¡Pues dejar el azúcar totalmente! Ni un microgramo de azúcar permitirte ya más. Si tomar dos litros de agua te funcionó, ¡hazlo de nuevo! Si limitarte súper estrictamente a una alimentación “paleo” te ayudó, vuelve a ello. Si –como es mi caso– leer diario temas de nutrición y consejos de expertos me sirvió y me enfocó diario a mejorar mi salud… ¡a volver a leer diario a los expertos en nutrición y salud! Si escribir al respecto me ayudó a automotivarme y motivar a los demás, pues aquí ando escribiendo. Cada quien tiene sus pistas…, ¡pues a seguirlas de nuevo!

4. Emprender la acción inmediata para corregir. ¿Cuándo conviene seguir esas pistas? ¡Lógicamente YA, aquí y ahora! Te quiero garantizar algo, estés como estés, estés donde estés, en la magnitud del daño: en el instante en que decides mejorar, en ese microinstante… ¡la mejora ya empezó! Vamos, decidir ya es parte del todo llamado “resultados exitosos”. ¡Ya empezaste a mejorar! De verdad, empezar de inmediato esas pequeñas acciones que te llevan en sentido contrario al daño que te habías permitido, emprender esos pequeños actos de bien, esas cosas que te hacen sentir mejor, por pequeñas que sean, hasta inmateriales como lo es una decisión… ¡ya es motivo de festejo, de éxito! Bien, muy bien. El reto siguiente será… mantenerte en el camino correcto, seguir haciendo diariamente lo que te sirve para corregir. Así como “entender” es lo único que se necesita para emprender el cambio para mejorar, ahora lo que se necesita para mantenerse en el camino es…

5. Automotivarse para seguir por el buen camino, dados los resultados que estás generando. Motívate a ti mismo por los resultados que vas viendo. ¡Sé líder de ti mismo! A la gente común la motiva un líder. Pero ¿quién motiva al líder? Los resultados. Por eso, cuando veas en tu báscula cómo bajaste 100 gramos, luego 200 gramos, cuando veas cómo vas entrando en tu ropa, cómo la gente te empieza a felicitar, cómo tú te empiezas a sentir en tu interior mejor que nunca, todo ello son resultados tan intensos y extraordinariamente alegres que son los resultados que te ayudarán a seguir y a seguir por el camino de la corrección. ¡Habla diario con personas que están teniendo resultados por haber decidido corregir su camino! Únete a un grupo que tenga como objetivos los mismos que tú tienes. Haz un compromiso con un amigo o amiga para ir conversando juntos de sus avances y hallazgos en mejoras para la salud. ¡La vida te cambia… porque tú decidiste cambiártela! Descubrirás con gran asombro el enorme poder que tienes sobre ti, tu autogobierno. Te sentirás fuerte y decidido cada vez más. Sin que sea tu objetivo, inspirarás a mucha gente a mejorar. Tu familia y seres querido, consciente o inconscientemente, se sentirán más tranquilos al verte cada vez mejor. Te garantizo que atreverte a crear una experiencia así, te hará volver a sentir una gran…

¡Emoción por existir!

–Alejandro Ariza.

Confusión.

Hace un momento un amigo me escribió por facebook súbita y concretamente: “Hermano, ¿me podrías regalar un concepto acerca de la “confusión” por favor? Y confieso que con sorpresa sentí dentro de mí una veloz y fuerte intensidad para de inmediato escribirle esto:

«La confusión que podemos sentir en una relación suele suceder por querer ver en otro lo que no es en verdad, sino lo que nosotros quisiéramos que fuera. Así, quizá nuestra confusión es otra de tantas de las manifestaciones de nuestro ego, una manera en la que no queremos dejar a otra persona ser totalmente honesta con nosotros, una manera donde incluso nuestro ego prefiere la locura de que otro no sea quien realmente es, sino sea y haga lo que nosotros queremos, aunque con ello sepamos que entonces esa conducta es falsa. Nuestro ego está tan mal que no le importa que le mientan, siempre y cuando vea lo que él quiere, porque hasta con la verdad, si no es lo que nuestro ego prefiere, sufre». –Alejandro Ariza.

Mi amigo sólo me comento: “¡Tómala!”. Yo simplemente me quedé sorprendido de cómo fluyeron las letras en un segundo. 

Si entendieras.

Aquel que logra entender, súbitamente siente la energía suficiente que lo impulsa a realizar todo el esfuerzo necesario!
Aquel que logra entender se lleva la sorpresa que mientras realiza el esfuerzo no es muy consciente de él y con ello vive sin sentir desgaste por esfuerzo alguno.
Aquel que logra entender y así se esfuerza logrando el resultado, transforma esa experiencia en entusiasmo! Dios vive dentro de él y todos pueden atestiguarlo al verlo y tratarlo. Así el que entiende inspira a otros.
Aquel que logra entender es un mensajero divino de la bendita oportunidad del progreso y de la prosperidad.
Haz todo lo necesario, pregunta todo lo que quieras, pero por favor… Entiende!

Emoción por existir!

– Alejandro ArizA.

El beneficio de la lucha

No toda lucha es mala, sobre todo la que todos nosotros debemos librar contra el principal enemigo: nosotros mismos.

Dentro de nosotros existe un “oponente”. Es esa voz de nuestro ego que nos incita a hacer lo que nuestro desarrollo humano y evolución espiritual nos dice que no hagamos. Sin embargo, el beneficio, la Luz, que atraemos a nuestras vidas solo sucede cuando “gracias” al oponente, nuestra resistencia es valiosa. Para ofrecernos este beneficio de la lucha es que existe el oponente, nuestro ego. Solo ganamos (Luz) cuando resistimos a la tentación.

Hoy claramente sabía que no debía cenar, pero caí, y caí con una rebanada de pizza. Sé que no debo tomarla por su contenido de azúcar, pero aún algo peor: porque el queso ya es imposible para mí, me hace mucho daño… ¡y aún así tomé la rebanada! Esto es parte de ser humano. Saber que en la lucha no siempre vamos a ganar, pero valiendo la pena dándonos cuenta de que perdimos en esta ocasión. Sintiéndonos lógicamente mal al saber que la parte oscura de nosotros mismo ganó. Pero debiéndonos sentir bien que ganó… sólo esta lucha, mas no la batalla.

Evolucionar es una lucha constante que se libra en todo momento dentro de nosotros mismos. Solo se puede ganar si hay con quien contender. Y no hay más necesidad que contender contra nosotros mismos en la diaria oportunidad de ganar más Luz mediante el enorme beneficio de la resistencia ante las tentaciones de nuestro ego.

Desde el hecho de darse cuenta, ya hay algo de ganancia.

No confundas el hambre o subirás de peso.

LA PRINCIPAL RAZÓN PARA SUBIR DE PESO ES COMER AUN SIN HAMBRE. Durante todos estos años en que me he convertido en un experto en manejo de la obesidad y sobrepeso, empezando conmigo mismo como paciente y siendo doctor, he comprobado que la principal causa de aumento de peso y tallas es, esencialmente para la persona común, el comer aún sin hambre. Esta paradoja existe!

Mi mayor recomendación para bajar de peso y luego para el control y mantenimiento de éste y nuestras nuevas tallas es hacerle caso a lo que nos grita nuestro cuerpo. Porque no nos habla cuchicheado, nos grita: “Ya!”. El problema es que hacemos oídos sordos, irónicamente, a ese grito que sentimos claramente desde adentro. También he notado que la principal causa para hacer oídos sordos son los convivios sociales. Muchos hemos desarrollado la creencia de que comer juntos es motivo para convivir, olvidando que lo único que realmente deseamos es convivir. Parece que confundimos el hambre espiritual con el hambre material, y tontamente queremos satisfacer nuestra hambre espiritual (apetito de afecto, de aceptación y escucha) con comida material. Una no nutre ni satisface a la otra. Precisamente por eso seguimos comiendo, por eso hacemos oídos sordos, porque no termina de satisfacer una el hambre de la otra.

Si desarrollamos una Nueva Conciencia detectando el hambre real y satisfacemos ese hambre con su adecuado alimento, estoy seguro que muchos gozaríamos más de un delicioso café o té y su exquisita conversación que subir 1 o 2 kilos en una cena donde comer lo que claramente nuestro cuerpo ya no quería, paradójicamente generará más hambre tanto espiritual como material. Sugerencia: Come menos disfrutando más del amor y de la amistad.

Detecta cómo el hambre de gozo, la sed de placer y el antojo de plenitud son las causas que te orillan a comer aún sin hambre! Por eso la gente que desarrollamos y descubrimos otras fuentes de gozo y placer, aún mayores -mucho mayores!– que lo que nos da la comida, dejamos tan fácilmente de comer. El placer de comer pasa a segundo término cuando tienes la dicha, por ejemplo, de obtener un tremendo gozo en la actividad que realizas!

Satisface tu hambre de placer con un gozo sano. Esa es la más poderosa estrategia que he encontrado en mi vida para dejar de comer en exceso o dejar de comer cuando claramente no tengo hambre y así, bajar de peso y tallas. También he notado lo contrario, como aún sin hambre, cuando disminuyen las otras fuentes de gozo más sanas y sublimes, amor y concentración en una actividad productiva y emocionante o sensación de falta de afecto y aceptación.

PD.: Por cierto, si confundes tu hambre, además de subir de peso, también gastarás mucho dinero del que pronto te arrepentirás al notar cómo fue un gasto innecesario porque compraste lo que no satisfizo tu verdadera hambre.

– Alejandro Ariza.

No necesitas probar para saber.

“Cómo puedes saber que no te gusta si ni lo has probado?!” es lo que muchas veces me han dicho cuando en alguna comida cuando los comensales me ven rechazar mariscos y prácticamente cualquier comida proveniente del mar, misma que no me gusta desde que nací. Y siempre empiezan las preguntas del por qué mi repugnancia hacia ese tipo de alimentos. Y cuando llega la pregunta de la retahíla de ellas que la indagatoria suele generar: “Y ya lo has probado?”, a lo que respondo: “Nunca! Si no me gusta desde siempre”, es que muchos opinan como abrí esta reflexión: “Pero cómo puedes saber que algo no te gusta si no lo has probado”.

Me han dado tantas ganas de decirle a esa gente, sobre todo cuando son amigos de confianza, claro: “Si ves a una mujer espantosa, horrible, mal oliente, de nauseabundo aliento… por qué la rechazas para un encuentro sexual si no la has probado?!”. Por que no se necesita probar algo para saber que sentimos un rechazo!!! El canal informativo del sentido del gusto no es el único canal que tenemos para saber que sentimos rechazo o agrado!!! La vista, el olfato, la textura, hasta la intuición, todo puede darnos información más que suficiente para sentir claramente repugnancia o atracción. Todos los canales cuentan. Y para mi basta la vista y/o el olfato para saber lo suficiente que debo saber para rechazar o aceptar sin la más mínima necesidad del sentido del gusto! Y mucho menos si eso implica que lo que veo nauseabundo y de espantoso olor, por probarlo se convertirá en parte de mi y lo traeré dentro de mi cuerpo! Por Dios! No necesitas probar para confiar en lo que tus otros sentidos ya te están advirtiendo. Necesitas más bien confiar en que ya te están advirtiendo. A donde he llegado, incluso en muchas ocasiones me basta escuchar dentro de mi una voz que me dice: “Eso no”. Y obedezco.

Por eso, por eso rechazo los mariscos y muchas otras cosas, personas, actividades y lugares. Confío en las variadas fuentes de conocimiento que tengo en mis variados sentidos y que incluso, con el tiempo, descubres que son más de cinco.

Gozo intensamente lo que con todos -con todos!- mis sentidos disfruto. De lo contrario nunca es un gozo para mi, es tan solo un émulo de placer que enmascara una experiencia que siempre termina en rechazo aderezada de coraje por la estupidez auto engendrada y auto dirigida por no confiar en lo que mis otros sentidos me informan. No hacerse caso a uno mismo suele terminar siempre en una experiencia nada placentera.

Si se trata de “mi” experiencia creo más en lo que me informan mis sentidos que en lo que les han informado los de los demás a esos otros.

Esto es lo que alcanzo a ver en experiencias con la comida, por citar el ejemplo.

– Alejandro Ariza.

Juventud

Vamos a actuar en base a esa obstinada idea de mantenernos jóvenes.

Lo que alcanzo a ver es que el humano común no quiere morir. O más bien, no quiere ir viendo cómo se sucede el proceso de muerte diaria. O lo que es lo mismo: el humano común no suele aceptar el diario proceso de oxidación que naturalmente vivimos todos en mayor o menor medida.

Aquí lo interesante será cuál es “la idea” que cada uno tenemos de lo que significa ser joven. ¡Eso es lo que marca toda la diferencia en nuestro cotidiano actuar! Hay gente cuya idea de juventud radica en la piel del rostro, otros en el tamaño de la cintura, otros en el color del pelo o en la cantidad de él, otros en la ropa, otros en el número de conquistas sexuales, otros en la actitud, y seguro habrán otras ideas muy personales de lo que puede significar para alguien juventud. De esas “ideas personales” de lo que significa ser joven es que veremos revelados el predominio de los comportamientos cotidianos.

Para mí, ¡es hermoso ser joven! Lo que no me importa es estar joven.

Creo que no tengo que decir más.